El fin del tratado New START: ¿una nueva era de carrera armamentista nuclear?

El último pacto de control nuclear entre EE.UU. y Rusia ha expirado, dejando al mundo sin límites sobre los dos mayores arsenales atómicos. ¿Qué significa esto para la seguridad global?

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El 8 de febrero de 2026 marcó un hito preocupante para la estabilidad nuclear mundial: el tratado New START (Strategic Arms Reduction Treaty), el último acuerdo vigente entre Estados Unidos y Rusia para la reducción y control de armas nucleares, llegó a su fin. Por primera vez en más de 50 años, no existen límites legales que restrinjan el tamaño o despliegue de los arsenales nucleares de las dos potencias más importantes en este terreno.

Un repaso al tratado New START

Firmado en 2010 durante los mandatos de Barack Obama y Dmitri Medvédev, el tratado New START limitaba a 1.550 el número de ojivas nucleares desplegadas y a 700 los misiles, submarinos y bombarderos estratégicos capaces de transportarlas. Además, incluía un robusto sistema de verificación con inspecciones in situ y reportes mutuos de despliegue armamentístico.

Fue originalmente concebido para durar 10 años, pero en 2021 se prorrogó por cinco más, hasta este 2026. Sin embargo, las tensiones geopolíticas —principalmente por la guerra en Ucrania— terminaron desintegrando su implementación. En febrero de 2023, Rusia suspendió su participación, acusando a Estados Unidos de hostilidad abierta e imposibilidad de permitir inspecciones en sitios nucleares rusos.

Entre amenazas y ofertas diplomáticas

En septiembre de 2025, el presidente ruso Vladimir Putin ofreció seguir respetando los límites del tratado por un año más si Washington hacía lo mismo. No obstante, el expresidente estadounidense Donald Trump, crítico histórico de los acuerdos con Moscú, calificó el pacto como “mal negociado” y abogó por un nuevo tratado que incluyera también a China, algo que Pekín ha rechazado tajantemente.

“En lugar de extender el New START (...), deberíamos tener a nuestros expertos nucleares trabajando en un nuevo tratado mejorado y modernizado que pueda durar en el futuro”, escribió Trump en su red Truth Social.

Según el Kremlin, los negociadores de Rusia y EE.UU. discutieron el tema en Abu Dabi durante unas conversaciones en paralelo con delegaciones de Ucrania. Ambas partes coincidieron, según Moscú, en la urgencia de abrir negociaciones para un nuevo acuerdo de control de armas.

¿Una nueva Guerra Fría nuclear?

El deterioro del régimen de control de armamento nuclear no empezó con New START. En 2002, EE.UU. se retiró del Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM). En 2019, bajo el gobierno de Trump, también abandonó el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), que había sido piedra angular del desarme nuclear en Europa.

Ahora, con New START oficialmente muerto, el mundo se enfrenta a un escenario sin precedentes desde 1972, cuando el acuerdo SALT I inauguró la era del control bilateral de armas estratégicas. Las dos potencias poseen más del 90% del arsenal nuclear global.

  • Estados Unidos: 5.244 ojivas nucleares (1.770 desplegadas operativamente) – estimación de 2024 según la Federation of American Scientists.
  • Rusia: 5.889 ojivas nucleares (cerca de 1.800 desplegadas).

El resultado más temido de este nuevo vacío legal es, por supuesto, una carrera armamentista sin restricciones. La falta de transparencia y verificación puede llevar a ambas potencias a modernizar y expandir sus arsenales por si acaso la otra lo hace también, un dilema clásico descrito en teoría de juegos como el “dilema del prisionero”.

Implicaciones globales: proliferación y tensiones regionales

El fin de New START no solo involucra a Washington y Moscú. Observadores internacionales han advertido del “efecto cascada” que un desmantelamiento del control nuclear bilateral puede desencadenar en otras regiones.

China, por ejemplo, ha triplicado su arsenal en la última década y ahora supera las 400 ojivas activas. Sin límites vigentes sobre las otras potencias, podría verse incentivada a acelerar su expansión, así como otras potencias nucleares emergentes como India, Pakistán, e incluso Israel o Corea del Norte.

Además, la carrera por la inteligencia artificial militarizada, los misiles hipersónicos y los sistemas satelitales añade una complejidad tecnológica a la ecuación que no existía en la Guerra Fría clásica.

¿Hay esperanza para un nuevo acuerdo?

Una posibilidad mencionada por negociadores —aunque no formal— es un “entendimiento informal” para continuar respetando las métricas del New START por al menos seis meses mientras se negocia algo nuevo. Sin embargo, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, subrayó que cualquier extensión debe ser formal y reconocida por tratados.

“Es difícil imaginar una extensión informal en esta materia”, puntualizó, aunque también indicó la disposición de Moscú a dialogar si recibe “respuestas constructivas”.

La reactivación de enlaces militares

En medio de la incertidumbre, una señal positiva: EE.UU. y Rusia acordaron reactivar el canal directo militar a militar de alto nivel, suspendido desde 2021. Este fue, históricamente, uno de los elementos más útiles para evitar malentendidos que pudieran escalar a conflicto nuclear.

Este tipo de comunicación resultó esencial durante crisis como la de los misiles en Cuba (1962) o incluso durante intervenciones militares en Siria entre fuerzas rusas y aliadas de la OTAN. En un mundo sin tratados, mantener esos “cables rojos” activos puede significar la diferencia entre una advertencia y una catástrofe.

El papel de Europa y otras potencias

Europa, aunque no posea arsenales comparables, se encuentra geopolíticamente en el medio. Países como Alemania y Francia han abogado históricamente por el desarme multilateral como parte de la arquitectura euroatlántica. La OTAN, por su parte, ha aumentado su gasto en defensa al 2% del PIB por exigencia de EE.UU. y ha desplegado nueva infraestructura en Polonia, Rumania y los Bálticos.

Es probable que potencias intermedias como India, Japón, Brasil o incluso Turquía intenten jugar un papel diplomático mediador, al igual que lo hizo Finlandia en los años 80 con la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa.

¿Qué sigue?

El escenario ideal sería una negociación rápida de un nuevo pacto que incluya elementos del New START y se adapte al contexto tecnológico contemporáneo, tal vez incluyendo límites multilateralizados—una demanda que hoy luce improbable pero necesaria.

Por ahora, el mundo entra en un periodo de incertidumbre nuclear. Las declaraciones diplomáticas indican interés en evitar una carrera armamentista abierta, pero las acciones concretas aún deben materializarse. Como advirtió en 1985 el presidente Reagan, “una guerra nuclear no se puede ganar y jamás debe ser peleada”. Ojalá los líderes actuales no lo olviden.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press