Cuando el teatro sana: veteranos ucranianos transforman la herida en escena con la Eneida de Kotliarevskyi

En Kyiv, excombatientes con heridas graves encuentran en una adaptación moderna de la Eneida un espacio para la rehabilitación física, emocional y la reconstrucción colectiva

La guerra deja marcas visibles e invisibles. En Kyiv, un proyecto teatral singular ha convertido esas marcas en materia poética y comunitaria: una adaptación de Eneida de Ivan Kotliarevskyi —la versión cómica y patriótica ucraniana del poema épico de Virgilio— protagonizada por veteranos de la guerra contra Rusia, muchos de ellos con amputaciones, quemaduras severas o pérdida de la vista.

De la epopeya antigua a la escena contemporánea

La Eneida de Kotliarevskyi data de finales del siglo XVIII y representa una reescritura burlesca y claramente ucraniana de la Eneida de Virgilio; el propio Kotliarevskyi tomó el material clásico y lo adaptó al folclore, la lengua y las costumbres de su tiempo. Según la Encyclopaedia Britannica, Kotliarevskyi publicó Eneida en 1798 como la primera gran obra literaria en ucraniano moderno, un hito en la construcción cultural nacional (source: Britannica: Ivan Kotliarevskyi).

El montaje en Kyiv mantiene ese espíritu de mezcla entre épica, humor popular y crítica social, pero lo aggiorna: los héroes son ahora combatientes contemporáneos que regresan de un conflicto reciente y prolongado; las proezas se entrelazan con relatos de pérdida, rehabilitación y supervivencia cotidiana. La directora Olha Semioshkina tomó la decisión estética de presentar a todos los hombres de la obra como un Aeneas colectivo y a las mujeres como una Dido plural, una solución que enfatiza la experiencia compartida por las comunidades afectadas por la guerra.

Teatro como rehabilitación integral

Más allá de la representación, este proyecto funciona como un espacio terapéutico multidimensional. Para muchos participantes, ensayar y actuar ha supuesto un proceso de readaptación al cuerpo y al entorno social. Varios intérpretes incorporaron ejercicios de movimiento, equilibrio y trabajo vocal que complementan la rehabilitación médica tradicional. La experiencia de subirse a un escenario exige reentrenamiento físico —aprender a caminar con prótesis en ritmo coreográfico, sostener instrumentos, usar apoyos escénicos— y, simultáneamente, trabajo psicológico: contar públicamente episodios traumáticos, reconstruir identidad y recuperar confianza frente a una audiencia.

Investigaciones en neuropsicología y terapia ocupacional sugieren que las actividades artísticas —teatro, música, danza— pueden potenciar la recuperación emocional y cognitiva en veteranos. Un metaanálisis publicado en la revista The Lancet Psychiatry (2020) mostró que intervenciones artísticas en salud mental contribuyen a reducir la depresión y la ansiedad y a mejorar la calidad de vida en poblaciones afectadas por trauma (source: Fancourt & Finn, The Lancet Psychiatry, 2020). Aunque las dinámicas en un entorno bélico no son idénticas a las de estudios clínicos, la evidencia apoya la hipótesis de que la práctica teatral procura beneficios terapéuticos reales.

Las historias personales como acto de reparación

En el montaje, la transición del verso épico a la narración íntima resulta clave: la última parte del espectáculo se desprende de la ficción para dar paso a testimonios reales. Los actores comparten relatos directos sobre heridas, pérdidas y desafíos cotidianos: desde el uso de un fusil como apoyo para llegar a un refugio, hasta la memoria de camaradas caídos y el trauma de la ocupación. Ese pasaje de la mitopoiesis —construcción de mito— al testimonio convierte el escenario en un foro social donde se valida el sufrimiento y se escucha la voz de quienes rara vez ocupan los micrófonos mediáticos.

Para audiencias civiles, la experiencia se transforma también en una lección de empatía: ver cuerpos marcados por la guerra en el centro de un lenguaje estético es una invitación a comprender la dimensión humana del conflicto, más allá de cifras y titulares.

Desafíos logísticos y artísticos bajo la amenaza constante

Producir teatro en tiempos de guerra plantea limitaciones concretas: seguridad, cortes de energía, movilización de recursos sanitarios y la inestabilidad emocional de los intérpretes. En la función de apertura, el teatro tuvo que prepararse para contingencias tan concretas como la posibilidad de una alarma aérea: el público fue informado de que, en caso de ataque, debía dirigirse al refugio del edificio y que un generador de emergencia permitiría reanudar la función si se restablecía la electricidad.

De hecho, durante la premiere se produjo un corte de energía; la directora y los actores improvisaron una puesta en escena a la luz de linternas hasta que el servicio regresó. Esa interrupción, lejos de restar solemnidad, intensificó la complicidad entre público y elenco y subrayó la realidad de que el arte en zonas de conflicto convive con la precariedad.

Un impacto simbólico y social mayor

La relevancia del proyecto excede lo terapéutico: es también un acto de memoria y resistencia cultural. Al usar una obra canónica reescrita por un clásico ucraniano, el montaje reafirma la continuidad histórica y la vitalidad de la lengua y la tradición teatral ucranianas. En un conflicto donde la identidad nacional ha sido uno de los ejes de agresión, producir cultura es una forma de responder con persistencia.

Además, la iniciativa funciona como catalizador para otros veteranos: la directora ha invitado explícitamente a excombatientes a sumarse, y el mensaje ha sido claro: la escena es un espacio de encuentro, expresión y posible reinserción social. Ese llamado público tiene potencial para activar redes de apoyo comunitarias y para visibilizar necesidades no resueltas en materia de salud física y mental.

¿Qué lecciones deja este ejemplo para la comunidad internacional?

  1. Las artes deben incluirse de forma sistemática en programas de rehabilitación. La experiencia de Kyiv sugiere que el teatro ofrece un complemento valioso a la fisioterapia y la atención psicológica.
  2. Los enfoques terapéuticos integrales que combinan expresión creativa y cuidado médico facilitan la reconstrucción de la identidad después del trauma.
  3. Proyectos culturales de este tipo pueden fortalecer el tejido social y aportar a la recuperación simbólica de sociedades golpeadas por la guerra.

Organizaciones internacionales que trabajan en salud mental en zonas de conflicto, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), han promovido enfoques comunitarios y psicosociales que incorporan actividades culturales como herramientas de recuperación. Integrar estas prácticas en políticas públicas puede mejorar el acceso a intervenciones no farmacológicas para veteranos y civiles afectados por la guerra (ver reportes de la OMS sobre salud mental en emergencias).

Mirar al futuro: sostenibilidad y difusión

Para que iniciativas como la de Kyiv trasciendan su función simbólica puntual es necesario asegurar recursos sostenibles: financiación para formadores teatrales, apoyo médico continuo para participantes con secuelas físicas, y programas de acompañamiento psicológico. También es vital la difusión: llevar la obra a otras ciudades y países, o documentar el proceso en formatos audiovisuales, ampliaría su impacto y convertiría la experiencia en modelo replicable.

Finalmente, la historia de estos veteranos en el escenario desafía estereotipos sobre incapacidad y desempeño: muestran que la discapacidad no es sinónimo de invisibilidad ni de pasividad, sino que puede convertirse en motor creativo y político. En tiempos en que la atención pública suele centrarse en la geopolítica y la estrategia militar, este teatro recuerda que la guerra se escribe también en cuerpos que deben aprender a vivir de nuevo.

“Vengan fuera de sus casas. Hagan algo. Vivan cada minuto”, fue el exhorto de la directora al concluir el estreno, una llamada a la acción que resume el sentido profundo del proyecto: el arte como puente para la vida después de la guerra.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press