Keir Starmer al borde del abismo: El escándalo Epstein que sacude al poder británico
La crisis por el nombramiento de Peter Mandelson revela fracturas internas, riesgos políticos e interrogantes sobre el liderazgo en el Partido Laborista
Por: Redacción
Una tormenta política sacude el Reino Unido
La estabilidad del gobierno británico, encabezado por el primer ministro Keir Starmer, atraviesa su mayor crisis desde la aplastante victoria del Partido Laborista en julio de 2024. En el centro del huracán político se encuentra el controvertido nombramiento de Peter Mandelson como embajador del Reino Unido en Estados Unidos: una decisión que desató una cadena de revelaciones, presiones internas, acusaciones de mala gestión y llamados a su dimisión.
Lo que comenzó como una apuesta por la experiencia diplomática se ha transformado en una pesadilla política. La filtración de millones de documentos vinculados a Jeffrey Epstein por el Departamento de Justicia de EE.UU. terminó por confirmar lo que muchos temían: los vínculos estrechos entre Mandelson y Epstein, incluso después de las condenas por delitos sexuales del multimillonario.
La caída de Mandelson: un error que podría ser fatal
Peter Mandelson no es un personaje menor dentro del laborismo británico. Fue una de las figuras clave del New Labour bajo Tony Blair y ha ocupado cargos relevantes en diferentes gobiernos. Pero su amistad con Epstein, mantenida tras la condena de este por abuso de menores en 2008, lo colocó en una posición insostenible.
En septiembre de 2025, una primera tanda de correos electrónicos reveló que Mandelson seguía teniendo contacto con Epstein e incluso compartía cenas con él después de su condena. Eso bastó para que Starmer lo destituyera. Sin embargo, tras los nuevos documentos publicados en febrero de 2026, la situación se agravó: se descubrió que Mandelson, siendo miembro del gabinete de Gordon Brown en 2009, compartió información confidencial del gobierno británico con Epstein.
La figura de Starmer, bajo fuego
La pregunta que se repite en los pasillos de Westminster no es si Peter Mandelson actuó mal, sino por qué Keir Starmer decidió nombrarlo como embajador en Washington en 2024, sabiendo al menos parte de estos antecedentes. La presión política y mediática ha sido intensa, y la imagen de juez prudente e íntegro que Starmer cultivó durante su carrera —recordemos que fue fiscal jefe antes de entrar plenamente en política— está gravemente dañada.
Starmer ha ofrecido disculpas públicas a las víctimas de Epstein y ha declarado que fue “engañado por las mentiras de Mandelson”. Pero el daño está hecho y dentro del Partido Laborista, las tensiones internas están a punto de estallar.
Escenarios para la sucesión: cartas sobre la mesa
La caída del líder laborista no es inminente, pero sí plausible. Existen múltiples caminos para su salida del poder, algunos más rápidos y menos traumáticos que otros:
- Renuncia voluntaria: sería la vía más directa. Si Starmer reconoce que ha perdido el respaldo del partido, podría renunciar e iniciar elecciones internas para elegir un nuevo líder.
- Motín interno: como sucedió con Thatcher o Boris Johnson en su día, una revuelta interna dentro del gabinete podría forzar su dimisión. En este momento, varias figuras laboristas ya han pedido su salida.
- Desgaste gradual: si decide resistir, Starmer enfrentará batallas decisivas en las elecciones locales de mayo y en el descontento acumulado dentro del partido.
¿Quiénes podrían sucederlo?
- Angela Rayner: ex viceprimera ministra, que tuvo que renunciar el año pasado por problemas fiscales. Su caso aún no se resuelve, lo que complica sus aspiraciones.
- Wes Streeting: actual secretario de Salud del Reino Unido, es una figura emergente dentro del ala más centrista del partido. Tiene ambición y apoyo, pero no es carismático.
- Shabana Mahmood: actual ministra del Interior, su papel ha ganado notoriedad aunque todavía no es ampliamente reconocida por el electorado general.
- Andy Burnham: el popular alcalde de Mánchester. Aunque cuenta con gran respaldo a nivel local, no es diputado y, por tanto, no puede aspirar a liderar el partido a menos que vuelva a Westminster.
Un proceso complejo: las reglas del juego laborista
El procedimiento para elegir a un líder laborista es tedioso. Los candidatos necesitan:
- El apoyo del 20% del grupo parlamentario (al menos 80 diputados).
- El respaldo del 5% de las secciones locales del partido, o al menos tres afiliados (sindicatos o asociaciones afines), de los cuales dos deben ser sindicatos.
Una vez cumplidos esos requisitos, los militantes y afiliados votan mediante un sistema de votación preferencial. El ganador, si supera el 50% de las preferencias, es invitado por el Rey Carlos III para formar gobierno.
Una cultura política sin tradición de expulsiones
Una diferencia clave entre laboristas y conservadores es cómo cada partido maneja a los líderes impopulares. Mientras los «tories» han mostrado ejecutar líderes con precisión quirúrgica (como Thatcher en 1990 y Johnson en 2022), el Partido Laborista no ha derrocado nunca a un primer ministro en activo. Tony Blair renunció en 2007 por desgaste interno, pero fue una salida negociada.
El propio Starmer podría aferrarse a esta tradición, esperando que el escándalo se diluya. Sin embargo, cada semana que pasa, hay más frentes abiertos y menos tolerancia dentro del partido y de la ciudadanía.
Crisis tras crisis: ¿el comienzo del fin?
El calendario no favorece a Starmer. El próximo 26 de febrero habrá elecciones especiales en Gorton y Denton, un bastión laborista que ahora corre el riesgo de caer ante partidos emergentes. La Reform UK (ultraderecha) y los Verdes de izquierda radical, están al acecho.
Además, la exclusión de Andy Burnham como candidato para esta contienda ha sido interpretada como una maniobra para bloquear a posibles rivales —una jugada política que podría salirle muy cara.
Más allá de eso, se espera una dura contienda en las elecciones regionales de mayo. Por primera vez desde la creación del Parlamento Galés en 1999, el laborismo podría perder el control en Gales. En Escocia, la situación es aún peor, y en Inglaterra los pronósticos apuntan a una derrota significativa en las elecciones locales.
Una herida en un momento decisivo del Reino Unido
El caso Epstein es un símbolo del tipo de relaciones tóxicas que florecen en la élite política internacional. En Reino Unido, ha desatado un vendaval que no parece amainar y que pone de manifiesto la fragilidad del liderazgo actual, incluso bajo gobiernos con mayoría absoluta.
La cita célebre del primer ministro Harold Macmillan, cuando dijo que los desafíos de un líder eran “los eventos, querido muchacho, los eventos”, nunca ha sido más pertinente. Keir Starmer apostó por la experiencia de los viejos barones del partido. Hoy paga el precio de haber ignorado —o subestimado— las consecuencias.
Ahora enfrenta el peso de la historia, los errores propios y un partido ansioso por evitar que el escándalo de un hombre arrastre consigo al gobierno entero.
¿Fin de ciclo o resurrección política?
La política británica ha demostrado tener más giros inesperados que una novela de Agatha Christie. Aún es pronto para dar por muerto políticamente a Keir Starmer, pero su margen de maniobra se reduce de forma acelerada.
Como dijo el escritor George Bernard Shaw: “Los errores son, al fin y al cabo, los portales del descubrimiento”. La pregunta es si el Partido Laborista está dispuesto a concederle otra oportunidad… o si está listo para descubrir un nuevo líder.
