Alarma en las cárceles de Hawái: suicidios, falta de personal y soluciones a contrarreloj
Más de la mitad de las muertes en la prisión más grande del estado fueron suicidios en dos años; autoridades proponen más personal y tecnología, pero expertos piden medidas estructurales
Los datos recabados por Honolulu Civil Beat muestran una realidad inquietante: los suicidios confirmados o sospechados representaron más de la mitad de las muertes en Hālawa Correctional Facility —la prisión más grande de Hawái— durante los últimos dos años, y constituyeron aproximadamente un tercio de todas las muertes en el sistema correccional estatal en 2024 y 2025. Estas cifras contrastan fuertemente con estadísticas nacionales previas: según datos del Departamento de Justicia de Estados Unidos, en 2019 los suicidios representaron apenas el 8% de las muertes en prisiones estatales y federales.
Una cifra que obliga a preguntar por qué
Que ocho de las 15 muertes en Hālawa en dos años sean suicidios es una señal de alarma. Michele Deitch, directora del Prison and Jail Innovation Lab de la Universidad de Texas, afirma que ese patrón es atípico: “Normalmente, las muertes naturales en detención constituyen la gran mayoría”, señala, y subraya que los suicidios son por lo general más frecuentes en cárceles que en prisiones. En Hawái ocurre lo opuesto: en 2024 y 2025 hubo una única muerte por suicidio en cárceles locales cada año, mientras que Hālawa concentró la mayoría de los casos en prisiones.
Factores estructurales: instalaciones, dotación y aislamiento
Las explicaciones que ofrece la administración del Departamento de Correcciones y Rehabilitación (DCR) incluyen instalaciones antiguas y mal diseñadas, que dificultan la supervisión directa de internos. El director Tommy Johnson reconoce que los recintos “son viejos y anticuados”, con zonas donde el personal no tiene línea de vista adecuada.
Pero más allá del diseño físico, el problema recurrente es la falta de personal. Al cierre de noviembre, Hawái tenía 435 puestos de agente correccional vacantes de un total de 1,535, lo que arroja una tasa de vacantes cercana al 28% y que no incluye ausencias prolongadas por lesión o permisos federales. Christin Johnson, coordinadora de supervisión para la Hawaiʻi Correctional System Oversight Commission, resume la consecuencia: “El tiempo fuera de la celda es prevención del suicidio. Tiempo fuera en el patio de recreo es prevención del suicidio. Tiempo para sentarse y visitar con su familia, tiempo en el teléfono, tiempo en programación… todo eso es prevención del suicidio.”
La relación entre aislamiento y riesgo de suicidio
La evidencia internacional y nacional respalda la afirmación de que el aislamiento y la falta de actividades aumentan el riesgo de autolesión y suicidio en detención. Un estudio del British Journal of Psychiatry (2016) encontró que el encarcelamiento prolongado en condiciones restrictivas incrementa significativamente la sintomatología depresiva y el riesgo de ideación suicida. Cuando los presos son confinados a celdas por carencias de personal, no sólo se privan de programas rehabilitadores y visitas, sino que se amplifican sentimientos de desesperanza y soledad, factores conocidos de riesgo.
Un mosaico de muertes prevenibles
Los datos de 2024 y 2025 no sólo muestran un alto número de suicidios: las muertes por sobredosis, homicidios y suicidios representaron la mitad o más de las fatalities en esos años. En 2024, estas causas explicaron el 50% de las muertes (8 de 16) en el sistema; en 2025 llegaron al 61% (11 de 18). Además de la predominancia de suicidios, hubo dos homicidios en cada año y cuatro muertes por sobredosis en total en ese periodo.
Demandas, expertos externos y la etiqueta de “atroz”
En años recientes el estado ha sido demandado varias veces por muertes en custodia. En 2023, la administración permitió la inspección de expertos nacionales para evaluar los servicios de salud mental en las cárceles de Hawái. El informe de esos especialistas describió condiciones “atroces” para internos con enfermedades mentales, quienes recibirían atención insuficiente en centros con escaso personal. La comparación con el estándar de atención médica y de salud mental fuera de las prisiones revela una brecha preocupante.
Medidas propuestas por la DCR: más personal y más tecnología
En respuesta, la DCR solicitó a los legisladores más de 2.6 millones de dólares para contratar cerca de 35 profesionales de salud —incluyendo seis psiquiatras, nueve enfermeras de práctica avanzada con especialidad en salud mental y 18 enfermeras registradas— y dotar una enfermería en el Oʻahu Community Correctional Center. Además, el director Tommy Johnson anunció un piloto que usa una herramienta de evaluación (proporcionada por Falcon Technologies) que pretende identificar a internos con alto riesgo suicida mediante entrevistas periódicas por psicólogos. Para los casos de alto riesgo se estudiarían pulseras tobilleras que monitoreen datos biométricos y alerten sobre crisis inminentes.
Tecnología vs. contacto humano: el debate ético y práctico
Si bien la tecnología puede ayudar a detectar crisis y acelerar respuestas, expertos advierten sobre el riesgo de sustituir la atención humana por dispositivos. Michele Deitch comentó: “Si eso se convierte en un reemplazo de la supervisión y el tratamiento, es preocupante. Detectar un latido acelerado o variaciones biométricas no es lo mismo que proveer la atención que la persona necesita.” Christin Johnson también enfatiza que la verdadera prevención requiere interacción: supervisión, programas, visitas y acceso a servicios clínicos.
Salarios, retención y competencia con el sector sanitario
Otro nudo crítico es la retención de personal sanitario y correccional. La DCR pierde profesionales a hospitales y clínicas que ofrecen mejores salarios y condiciones menos riesgosas. “No creo que paguemos a los oficiales de correccionales lo suficiente para el trabajo que pedimos”, afirmó Tommy Johnson, lo cual alimenta la rotación y la escasez. Christin Johnson subraya que mejorar la compensación para puestos críticos marcaría la diferencia.
Recomendaciones prácticas y sostenibles
Basado en evidencia y en experiencias comparadas, estas son recomendaciones que podrían reducir las muertes prevenibles en custodia:
- Aumentar y estabilizar la dotación: más oficiales y personal clínico para reducir confinamientos prolongados y asegurar la realización de programas y visitas.
- Mejorar condiciones físicas: remodelar espacios para ofrecer líneas de vista claras y áreas seguras que faciliten la supervisión.
- Invertir en salud mental: contratación de psiquiatras, psicólogos y enfermeras con experiencia en salud mental, además de programas terapéuticos continuos y grupos de apoyo.
- Integrar tecnología con criterios claros: usar herramientas predictivas y biometría como complemento, no sustituto, del cuidado clínico y del personal penitenciario.
- Programas que fomenten la conexión social: actividades educativas, recreativas y de visita que reduzcan el aislamiento; como dijo Christin Johnson, “tiempo fuera de la celda es prevención del suicidio”.
- Monitoreo independiente y transparencia: comisiones de supervisión con acceso a datos y protocolos claros para revisar cada muerte en custodia y publicar hallazgos.
¿Qué puede hacer la comunidad?
El problema no afecta sólo a los presos y sus familias; traumatiza a los trabajadores y al conjunto de la comunidad. Reconvertir la atención y la expectativa pública hacia la prevención de muertes en custodia exige presión ciudadana para financiar la atención de salud mental en prisiones, cambiar prácticas laborales y exigir transparencia. Como dijo Christin Johnson, “si no hablamos de estas cuestiones y no intentamos colectivamente prevenirlas, estamos fallando a todos en el sistema.”
Una oportunidad para reimaginar la justicia y la atención
Hawái enfrenta una encrucijada: aceptar soluciones paliativas que prioricen la detección tecnológica, o invertir en cambios estructurales que reduzcan el aislamiento, mejoren la atención y aborden las causas profundas del deterioro mental en reclusos. Las cifras actuales y las voces de expertos y supervisores convergen en una verdad inquietante pero clara: muchas de estas muertes parecen prevenibles, pero la prevención exige recursos, voluntad política y una combinación de humanidad y estrategia basada en evidencia.
Fuentes citadas: Honolulu Civil Beat (investigación sobre muertes en custodia de Hawái); U.S. Department of Justice, reportes de mortalidad en prisiones (2019); declaraciones públicas de Christin Johnson y Tommy Johnson recogidas en entrevistas con medios locales; comentarios de Michele Deitch, Prison and Jail Innovation Lab, University of Texas.