El asesinato de Seif al-Islam Gadhafi: ¿Renace el legado de una dictadura en la Libia fragmentada?

El hijo del exlíder libio Muamar Gadafi fue asesinado en circunstancias misteriosas. Su muerte revive tensiones, nostalgias e intrigas geopolíticas en un país fracturado.

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La última marcha: el funeral de Seif al-Islam

El viernes 6 de febrero de 2026, miles de personas se congregaron en Bani Walid, una ciudad desértica a 146 km al sureste de Trípoli, para dar el último adiós a Seif al-Islam Gadhafi. Sus restos fueron transportados en procesión entre banderas verdes—símbolo del régimen Gadafista—y retratos de su difunto padre, el controvertido líder libio Muamar Gadafi, derrocado y asesinado en 2011.

El acto funerario tuvo un significado más allá de lo religioso o emocional: fue una manifestación política, un clamor de un sector nostálgico por el retorno del viejo orden en un país donde la anarquía ha sustituido a la dictadura.

¿Quién era Seif al-Islam Gadhafi?

Seif al-Islam, cuyo nombre significa "Espada del Islam", nació en 1972 y fue considerado durante años como el heredero natural del régimen de su padre. A diferencia de otros hijos de Gadafi, su imagen era la de un reformista, educado en Londres, buen orador y con vínculos diplomáticos clave con Occidente.

Durante la década del 2000, fue imagen del intento de "blanqueamiento" del régimen libio ante la comunidad internacional: promovió la liberación de rehenes, el desmantelamiento del programa nuclear y procuró una imagen modernizadora. No obstante, todo cambió en 2011, cuando apoyó activamente la represión sobre las protestas antigubernamentales que desencadenaron la guerra civil.

La caída del hijo pródigo: captura, prisión y resurgimiento

Tras la caída del régimen de su padre en 2011, Seif fue capturado por milicianos en Zintan, una localidad montañosa del oeste libio. Durante años estuvo allí retenido, sin ser entregado al gobierno central ni a la Corte Penal Internacional, que lo acusaba de crímenes de lesa humanidad relacionados con la represión de 2011.

En 2017, fue liberado bajo una polémica ley de amnistía por una de las administraciones rivales de Libia. Desde entonces, vivió con perfil bajo, reorganizó adeptos del Gadafismo y en 2021 anunció su intención de regresar a la vida política.

En palabras de Seif al-Islam, recogidas por el New York Times en 2021: “Libia está hecha pedazos. Hay una ruina total. Los políticos solo buscan poder y dinero. Es hora del regreso”.

La candidatura frustrada y el regreso fallido

Pese a la controversia y las heridas aún abiertas por los crímenes cometidos durante su apoyo al régimen, Seif al-Islam presentó su candidatura presidencial en noviembre de 2021. Su inclusión fue inmediatamente apelada por varios grupos políticos y sociales.

La Alta Comisión Nacional Electoral determinó su descalificación, aunque el proceso electoral tampoco prosperó debido a las disensiones entre gobiernos paralelos y milicias.

No obstante, su intención marcó una tendencia preocupante: una porción importante de la población libia, harta del desorden y la violencia, veía con buenos ojos la restauración del viejo régimen, o al menos, de su orden autoritario.

El asesinato y sus circunstancias

Según la Fiscalía de Libia, Seif al-Islam fue asesinado en su residencia en Zintan por cuatro hombres encapuchados que lograron desactivar las cámaras de vigilancia antes de entrar. Su equipo político calificó el hecho como una “cobarde e infame ejecución”.

Tenía 53 años. No se han dado a conocer sospechosos del crimen, y en un país donde reina la incertidumbre y cada región responde a sus propias milicias, resulta complejo delimitar responsabilidades. El ataque apunta, sin embargo, a una intención clara de eliminar de la ecuación política a una figura con poder simbólico y creciente respaldo popular.

Entre la nostalgia y el caos

Desde la caída de Gadafi, Libia ha quedado atrapada en una espiral de fragmentación. Actualmente, el país está dividido entre dos gobiernos rivales: uno en el este con sede en Bengasi respaldado por el mariscal Jalifa Haftar, y otro en el oeste, con centro en Trípoli, bajo el Gobierno de Unidad Nacional.

Ambos gobiernos han sido incapaces de aportar estabilidad. Desde 2011, el país no logra realizar elecciones consensuadas. El petróleo, principal riqueza libia, sigue generando ingresos, pero con intermediarios corruptos y redes de contrabando, mientras la población sigue sumida en la precariedad.

Esta situación ha provocado que sectores populares miren con nostalgia el pasado gadafista, particularmente en regiones como Bani Walid o Sabha, zonas tradicionalmente leales a la familia Gadafi.

Un dilema incómodo para la comunidad internacional

El posible retorno del Gadafismo a través de líderes como Seif al-Islam presentaba un dilema tanto para los libios como para la comunidad internacional. Aunque Occidente apoyó la caída de Gadafi en nombre de los derechos humanos, su retirada dejó un vacío que nunca fue bien gestionado.

Las consecuencias geopolíticas son evidentes: Rusia y Turquía tienen presencia militar directa en el territorio, Emiratos Árabes y Egipto respaldan a un bando, mientras que Italia y Francia lo hacen con el otro, todos interesados en controlar recursos y posiciones estratégicas en el Mediterráneo.

En medio de ese ajedrez, la figura de Seif aparecía como una carta de retorno “autóctona” al orden perdido, un símbolo de restauración interna frente a una intervención extranjera que ha dejado al país en ruinas.

¿Qué significa su muerte para Libia?

Con su muerte se cierra, de manera abrupta, uno de los capítulos más intrigantes del post-Gadafismo. Pero también se abren nuevos interrogantes. ¿Volverán otros miembros de la familia al escenario político? ¿O fue Seif al-Islam el último resquicio de aquel linaje?

Un dato relevante es el mensaje que emitió su hermano, Mohamed Gadhafi, desde el exilio: “El dolor de su pérdida me atraviesa el alma. Pero sé que los hijos leales de la patria sabrán cumplir con su deber y le darán una despedida digna”.

De esta forma, se insinúa que hay aún una red de apoyo leal a la antigua dinastía y que nadie ha renunciado del todo a la idea de una restauración.

¿Es posible que resurja el Gadafismo?

Según un análisis del Middle East Institute, en los últimos años ha habido un repunte del sentimiento favourable al régimen anterior. Encuestas informales revelan que hasta un tercio de los libios perciben los tiempos de Gadafi como más seguros y prósperos que la situación actual.

El fenómeno no es exclusivo de Libia. En muchos países que transitaron de dictaduras a democracias disfuncionales, se registra con el tiempo un auge de la nostalgia autoritaria, una reacción natural ante el colapso del estado, servicios públicos y seguridad.

Pero cabe recordar que el Gadafismo fue también sinónimo de represión, desapariciones, censura, culto a la personalidad y ausencia total de libertades civiles durante más de 40 años.

Un símbolo más que un actor

Al final, Seif al-Islam representaba más una idea que un proyecto político coherente. Su muerte tal vez lo convierta ahora en un símbolo—una bandera para aquellos que aún creen en el regreso de “la estabilidad” al estilo Gadhafi. Pero convertir esa bandera en poder real requerirá más que nostalgia: requerirá liderazgo, organización y una visión viable para una Libia exhausta.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press