Gritos desde los balcones: la resistencia que no cede en Irán tras la represión

Entre luto, furia y desesperanza económica, los iraníes mantienen rituales de protesta pese al castigo más letal desde la creación de la República Islámica

Una vecina de un barrio acomodado de Teherán se asoma al balcón, grita a la noche: “¡Muerte al dictador!” y “¡Muerte al asesino, Jamenei!”. Las respuestas no tardan: algunas voces desde ventanas cercanas contraatacan en defensa del régimen; otras, en cambio, apoyan a la maestra que alzó la voz y la ahogan con insultos y consignas antigubernamentales. Esa imagen, repetida en distintos distritos y ciudades, encierra la tensión que define a Irán desde las protestas masivas de enero: una población desgarrada entre el duelo por miles de muertos, la cólera acumulada y la sensación de impotencia frente a una represión que, según grupos de derechos humanos, se convirtió en la más letal desde 1979.

La persistencia de un ritual: gritos, noches y chehelom

En Irán, las consignas nocturnas desde azoteas y balcones no son nuevas; aparecieron en olas anteriores de protesta. Pero en las últimas semanas han adquirido un matiz casi litúrgico: sonidos que sirven para medir la temperatura social y recordar a quienes fueron asesinados por las fuerzas de seguridad. Otro ritual que sobrevivió al miedo es el chehelom, la conmemoración tradicional a los 40 días de la muerte de un ser querido. Históricamente, estos 40 días han sido momentos en que el luto se transforma en movilización política —como ocurrió durante la Revolución de 1979— y hoy vuelven a encender la chispa de la protesta.

Videos que circulan por redes muestran multitudes en cementerios y plazas coreando “¡Muerte a Jamenei!” y entonando el lema javid nam —“larga vida al nombre”— en lugar de utilizar la palabra “shaheed” (mártir), connotada religiosamente. En Abdanan, una localidad del oeste, cientos se reunieron para el chehelom de un adolescente de 16 años, Alireza Seydi; grabaciones verificadas por observadores muestran la respuesta violenta de las fuerzas de seguridad: disparos desde vehículos blindados y nubes de gas lacrimógeno dispersando a la multitud.

Balance humano y la sombra de la censura

Las cifras del desastre humano siguen siendo motivo de disputa. Organizaciones de derechos humanos que monitorean la crisis, como la Human Rights Activists News Agency (HRANA), han informado de miles de muertos; HRANA ha reportado más de 7,000 fallecidos, aunque admite que la cifra podría ser mayor debido a la dificultad para documentar casos en un ambiente de censura y cortes de internet. Por su parte, las autoridades iraníes ofrecieron una cifra distinta: el gobierno anunció públicamente que 3,117 personas murieron en los enfrentamientos del mes de enero, y caracterizó a muchos manifestantes como “terroristas” o víctimas de grupos armados —una narrativa que busca despolitizar la protesta y justificar la represión.

Más allá de los números, el impacto social es tangible: familias enteras que perdieron a jóvenes, barrios marcados por la ausencia de hombres y mujeres desaparecidos, y un clima de miedo que obliga a la discreción. Muchos testigos y participantes de las movilizaciones han hablado bajo condición de anonimato por temor a represalias; el relato colectivo, sin embargo, coincide en la intensidad del duelo y la rabia acumulada.

Economía en caída libre y una “depresión masiva”

La crisis no es solo política: la economía iraní está degradándose rápidamente. La moneda nacional se devalúa, la inflación golpea los precios de alimentos y servicios básicos, y la presión sobre las familias es creciente. Un residente de Karaj, ciudad cercana a Teherán, describió la situación con crudeza: “Comprar fruta se ha vuelto un lujo”. Otro trabajador del sector turístico en el norte de la capital afirmó que, con el Nowruz (Año Nuevo persa) a la vuelta de la esquina, los mercados que tradicionalmente rebosan de compradores ahora están desiertos. El resultado es una mezcla letal: duelo por los muertos, precariedad económica y un sentimiento generalizado de agotamiento emocional que algunos definen como una “depresión masiva”.

Divisiones en la oposición y el surgimiento de nuevas consignas

Un elemento novedoso de estas movilizaciones fue la aparición de consignas en apoyo a Reza Pahlavi, el hijo del sha exiliado. Hasta hace poco, Pahlavi tenía escasa influencia dentro del país; ahora, según testimonios, su nombre fue cantado en muchas marchas de enero. Esa presencia muestra tanto la fragmentación de la oposición iraní como la desesperación de sectores que buscan alternativas al régimen vigente. No obstante, no todos los que protestan ven en el retorno de la monarquía una solución: hay amplios sectores que, pese al rechazo al actual gobierno laico-teocrático, tampoco simpatizan con la restauración del antiguo régimen.

La ambivalencia y la falta de liderazgo claro generan una sensación peligrosa de que “la gente no ve alternativas”, como dijo una profesora de Teherán que ha participado en protestas previas pero se mantuvo al margen de la ola de enero por discrepar en algunos lemas políticos.

¿Amenaza de intervención externa? El temor a una escalada

En un contexto regional tenso, la posibilidad de una intervención extranjera flota en el aire y alimenta el temor entre los activistas. La presencia de buques de guerra y aviones en zonas cercanas, sumada a declaraciones políticas de varias capitales, ha aumentado la sensación de riesgo: muchos iraníes temen que una acción militar desde el exterior provoque una escalada que derive en guerra, mayor represión y aún más víctimas. La paradoja es cruda: hay quienes, desesperados por la brutalidad de la represión, han llegado a desear ataques que, en su imaginación, podrían debilitar al aparato represor; otros temen que eso solo convierta su país en un campo de batalla.

La cultura golpeada: artistas, deportistas y la voz del duelo

La crisis ha golpeado también la vida cultural iraní. Figuras públicas han renunciado a sus roles artísticos y deportivos en señal de protesta o por luto: actrices han anunciado que no aceptarán nuevos proyectos “en esta tierra que huele a sangre”, y personalidades del deporte han dimitido de comités y expresado públicamente su dolor. La reacción de artistas y deportistas no solo simboliza el rechazo; funciona como llamada de atención para audiencias que, en circunstancias normales, seguirían consumiendo entretenimiento desligado de política.

Escenarios a futuro: entre la represión sostenida y la resistencia latente

¿Qué puede esperarse en los próximos meses? Varias vías son plausibles y no se excluyen mutuamente:

  • Represión continuada: el Estado puede mantener la mano dura, usar la fuerza selectiva y prolongar la táctica de detenciones masivas para desarticular redes de protesta.
  • Resistencia subterránea y simbólica: ante el riesgo de movilizaciones masivas, la oposición podría migrar hacia formas de protesta más discretas: boicots, apagones de consumo, actos simbólicos como las consignas nocturnas y el uso de conmemoraciones para politizar el duelo.
  • Fragmentación y búsqueda de alternativas: la falta de un liderazgo unificado podría llevar a fracturas internas, con grupos que apuesten por distintas estrategias —desde la vía externa hasta la reforma paulatina— complicando una salida coherente al conflicto.

Históricamente, los 40 días han sido puntos de inflexión en Irán: el uso político del luto ayudó a articular movilizaciones durante la Revolución de 1979 y en episodios posteriores. Hoy, ese mismo símbolo reaparece con fuerza, como si el pasado ofreciera un guion conocido para una nueva confrontación entre ciudadanía y poder.

Lo que queda en la memoria colectiva

La imagen de vecinos gritándose desde balcones resume la complejidad: coexistencia forzada de miedo, solidaridad, división y desafío. Mientras tanto, en las plazas y los cementerios, las familias siguen contando pérdidas; en los hospitales y centros de detención, muchos permanecen heridos o desaparecidos; y en las pantallas de teléfonos móviles, los videos de protestas y represión circulan como un archivo vivo del conflicto.

Sea cual sea el desenlace, la situación en Irán recuerda que las demandas sociales —por dignidad, justicia y un futuro menos precario— no se extinguen con la violencia: se transforman, se esconden y resurgen en rituales, consignas y pequeñas insurrecciones cotidianas que, por ahora, siguen diciendo que la sociedad iraní no se resigna.

Fuentes y lecturas recomendadas: para seguimiento y cifras detalladas sobre víctimas y arrestos se puede consultar a Human Rights Activists News Agency (HRANA) y a informes de organizaciones internacionales de derechos humanos; para contexto histórico sobre los usos políticos del chehelom, consultar estudios sobre la Revolución Iraní de 1979 y literatura académica sobre rituales políticos en Irán.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press