Cuba en crisis: la escasez de combustible sumerge a la isla en una nueva era de sacrificios

Entre apagones, transporte paralizado y sanciones estadounidenses, los cubanos reviven las sombras del Período Especial en pleno 2026

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Una isla paralizada sin gasolina

La Habana vuelve a ser sinónimo de espera. En paradas vacías, en colas eternas, en la incertidumbre del día a día. Y es que la crisis energética que sacude a Cuba en febrero de 2026 ha devuelto al país a uno de sus capítulos más oscuros: las memorias del "Período Especial" tras la caída de la Unión Soviética.

La semana comenzó con una advertencia del presidente cubano Miguel Díaz-Canel: nuevas y más fuertes sanciones impuestas por Estados Unidos bloquearán la llegada de combustible a la isla. La consecuencia inmediata ha sido catastrófica para millones de cubanos, como Solanda Oña, una vendedora de libros de 64 años que pasó la noche en un restaurante al no poder regresar a casa cuando el último autobús nunca llegó.

“Antes, las cosas siempre fueron difíciles. Pero siempre había un autobús. Una forma de llegar. Ahora, no hay ninguna”, dice Solanda.

Transporte detenido, ciudadanos a pie

Desde el viernes, los autobuses públicos dejaron de circular por completo en algunas zonas, mientras que las rutas en el oriente del país fueron oficialmente recortadas por el gobierno.

Cubanos como Cristina Díaz, madre de dos hijos, han tenido que recurrir a caminar para llegar a sus trabajos. “¿Qué puedo hacer?”, se resigna. “Vivo aquí, nací aquí y este es mi destino”.

En una ciudad como La Habana, con más de 2 millones de habitantes, no contar con transporte público paraliza vidas enteras. La imposibilidad de acceder a taxis —cuyas tarifas superan los ingresos mensuales del ciudadano promedio— obliga a mujeres, ancianos y estudiantes a recorrer kilómetros a pie o a buscar suerte en el transporte informal.

Entre apagones y rutas canceladas: la vida diaria en crisis

La crisis energética afecta a todas las dimensiones de la vida social cubana. Universidades cancelan eventos, bancos y panaderías funcionan a media máquina y las escuelas se enfrentan al dilema de seguir o suspender clases presenciales.

El gobierno ha comenzado a fomentar métodos de instrucción a distancia, recordando medidas similares implementadas durante olas pandémicas previas. Sin embargo, la falta de acceso a internet confiable complica este enfoque. Un informe reciente indica que apenas un 25% de los hogares cubanos cuenta con conexión a internet doméstica fija (Fuente: ETECSA, 2025).

Una nación sin combustible: ecos del pasado

Cuando Díaz-Canel advirtió que “no dejarán entrar ni una sola gota de combustible”, hacía referencia a la orden ejecutiva recientemente firmada por el expresidente estadounidense Donald Trump, que amenaza con sancionar a cualquier país que suministre petróleo a Cuba.

El bloque energético ha sido efectivo. Cuba solo produce el 40% del crudo que consume, y dependía históricamente del petróleo venezolano y mexicano para activar sectores tan básicos como salud, alimentación, transporte y turismo.

En enero, la situación se agravó dramáticamente cuando Venezuela, antigua aliada energética, suspendió sus envíos tras la captura de su expresidente Nicolás Maduro. Poco después, México —otro socio clave— frenó también sus exportaciones petroleras, dejando a la isla virtualmente aislada.

La factura del embargo y sus consecuencias humanas

Entre marzo de 2024 y febrero de 2025, el gobierno cubano estima que las sanciones estadounidenses han costado al país más de 7.5 mil millones de dólares. Díaz-Canel clama por el impacto cotidiano de estas políticas: “El transporte de alimentos, la producción de comida, el funcionamiento de hospitales, escuelas y el turismo... ¿cómo funcionan nuestros sistemas sin combustible?”

La metáfora de una Cuba paralizada no es retórica. Es literal.

Un nuevo Período Especial a la vista

Para muchos, el escenario actual encuentra paralelos con la devastadora crisis de los años noventa. Tras el colapso del bloque socialista, Cuba perdió el 85% de su comercio exterior, provocando apagones masivos, hambre, cierre de industrias y una caída del PIB del 35%.

La historia parece repetirse.

Los testimonios abundan: personas que caminan con pasteles a cuestas porque no hay transporte, niños que no pueden asistir a la escuela, trabajadores que amortiguan sus jornadas con alimentos limitados. Taxi-bicis, motos eléctricas compartidas y transporte improvisado por empleadores se han convertido en un salvavidas en algunas zonas.

¿Qué papel juega Estados Unidos en la magnitud de la crisis?

Aunque la isla vive bajo embargo comercial desde hace más de seis décadas, las sanciones intensificadas en años recientes han complicado aún más su panorama. Durante la administración Trump se activó el Título III de la Ley Helms-Burton, que permite reclamar propiedades nacionalizadas, provocando miedo inversor y tensiones comerciales.

Analistas señalan que las nuevas medidas que amenazan con castigar a naciones que comercien petróleo con Cuba son una escalada sin precedentes. Incluso cuando el gobierno estadounidense anunció hace unos días un paquete de 6 millones de dólares en ayuda a Cuba, muchos critican que la asistencia humanitaria no compensa el daño estructural generado por el bloqueo energético.

Resiliencia ciudadana versus política internacional

A pesar del agotamiento, los cubanos se rehúsan a rendirse. Hay creatividad en la crisis. Panaderos que utilizan carbón en antiguos hornos, médicos que implementan clínicas móviles para evitar cerrar centros, jóvenes que habilitan redes sociales comunitarias para compartir información sobre rutas activas o fallos eléctricos.

Pero esta resiliencia tiene un límite.

Como escribió el economista cubano Pavel Vidal, ex analista del Banco Central de Cuba, en un artículo para OnCuba News: “El ciudadano no puede seguir siendo el amortiguador de todas las crisis políticas, económicas e ideológicas. Porque el ciudadano pierde energía, esperanza e identidad.”

Una generación atrapada en ciclos repetidos

Los más jóvenes —que no vivieron el Período Especial original— descubren en 2026 las mismas penurias: inventariar velas, cocinar a leña, caminar largas distancias, lidiar con enfermedades en hospitales sin energía estable, e incluso preguntarse si emigrar es la única vía para un futuro digno.

Ya más de medio millón de cubanos han emigrado desde 2021 hacia Estados Unidos según datos del Departamento de Seguridad Nacional. La cifra más alta en décadas. No por persecución política, sino por agotamiento y desesperanza.

¿Tiene Cuba salida sin combustible? ¿Puede sostenerse una sociedad sin energía, sin aliados, sin divisas? La respuesta aún no está clara. Lo que sí está a la vista, basta con observar cualquier esquina de La Habana, son los rostros del sacrificio. Rostros de quienes caminan porque no hay buses, de quienes esperan lo que no llegará, de quienes viven, como dice Cristina Díaz, “como mejor podemos”.

Fotografías: Ramon Espinosa

Este artículo fue redactado con información de Associated Press