Clima en llamas: por qué los “días de tiempo propicio para incendios” se han casi triplicado y qué implica para el futuro
Un nuevo estudio revela que las condiciones meteorológicas que favorecen fuegos extremos se han disparado en 45 años; más de la mitad del aumento está ligado a las emisiones fósiles
En las últimas cuatro décadas y media el planeta ha cambiado la frecuencia con la que reúne la pócima perfecta para los grandes incendios: calor, viento y sequedad. Según una investigación publicada en Science Advances, los “días de tiempo propicio para incendios” sincronizados —es decir, días en que múltiples regiones presentan simultáneamente condiciones extremas para el fuego— han pasado de un promedio anual de 22 días en las décadas finales del siglo XX a más de 60 días en 2023–2024.
¿Qué mide exactamente el estudio?
Los autores no cuantificaron incendios concretos, sino el clima que los potencia. Definen el “tiempo propicio para incendios” por la confluencia de temperaturas altas, aire muy seco, suelos deshidratados y vientos fuertes: condiciones que favorecen el inicio y la propagación rápida de llamas. Además, estudiaron la sincronía —cuando esas condiciones se presentan a la vez en múltiples regiones grandes del globo—, un fenómeno preocupante porque atenúa la capacidad mundial de respuesta ante olas simultáneas de fuego.
Las cifras que alarman
- Promedio global de días sincronizados de riesgo por año: 22 (1979–1994) → >60 (2023–2024).
- Estados Unidos continental: 7.7 días/año (1979–1988) → 38 días/año (última década).
- Sur de Sudamérica: 5.5 días/año (1979–1988) → 70.6 días/año (última década), con 118 días en 2023.
- De las 14 grandes regiones analizadas, solo el Sudeste Asiático mostró una disminución, probablemente por un aumento de humedad local.
Estos resultados proceden de simulaciones que comparan el mundo observado con un escenario contrafactual en el que no se han incrementado los gases de efecto invernadero derivados de la quema de carbón, petróleo y gas.
La huella humana: ¿cuánto aporta el cambio climático?
Los autores del estudio estiman que más del 60% del aumento global en días sincronizados de tiempo propicio para incendios es atribuible a las emisiones fósiles. Para llegar a esa cifra usaron modelos climáticos que permiten aislar la señal antropogénica —la diferencia entre el clima real y el de un “mundo sin emisiones adicionales” durante los últimos 45 años—. Como explica Cong Yin, investigadora líder en la Universidad de California, Merced, “sabemos esto porque comparamos lo que ha ocurrido con una versión ficticia del planeta sin el aumento de gases de efecto invernadero” (Science Advances).
Por qué la sincronía es un problema estratégico
Cuando incendios extremos ocurren de forma aislada, los recursos (bombas, aviones cisterna, brigadas especializadas) pueden moverse desde regiones menos afectadas para apoyar la extinción. Pero la sincronía reduce esa flexibilidad: si varios países o cuencas enteras enfrentan fuegos simultáneos, la ayuda internacional se diluye y las cadenas de suministro y logística se tensionan.
John Abatzoglou, coautor y científico de incendios de la Universidad de California, Merced, lo resumió así: “Estos cambios incrementan la probabilidad, en muchas zonas, de incendios que serán muy difíciles de suprimir” (Science Advances). El mensaje es claro: no solo habrá más días de riesgo, sino que las crisis podrán aglutinarse, complicando las respuestas.
El fuego como fenómeno multifactorial
Los investigadores recuerdan que el clima es una pieza —aunque clave— del rompecabezas. “El tiempo propicio para incendios aumenta la probabilidad de brotes generalizados, pero el clima es una dimensión; las otras son oxígeno, combustible (bosques, matorrales) e ignición (rayo, fallo humano, fuego intencional)”, explicó Cong Yin. En otras palabras: el cambio climático prepara el escenario, pero la intensidad del incendio dependerá también de cuánto combustible haya y de si existe o no una fuente de ignición.
Contexto histórico y ejemplos recientes
La tendencia descrita por el estudio no surge en el vacío. Eventos recientes han mostrado cómo el calentamiento y la sequía intensifican los incendios:
- Australia 2019–2020: los incendios quemaron más de 18 millones de hectáreas, destruyeron miles de viviendas y tuvieron un enorme impacto ecológico y humano (Parlamento de Australia).
- Veranos recurrentes en California: la temporada de incendios se ha alargado y la potencia de los incendios ha aumentado, con años de incendios catastróficos que han arrasado millones de hectáreas y provocado cortes masivos de energía como medida preventiva.
- Amazonas y la región del Pantanal en Sudamérica: olas de calor y sequía recurrentes han promovido episodios de fuego que, además de emisiones de carbono, degradan servicios ecosistémicos esenciales.
Estos ejemplos muestran cómo, cuando el clima dispone las condiciones, un incendio local puede convertirse en una crisis ecológica y social de gran alcance.
Impactos sociales, económicos y ecológicos
Los incendios no solo consumen paisaje; provocan pérdidas humanas, destruyen infraestructuras críticas, reducen la calidad del aire y generan costosas facturas de restauración. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los incendios forestales contribuyen a una mayor carga de enfermedades respiratorias y cardiovasculares debido a la exposición persistente al humo. Además, desde la perspectiva climática, los grandes incendios liberan enormes cantidades de CO2, estableciendo un círculo vicioso: más incendios → más emisiones → más calentamiento → más condiciones propicias para incendios.
Adaptación y mitigación: dos frentes necesarios
Frente a esta realidad, las respuestas deben operar en dos direcciones:
- Mitigación global: reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el aumento de temperaturas y, por tanto, la frecuencia de días con condiciones extremas. El estudio vincula directamente más de la mitad del aumento observado con la quema de combustibles fósiles, lo que subraya la urgencia de la descarbonización.
- Adaptación local y cooperación internacional: mejorar gestión del paisaje (restauração de humedales, manejo de combustibles, quemas prescritas controladas), fortalecer capacidades de respuesta (equipos, aeronaves, logística) y coordinar mecanismos regionales de apoyo mutuo para cuando la sincronía eleve la demanda de recursos.
Como señaló el científico canadiense Mike Flannigan (no autor del estudio), “el clima extremo es el factor primario, aunque no el único, que está aumentando los impactos de los incendios en todo el mundo”. Flannigan enfatiza además que, cuando las temporadas de fuego de distintas regiones se solapan, la cooperación internacional que antes funcionaba se ve erosionada.
Políticas y soluciones prácticas que ya muestran eficacia
Existen medidas comprobadas que disminuyen la vulnerabilidad frente a incendios:
- Planes de manejo de combustibles que combinan cortafuegos, manejo de matorrales y quemas prescritas.
- Diseño urbano y normas de construcción resistentes al fuego en zonas periurbanas (defensa de franjas perimetrales, materiales ignífugos).
- Sistemas de alerta temprana y monitoreo por satélite que permiten detección precoz y despliegue rápido.
- Cooperación transfronteriza para compartir recursos y capacidades durante picos de demanda.
No obstante, muchas de estas políticas requieren inversión sostenida y voluntad política a largo plazo, algo que sigue siendo un desafío en contextos con prioridades fiscales inmediatas.
Mirando hacia adelante
El mensaje del estudio no es fatalista: destaca una señal clara de cómo el cambio climático ya está modulando riesgos extremos. También plantea una advertencia operativa: a medida que las olas de riesgo se vuelvan más simultáneas geográficamente, la resiliencia global dependerá cada vez más de actuaciones preventivas locales y de una coordinación internacional más robusta.
Reducir emisiones sigue siendo la palanca más poderosa para limitar la frecuencia de estos días de riesgo extremo, pero mientras se transita hacia una economía descarbonizada, es imprescindible invertir en gestión de paisajes, capacidades de respuesta y en la protección de comunidades vulnerables.
Fuentes principales: estudio publicado en Science Advances; declaraciones de los autores Cong Yin y John Abatzoglou (Universidad de California, Merced); comentarios de Mike Flannigan (Thompson Rivers University). Datos históricos y ejemplos de incendios reproducen informes públicos como los del Parlamento de Australia y organismos de salud y ambiente internacionales.