El misterio escamoso: la alarmante crisis de los pangolines y por qué debemos importunarla ahora

Caza furtiva, mitos medicinales y conservación: cómo la especie más traficada del mundo se enfrenta a su mayor amenaza

Los pangolines son animales difíciles de olvidar: pequeños mamíferos cubiertos por escamas de queratina que se enroscan como una armadura natural cuando sienten peligro. Sin embargo, esa misma singularidad los ha convertido en la pieza más codiciada en el comercio ilegal de fauna silvestre. Entre mitos, lucro y desinformación, estos tímidos insectívoros se han convertido en la víctima silenciosa de un mercado global que amenaza con extinguirlos.

¿Por qué los pangolines sufren tanto?

La respuesta es doble: por un lado, la demanda humana; por otro, la vulnerabilidad biológica de la especie. Sus escamas, compuestas de queratina —la misma proteína que forma el cabello y las uñas humanas—, son reclamadas por mercados en Asia donde se cree, sin evidencia científica sólida, que poseen propiedades medicinales. Además, en algunos lugares su carne es considerada un manjar.

Las cifras son escalofriantes: según un reporte de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), se intervinieron más de medio millón de pangolines en operaciones contra el tráfico entre 2016 y 2024. Por su parte, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) estima que más de un millón de pangolines fueron extraídos del medio silvestre durante la última década, incluyendo aquellos nunca detectados por las autoridades.

Una biología fascinante que no convence a los humanos

Los pangolines no están emparentados con los osos hormigueros ni con los armadillos; su singularidad evolutiva los hace únicos: son los únicos mamíferos cubiertos enteramente por escamas de queratina que se superponen como tejas y tienen bordes cortantes. Esta adaptación les permite enrollarse en una bola prácticamente impenetrable para depredadores naturales como leones o hienas. Además, poseen una lengua pegajosa que puede alcanzar casi la longitud de su cuerpo para capturar hormigas y termitas.

No obstante, frente al hombre su principal estrategia de defensa resulta insuficiente. La caza y la captura, a veces con trampas o armas, y el comercio ilegal anulan su ventaja evolutiva. A pesar de su biología llamativa, los pangolines rara vez alcanzan la visibilidad mediática o emocional de especies más carismáticas como elefantes, rinocerontes o tigres, lo que dificulta la movilización masiva por su protección.

Casos y esfuerzos locales: la experiencia en Nigeria

En Nigeria, uno de los puntos críticos del comercio de pangolines, el trabajo de rescate y concienciación es fundamental. El veterinario Dr. Mark Ofua, representante para África Occidental de la organización Wild Africa, lleva más de una década rescatando pangolines; su labor incluyó recorrer mercados de carne de monte buscando ejemplares que pudiera comprar y liberar.

Ofua recuerda un episodio que ilustra la ignorancia pública sobre estos animales: mientras trasladaba pangolines rescatados enjaulados, un grupo de jóvenes bien vestidos le preguntó qué eran. “Oh, esos son dragones bebés”, bromeó él. “Si la gente ni siquiera sabe cómo es un pangolín, ¿cómo podremos protegerlos?” (cita de entrevista con el rescatista, reportada por medios locales).

Ofua ha apostado por estrategias creativas: exhibiciones educativas para niños, programas en redes sociales y la colaboración con celebridades y músicos para que los pangolines aparezcan en campañas públicas. En Lagos, dirige un centro de rescate y un orfanato para pangolines, donde se rehabilitan animales decomisados o hallados heridos.

El comercio y la ley: retos internacionales

Aunque todas las especies de pangolín están listadas con altos niveles de protección en acuerdos internacionales —varias en Apéndices de CITES que restringen o prohíben su comercio— la aplicación es compleja. El tráfico involucra cadenas transnacionales que van desde cazadores en África o Asia hasta intermediarios y consumidores finales en mercados urbanos de alto poder adquisitivo.

Las rutas y métodos de contrabando son cada vez más sofisticados: animales enteros o escamas trituradas se envían por correo, se ocultan dentro de cargas legítimas o atraviesan múltiples fronteras antes de ser detectados. La débil fiscalización en puertos, aeropuertos y carreteras, sumada a la corrupción en algunos contextos, facilita el comercio ilegal.

No todo son malas noticias: operaciones policiales coordinadas han logrado incautaciones significativas que muestran que las fuerzas del orden pueden actuar con eficacia. Sin embargo, como subrayan los expertos, la intercepción es sólo la punta del iceberg: por cada caso detectado, muchos pasan desapercibidos.

Mitos y desinformación: el motor cultural del comercio

La creencia en las propiedades curativas de las escamas de pangolín es uno de los factores culturales que alimentan la demanda. A pesar de que no existe evidencia científica que respalde estas propiedades, textos de medicina tradicional y prácticas culturales han perpetuado su uso.

Combinar educación pública con esfuerzos de la comunidad científica es crucial para desmontar mitos. Campañas de salud pública que trabajen con líderes locales, herbolarios y practicantes de medicina tradicional pueden ser eficaces para demostrar que las escamas no tienen valor medicinal comprobado, y para promover alternativas sostenibles y éticas.

¿Qué se está haciendo y qué falta?

  • Refuerzo de la fiscalización transnacional: mayor cooperación entre países, intercambio de inteligencia y capacitación a autoridades fronterizas para detectar envíos ilegales.
  • Campañas educativas: programas dirigidos a consumidores potenciales que expliquen el impacto ecológico y la falta de evidencia medicinal.
  • Rescate y rehabilitación: centros especializados que atiendan pangolines decomisados, con protocolos de cuidado que respeten sus necesidades alimentarias y de hábitat.
  • Alternativas económicas: apoyo a comunidades locales para ofrecer fuentes de ingresos diferentes a la caza, como ecoturismo o programas de manejo sostenible de recursos.

Iniciativas de la sociedad civil y de organismos internacionales ya han dado pasos: desde campañas de sensibilización hasta acuerdos para incrementar penas contra traficantes. No obstante, la escala del problema exige acciones sostenidas y coordinadas a largo plazo.

Qué podemos hacer desde nuestra trinchera

La protección de los pangolines no sólo compete a gobiernos y ONGs; también a ciudadanos informados. Algunas acciones concretas:

  1. Evitar comprar productos de origen animal exótico y denunciar ventas sospechosas en redes o mercados locales.
  2. Apoyar organizaciones que trabajan en rescate y conservación mediante donaciones o voluntariado.
  3. Compartir información verificada para combatir mitos sobre supuestas propiedades curativas de escamas.
  4. Presionar a autoridades para mejorar la fiscalización y cooperación internacional en contra del tráfico de fauna.

Como recordó un activista de conservación citado en numerosos reportes, “proteger a los pangolines es proteger la integridad de ecosistemas enteros”. La desaparición de una especie tiene efectos en cascada: la reducción de pangolines puede alterar poblaciones de hormigas y termitas, y a su vez afectar la dinámica del suelo y la vegetación.

La crisis de los pangolines es un ejemplo contundente de cómo la mezcla de demanda cultural, pobreza, débil gobernanza y mercado ilegal puede empujar a una especie al borde. La solución exige, por tanto, un enfoque múltiple que combine fiscalización, educación, alternativas económicas y el apoyo de la comunidad internacional. Si actuamos con urgencia e inteligencia, aún hay tiempo para que esas escamas no terminen siendo poemas de un pasado perdido, sino un recordatorio vivo de cómo la humanidad puede revertir sus errores.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press