Zaluzhnyi y Zelenskyy: la grieta silenciosa que redefine la política y la estrategia militar de Ucrania

Análisis profundo sobre el choque de visiones estratégicas, su impacto en el frente y las posibles consecuencias políticas cuando termine la guerra

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

Palabra clave: Analysis

La figura de Valerii Zaluzhnyi, exjefe del ejército ucraniano y actual embajador en Reino Unido, ha pasado en pocos años de ser un comandante admirado en el frente a convertirse en el epicentro de un debate político nacional que podría redefinir el futuro de Ucrania. Detrás de los gestos diplomáticos y las palabras medidas que él mismo pronuncia, se perciben tensiones profundas con el presidente Volodymyr Zelenskyy, tensiones que no son sólo personales sino estratégicas: distintas concepciones sobre cómo conducir la guerra, cómo organizar el aparato militar y hasta qué límites alcanzar en el uso de la fuerza y de la política.

El origen de la fisura

La invasión de Rusia a gran escala, iniciada el 24 de febrero de 2022, marcó un punto de inflexión para la sociedad y la política ucranianas. En esa coyuntura, la relación entre el mando militar y el Ejecutivo fue sometida a una presión extrema. Según declaraciones del propio Zaluzhnyi en entrevistas públicas, las discrepancias comenzaron a hacerse patentes desde los primeros meses de la guerra: divergencias sobre la concentración de fuerzas, la coordinación con los aliados de la OTAN y la manera de integrar tecnología en el combate.

La ruptura llegó a un punto crítico con un episodio ocurrido en septiembre de 2022: decenas de agentes del servicio de seguridad interna realizaron un registro en la sede donde trabajaba Zaluzhnyi, en un momento en que allí había personal aliado y oficiales extranjeros. Zaluzhnyi ha calificado ese operativo como una acción intimidatoria destinada a exponer una rivalidad interna en un momento en que la unidad nacional debía primar.

En su relato sobre aquel episodio, Zaluzhnyi asegura que llegó a llamar a la oficina del jefe de Gabinete presidencial y al mando del servicio de seguridad para advertir que no toleraría que se vulnerara la seguridad del centro de comando. La versión oficial sobre los motivos del registro aludía a una orden judicial para inspeccionar un local vinculado a actividades criminales; sin embargo, elementos de la narración del registro y la coincidencia del lugar con el centro de mando levantaron dudas sobre la plausibilidad de esa explicación.

¿Discrepancias tácticas o lucha por el poder?

Para analizar esta crisis con perspectiva, es necesario distinguir dos capas: la técnica-militar y la política. En el ámbito técnico, Zaluzhnyi ha señalado reiteradamente que la campaña militar ucraniana sufrió por decisiones que dispersaron fuerzas en lugar de concentrarlas para lograr un golpe decisivo: su metáfora fue la de una "sólida mano" —o "puño"— que debía formarse para recuperar zonas estratégicas, como la región de Zaporizhzhia y abrir camino hacia el mar de Azov, con el objetivo de cortar las líneas de suministros hacia Crimea.

Ese plan, según su análisis, requería una acumulación masiva de tropas y sorpresa táctica. Lo que ocurrió, en opinión de Zaluzhnyi, fue lo contrario: fuerzas repartidas en exceso, falta de compromisos claros sobre recursos y tiempos, y una ejecución tardía que permitió a las fuerzas rusas fortificarse. Expertos occidentales consultados off the record corroboraron ante distintos analistas la existencia de fricciones entre el plan conceptual y la forma en que finalmente se aplicó en el campo de batalla.

En la esfera política, el relevo de Zaluzhnyi como jefe del Estado Mayor en febrero de 2024 y su nombramiento posterior como embajador en Londres fueron leídos por analistas como maniobras destinadas a apartarlo de la escena operativa y, potencialmente, de la política interna. Ese alejamiento del centro de decisiones y la exposición internacional alimentaron la percepción de que Zaluzhnyi se convierte hoy en una figura capaz de capitalizar un voto de descontento contra Zelenskyy, cuya popularidad ha sufrido desgaste conforme la guerra se prolonga y emergen casos de corrupción que han afectado la confianza pública.

Percepciones públicas y cifras

Según una encuesta divulgada por Ipsos en 2025, el apoyo en un hipotético escenario electoral situaba a Zaluzhnyi en 23% frente a un 20% de intención de voto para Zelenskyy, lo que colocaba al exgeneral como el principal contendiente potencial. Aunque las encuestas en tiempos de guerra deben interpretarse con cautela —la opinión pública puede ser muy volátil ante sucesos militares, económicos o escándalos—, esos números reflejan una oportunidad política real para quienes cuestionan la gestión actual.

Más allá de cifras puntuales, la imagen popular de Zaluzhnyi se ha consolidado por su trayectoria militar: su liderazgo en momentos clave y su visibilidad en éxitos defensivos le han dado un capital simbólico que trasciende el aparato partidista. Al mismo tiempo, la decisión explícita de Zaluzhnyi de no discutir candidaturas durante el estado de guerra —por considerar prioritario mantener la unidad nacional—, es interpretada por algunos como prudencia y por otros como táctica política.

El factor internacional: aliados, presión y mediación

La guerra en Ucrania no es sólo una confrontación bilateral; es también un escenario de influencias internacionales. La relación con Estados Unidos y los socios de la OTAN ha sido decisiva para dotar a Ucrania de apoyo material y estratégico. Al mismo tiempo, la diplomacia estadounidense ha intentado en el último año empujar negociaciones entre Moscú y Kyiv: rondas de diálogo mediadas en Abu Dhabi y Ginebra, así como el plan impulsado por la administración estadounidense que contempla elecciones una vez que existan garantías de seguridad y un cese formal del conflicto.

Las conversaciones de paz patrocinadas por terceros —con distintos grados de entusiasmo y desconfianza por parte de las partes— comparten una característica: colocan en primer plano la necesidad de claridad sobre quiénes serán los interlocutores legítimos y qué margen de maniobra política tendrá Ucrania una vez concluida una hipotética tregua. En ese contexto, la presencia de figuras militares con prestigio nacional, como Zaluzhnyi, añade una dimensión relevante: su autoridad en temas de seguridad puede transformar su capital político en influencia decisiva en negociaciones futuras o en la reconfiguración del espacio político.

El dilema de la unidad nacional

Zaluzhnyi ha repetido en múltiples ocasiones que no iniciará acciones políticas que puedan fracturar la unidad del país en plena guerra. Esta postura responde a una lógica que muchos analistas consideran responsable: la fragmentación en tiempos de guerra debilita la resiliencia estratégica y socava la moral. Sin embargo, la misma permanencia de tensiones no resueltas puede minar la cohesión desde dentro, alimentando teorías de conspiración, desconfianza entre instituciones y una dinámica de polarización que Rusia podría explotar.

Por otro lado, el intento de gestionar disputas internas mediante desplazamientos administrativos (como el traslado de figuras poderosas fuera del epicentro político) suele tener efectos contradictorios: a corto plazo puede reducir fricciones, pero a mediano plazo puede transformar a esas figuras en símbolos de oposición desde el exilio o la diplomacia, potenciando su atractivo entre sectores descontentos.

La dimensión estratégica: ¿qué falló en el contraataque de 2023?

El fracaso relativo del contraataque de 2023 es uno de los puntos donde se concentra la litigiosidad entre culpas y responsabilidades. Desde la óptica de Zaluzhnyi, el plan concebido con la colaboración de asesores externos y aliados occidentales fracasó por una insuficiente concentración de medios y por una dispersión de esfuerzos que impidió el golpe de mano necesario para descolocar al adversario.

Los críticos de su versión apuntan a factores múltiples: la robustez de las defensas rusas, la capacidad de fuego y logística del enemigo, problemas de inteligencia, así como la naturaleza más profunda de la guerra posicional que se ha desarrollado en sectores del frente. La combinación de estos elementos hace compleja la asignación de responsabilidades, pero evidencia que la guerra moderna exige una conjunción precisa de capacidades —inteligencia, comunicaciones, artillería, logística, movilidad y el factor humano— para que una ofensiva tenga éxito.

¿Un diplomático con intenciones políticas?

El despacho de Zaluzhnyi en Londres, con retratos militares, condecoraciones y pantallas que muestran feeds en tiempo real desde zonas de combate, sugiere a un observador atento que su identidad profesional no se ha disuelto en la práctica diplomática. Esa continuidad simbólica alimenta la idea de que su papel como embajador podría ser simultáneamente una plataforma para conservar visibilidad y preservar un capital político sin gesto explícito de ruptura con el Gobierno de Kyiv.

Consultores y figuras partidarias le han ofrecido abrir diseños de campaña, aunque Zaluzhnyi ha rechazado transitoriamente esas ofertas. La narrativa de la prudencia y la espera puede ser una estrategia deliberada: evitar la politización prematura hasta que el escenario militar y jurídico permita una competencia en igualdad de condiciones. No obstante, el acercamiento de asesores extranjeros —incluso figuras controversialmente asociadas a campañas políticas anteriores en otras latitudes— ha generado cuestionamientos sobre los riesgos de contaminar la política interna con tácticas o personajes que arrastran pasados problemáticos.

Escenarios futuros: posibilidades y riesgos

Mirando hacia adelante, al menos tres escenarios principales se abren:

  1. Unidad reforzada y continuidad: el Ejecutivo y el entorno militar logran recomponer canales de coordinación, se reestablece la confianza institucional y se avanza hacia una estrategia compartida que permita mantener la guerra en términos sostenibles hasta un eventual acuerdo favorable. En este escenario, figuras como Zaluzhnyi mantendrían un perfil de apoyo sin traducir su capital en una candidatura inmediata.
  2. Polarización política y competencia postguerra: la prolongación del conflicto y la erosión de la popularidad del Gobierno abren la puerta a una contienda política intensa en la posguerra, donde Zaluzhnyi emerge como candidato competitivo o como líder moral de una alternativa. Las elecciones, en condiciones de seguridad garantizada, podrían convertirse en un referéndum sobre la gestión de la guerra y la reconstrucción.
  3. Fragmentación institucional y riesgo de militarización de la política: si las tensiones escalan sin mecanismos de resolución, existe el peligro de que la política se militarice, con retornos de figuras uniformadas al centro de la escena política de manera prematura. Este escenario conlleva riesgos para la democracia y la estabilidad.

Cualquiera de estos cursos depende de variables que exceden la voluntad de una sola persona: del ritmo de la ayuda internacional, del resultado de las negociaciones, de la capacidad de las instituciones ucranianas para procesar corrupción y rendición de cuentas, y de la evolución del frente militar.

Reflexión final: liderazgo en tiempos excepcionales

La historia reciente de Ucrania enseña que el liderazgo en guerra es simultáneamente técnico y simbólico. Comandantes que demuestran competencia militar obtienen legitimidad que puede transformarse en influencia política; sin embargo, el tránsito de la esfera militar a la política plantea dilemas éticos y prácticos sobre la primacía de la civilidad, la rendición de cuentas y la reparación social durante la posguerra.

Valerii Zaluzhnyi representa hoy un caso paradigmático: un general que se niega a manifestar ambición electoral hasta que el país no alcance estabilidad, y al mismo tiempo acumula capital simbólico por sus actuaciones. Su silencio sobre la política activa —y su disposición a mantener un perfil diplomático— podría ser interpretado como prudencia o como una estrategia calculada. Lo cierto es que, cuando la guerra termine, Ucrania deberá enfrentar preguntas difíciles sobre liderazgo, justicia y reconstrucción; preguntas para las que figuras como Zaluzhnyi serán inevitables actores, ya sea dentro del poder formal o como voces de influencia.

En un escenario global en que las guerras modernas se entrelazan con la política doméstica y la diplomacia internacional, el caso ucraniano es una lección sobre cómo las instituciones, la sociedad y los líderes deben negociar prioridades en medio del conflicto. La clave estará en lograr una transición ordenada desde la lógica de la supervivencia hacia la de la gobernanza democrática y la reparación social: tarea compleja, urgente y determinante para el futuro de Ucrania.

Fuentes consultadas: encuestas públicas de Ipsos (2025) y declaraciones públicas de Valerii Zaluzhnyi en entrevistas concedidas durante 2025 (transcripciones oficiales). Datos históricos sobre la invasión rusa: comienzo del conflicto a gran escala, 24 de febrero de 2022.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press