Al‑Hol vacío: el éxodo silencioso de mujeres y niños tras la caída del último bastión del Estado Islámico en Siria

Repatriaciones, traslados y desafíos humanitarios en un campo que albergó a decenas de miles tras el colapso del 'califato'

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Al‑Hol, el mayor campamento que durante años albergó a familias vinculadas al llamado Estado Islámico (EI) en el noreste de Siria, vive un momento de ruptura y de movimiento masivo. Lo que durante buena parte de la última década fue una colonia humana de decenas de miles de personas —principalmente mujeres y niños— hoy aparece en proceso de vaciamiento: repatriaciones organizadas, traslados forzosos y fugas durante los combates han reducido drásticamente su población en cuestión de semanas.

De 73.000 a casi vacío: cifras que hablan de una transformación acelerada

Tras la derrota territorial de EI en 2019, al‑Hol llegó a albergar alrededor de 73.000 personas, según estimaciones publicadas entonces por organizaciones humanitarias y autoridades locales. La inmensa mayoría eran sirios e iraquíes, aunque también hubo presencia de ciudadanos de muchos otros países que llegaron a Siria en la oleada yihadista de mediados de la década anterior.

En enero de 2026, informes señalaban que el campamento contaba con cerca de 24.000 residentes; solo semanas después, múltiples movimientos —repatriaciones a naciones de origen, traslados internos y salidas durante enfrentamientos— han dejado al lugar «prácticamente vacío», según declaró Gonzalo Vargas Llosa, representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Siria, al referirse a la vuelta reciente de 191 ciudadanos iraquíes a su país (UNHCR).

Por qué se vacía Al‑Hol: causas políticas, logísticas y de seguridad

Detrás del éxodo hay varios factores convergentes:

  • Acción de las autoridades sirias: Tras una ofensiva que permitió al gobierno capturar el control del campamento, las autoridades iniciaron un proceso de traslado de cientos de personas desde al‑Hol hacia otros campos controlados por Damasco, como Akhtarin, en la provincia de Alepo. Un funcionario sirio citado por reportes indicó que uno de los motivos para vaciar al‑Hol fue su ubicación remota en el desierto, alejada de servicios y cercana a zonas donde el control estatal es incompleto.
  • Repatriaciones internacionales: Irak ha recibido vuelos de repatriación de ciudadanos que vivían en al‑Hol; ACNUR participó en el retorno de 191 iraquíes en una operación reciente. Algunos estados, sobre todo de la región, han aceptado la devolución de sus nacionales tras años de presión y negociaciones diplomáticas.
  • Fugas y desplazamientos por combates: Durante los enfrentamientos entre las fuerzas del gobierno sirio y las unidades kurdas que administraban al‑Hol (las Fuerzas Democráticas Sirias, SDF), se produjeron huídas masivas: ONG como Save the Children estimaron que alrededor del 70% de los residentes abandonaron el campamento en las semanas del conflicto.

¿Quiénes vivían en al‑Hol y por qué su situación es tan compleja?

Gran parte de las personas que poblaron al‑Hol no fueron formalmente acusadas de delitos: muchas son esposas o viudas de combatientes del EI y sus hijos, nacidos en Siria en el periodo en que el grupo controló territorio. Aun así, la condición legal y de seguridad de los residentes ha sido ambigua: no eran «prisioneros» de iure, pero vivían en instalaciones fuertemente custodiadas y con restricciones severas.

La comunidad internacional enfrentó durante años un dilema: repatriar a cientos o miles de ciudadanos que formaban parte del entorno del EI plantea preguntas sobre seguridad y justicia, pero dejarles en campamentos con condiciones peligrosas y sin perspectivas era otra forma de coste humanitario y de riesgo futuro de radicalización o violencia.

Condiciones humanitarias: ¿por qué las ONG pedían repatriaciones seguras?

Organizaciones como Save the Children denunciaron durante años las condiciones en al‑Hol: la escasez de agua y alimentos, la precariedad sanitaria y la violencia entre facciones internas convertían al campo en un entorno extremadamente vulnerable para menores. En un comunicado reciente, Save the Children afirmó que había presionado por repatriaciones seguras «donde fuera posible», subrayando que «las condiciones son desesperadas, con falta de comida, agua y violencia generalizada» (Save the Children).

Para organismos humanitarios, la repatriación acompañada y el acceso a servicios sociales y protección es la alternativa menos mala frente al encierro indefinido en lugares como al‑Hol.

Repatriaciones: procedimiento, obstáculos y controversias

El proceso de retorno no ha sido uniforme. Mientras países como Irak han aceptado repatriar a sus nacionales y han coordinado con las autoridades sirias y agencias internacionales, otros Estados, especialmente europeos o de Oceanía, han mostrado reticencia o se han negado a recibir a personas vinculadas a EI.

Un ejemplo revelador es el rechazo de Australia a repatriar a grupos de mujeres y niños provenientes de campos en el noreste sirio. Informes recientes mostraron que 34 mujeres y niños que salieron del campamento Roj fueron devueltos a ese territorio y que las autoridades australianas anunciaron que no los repatriarán, lo que generó críticas desde organizaciones de derechos humanos por dejar a niños y familias en situaciones de riesgo.

Para los gobiernos, el cálculo incluye preocupaciones legítimas de seguridad: ¿cómo reintegrar a personas asociadas a redes yihadistas sin poner en riesgo a la sociedad? Por eso algunos países condicionan la repatriación a investigaciones previas, procesos judiciales, o incluso a la imposición de medidas restrictivas tras el regreso.

Justicia transicional y procesos judiciales: ¿qué viene después?

Otra pieza clave es la persecución penal. Estados Unidos y otros aliados han optado en varios casos por transferir detenidos y sospechosos a países donde se les enjuiciará. La cooperación entre gobiernos, tribunales locales e instituciones internacionales será crucial para lidiar con la enorme carga probatoria y con los retos legales de juzgar a personas por delitos cometidos en un contexto de guerra y control territorial cambiante.

Irak, por ejemplo, ha recibido detenidos trasladados desde prisiones y campos en Siria para ser sometidos a juicio. Estos procesos plantean preguntas sobre las garantías judiciales, la protección de menores y la posibilidad de que algunos retornados sean objeto de castigos severos sin procesos justos.

Impacto sobre la infancia: una generación marcada

Quizás la dimensión más urgente y menos atendida sea la situación de los niños nacidos o criados bajo la influencia del EI. Muchos han sufrido desnutrición, traumas por violencia, pérdida de figuras parentales y falta de educación formal. La reintegración psicosocial y educativa de estas niñas y niños representa un desafío a largo plazo.

Expertos en rehabilitación infantil subrayan que la mera repatriación no es suficiente: sin programas de apoyo, seguimiento y oportunidades educativas, el riesgo de exclusión social y de reproducción de patrones violentos se multiplica. Esto requiere inversión de recursos, voluntad política y coordinación internacional.

¿Qué papel deben jugar las organizaciones internacionales y la comunidad global?

Agencias como ACNUR, UNICEF y ONG internacionales han pedido procedimientos coordinados y seguros para repatriaciones cuando corresponda, además de mayor financiación para atender a quienes permanezcan en el terreno. El llamamiento es claro: el abandono prolongado de poblaciones en campos insalubres no solo es una crisis humanitaria, sino un problema de seguridad a largo plazo.

Gonzalo Vargas Llosa, de ACNUR, expresó que el apoyo de su agencia fue clave para la repatriación de iraquíes desde al‑Hol y destacó la necesidad de soluciones duraderas y protegidas. En su comunicado (UNHCR), subrayó la complejidad de coordinar retornos que respeten los derechos de las personas y atiendan su seguridad.

Escenarios futuros: reintegración, exclusión o nuevos desplazamientos

El vaciamiento de al‑Hol no será el cierre definitivo del problema que surgió con la expansión del EI. Pueden presentarse varios escenarios:

  1. Reintegración controlada: repatriaciones acompañadas de procesos judiciales claros, programas de rehabilitación y políticas públicas para integrar a las familias, especialmente a los niños.
  2. Exclusión y marginalidad: si retornos se realizan sin apoyo, o si muchos países niegan el ingreso, numerosas personas corren el riesgo de quedar en situación de marginación o en centros improvisados con bajos estándares humanitarios.
  3. Nuevos desplazamientos: sin soluciones estables, pueden generarse desplazamientos internos o flujos hacia otras áreas frágiles de la región, aumentando la inestabilidad.

Reflexión final: responsabilidad compartida

El caso de al‑Hol recuerda que las secuelas del conflicto y del extremismo no terminan con la pérdida de un territorio. Miles de vidas quedaron atrapadas en un limbo legal y humano que exige respuestas multilaterales, coherentes y con enfoque en derechos, especialmente de la infancia. La comunidad internacional tiene la responsabilidad de no dejar a estas personas a la merced del abandono: la seguridad a corto plazo no puede ser una excusa para postergar la justicia, la protección y la reconstrucción social que demanda una nueva etapa post‑conflicto.

Fuentes citadas: Declaración de ACNUR sobre repatriaciones desde al‑Hol (UNHCR), comunicados de Save the Children sobre condiciones en al‑Hol (Save the Children). Para lectura adicional sobre el contexto histórico del surgimiento y derrota territorial del EI, ver análisis de instituciones académicas y think tanks sobre el conflicto sirio y la administración de campos de desplazados.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press