Los Juegos de Invierno 2026 y la promesa de energía 100% renovable: ¿solución real o puesta en escena?
Detrás de los certificados verdes y las cifras resilientes: impactos reales, límites del sistema y lo que significa para el futuro de los grandes eventos deportivos
Los organizadores de los Juegos Olímpicos de Invierno Milan-Cortina 2026 proclamaron una ambiciosa meta: alimentar prácticamente todos los recintos del evento con electricidad proveniente de fuentes certificadas como renovables. En la práctica, la compañía Enel garantizó el suministro del consumo durante las competiciones mediante la compra de certificados “garantía de origen” (GO), asegurando así 85 gigavatios-hora destinados al acontecimiento. Pero, ¿qué implica realmente esa promesa y hasta qué punto contribuye a mitigar la huella climática de unos Juegos que, por su propia naturaleza, demandan enormes recursos energéticos?
Qué son las garantías de origen y cómo funcionan
Las garantías de origen (GO) son un mecanismo europeo creado en 2001 para certificar que una megavatios-hora (MWh) ha sido producido por una fuente renovable. Cada GO corresponde a 1 MWh de energía renovable y, una vez utilizada para demostrar que un consumo eléctrico es “verde”, se cancela para evitar dobles reclamos. El sistema facilita que empresas y organizadores como los de Milan-Cortina puedan declarar un balance energético neutro o renovable al comprar certificados equivalentes al consumo que van a tener.
Enel explicó públicamente que había adquirido estas garantías para cubrir el total del consumo de los Juegos y que, en casos puntuales donde fuera necesario un suministro temporal por generación in situ, se emplearía diésel sustituido por aceite vegetal hidrotratado, una alternativa con menores emisiones que los combustibles fósiles convencionales.
Ventajas tangibles: impacto local e innovación en infraestructura
La colaboración de Enel no se limitó a la compra de certificados: la empresa invirtió en infraestructura eléctrica local —subestaciones y mejoras de distribución— en zonas como Livigno, Arabba, Bormio y Cortina. Esa modernización de la red tiene efectos positivos más allá de las semanas de competición: mejora la resiliencia del suministro para residentes y negocios, y deja una huella de desarrollo eléctrico que, si se gestiona bien, puede beneficiar a las comunidades anfitrionas a largo plazo.
Además, el compromiso público de encender los recintos con energía certificada y llevar a cabo un plan de gestión de gases de efecto invernadero obliga a organizadores y proveedores a medir y verificar consumos y emisiones, lo cual es un avance en transparencia respecto a ediciones pasadas.
Las limitaciones del enfoque basado en certificados
No obstante, expertos han señalado que las GO no transforman directamente la matriz energética nacional. Matteo Villa, director del laboratorio de datos del Instituto Italiano de Estudios Internacionales, sintetizó la crítica: “es una gran manera de promover tu evento, pero no está haciendo a Italia más limpia o más renovable; los Juegos solo pueden ser tan verdes como el conjunto del país” (AP News, cobertura Milan-Cortina 2026).
La objeción central es que comprar certificados no incrementa necesariamente la generación renovable en tiempo real ni reduce emisiones en las regiones donde se produce la energía consumida. Las GO funcionan a modo de contabilidad ambiental: demuestran que una cantidad equivalente de energía renovable fue generada en algún lugar y que, por tanto, puede compensar el consumo del comprador. Pero si esas plantas renovables ya existían y los certificados simplemente cambian de manos, la transacción puede no implicar un nuevo aporte real a la capacidad renovable global.
¿Qué muestra la cifra de Enel y la realidad italiana?
Según datos preliminares publicados por Enel para 2025, casi tres cuartas partes de la electricidad que la compañía produjo en Italia fue libre de carbono: alrededor del 50% proveniente de hidroelectricidad, 17% de geotermia y menos del 10% de eólica, solar y otras renovables. El resto correspondió principalmente a plantas de gas. Ese perfil, con fuerte dependencia hidrológica, es característico del norte de Italia, donde la geografía favorece centrales hidroeléctricas productivas.
Sin embargo, a nivel del sistema eléctrico nacional —según la Agencia Internacional de la Energía (IEA)— la red italiana aún integra una porción significativa de combustibles fósiles, lo que condiciona la “limpieza” efectiva del consumo. En resumen: presentar los Juegos como 100% alimentados por renovables mediante GO es técnicamente correcto desde la contabilidad, pero no exime de que el país funcione con una mezcla energética mixta en su conjunto.
La gran cuenta pendiente: emisiones indirectas
Donde la sostenibilidad de Milan-Cortina realmente se enfrenta a desafíos irresueltos es en las emisiones indirectas asociadas al evento. El comité organizador estimó que la huella de gases efecto invernadero derivada de los Juegos equivale a las emisiones de aproximadamente 4 millones de automóviles de tamaño medio con motor de gasolina que hacen el trayecto entre París y Roma. ¿Qué actividades concentran esa huella? Principalmente el transporte de espectadores, atletas, equipos y turistas, además de alojamientos y otros servicios vinculados al turismo.
El transporte aéreo es, con diferencia, uno de los factores más difíciles de mitigar. A menos que se restrinja la asistencia internacional o se ofrezcan alternativas logísticas radicales (como cambios masivos a trenes de larga distancia), la llegada masiva de personas desde lugares lejanos sigue generando toneladas de CO2 que las compras de GO no compensan en el sitio.
Karl Stoss, presidente de la Comisión de Futuros Anfitriones, ha indicado que, a futuro, podría ser necesario reducir el número de disciplinas, atletas y espectadores para gestionar mejor el impacto ambiental y proteger los deportes de invierno frente al calentamiento global. Es una idea polémica, pero apunta a la tensión entre la ambición de inclusión global de los Juegos y la necesidad imperiosa de limitar emisiones.
Perspectiva histórica: los Juegos y el cambio climático
Los Juegos Olímpicos han experimentado una evolución en su relación con el medio ambiente. En las últimas dos décadas, la sostenibilidad ha subido en la agenda del Comité Olímpico Internacional (COI), que exige planes y métricas ambientales más rigurosas a las candidaturas. Aun así, los Juegos de invierno enfrentan un reto adicional: la disponibilidad de nieve y climas fríos. Investigaciones científicas (Nature Climate Change, múltiples estudios) proyectan que muchas sedes tradicionales de invierno tendrán condiciones cada vez menos fiables para mantener pistas y nieve natural en las próximas décadas, lo que limita el número de posibles sedes y obliga a soluciones como la producción de nieve artificial, que demanda energía.
Por eso, la inversión en energía «verde» para alimentar cañones de nieve artificial y recintos es relevante, pero tampoco resuelve la vulnerabilidad climática de los deportes que dependen de temperaturas bajas y glaciares. Deportistas de élite como Lindsey Vonn y Mikaela Shiffrin han expresado con anterioridad su preocupación por la rápida desaparición de glaciares y la viabilidad futura de sus disciplinas.
Hacia soluciones más profundas: qué se podría mejorar
- Transparencia y trazabilidad de las GO: asegurar que las garantías adquiridas financian incrementos reales en capacidad renovable, preferentemente mediante contratos a largo plazo que incentiven nuevas inversiones en energía limpia en lugar de comprar certificados de plantas existentes.
- Medidas sobre transporte: incentivar fuertemente el uso de trenes y transporte público regional, facilitar paquetes de viaje a bajas emisiones y replantear la política de visados y alojamiento para reducir vuelos cortos innecesarios.
- Compensación local y legado: dirigir parte de los recursos a proyectos locales de eficiencia energética y electrificación del transporte público en las áreas anfitrionas, generando beneficios directos para residentes.
- Revisión del formato: debatir públicamente la reducción o reorganización de eventos para disminuir la escala física sin sacrificar la esencia competitiva.
Reflexión final
Milan-Cortina 2026 marca un paso en la dirección correcta: llevar energía certificada a un evento de gran escala y modernizar infraestructuras locales son logros que deben reconocerse. Sin embargo, la verdadera sostenibilidad exige respuestas más profundas que compren certificados y promesas de suministro. Se necesita articular políticas que promuevan la expansión real de la capacidad renovable, soluciones concretas sobre movilidad y un replanteo honesto de la escala de los eventos deportivos frente a la emergencia climática. Si no se acompasan esas iniciativas, el discurso de “Juegos 100% verdes” puede quedar como una buena campaña de comunicación, pero insuficiente ante la magnitud del reto ambiental que enfrentamos.
Referencias: cobertura y declaraciones extraídas de la crónica sobre Milan-Cortina 2026 (AP News) y datos preliminares operacionales de Enel 2025; comentarios de Matteo Villa y Karl Stoss citados en la misma cobertura informativa.
