Afganistán al borde del abismo: la crisis nutricional que amenaza a millones de niños

Reducción de la ayuda internacional, sequía y desplazos masivos empujan a 4 millones de niños hacia la desnutrición aguda

Afganistán atraviesa una crisis humanitaria que ya no puede describirse sólo como severa: es una emergencia sostenida que está vaciando los hogares y diezmando a una generación de niños. El país, golpeado por décadas de conflicto, la toma de poder por los talibanes en 2021 y recientes desastres naturales, enfrenta hoy niveles de desnutrición aguda sin precedentes en su historia reciente. Según estimaciones internacionales citadas por agencias humanitarias, cerca de 4 millones de niños corren riesgo inmediato por desnutrición aguda, mientras que más de 17 millones de personas sufren inseguridad alimentaria.

Una tormenta perfecta: causas acumuladas

La crisis alimentaria en Afganistán no es fruto de un único factor sino del encadenamiento de varias calamidades. Primero, cuatro décadas de guerras y conflictos han destruido infraestructuras, mercados y redes sociales de apoyo. Segundo, la llegada de los talibanes al poder en 2021 supuso una drástica interrupción de la ayuda internacional directa al gobierno y a muchos programas humanitarios, provocando una caída sustancial en la financiación disponible para operaciones vitales en salud y alimentación.

Además, la economía afgana se ha contraído significativamente, el desempleo se ha disparado y millones de personas han perdido los medios para comprar alimentos. A esto se suman fenómenos climáticos como una sequía severa que reduce las cosechas y la disponibilidad de agua, y, más recientemente, dos terremotos devastadores ocurridos en 2025 que empeoraron aún más la capacidad de respuesta humanitaria y las condiciones de vida en las zonas afectadas.

Escasez de fondos: el efecto dominó en los programas vitales

Las restricciones y recortes presupuestarios han sido particularmente letales. Organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés) han visto cómo sus presupuestos para Afganistán se redujeron drásticamente: de alrededor de 600 millones de dólares en 2024 a una expectativa de aproximadamente 200 millones para 2026, según declaraciones oficiales del organismo. El resultado: programas de alimentación masiva reducidos, raciones recortadas y, en muchos casos, la imposibilidad de atender a los más vulnerables.

Un responsable humanitario ha sintetizado el drama con crudeza: muchas organizaciones se ven obligadas a priorizar y, en la práctica, a dejar sin atención a una proporción importante de niños con malnutrición aguda. En palabras duras que circulan entre las ONG, “se está decidiendo quién recibe vida y quién no” cuando deberían multiplicarse las respuestas.

Niños en peligro: testimonios que no admiten indiferencia

Los relatos desde hospitales y centros de tratamiento son estremecedores. Padres que cruzan el país en busca de ayuda, madres que no comen para dar de comer a sus hijos, y bebés con menos de la mitad del peso que les correspondería para su edad. Historias como la de Abu Bakar —un niño de 2 años que ingresó al hospital pesando apenas 6 kg— muestran la gravedad de la situación: cuadros de desnutrición severa acompañados de infecciones respiratorias que complican el pronóstico.

Personal de salud en Kabul y otras ciudades reportan un aumento de casos críticos y un incremento de la mortalidad infantil asociado a la desnutrición. Estas muertes, muchas veces, no quedan registradas en áreas remotas, por lo que las cifras oficiales pueden subestimar el verdadero impacto.

Las mujeres y las madres: epicentro del sufrimiento

La crisis no afecta por igual a toda la población. Las mujeres, especialmente las madres jóvenes y las viudas, son las más afectadas. Las restricciones impuestas por el régimen talibán que limitan el acceso de las mujeres a mercados laborales y educación agravan la dependencia de la ayuda externa. En hospitales y líneas de distribución de alimentos, se observa un incremento preocupante de mujeres embarazadas y lactantes con desnutrición aguda: los programas humanitarios han registrado un aumento de alrededor del 30% en este grupo, un salto que los expertos describen como sin precedentes.

El impacto psicosocial también es severo: las ONG que operan líneas telefónicas de apoyo han reportado un aumento de llamadas de mujeres en situaciones de desesperación extrema, algunas con ideación suicida por la incapacidad de alimentar a sus hijos.

Capacidad nacional y limitaciones: qué puede hacer el gobierno

El propio Ministerio de Salud afgano ha tomado medidas para responder a la emergencia: expansionó la capacidad de tratamiento para malnutrición, pasando de alrededor de 800 camas especializadas a más de 3.200 en centros repartidos por el país, según declaraciones de portavoces oficiales. En 2025 se reportaron millones de tratamientos a niños y madres malnutridos, un esfuerzo significativo pero insuficiente para las dimensiones del problema.

No obstante, la ausencia de un respaldo financiero internacional sostenido y las limitaciones operativas impuestas por el contexto político y de seguridad dificultan que las autoridades nacionales puedan cubrir todas las necesidades. En muchas zonas rurales y montañosas, el acceso se complica por el clima, la presencia de bloques logísticos y la inseguridad, lo que deja poblaciones enteras fuera del alcance de asistencia alimentaria y médica.

¿Qué piden las organizaciones humanitarias?

Las agencias humanitarias urgen una respuesta global coordinada, que implica:

  • Incremento inmediato de financiación multianual y flexible para programas de nutrición y alimentación.
  • Corredores humanitarios seguros para garantizar el acceso a poblaciones aisladas, incluso en invierno y tras desastres naturales.
  • Protección especial para mujeres y niñas, incluidos programas dirigidos a la nutrición maternoinfantil y apoyo psicosocial.
  • Medidas para mantener la operación de cadenas de suministro y almacenes de emergencia, con énfasis en alimentos terapéuticos y suplementos nutricionales.

Como lo señalan expertos en nutrición, la inversión en programas de alimentación y nutrición es altamente efectiva: por cada dólar invertido en nutrición infantil se logra mejorar la productividad futura y reducir costos sanitarios y sociales, con retornos de inversión que pueden multiplicarse en las décadas siguientes.

Lecciones históricas: cómo se han evitado catástrofes comparables

La historia reciente ofrece ejemplos de respuestas que marcaron la diferencia: durante emergencias alimentarias en África oriental a fines de los años 2000 y comienzos de 2010, la movilización temprana de recursos internacionales y centrada en la nutrición terapéutica redujo tasas de mortalidad infantil en zonas afectadas. Esa experiencia demuestra que la acción rápida salva vidas y que los retrasos cuestan vidas humanas.

Qué puede hacer la comunidad internacional —y por qué debería importarnos

Afganistán no es un problema distante: la pérdida de una generación por desnutrición tiene repercusiones regionales y globales en términos de migración forzada, inestabilidad y la perpetuación de la pobreza. La respuesta debe consistir en un enfoque pragmático y humanitario que priorice la vida por encima de consideraciones políticas. Algunas acciones concretas que pueden implementarse ahora son:

  1. Restaurar y aumentar la financiación humanitaria canalizada a través de agencias neutrales y organizaciones locales.
  2. Apoyar el despliegue de equipos móviles de nutrición para llegar a comunidades aisladas.
  3. Garantizar la provisión de alimentos terapéuticos listos para usar y suplementos esenciales para madres y niños.
  4. Fortalecer los sistemas de registro y vigilancia para obtener datos fiables que orienten la priorización de recursos.

Como dijo un alto responsable humanitario sobre la situación afgana, “estamos ante la mayor subida de desnutrición que he visto en mi carrera”, una frase que urge a traducir la alarma en acción concreta y sostenida (declaración de responsables humanitarios en entrevistas públicas, 2026).

Historias que deben motivar la respuesta

El rostro de la crisis son niños como Abu Bakar y Samir, madres como Latifa y Sharara que recorren hospitales y pidan una oportunidad para que sus hijos crezcan. Detrás de cada estadística hay un hogar, una escuela que quizá nunca abra para esos niños y un futuro truncado.

Si la comunidad internacional actúa con rapidez y determinación, es posible revertir algunos de los peores efectos y evitar que miles más mueran o sufran discapacidades permanentes por desnutrición. Si no, estaremos ante una catástrofe humana evitable.

Fuentes consultadas y referencias de contexto:

  • Informes y comunicados del Programa Mundial de Alimentos (WFP) sobre Afganistán, 2024-2026.
  • Declaraciones públicas de responsables humanitarios y del Ministerio de Salud afgano sobre capacidades de tratamiento en 2025-2026.
  • Contexto histórico: toma del poder por los talibanes en 2021 y su impacto en la ayuda internacional.
Este artículo fue redactado con información de Associated Press