Combustible sostenible para aviación: la apuesta de Singapur y el auge del SAF en el sudeste asiático

Cómo la región se posiciona como plataforma global de producción de SAF, qué implican las nuevas tasas y por qué la transición depende de políticas, inversiones y cooperación internacional

El transporte aéreo enfrenta una encrucijada histórica: debe reducir sus emisiones sin sacrificar la movilidad que ha conectado al mundo durante décadas. En respuesta, ha surgido una alternativa que no altera la infraestructura de los aviones pero sí su huella ambiental: el combustible de aviación sostenible, conocido por sus siglas en inglés como SAF (Sustainable Aviation Fuel).

¿Qué es el SAF y por qué importa?

El SAF es una familia de combustibles para aviación producidos a partir de materias primas renovables o residuos, como aceites de cocina usados, residuos agrícolas, ciertos tipos de biomasa e incluso procesos que capturan carbono para sintetizar combustibles. Su ventaja principal es que, comparado con el combustible fósil convencional (queroseno), puede reducir las emisiones de ciclo de vida del carbono hasta en torno al 65% dependiendo de la materia prima y el proceso, según estimaciones de la Organización de Aviación Civil Internacional (ICAO).

Esta reducción se refiere al conjunto de emisiones desde la extracción y producción de la materia prima hasta la combustión en el motor. No es una solución única ni mágica: la eficacia ambiental depende de la fuente de los insumos y de que no implique deforestación, desplazamiento de cultivos o impactos sociales negativos.

El contexto global: obligaciones y limitaciones

La aviación representa una porción limitada pero creciente de las emisiones globales de carbono. Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), el sector aporta alrededor del 2.5% de las emisiones globales anuales, y sus emisiones han crecido más rápido que las de otros modos de transporte en años recientes (IEA).

Frente a este panorama, la comunidad internacional y muchos actores de la industria se han comprometido con objetivos ambiciosos: la ICAO promueve el objetivo de cero emisiones netas para 2050 y plantea que el uso de SAF podría reducir significativamente las emisiones del sector. Sin embargo, las dudas se centran en la capacidad de escalado: ¿puede el SAF producirse a la escala necesaria y en tiempo para alcanzar metas del decenio que viene?

Por qué el sudeste asiático está en el foco

El sudeste asiático reúne tres elementos estratégicos que explican por qué se le perfila como hub de SAF:

  • Disponibilidad de materias primas: amplias fuentes de residuos agrícolas, aceite vegetal y biomasa que pueden servir como insumo para varias rutas de producción de SAF.
  • Infraestructura portuaria y posición geográfica: centros logísticos como Singapur facilitan el abastecimiento y la exportación regional y global.
  • Políticas e inversiones emergentes: países de la región han empezado a construir plantas y crear marcos regulatorios para incentivar la producción.

Singapur, en particular, está ejerciendo un papel de liderazgo. El país alberga la planta de SAF más grande de la región y anunció la construcción de una instalación de nueva generación. Además, ha firmado acuerdos para suministrar combustible a aerolíneas importantes, lo que crea señales de demanda estables para los productores.

La medida de Singapur: una tasa para financiar la transición

Ante la necesidad de financiar el despliegue y la adopción del SAF, Singapur anunció la imposición de una tasa que afectará a pasajeros y carga aérea. El esquema, que entra en vigor para boletos vendidos después del 1 de abril y para vuelos con salida posterior al 1 de octubre desde el Aeropuerto Changi, aplica un recargo según la distancia y la cabina: desde un S$1 (aprox. 0.75 USD) para vuelos económicos dentro del sudeste asiático hasta S$41.60 (cerca de 32 USD) para pasajeros de cabinas premium con destinos en América.

Para carga, la tasa se calcula por distancia y por peso. El objetivo declarado por las autoridades es claro: que todos los usuarios de la aviación contribuyan de manera proporcional y transparente a la financiación del SAF, con el recargo visible en los pasajes y contratos de carga.

Daniel Ng, director de sostenibilidad de la Autoridad de Aviación Civil de Singapur, declaró que la tasa permitirá que “todos los usuarios de la aviación hagan su parte para contribuir a la sostenibilidad a un costo manejable para el hub aéreo”.

Modelos de financiación y señales de mercado

La decisión de Singapur puede leerse como una política de doble propósito: por un lado, genera ingresos para apoyar la infraestructura y los contratos de compra de SAF; por otro, actúa como señal de mercado, incentivando a aerolíneas y operadores logísticos a priorizar combustibles más limpios.

Este enfoque no es novedoso en el sector: distintas jurisdicciones han implementado mecanismos para internalizar el coste ambiental, desde impuestos a las emisiones hasta esquemas de compra pública de combustibles sostenibles. La particularidad de Singapur es que, como gran hub con 70 millones de pasajeros en 2025, una medida así escala rápidamente y puede generar un efecto de arrastre en la región.

Proyectos y capacidad en la región

El mapa de proyectos en el sudeste asiático se está moviendo con rapidez:

  • Singapur tiene la planta regional más grande en operación y está construyendo otra de nueva generación con el apoyo de empresas desarrolladoras como Aether Fuels. Tat Chuan Goh, de Aether Fuels, ha señalado que “el momentum está claramente en aumento” en la región.
  • Tailandia inauguró una planta de SAF en Bangkok en 2025, lo que demuestra que la producción ya no es solo una promesa sino una realidad operativa.
  • Malesia y Vietnam lograron hitos de producción doméstica en 2025: Vietnam comenzó a entregar mezclas de SAF a aerolíneas locales como VietJet Air, y Malesia suministró a Malaysia Airlines y a clientes en Europa.
  • Indonesia y Filipinas están adoptando políticas para estimular la inversión y la expansión de la capacidad productiva.

ASEAN ha estimado que la región podría producir hasta 8.5 millones de barriles de SAF por día hacia 2050 si se gestiona responsablemente, una cifra que, de materializarse, convertiría al sudeste asiático en un actor protagonista en los mercados internacionales de combustible para aviación.

Ventajas competitivas y riesgos

Las ventajas del sudeste asiático son importantes: abundancia de insumos, proximidad a grandes rutas de tráfico aéreo y la posibilidad de escalar producción para abastecer mercados internacionales. Sin embargo, existen riesgos que conviene examinar:

  • Impactos ambientales y sociales: la expansión de cultivos o la recolección de biomasa sin criterios estrictos podría provocar deforestación, pérdida de biodiversidad o competencia por uso de la tierra con la producción de alimentos.
  • Cadena de suministro y coste: la producción de SAF todavía es más cara que el queroseno convencional. El despliegue masivo depende de políticas públicas que incentiven o subvencionen su uso, como mandatos de mezcla y mecanismos fiscales.
  • Dependencia de políticas: la volatilidad regulatoria en mercados clave puede frenar inversiones. Un ejemplo reciente es el retroceso de políticas de apoyo en Estados Unidos bajo la administración de 2025-2028, que, según actores de la industria, ha generado incertidumbre.

Cómo las políticas públicas aceleran o frenan el avance

El historial reciente muestra que las políticas públicas son el motor que puede acelerar el despliegue del SAF. Entre las herramientas más eficaces se encuentran:

  1. Mandatos de mezcla: exigir que un porcentaje del combustible suministrado a aerolíneas provenga de SAF genera demanda segura para los productores.
  2. Incentivos fiscales y subvenciones a la producción: reducen la brecha de precio entre SAF y queroseno.
  3. Contratos de compra a largo plazo (offtake agreements): proporcionan certidumbre para inversiones en plantas asistidas por capital privado.
  4. Certificación sostenible y estándares: asegurar que el SAF cumple criterios de bajas emisiones y no causa daños indirectos en tierra y comunidades.

Kelvin Lee, responsable de sostenibilidad para Asia-Pacífico en la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), ha comentado que la atención en la región es “natural”, pero enfatiza que se necesita “bastante apoyo gubernamental” para sostener el impulso.

El efecto del retroceso en Estados Unidos

La dinámica global del SAF también depende de lo que ocurra en economías clave como Estados Unidos. Tras un período de fuertes incentivos que llevó la producción estadounidense a duplicarse y alcanzar un récord, cambios en la política energética han generado incertidumbre. La IATA y otras organizaciones han señalado que la reversión de incentivos puede ralentizar el crecimiento global del SAF, ya que reduce la demanda y la inversión en tecnologías a gran escala.

Preeti Jain, líder de investigación de neutralidad de carbono en IATA, ha indicado que el retroceso en incentivos en Estados Unidos es “definitivamente un tema de discusión”, aunque subraya que no todo el soporte se ha evaporado y que persiste una ventana de oportunidad para políticas estables que sostengan la transición.

Economía del SAF: precios, escalado y mercado

Actualmente, el SAF es significativamente más caro que el queroseno fósil. Las estimaciones varían según la materia prima y la tecnología, pero en muchos casos el coste por litro puede ser 2-5 veces mayor que el combustible convencional. Esta brecha es la principal barrera para su adopción masiva.

Sin embargo, varios factores pueden cerrar la brecha con el tiempo:

  • Economías de escala al aumentar la producción.
  • Mejoras tecnológicas que aumenten rendimiento y reduzcan costos de producción.
  • Políticas que internalicen el coste social del carbono y ofrezcan créditos o exenciones.

Las aerolíneas, por su parte, están firmando acuerdos de suministro a largo plazo con productores de SAF para asegurar precios y volumen. Aerolíneas grandes con compromisos de reducción de emisiones están dispuestas a pagar una prima por SAF para avanzar en sus metas de sostenibilidad.

Impacto en pasajeros y las tarifas: ¿quién paga la cuenta?

Medidas como la tasa de Singapur sirven para distribuir el coste entre usuarios del sistema aéreo. Aunque el recargo por pasaje puede ser modesto para vuelos cortos en clase económica, para rutas largas y cabinas premium el monto es mayor. La idea es crear un mecanismo que permita a los consumidores contribuir de forma transparente a la transición, al tiempo que se mantiene la competitividad del hub aéreo.

Existen debates legítimos sobre equidad: los viajeros frecuentes y de alta renta soportarán una mayor proporción de la carga si pagan tarifas más altas, mientras que los viajeros de bajo ingreso podrían verse desincentivados. Los diseñadores de política deben balancear estos efectos con mecanismos redistributivos y alternativas para viajes esenciales.

Consideraciones ambientales y de sostenibilidad real

Para que el SAF tenga un impacto real y duradero debe cumplirse un principio básico: la sostenibilidad completa del ciclo. Esto implica:

  • No generar deforestación o conversión de ecosistemas naturales.
  • Evitar competencia directa con la producción de alimentos que afecte seguridad alimentaria.
  • Garantizar condiciones laborales justas en las cadenas de suministro.
  • Usar métricas y certificaciones que reflejen reducciones de emisiones de ciclo de vida verificables.

Si se ignoran estas consideraciones, la expansión del SAF podría convertirse en fuente de impactos negativos que contrarrestan sus beneficios climáticos. Por eso, organismos multilaterales, ONGs y empresas privadas insistentemente piden marcos de gobernanza robustos.

Innovaciones tecnológicas y vías alternativas

El SAF incluye varias rutas tecnológicas: hidroprocesamiento de aceites (HEFA), procesos Fischer-Tropsch a partir de biomasa, conversión de residuos y vías e-fuel (combustibles sintéticos producidos con electricidad renovable y captura de CO2). Cada ruta tiene ventajas y limitaciones en términos de coste, madurez tecnológica y disponibilidad de insumos.

Los e-fuels o combustibles sintéticos son especialmente interesantes por su potencial de ofrecer combustibles con emisiones muy bajas si la electricidad proviene de fuentes renovables y el CO2 proviene de captura directa. No obstante, hoy son caros y energéticamente exigentes.

Proyecciones y escenarios: ¿cómo podría cambiar el mapa energético aeronáutico?

Si las inversiones y las políticas se alinean, el papel del SAF podría crecer de forma exponencial en la segunda mitad de la década y especialmente rumbo a 2050. Escenarios optimistas de la industria proyectan incrementos significativos en la capacidad global, pero la exactitud de esas proyecciones depende de factores políticos (subsidios y mandatos), tecnológicos (reducción de costos) y sociales (aceptación y demanda).

ASEAN, por ejemplo, ha puesto sobre la mesa la posibilidad de producir millones de barriles diarios hacia 2050; si parte de esa producción llegara a mercados como Europa y Asia-Pacífico en volúmenes competitivos, podríamos asistir a una reconfiguración de flujos comerciales de combustibles y a la emergencia de nuevos exportadores netos de “combustible verde”.

Cooperación internacional: una condición necesaria

La transición del sector aéreo no es un tema que un país pueda resolver en solitario. Requiere cooperación entre gobiernos, industria, inversores y sociedad civil. Las principales líneas de acción que facilitan esa cooperación son:

  • Armonización de estándares de sostenibilidad para SAF a nivel internacional.
  • Mecanismos de financiación que permitan compartir riesgos en proyectos de infraestructura.
  • Programas de transferencia tecnológica y desarrollo de capacidades locales en países productores.
  • Acuerdos comerciales que eviten barreras al comercio de combustibles sostenibles.

Reflexión final: una ventana de oportunidad con límites claros

El sureste asiático posee la conjunción de recursos, ubicación estratégica y voluntad política emergente para jugar un rol decisivo en la industria del SAF. Singapur ha demostrado que las medidas públicas —como la tasa destinada a financiar SAF— pueden ser una herramienta efectiva para acelerar la demanda y la inversión.

No obstante, el éxito depende de cómo se diseñen estas políticas: deben incentivar sin crear efectos indeseados, proteger ecosistemas y comunidades, y coordinarse en una visión regional y global. En un contexto donde decisiones políticas en economías como Estados Unidos pueden frenar o empujar la inversión, la región tiene ahora la oportunidad de consolidar un liderazgo responsable y competitivo.

Si se aprovecha esta ventana, el SAF podría convertirse en un vector real para reducir las emisiones de la aviación en las próximas décadas. Si no, su potencial quedará limitado por costos, incertidumbres y desafíos de sostenibilidad que requieren acción inmediata y bien diseñada.

Fuentes y lecturas recomendadas:

  • Organización de Aviación Civil Internacional (ICAO) — información sobre SAF y objetivos de carbono: https://www.icao.int
  • Agencia Internacional de la Energía (IEA) — datos sobre emisiones y transporte aéreo: https://www.iea.org
  • Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) — reportes sobre neutralidad de carbono y SAF: https://www.iata.org
Este artículo fue redactado con información de Associated Press