El universo oculto bajo nuestros pies: por qué las setas y líquenes merecen un lugar central en la conservación

Del misterio del micelio a su rol económico y ecológico: la fascinación ciudadana y científica que está poniendo a los hongos y líquenes en el mapa de la biodiversidad

Los bosques, praderas y costas esconden redes invisibles que sostienen la vida tal y como la conocemos. Los hongos —incluyendo las setas y los líquenes— forman parte de esas tramas: son descomponedores, constructores de suelos, los asociados íntimos de plantas y algas, proveedores de alimentos y de medicamentos, y agentes clave en el ciclo del carbono. Sin embargo, a pesar de su importancia, han permanecido durante décadas en los márgenes de la conservación. Hoy, gracias a la pasión de naturalistas amateurs, iniciativas de ciencia ciudadana y avances científicos, los hongos y líquenes comienzan a ocupar el lugar que les corresponde en las agendas ambientales.

Por qué los hongos importan más de lo que imaginamos

Cuando pensamos en biodiversidad solemos evocar mamíferos carismáticos, aves y plantas. Pocos consideran que el reino Fungi abarca desde las levaduras que hacen posible el pan y la cerveza hasta los hongos que proporcionaron penicilina. Gran parte de su vida transcurre invisiblemente como micelio, una red de filamentos que conecta raíces, descompone materia orgánica y redistribuye nutrientes.

Las cifras ayudan a dimensionar su papel. Investigaciones y estimaciones recientes proponen que existe una diversidad de alrededor de 2,5 millones de especies de hongos en la Tierra (aunque solo una fracción está descrita formalmente), y que los servicios ecosistémicos y las aplicaciones derivadas del reino fúngico aportan un valor económico que puede medirse en decenas de billones de dólares anuales en funciones tan variadas como la producción de alimentos, la biotecnología, la medicina y el almacenamiento de carbono (estimaciones científicas recientes han valorado la contribución global de los hongos en el orden de decenas de billones, según revisiones en revistas científicas especializadas).

Otro indicador inquietante es la evaluación de riesgo: de las especies de hongos que han sido evaluadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), una proporción significativa aparece en categorías de amenaza. Según el IUCN, de las especies de hongos evaluadas, centenares enfrentan riesgo de extinción (ver IUCN Red List).

De lo oculto a lo visible: por qué conocemos tan poco

La mayor parte del ciclo vital de muchos hongos es subterráneo o está integrado en tejidos de plantas y rocas. Solo cuando se dan las condiciones ambientales adecuadas aparecen cuerpos fructíferos —las setas— y, en el caso de los líquenes, la estructura visible formada por la asociación entre un hongo y un alga o cianobacteria. Esa «invisibilidad» biológica complica su detección y descripción científica.

Los esfuerzos taxonómicos han avanzado, pero a un ritmo que aún no alcanza a la magnitud de la diversidad real: hoy se han descrito formalmente decenas de miles de especies, mientras que el total probable se estima en millones. Esta brecha genera múltiples retos: sin conocer la existencia de una especie no podemos evaluar su estado de conservación, ni diseñar medidas para proteger hábitats críticos.

La ciencia ciudadana: una revolución en el estudio de los hongos

Uno de los cambios más prometedores en la última década ha sido la explosión de la participación pública en la documentación de la diversidad fúngica. Plataformas como iNaturalist y Mushroom Observer permiten a aficionados y profesionales subir fotografías georreferenciadas, que luego son validadas por expertos. Estos registros han acelerado el descubrimiento y el monitoreo de especies, especialmente en zonas poco estudiadas.

Las sociedades locales, como la California Lichen Society o grupos de micólogos aficionados, combinan la curiosidad con metodologías sencillas de muestreo: salidas de campo, colecciones fotográficas y uso de lupas o cámaras macro. Los resultados son claros: muchos hallazgos importantes provienen de manos no profesionales. Como decía el microcosmos de entusiastas en recorridos por reservas naturales, cada roca o pie de árbol puede ser una ventana a biodiversidad desconocida.

Líquenes: pequeñas comunidades con grandes historias

Los líquenes son asociaciones simbióticas entre un hongo y un alga o una cianobacteria; actúan como indicadores de calidad ambiental (especialmente de la calidad del aire), como fuentes de compuestos químicos utilizados en colorantes, medicinas tradicionales y más. Además, en ecosistemas frágiles pueden tener funciones estructurales y alimentarias para insectos, aves y mamíferos.

En ciertas rutas de campo, aficionadas y aficionadas a los líquenes han mostrado que estos organismos son tan diversos y coloridos que una simple roca puede ser como un cuadro microscópico: «Lichenologists make terrible hiking partners», bromean algunos, porque no pueden dejar de admirar y documentar cada espécimen.

Las amenazas que enfrentan hongos y líquenes

Los riesgos son variados y, en muchos casos, están ligados a las mismas presiones que afectan a la biodiversidad en general:

  • Cambio climático: las alteraciones en patrones de precipitación, las temperaturas extremas y el aumento de incendios forestales pueden alterar la fenología de los hongos, impedir la fructificación y romper relaciones simbióticas críticas.
  • Contaminación atmosférica y química: muchos líquenes son extremadamente sensibles a la calidad del aire; su declive en áreas industriales ha sido bien documentado.
  • Pérdida de hábitat y manejo forestal: la tala, la urbanización y la fragmentación reducen la disponibilidad de hospedantes y microhábitats necesarios para determinadas especies fúngicas.
  • Sobrecosecha: para algunas setas de alto valor culinario o medicinal, la recolección excesiva puede disminuir poblaciones locales y afectar ciclos de reproducción de larga duración.
  • Especies invasoras y plagas: alteraciones biológicas que modifican la estructura de los ecosistemas también pueden desplazar o alterar las comunidades fúngicas.

Historias que ilustran los retos: el caso del quinine conk

Un ejemplo paradigmático es el quinine conk (Inonotus obliquus u otros nombres según región), un hongo de crecimiento lento que ha sufrido recolección intensiva por sus extractos medicinales en Europa. Desde la década de 1980 ha sido considerado en peligro en ciertas áreas debido a su extracción y al deterioro de sus hábitats. El caso revela cómo la demanda humana por compuestos fúngicos puede llevar a declives silenciosos pero graves en poblaciones locales.

Conservación legal: ¿dónde estamos y qué falta?

Las protecciones legales para hongos son todavía escasas en muchos países. Aunque hay notables avances en regiones de Europa, y algunas naciones han incluido hongos en sus listas de especies protegidas, la mayoría de las legislaciones conservacionistas se han centrado históricamente en vertebrados y plantas.

Por ejemplo, en Estados Unidos solo un número muy reducido de hongos ha recibido protección bajo la Ley de Especies en Peligro (Endangered Species Act). Esa laguna refleja tanto la falta de datos como la necesidad de sensibilización y advocacy: proteger a los hongos requiere no solo evidencia científica, sino también voluntad política y apoyo público.

Casos de gestión integral: cuándo proteger bosques implica proteger hongos

Un antecedente instructivo es la gestión orientada a la conservación del búho moteado del Norte (Northern spotted owl) en la década de 1990 en la costa noroeste de Estados Unidos. La respuesta para proteger a esta ave incluyó la protección de bosques primarios y, por extensión, los procesos ecológicos que sostienen hongos asociados a esos bosques. Este enfoque ecosistémico mostró que la conservación de una especie paraguas puede tener beneficios colaterales para organismos menos visibles, incluidos hongos y líquenes.

El papel de las instituciones y redes internacionales

Organizaciones como la IUCN han comenzado a integrar hongos en sus evaluaciones y programas. La IUCN Fungal Specialist Group trabaja para coordinar esfuerzos y documentar el riesgo de especies fúngicas a nivel global. Sin embargo, el desafío técnico es enorme: evaluar una fracción representativa de las millones de especies potenciales requiere inversión en taxonomía, genética, muestreo y monitoreo a largo plazo.

Herramientas modernas para un antiguo hábitat: genética y big data

Las técnicas de secuenciación ambiental (eDNA) y los análisis genéticos de comunidades permiten detectar hongos a partir de muestras de suelo o aire sin la necesidad de observar cuerpos fructíferos. Estas herramientas están revelando una diversidad oculta y patrones de distribución que antes escapaban al muestreo tradicional. Combinadas con observaciones ciudadanas y modelos ecológicos, ofrecen una hoja de ruta para priorizar áreas y especies para conservación.

La economía del reino fúngico: más que sabor y medicina

Los hongos tienen aplicaciones industriales en biotecnología (enzimas, bioplásticos, biorremediación), almacenamiento de carbono en su biomasa y asociaciones con plantas que aumentan productividad agrícola. Estimar su valor en términos económicos es complejo, pero la literatura científica sugiere que los servicios que aportan se traducen en beneficios económicos enormes cuando se consideran el valor de los suelos saludables, la productividad forestal y las moléculas bioactivas para farmacología.

Personas al frente del movimiento: cómo la pasión local cambia el mapa

La historia reciente en California ilustra cómo grupos locales marcan la diferencia. Sociedades de líquenes y hongos, estudiantes universitarios y profesionales de agencias públicas han unido fuerzas en recorridos de campo y muestreos que no solo alimentan bases de datos sino que también generan conciencia pública. Estas actividades han demostrado que ciudadanos informados pueden hacer contribuciones científicas de alto valor: descubrimientos de especies, registros de distribución y monitoreo temporal que son insustituibles para la conservación.

Qué se necesita para proteger mejor a hongos y líquenes

La protección efectiva requiere una combinación de acciones coordinadas:

  1. Inventarios y evaluación: aumentar la cobertura taxonómica y geográfica de evaluaciones de riesgo para identificar especies en peligro.
  2. Políticas inclusivas: incorporar hongos en leyes y planes de conservación a nivel local, regional y nacional.
  3. Educación y divulgación: promover la apreciación pública a través de programas de ciencia ciudadana, salidas de campo y materiales educativos.
  4. Investigación aplicada: invertir en genética, eDNA y modelado para identificar especies crípticas y patrones de vulnerabilidad frente al cambio climático.
  5. Manejo sostenible: regular la recolección de especies de alto valor y promover prácticas forestales que conserven microhábitats esenciales.

Historias de esperanza: hallazgos inesperados y colaboración

Aunque la búsqueda del raro «Manzanita butter clump» mencionada por naturalistas californianos no siempre termina con un hallazgo, la experiencia es rica: los recorridos terminan descubriendo líquenes y hongos poco documentados, y fortalecen redes humanas dedicadas a su estudio. La perseverancia de aficionados y científicos ha permitido mapas más completos de biodiversidad fúngica en áreas protegidas y privadas.

El futuro: integrando hongos en la narrativa de conservación

Para que los hongos y líquenes reciban la atención que merecen es necesario cambiar la narrativa: de organismos extraños y esporádicos a protagonistas de procesos ecológicos y servicios humanos. Esto pasa por educación temprana, inclusión en planes de manejo forestal y agrícola, y financiamiento sostenido para taxonomía y monitoreo.

Si logramos incorporar el mundo fúngico en nuestras decisiones ambientales, ganaremos resiliencia ecológica y descubriremos nuevas fronteras científicas y económicas. Al final, proteger hongos no es un acto de caridad por lo pequeño; es un reconocimiento de que la vida visible y la vida invisible están inextricablemente conectadas.

Recursos y lectura recomendada

Nota: los ejemplos y testimonios aquí expuestos se inspiran en el trabajo conjunto de micólogos profesionales y aficionados que, con esfuerzo cotidiano, visibilizan un reino de vida que durante demasiado tiempo ha permanecido oculto. Proteger hongos y líquenes es también proteger los cimientos de los ecosistemas en los que vivimos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press