Las nuevas conmemoraciones en Irán y el renacer de las protestas: memoria, miedo y estrategia ciudadana

Cuarenta días después: cómo los rituales de duelo se transforman en semillero de movilización política

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Teherán — Las ceremonias de cuarenta días funerarios, una práctica con profundas raíces históricas en Irán, volvieron a encender la chispa de la protesta. A finales de febrero de 2026, estudiantes universitarios y ciudadanos se congregaron alrededor de memoriales para las víctimas de la represión vivida semanas atrás, y los homenajes se transformaron en pequeñas manifestaciones en Teherán, Mashhad y otras ciudades. Lo que en apariencia son actos de duelo se están convirtiendo, una vez más, en momentos de movilización política.

El peso simbólico del día 40

En la tradición iraní chií, el día número cuarenta tras una muerte es un hito de duelo comunitario. Durante la Revolución Islámica de 1979 este rito adquirió un cariz político: los funerales y las conmemoraciones de los caídos solían derivar en manifestaciones masivas que, al ser reprimidas, generaban nuevos ciclos de protesta y represión. Hoy, con la memoria colectiva aún reciente, esos rituales están sirviendo como plataforma para expresar indignación y para mantener viva la solidaridad con las víctimas.

Activistas y observadores recuerdan que el patrón se repite: “Los 40 días son como un contador que vuelve a poner en marcha la resistencia”, comenta un investigador de movimientos sociales con conocimiento de Irán. Esa lógica de repetición ritual y política ayuda a comprender por qué las conmemoraciones se transforman en focos de tensión incluso cuando las autoridades intentan dispersarlas.

Las cifras y las dificultades para verificarlas

Uno de los aspectos más graves y polémicos de las protestas anteriores es el número de personas fallecidas y detenidas. Organizaciones de derechos humanos en el exilio y grupos de activistas han dado cifras que difieren enormemente de las ofrecidas por el gobierno iraní. La U.S.-conectada Human Rights Activists News Agency (HRANA) reportó que al menos 7.015 personas murieron en la represión y en los días de violencia que siguieron a las manifestaciones, cifra que incluye 214 miembros de las fuerzas estatales (HRANA, recuentos publicados por activistas). Por su parte, la autoridad iraní ofreció un balance oficial de 3.117 fallecidos el 21 de enero de 2026.

La divergencia en los conteos no es solo una batalla de números: refleja las dificultades para obtener información confiable. Las autoridades interrumpieron el acceso a internet y las comunicaciones internacionales en diversos momentos, lo que complicó la verificación independiente por parte de medios y organismos internacionales. Periodistas y familiares afirmaron que la falta de transparencia del Estado ha impedido reconstruir con precisión la magnitud de la represión.

¿Qué buscan los manifestantes ahora?

Más allá del luto, los actuales episodios de protesta —en su mayoría de menor escala y focalizados en universidades y memoriales— transmiten varios mensajes:

  • Reclamo de rendición de cuentas por las muertes y las detenciones masivas.
  • Exigencia de libertades civiles: libertad de expresión, cese de la censura y fin de la violencia estatal.
  • Mantenimiento del tejido organizativo: las ceremonias permiten a grupos dispersos coordinarse sin necesidad de grandes marchas públicas que las fuerzas de seguridad podrían disolver rápidamente.

En suma, las conmemoraciones funcionan ahora como “plataformas tácticas”: espacios donde el duelo se entrelaza con la estrategia política y la visibilidad internacional.

La respuesta estatal y la dinámica de escalada

Las autoridades iraníes, por su parte, han intentado minimizar o condicionar la visibilidad de esas conmemoraciones. Informes y publicaciones en redes sociales han denunciado intentos por parte de fuerzas de seguridad para impedir que familiares y simpatizantes asistan a ciertos actos. Cuando la protesta crece —históricamente— la respuesta estatal ha oscilado entre la represión directa y medidas de control informativo, como la limitación de comunicaciones.

El Ministerio del Interior y otras instituciones no han ofrecido comentarios detallados sobre los episodios más recientes, lo que refuerza la incertidumbre. Sin embargo, el patrón que se observa sugiere una respuesta dual: por un lado, despliegue de fuerzas y clausura de espacios; por otro, una estrategia de desgaste informativo destinada a que la indignación pierda tracción en el plano público.

El papel de las universidades

Las instituciones universitarias iraníes han sido históricamente epicentros de disidencia. Estudiantes y profesores han jugado un papel clave desde la Revolución de 1979 hasta las movilizaciones más recientes. En estas protestas actuales, la participación estudiantil es significativa: universidades de Teherán y Mashhad registraron pequeñas manifestaciones, según comunicados y videos difundidos en redes.

La dinámica universitaria tiene varias ventajas para la movilización: concentración de jóvenes con redes de contacto, acceso a espacios —aunque vigilados— para reunirse, y una cultura política que favorece la discusión y la organización. Para el régimen, las universidades representan un reto simbólico y operativo: controlarlas implica limitar potenciales focos de oposición generacional.

Contexto regional e internacional

Las protestas en Irán no existen en un vacío: se desarrollan en un contexto regional tenso y con atención internacional aumentada. En las semanas previas hubo tensiones crecientes entre Estados Unidos e Irán, con despliegue de fuerzas estadounidenses en la región y advertencias sobre posibles acciones militares limitadas. Esa presión externa añade una capa adicional de riesgo para manifestantes y autoridades: cualquier escalada interna puede entrelazarse con dinámicas geopolíticas mayores.

Los observadores señalan que, cuando los gobiernos se enfrentan a desafíos tanto internos como externos, suelen endurecer las medidas de seguridad y restringir las libertades a nombre de la estabilidad nacional. Esto, paradójicamente, puede intensificar la radicalización de ciertos sectores de la protesta.

Memoria, narrativa y comunicación

En la era digital, la construcción de narrativas es esencial. Los manifestantes intentan documentar agresiones, difundir nombres y rostros de las víctimas y mantener la atención internacional. Por su parte, el Estado controla y filtra la información. Esa pugna por la representación pública es estratégica: la visibilidad externa puede ejercer presión diplomática y ofrecer cierto grado de protección a quienes protestan.

La restricción de internet ha sido una herramienta recurrente para cortar cadenas de comunicación, pero los activistas se adaptan con métodos dispersos para difundir testimonios y material gráfico. Incluso con cortes, la información se filtra a través de plataformas externas y testimonios en el extranjero, alimentando el relato y la indignación global.

Lecciones históricas y posibilidades futuras

La historia iraní demuestra que los rituales de duelo pueden ser potentes catalizadores de movimiento político cuando se combinan con memoria colectiva y redes sociales. Desde 1979 hasta los episodios más recientes, el patrón de conmemoraciones que devienen en protestas indica que el Estado no ha logrado desactivar del todo la capacidad de movilización ciudadana.

¿Qué escenarios son plausibles en los próximos meses? Pueden considerarse al menos tres líneas de evolución:

  1. Recrudecimiento de la represión que reduzca temporalmente la visibilidad de las protestas, pero que también deje atrás un saldo social y político más profundo y resentimientos duraderos.
  2. Movilizaciones intermitentes y focalizadas, alimentadas por nuevas conmemoraciones, que mantengan la presión pero sin articularse en una insurgencia masiva por ahora.
  3. Escalada política que combine presencia en las calles con mayor organización clandestina y apoyo internacional, lo que podría abrir nuevas vías de negociación o de enfrentamiento.

Sea cual sea el rumbo, la confluencia de luto y política seguirá siendo central: los rituales de memoria no solo honran a las víctimas, sino que actúan como puentes para la organización y la narración colectiva. En contextos de alta represión, esas prácticas culturales adquieren un valor estratégico inusitado.

Como observador, resulta imprescindible seguir la evolución con rigor y cautela: las cifras oficiales y las de activistas reflejan verdades parciales y, a menudo, contradictorias. La transparencia y el acceso a la información serán claves para entender a fondo el alcance humano y político de lo sucedido.

Mientras tanto, en las calles y en los memoriales, las familias siguen llorando y demandando justicia. Y cada acto de conmemoración contiene, latente, la posibilidad de reavivar la protesta: una memoria que no se rinde y una sociedad que busca respuestas.

Fuentes citadas: informe y recuentos de HRANA (Human Rights Activists News Agency); comunicados y reportes de activistas y medios internacionales sobre cortes de internet y restricciones de comunicación en Irán en enero-febrero de 2026.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press