El dilema real de Noruega: entre escándalos, enfermedad y un trono en crisis

La princesa Mette-Marit se enfrenta a sus fantasmas del pasado y a un presente incierto mientras su hijo es juzgado por graves delitos. ¿Sobrevivirá la corona noruega a esta tormenta?

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Por décadas, la monarquía noruega ha sido sinónimo de estabilidad, modernidad y consenso en una sociedad orgullosa de sus valores igualitarios. Pero hoy, esa imagen se tambalea. La Casa Real enfrenta la peor crisis en años, con escándalos personales que golpean a la princesa heredera Mette-Marit, una enfermedad debilitante y un juicio mediático contra su hijo mayor, Marius Borg Høiby.

Una princesa moderna con un pasado complicado

La historia de Mette-Marit es, en muchos sentidos, un relato de superación y transformación. Fue vista como una figura polémica al ingresar a la familia real en 2001. Era madre soltera, proveniente de un entorno no aristocrático, y había tenido una juventud agitada relacionada con ambientes donde se vinculaba el consumo de drogas.

Sin embargo, Noruega abrazó su honestidad y su voluntad de encarnar una monarquía más cercana al pueblo. En sus años como princesa, Mette-Marit se ha ganado respeto por su trabajo social, especialmente con jóvenes marginados y enfermos terminales. Todo esto parecía haber construido un nuevo legado.

El fantasma de Jeffrey Epstein

Pero el pasado, como siempre, vuelve. Con la nueva filtración de documentos relacionados con el criminal sexual estadounidense Jeffrey Epstein, el nombre de Mette-Marit apareció cientos de veces.

Ya en el pasado había reconocido sus encuentros con Epstein, pero ahora salen a la luz intercambios de mensajes privados que muestran una relación más casual de lo esperado. En un correo de 2012, Epstein menciona que estaba en París "cazando esposa", a lo que Mette-Marit respondió que “París es bueno para el adulterio, pero las escandinavas son mejor material para esposas”.

La respuesta de la princesa fue casi inmediata: “Algunos de los contenidos de los mensajes entre Epstein y yo no representan a la persona que quiero ser.” También reiteró su apoyo a las víctimas del magnate.

No obstante, la opinión pública ha sido menos indulgente. Medios noruegos recuerdan que Epstein ya era un personaje sospechoso en círculos diplomáticos y que Mette-Marit debería haber sido mucho más cauta.

Juicio por violación: el otro golpe a la corona

Como si el escándalo Epstein no fuese suficiente, el hijo mayor de la princesa, Marius Borg Høiby, se encuentra actualmente en juicio por violación, violencia en relaciones cercanas, amenazas de muerte y otros delitos, como tráfico de marihuana y infracciones de tránsito.

Marius, de 29 años, no es miembro oficial de la Casa Real, pero es considerado parte del núcleo familiar. Hijo de la relación de juventud entre Mette-Marit y su entonces pareja (condenado por delitos relacionados a las drogas), enfrenta un futuro incierto, tanto judicial como mediáticamente.

El Palacio ha emitido un comunicado manteniendo distancia. La familia real no asistirá al juicio, que se desarrollará durante siete semanas, aunque reconocieron que se trata de un momento doloroso. “Marius es una parte importante de nuestra familia”, señaló el comunicado.

Una salud quebrantada

A esto se suma la fragilidad física de la princesa heredera. En 2018 fue diagnosticada con fibrosis pulmonar crónica, una enfermedad incurable que afecta los pulmones y limita severamente la capacidad de vida diaria.

En enero de 2024, el Palazzo Real anunció que hay “un claro deterioro en su condición médica” y que los médicos ya evalúan un eventual trasplante de pulmón. Para una futura reina con responsabilidades públicas y representación internacional, este escenario es particularmente complicado.

¿La monarquía más moderna de Europa en peligro?

Durante años, Noruega se ha enorgullecido de tener una monarquía sencilla, políticamente neutral y socialmente progresista. El rey Harald V, de 88 años y perteneciente a la Casa de Glücksburg, es una figura respetada. Se casó con una mujer plebeya, Sonja Haraldsen, mucho antes de que eso fuera común en las monarquías europeas. Su hijo Haakon y Mette-Marit siguieron ese mismo camino moderno.

Sin embargo, los escándalos recientes han comenzado a erosionar la popularidad de la monarquía. Según una encuesta de Norstat para los medios Dagbladet y NRK, el apoyo al sistema monárquico ha caído de un 74% en agosto pasado a un 66% en enero de 2025.

Una caída de 8 puntos en tan poco tiempo es significativa en Noruega, donde la Corona ha sido tradicionalmente un símbolo de estabilidad. Otra encuesta publicada por VG refleja una disminución similar en la confianza de los ciudadanos en la institución.

¿Puede sobrevivir la corona noruega a este annus horribilis?

Existen precedentes en Europa de casas reales sacudidas por escándalos personales: el rey emérito Juan Carlos en España, el príncipe Andrés en Reino Unido, o el caso belga con los hijos ilegítimos del rey Alberto II. En todos los casos, la pérdida de prestigio ha sido significativa.

En el caso noruego, el desafío es triple: una heredera enferma, un escándalo vinculado a abusos sexuales internacionales y un proceso judicial de alto perfil que involucra violencia de género. Todo esto pone a prueba no sólo la imagen de la monarquía, sino su misma legitimidad ante una sociedad cada vez más exigente con la transparencia y el comportamiento ético de sus líderes, sean electos o hereditarios.

El peso de la herencia y las generaciones que vienen

La hija de Haakon y Mette-Marit, la princesa Ingrid Alexandra, de 21 años, es la segunda en la línea de sucesión y la primera que, eventualmente, podría reinar como monarca constitucional del país. Ha sido criada fuera del ojo del huracán mediático, pero los eventos actuales podrían acabar con ese blindaje.

La monarquía necesita desesperadamente tiempo, orden y distancia de los escándalos para reconfigurarse. Puede que Ingrid Alexandra sea la cara de esa renovación futura, pero el actual caos amenaza con dejar heridas difíciles de curar.

Fuentes internas del palacio aseguran que hay un ambiente de tensión máxima. Mientras tanto, el pueblo noruego, pragmático y moderno, observa con escepticismo. Las redes sociales arden entre defensores acérrimos de la princesa y quienes exigen su renuncia como figura pública.

En cualquier caso, el 2025 será recordado como uno de los años más turbulentos para la monarquía noruega. Como diría un antiguo proverbio escandinavo: “no hay calma que dure si no se aprende del temporal”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press