Choque de poderes: alcaldías en pie de guerra contra el gobierno federal de Trump

De invasiones encubiertas a recortes presupuestarios: cómo la estrategia de poder centralizado de Trump enfrenta resistencia desde lo local

¿Qué sucede cuando autoridades locales comienzan a prepararse para enfrentar amenazas del propio gobierno federal? La respuesta nos conduce a una situación sin precedentes en la historia política contemporánea de Estados Unidos, en la que alcaldes y gobernadores, tanto demócratas como republicanos, describen una creciente desconfianza hacia Washington. El epicentro del conflicto: la estrategia del expresidente y actual mandatario Donald Trump, quien ha establecido un nuevo paradigma de intervención federal que desafía la noción tradicional del federalismo.

Del huracán al gobierno: nuevas amenazas, nuevas simulaciones

Mike Johnston, alcalde demócrata de Denver, hace unos años organizaba simulacros para posibles desastres naturales como tornados o derrames químicos. Hoy, sin embargo, ha incluido un nuevo "casi desastre" en sus entrenamientos: la intervención directa del gobierno federal. "Ahora nos preparamos para nuestro propio gobierno", afirmó Johnston en una entrevista reciente. Su ciudad, al igual que muchas otras que fueron demandadas por la administración Trump por sus políticas santuario, ahora examina con cautela cada movimiento procedente de Washington.

Los eventos más recientes, como el despliegue de tropas federales en Minneapolis y las acciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) sin el consentimiento de autoridades locales, han profundizado esta desconfianza. Además, el asesinato de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes federales marcó un punto de inflexión para muchos funcionarios estatales y municipales.

Republicanos vs. republicanos: el choque dentro del mismo partido

El alcalde republicano de Fresno, Jerry Dyer, fue categórico. Al describir la entrada de fuerzas federales en ciudades como Fresno sin colaboración previa con las policías locales, explicó: "Nunca había visto esto. Es completamente inédito". Dyer no está solo, otros republicanos como los gobernadores Kevin Stitt (Oklahoma) y Phil Scott (Vermont) también han levantado la voz contra el creciente poder centralizado ejercido desde la Casa Blanca.

Esto representa una paradoja ideológica. Históricamente, los republicanos han abogado por el respeto a la autonomía local en virtud de la Décima Enmienda. Hoy, muchos de ellos ven cómo un presidente de su propio partido emplea el poder federal como herramienta de imposición unilateral, incluso en temas tradicionalmente delegados a los estados, como la seguridad local, salud pública o educación.

Trump y la militarización de los conflictos civiles

Uno de los casos más alarmantes es el de Minneapolis, donde miles de agentes federales han sido desplegados desde una controversial operación migratoria. La ciudad, gobernada por el demócrata Jacob Frey, ha calificado esta presencia como una “ocupación”. Frey llegó a afirmar en una comparecencia pública: "Estamos en la primera línea de una batalla muy importante".

Se ha observado un cambio de vocabulario que refleja este nuevo enfoque: la administración Trump se refiere a los agentes como “soldados” y a las ciudades con fuerte presencia federal como “zonas de conflicto” o “en teatro”, términos reservados habitualmente para conflictos bélicos internacionales.

Elizabeth Kautz, alcaldesa republicana de Burnsville (Minnesota), confesó que ahora lleva su pasaporte consigo constantementemente por temor a ser blanco de acciones federales. “Con ICE en las calles, ya no nos sentimos seguros en nuestras propias ciudades”, denunció.

La fractura del federalismo: más allá de las ideologías

El conflicto ha trascendido tinte político. Andy Beshear, gobernador demócrata de Kentucky, expresó no solo su preocupación por las políticas federales, sino el riesgo constitucional que representan. “Espero que estemos llegando a un momento tipo McCarthyismo, donde incluso los seguidores de Trump se den cuenta de que esto ha ido demasiado lejos”. Cita que encuentra eco incluso en figuras como el senador republicano Rand Paul, quien ha criticado públicamente las intenciones del presidente de “nacionalizar” las elecciones, algo expresamente prohibido por la Constitución.

Y hablando de elecciones, Trump ha propuesto que los estados se conviertan en "agentes del gobierno federal” para estos procesos, promoviendo medidas como la obligación de demostrar ciudadanía para sufragar. Su portavoz, Karoline Leavitt, justificó esta postura explicando que la idea es impedir el fraude electoral, no imponer una estructura completamente federal. Sin embargo, sus declaraciones han sido ampliamente cuestionadas por expertos legales y políticos de ambos partidos.

Sanctuarización vs. represión: el caso migratorio

Una de las áreas donde la fricción es más evidente es la política migratoria. Ciudades santuario como Denver, Chicago o Los Ángeles, han sido objeto de múltiples demandas del gobierno federal por no colaborar con detenciones migratorias. El propio vicepresidente JD Vance ha respaldado estas acciones como iniciativas de “defensa nacional”.

Matt Tuerk, alcalde demócrata de Allentown (Pensilvania), expresó que incluso sin intervención directa, las medidas tomadas en Minneapolis generan temor en otras ciudades con grandes poblaciones latinas. “Miran por encima del hombro, incluso si el ICE no está en la ciudad”, dijo.

En respuesta a las críticas, la administración reemplazó a los líderes de ICE y del Departamento de Seguridad Nacional en Minneapolis con Tom Homan, una figura leal a la línea dura migratoria. Aunque Homan retiró 700 de los 3.000 oficiales desplegados, tanto él como Trump descartaron cualquier retirada sustancial.

Un giro histórico: gobernar a través del castigo

Karen Bass, actual alcaldesa de Los Ángeles, también ha sentido el puño de Washington. Trump la atacó públicamente por su “ineficacia ante incendios forestales”, al tiempo que firmaba una orden ejecutiva para acelerar la reconstrucción federal bajo criterios administrativos centralizados.

“Tengo la suerte de conocer a algunos miembros de la administración desde mis años en el Congreso”, indicó Bass. Pero incluso su red de contactos no basta para evitar el actual desgaste institucional. “Esto no es lo que solía ser Washington”, sentencia Aftab Pureval, alcalde de Cincinnati.

Y es que muchas ciudades dependen en gran parte de fondos federales. Ante la cancelación de subvenciones consideradas “desalineadas” con las prioridades del gobierno federal, algunas alcaldías han tenido que recurrir al sector filantrópico. No obstante, esto no sustituye el poder económico y administrativo del gobierno estadounidense. "Cuando mostramos que una subvención está orientada a generar empleos, esperamos que el mensaje llegue", afirma esperanzado Tuerk.

Federalismo descarrilado: ¿un modelo en crisis?

En suma, lo que parecía una serie aislada de desencuentros está configurando una reconfiguración profunda del papel del gobierno federal en la vida local. Las decisiones presidenciales recientes, desde recortes presupuestarios hasta intervenciones de seguridad, están desmoronando los principios fundacionales del federalismo estadounidense.

Como dijo Jim Hovland, alcalde independiente de Edina, Minnesota: “¿Por qué nosotros? Siempre habíamos tenido una relación históricamente buena con el gobierno federal. Es realmente triste verlo desintegrarse así”.

La realidad es que estamos ante una nueva era de gobernanza conflictiva, donde los límites institucionales están siendo puestos a prueba y donde la descentralización —antes un principio compartido— ha sido reemplazada por una lucha de poder sin cuartel.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press