La Juta de los femminielli: fe, cultura y resistencia en el corazón napolitano
Entre la Virgen de Montevergine, rituales ancestrales y la lucha contra la transfobia, la tradición femminiello renace como patrimonio vivo de Nápoles
La Juta de los femminielli es mucho más que una procesión: es una confluencia de religión, identidad y memoria colectiva que cada 2 de febrero vuelve a poner en el centro del escenario a una tradición napolitana tan antigua como compleja. En una pequeña iglesia de Mercogliano, a las afueras de Nápoles, centenares de personas —con pelucas altas, pestañas postizas y uñas esmaltadas— se reúnen para celebrar la presentación de Jesús en el templo, Candlemas o la Candelaria, y al mismo tiempo afirmar una identidad social que desafía las categorías binarias: la de los femminielli.
Una fiesta entre lo sagrado y lo popular
La Juta tiene lugar el 2 de febrero, fecha en la que la tradición católica celebra la Presentación de Jesús y la Purificación de la Virgen. Esa superposición entre una solemnidad litúrgica y prácticas locales singulares convierte la jornada en un ritual híbrido: por un lado, la bendición de las velas dentro de la liturgia; por otro, cantos, gestos y actuaciones que resuenan en la calle, en los bares y en los patios populares. La teatralidad y la fiesta se entrelazan con la oración, y esa mezcla es precisamente lo que ha hecho posible que la Juta sobreviva y se reinvente.
¿Quiénes son los femminielli?
El término femminiello proviene del italiano y combina la raíz femenina con un diminutivo masculino; describe una categoría social tradicional en la cultura napolitana que existió —y existe— al margen de las definiciones contemporáneas de género. Históricamente, los femminielli fueron reconocidos como una tercera categoría de género en contextos rituales, festivos y domésticos. En muchos barrios de Nápoles, cumplían funciones específicas en celebraciones populares: desde participar en rituales de fertilidad hasta protagonizar ceremonias simbólicas como la “boda de los femminielli” o la representación del parto con muñecos, actos escénicos que aludían a la fecundidad y renovación comunitaria.
Identidad entre la tradición y la modernidad
Hoy, la palabra femminielli convive con conceptos modernos como “trans” o “queer”, pero muchos de quienes se identifican con esa tradición califican su pertenencia en términos locales, culturales y ancestrales. Loredana Rossi, vicepresidenta de la Asociación Trans de Nápoles, ha señalado cómo, tras la Segunda Guerra Mundial, el papel social de los femminielli se consolidó en lo cotidiano: cuando los hombres estaban ausentes y las mujeres trabajaban fuera del hogar, los femminielli asumieron muchas funciones domésticas y de cuidado. Rossi afirma que, aunque hoy se empleen etiquetas globales, ella misma se siente más cercana a la identidad de femminiello que a la etiqueta de “mujer trans”.
Rituales, mitos y memoria histórica
La Juta también está anclada en una narrativa mítica que conecta con la devoción a la Virgen de Montevergine —la llamada Mamma Schiavona— y con una leyenda medieval protagonizada por dos jóvenes condenados por un supuesto amor entre ellos. Según la tradición local, esos jóvenes fueron atados a la intemperie en la montaña Partenio en 1256 y sólo sobrevivieron gracias a la intervención milagrosa de la Madonna de Montevergine, que derritió el hielo y los liberó. Desde entonces, la Madonna se considera protectora de los oprimidos y marginales, un símbolo que la comunidad femminiello recupera como emblema de protección divina frente a la violencia social.
Fe y resistencia: el significado contemporáneo de la Juta
En la reciente celebración en Mercogliano, el ambiente osciló entre la alegría ritual y el luto: la comunidad recordó a Paolo Minturno, un joven de 14 años que se suicidó tras sufrir acoso escolar homofóbico. Ese recuerdo introdujo un matiz político y testimonial en la homilía del párroco, el reverendo Vitaliano Della Sala, quien habló de la Juta como “un encuentro entre lo humano y lo divino” y enfatizó la urgencia de un gesto de acogida en tiempos en que la violencia y la intolerancia amenazan derechos y vidas. Ese mensaje puso de manifiesto que, para muchas personas, la Juta es también un acto de resistencia frente a la transfobia y la discriminación.
La Iglesia y la apertura: tensiones y avances
Aunque la Juta se celebra dentro de un marco católico, su relación con la institución eclesiástica no ha sido lineal. En 2002, los femminielli fueron prohibidos de entrar al Santuario de Montevergine; sin embargo, en años recientes ha habido aperturas notables: este año, por primera vez, mujeres trans fueron invitadas a hacer las lecturas litúrgicas durante la misa. Para muchos asistentes, ese gesto constituye una invitación simbólica al diálogo y la inclusión dentro de espacios religiosos tradicionalmente conservadores.
La performatividad como estrategia de inclusión social
Marzia Mauriello, antropóloga de la Universidad Napolitana L’Orientale, destaca la “alta performatividad” de los femminielli como clave para su visibilidad y relativamente mayor aceptación social en Nápoles. La ciudad, con una larga tradición teatral —desde la commedia dell’arte hasta óperas populares— ha ofrecido un terreno cultural donde la capacidad de representar, cantar y dramatizar ha servido para negociar espacios públicos. Esa performatividad no es mera actuación: es un lenguaje social que les permitió ocupar la escena y tejer redes de reconocimiento en vecindarios y fiestas populares.
Rituales populares que perduran
Entre los gestos más conocidos asociados a los femminielli están la llamada “boda”, en la que dos femminielli se casan simbólicamente en actos públicos, y la representativa maternidad teatral, donde uno de ellos “pare” un muñeco que luego es recibido como señal de fertilidad comunitaria. Además, su liderazgo en rezos públicos y oraciones los inserta en la práctica religiosa cotidiana, lo que complica cualquier lectura puramente secular o folklórica de su presencia.
Recuperación patrimonial y activismo
La Asociación Trans de Nápoles y otros colectivos llevan décadas trabajando para recuperar y preservar estas prácticas como patrimonio vivo. Su labor no se reduce a la festividad: implica la documentación de rituales, la formación de nuevas generaciones y la reivindicación pública de un legado cultural que, según defensores, antecede y desafía las categorías importadas desde contextos anglosajones.
Una herencia precristiana
Varios antropólogos han señalado paralelismos entre las prácticas femminiello y cultos mediterráneos de fertilidad anteriores a la llegada del cristianismo, con ecos fenicios, anatolios y griegos. Algunos participantes en la Juta reivindican conscientemente esa filiación precristiana: tras la misa, es común que grupos realicen rituales con velas y cánticos que remiten a prácticas ceremoniales arcaicas, buscando restituir capas de identidad que, en su opinión, el relato oficial ha relegado.
La Juta como patrimonio queer local
Para muchos jóvenes y activistas, la Juta representa una memoria queer europea no homogeneizada: no es simplemente una adaptación de modelos estadounidenses de identidad LGBT+, sino un repertorio propio, enraizado en historias locales, en la devoción a figuras marianas y en la cultura popular napolitana. Como dijo Jupy, un femminiello participante: “Esto es un patrimonio cultural queer que antecede la importación de categorías estadounidenses. Es un patrimonio inestimable, vivo dentro de nosotros”.
Violencia, acoso y necesidad de protección
La reciente referencia en la Misa al suicidio de Paolo Minturno ilustra la gravedad del fenómeno de la violencia homofóbica y transfóbica. A escala global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que el suicidio es una de las principales causas de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años; en Europa, los expertos subrayan que el acoso por orientación sexual o identidad de género incrementa el riesgo de autolesiones y suicidio (Fuente: Organización Mundial de la Salud).
La Juta como espacio de memoria y prevención
Convertir la Juta en un ritual que visibiliza el dolor y la memoria de víctimas del odio sirve también como mecanismo preventivo: articular la celebración con discursos de inclusión y solidaridad ayuda a crear redes comunitarias de cuidado. El gesto de invitar a mujeres trans a leer en la ceremonia, además de simbólico, es un acto pedagógico que interpela a los fieles y a la sociedad sobre la dignidad y el reconocimiento de todas las identidades.
El desafío del reconocimiento institucional
Que la Iglesia local permita o rechace la presencia de femminielli en ciertos espacios no es un asunto únicamente litúrgico: tiene consecuencias prácticas y simbólicas. La celebración en la Iglesia de la Annunziata, forzada por un desprendimiento en la carretera hacia Montevergine, mostró cómo la comunidad se adapta y persiste. Para muchos, cada vez que una comunidad eclesial abre sus puertas, se gana terreno en la batalla cultural por el reconocimiento de la diversidad.
Religión popular como terreno de pluralismo
La experiencia de la Juta revela una dimensión de la religión popular que suele escaparse a las categorías de “liberal” o “conservador”. En muchas prácticas devocionales locales, la piedad se mezcla con superstición, cultura popular y una sensibilidad social que puede ser sorprendentemente inclusiva. Así, la devoción a la Madonna de Montevergine funciona, para los femminielli, como una narrativa de protección y justicia, y no solo como un acto de piedad privada.
La cultura napolitana: sirenas, teatro y vivacidad
Los participantes suelen evocar a Parthenope, la figura mítica de las sirenas que dio nombre a Nápoles, para subrayar la vinculación de la ciudad con lo anfibio, lo seductor y lo liminar. La comparación no es casual: la imagen de la sirena alude a una topografía cultural que acepta lo híbrido, lo intermedio y lo contradictorio. Ese carácter “sirenico” —como lo definieron varios asistentes— es parte de la identidad regional y explica por qué la performatividad y la teatralidad han sido estrategias efectivas de supervivencia social.
Desafíos contemporáneos: estigma, políticas y memoria
No obstante, la visibilidad no ha eliminado el estigma: los femminielli siguen enfrentando discriminación, violencia simbólica y, en algunos casos, exclusión económica. La persistencia de insultos degradantes —como los epítetos que llevaron al joven Paolo a un extremo trágico— subraya la urgencia de políticas públicas que combinen educación, prevención y protección. Asociaciones locales han demandado mayor implicación de las instituciones educativas y sanitarias para abordar la transfobia en las escuelas y ofrecer apoyo a jóvenes en riesgo.
El papel de la antropología y la memoria académica
Investigadores como Marzia Mauriello han contribuido a documentar cómo la categoría femminiello funciona como significante flotante, un término que explica su adaptabilidad semántica según contextos y hablantes. La labor etnográfica resulta esencial para rescatar prácticas y discursos que, sin archivo ni observación, podrían diluirse en la narrativa homogénea de la modernidad. De ese trabajo nace la posibilidad de presentar la Juta no solo como un acto folclórico, sino como objeto de patrimonio cultural vivo.
La Juta en la era digital
Las redes sociales han amplificado la visibilidad de la Juta y de las causas que representa. Desde videos de performances hasta transmisiones de la misa, la tecnología permite que comunidades dispersas se reconozcan y activen redes transnacionales de solidaridad. Al mismo tiempo, la exposición pública puede abrir flancos de ataque por parte de grupos conservadores; por eso, el activismo digital que acompaña a la Juta tiende a combinar celebración, pedagogía y seguridad comunitaria.
Un patrimonio para proteger
Defender la Juta implica más que proteger una fiesta: se trata de salvaguardar un repertorio de saberes, prácticas y memorias que entrelazan religión, género y cultura popular. En ese sentido, iniciativas de documentación, inclusión en inventarios de patrimonio inmaterial y diálogos con las instituciones culturales pueden ayudar a que la Juta perviva como espacio de identidad y de derechos.
Palabras para el futuro
La Juta de los femminielli nos recuerda que las tradiciones locales pueden ser fuentes de resistencia y de imaginación política. Al invocar a la Virgen de Montevergine, celebrar la teatralidad popular y denunciar la violencia contra los cuerpos disidentes, la comunidad femminiello teje un relato que interpela a cualquier sociedad que apueste por la convivencia: la fraternidad y la compasión se practican también en los gestos mínimos del día a día, y en la decisión colectiva de abrir o cerrar las puertas de la casa de Dios.
Como dejó dicho una de las participantes, Gold Queen: “Hay gente dentro de la iglesia que abre los brazos, abre las puertas y ayuda a derribar los muros de la desigualdad”. Esa imagen resume la potencia simbólica de la Juta: no es solo una ceremonia, sino una muestra tangible de que la fe, bien entendida, puede transformarse en forma de justicia y acogida.
Fuentes citadas y recomendadas:
- Organización Mundial de la Salud (OMS) – Hoja informativa sobre el suicidio
- Britannica – Candlemas (La Candelaria / Presentación del Señor)
- Entrevistas y cobertura de la Juta en medios locales y crónicas etnográficas sobre Nápoles (reportes periodísticos y trabajo de campo de antropólogos contemporáneos)
