Choque de agendas: el Consejo de Seguridad de la ONU y la 'Board of Peace' de Washington frente al futuro de Palestina
Tensión entre el foro multilateral tradicional y la iniciativa de la Casa Blanca por el alto el fuego en Gaza y el control en Cisjordania
En una semana clave para el futuro de los territorios palestinos, el traslape entre la agenda del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la nueva iniciativa impulsada desde Washington —la llamada "Board of Peace" del presidente Donald Trump— ha puesto en evidencia no sólo diferencias políticas, sino también dudas profundas sobre quién debe liderar la reconstrucción y la estabilidad en Gaza y cómo debe abordarse el controvertido avance israelí en Cisjordania.
Reuniones que se pisan: calendario y significado
El Consejo de Seguridad decidió adelantar una sesión de alto nivel originalmente prevista para jueves al miércoles, justo antes de la cita en Washington convocada por la Casa Blanca. El cambio de fecha no fue trivial: los líderes y diplomáticos de todo el mundo a menudo planean su asistencia con semanas de antelación, y dos convocatorias importantes en días consecutivos generan fricciones logísticas y políticas.
Más allá de la logística, el solapamiento simboliza un problema mayor: la posibilidad de agendas competitivas entre el máximo organismo multilateral de seguridad y una iniciativa bilateral o plurilateral impulsada por una potencia particular. En términos prácticos, esto puede dispersar la atención internacional y fragmentar los apoyos sobre medidas concretas para Gaza y Cisjordania.
Qué está en juego en Gaza
Desde el alto el fuego que entró en vigor el 10 de octubre tras más de dos años de hostilidades, han surgido varios avances técnicos: libertad de movimiento más ordenada para la entrada de ayuda humanitaria, la liberación de rehenes por parte de Hamas y la creación de un comité tecnocrático para administrar los asuntos cotidianos de Gaza. Sin embargo, las cuestiones más complejas siguen sin resolverse:
- Seguridad: la propuesta de desplegar una fuerza internacional de estabilización plantea interrogantes sobre mandato, tamaño, reglas de enfrentamiento y composición de las tropas.
- Desarme: la desmilitarización de Hamas es un objetivo en las propuestas, pero cómo implementarla sin provocar un vacío de poder es una incógnita mayor.
- Reconstrucción: la magnitud de la devastación exige inversiones masivas y garantías de gobernanza; la Casa Blanca ha mencionado una promesa de 5.000 millones de dólares por parte de miembros de su junta, aunque los detalles aún no han sido transparentes.
Estas medidas requieren coordinación internacional sostenida. La experiencia demuestra que la fragmentación de liderazgos internacionales —con múltiples foros compitiendo por protagonismo— tiende a diluir resultados y a retrasar acciones urgentes.
La controversia de Cisjordania: regulación territorial versus anexión
En paralelo, Israel ha iniciado un proceso de regulación de tierras en Cisjordania que, según voces palestinas y de varios países árabes, constituye una forma de anexión de facto. El territorio de Cisjordania alberga hoy a alrededor de 3,4 millones de palestinos, muchos de los cuales aspiran a que esas tierras formen parte de un futuro Estado palestino; por ello, cualquier cambio en el control territorial recalienta tensiones y suscita condenas internacionales.
El embajador palestino ante la ONU, Riyad Mansour, resumió la posición palestina ante los medios: “Esperamos de la comunidad internacional que detenga a Israel y ponga fin a su esfuerzo ilegal contra la anexión, ya sea en Washington o en Nueva York.” La declaración refleja el temor a que cualquier respaldo internacional a mecanismos paralelos pueda legitimar acciones unilaterales sobre el terreno.
La 'Board of Peace': ambiciones y recelos
La iniciativa impulsada por la Casa Blanca —concebida inicialmente como un pequeño grupo de líderes para supervisar un plan de 20 puntos sobre el cese de hostilidades y la reconstrucción de Gaza— ha ampliado públicamente su horizonte: la Casa Blanca pretende que la junta funcione como un mediador global en conflictos. Esa ambición despertó reticencias entre aliados tradicionales de Washington; países clave como Francia y Alemania, por ejemplo, han mostrado prudencia o se han abstenido de integrarse de inmediato.
Desde la administración estadounidense se argumenta que la inclusión de países con contactos directos con Hamas, como Qatar y Egipto, garantiza relevancia práctica a la junta. El representante permanente de Estados Unidos ante la ONU defendió la composición del foro indicando que los países más pertinentes están presentes y alineados con la propuesta estadounidense.
No obstante, los críticos advierten que la creación de foros paralelos con capacidad de influencia política y financiera puede erosionar la autoridad del Consejo de Seguridad, un órgano creado en 1945 precisamente para gestionar colectivamente las amenazas a la paz y la seguridad internacional (Naciones Unidas — Historia).
¿Multilateralismo reforzado o competencia geopolítica?
La tensión entre un órgano multilateral con mandato y procedimientos definidos y una iniciativa dirigida desde una capital particular no es nueva en la política internacional. Lo que sí reviste particularidad hoy es el contexto: tras un conflicto devastador en Gaza, decisiones rápidas y coherentes son necesarias, pero también lo es la legitimidad percibida por las partes implicadas.
Dos riesgos destacan:
- Fragmentación de mandatos: si diferentes foros emiten instrucciones o compromisos económicos distintos, la implementación pudiera tropezar con contradicciones y falta de coordinación.
- Percepción de parcialidad: las partes locales y la opinión pública internacional podrían percibir que una iniciativa liderada por una sola potencia favorece soluciones alineadas con esa potencia, en lugar de buscar consensos multilaterales.
¿Qué necesitan saber los tomadores de decisión?
Para que cualquier esfuerzo sea efectivo y sostenible deberían converger al menos estos criterios:
- Claridad en mandatos: quién decide qué, con qué presupuesto y bajo qué supervisión.
- Composición representativa de fuerzas de estabilización: países con legitimidad regional y capacidades operativas, reglas de compromiso claras y mecanismos de rendición de cuentas.
- Transparencia financiera: compromisos económicos vinculantes y condiciones para su desembolso, con auditorías independientes.
- Protección de derechos humanos: planes de reconstrucción que incorporen principios de protección y participación de la sociedad civil palestina.
Voces en la sala
La movilización diplomática se ha expresado en foros y declaraciones: casi una centena de países y organizaciones han respaldado la demanda palestina de reversión de medidas que consideran anexatorias en Cisjordania. Al mismo tiempo, en la órbita estadounidense se habla de compromisos financieros y de personal para la estabilización.
Estas tensiones reflejan una realidad política: la búsqueda de soluciones a conflictos prolongados exige no sólo recursos y buena voluntad, sino también legitimidad y coordinación estratégica. Como lo expresó un diplomático regional consultado off the record, “la estabilidad no se compra sólo con dinero; se construye con decisiones políticas creíbles y sostenidas en el tiempo”.
Mirada al pasado para entender el presente
La experiencia histórica muestra que los procesos de posconflicto que carecen de un marco multilateral robusto tienden a producir resultados frágiles. Ejemplos variados en lugares como Bosnia en los años noventa o Irak tras 2003 subrayan que la presencia internacional sin un mandato claro y una estrategia coherente puede prolongar la inestabilidad y generar resistencia local.
En contraste, las operaciones de paz de la ONU que han contado con mandatos claros, recursos sostenidos y participación de amplios grupos regionales han tenido mejores resultados relativos, aunque no siempre impecables. Esto pone sobre la mesa la pregunta sobre si la comunidad internacional puede conjugar la rapidez que algunos actores demandan con la legitimidad que sólo el multilateralismo aporta.
Qué seguimiento esperar
En los próximos meses habrá que vigilar varios indicadores concretos: el diseño y composición de la hipotética fuerza internacional para Gaza; la transparencia de los compromisos financieros anunciados; la evolución del proceso de regulación de tierras en Cisjordania; y, en el plano diplomático, si el Consejo de Seguridad y la "Board of Peace" logran coordinar acciones o se arriesgan a dar mensajes contradictorios.
El resultado de estos movimientos definirá no sólo la situación inmediata en Palestina e Israel, sino también la capacidad de la comunidad internacional para gestionar crisis donde existen reclamaciones de soberanía, derechos humanos y seguridad colectiva entrelazadas.
La política exterior y la diplomacia eficaz requieren una mezcla de legitimidad, recursos y paciencia. Sin esos elementos, incluso las iniciativas mejor intencionadas pueden naufragar ante la complejidad del terreno.
Fuentes y lecturas recomendadas:
- Historia de la ONU — Naciones Unidas
- Datos sobre territorios palestinos — UNISPAL / OCHA (para cifras demográficas y humanitarias)
