Ramadán entre pistas y picos: cómo viven los musulmanes el ayuno durante los Juegos de Invierno Milán-Cortina 2026

Entre iftars interreligiosos en la ciudad y la búsqueda de espacios de oración en los Dolomitas, la comunidad musulmana encuentra maneras de mantener la fe en unos Juegos marcados por la diversidad

Milán y Cortina d'Ampezzo ofrecen dos caras del mismo desafío: reconciliar el calendario religioso del Ramadán con el ritmo frenético de unos Juegos Olímpicos y Paralímpicos. Mientras la gran ciudad lombarda dispone de centros islámicos consolidados y prácticas abiertas de encuentro interreligioso, las pequeñas localidades alpinas buscan soluciones improvisadas para atender a atletas, trabajadores y visitantes musulmanes.

Ramadán en la ciudad global: Milán como espacio de convivencia

Milán, metrópolis cosmopolita y una de las sedes de los Juegos, cuenta con una comunidad musulmana numerosa y visible. Un estudio del Instituto ISMU de 2025 estimó que en la región de Lombardía viven casi 400.000 musulmanes, la cifra más alta de todas las regiones italianas (ISMU, 2025: https://www.ismu.org). Esa densidad ha dado lugar a mezquitas, centros culturales y redes de apoyo que facilitan la práctica religiosa durante el Ramadán.

Un buen ejemplo es la mezquita Al-Wahid, en las cercanías del barrio de los Navigli, que ha ido desarrollando una política de puertas abiertas durante el mes sagrado. Sus iftars (las comidas para romper el ayuno al atardecer) se han convertido en encuentros interreligiosos donde representantes municipales, líderes de otras confesiones y ciudadanos se sientan juntos a compartir la ruptura del ayuno. Esa práctica no solo responde a una necesidad nutricional, sino que actúa como herramienta de diálogo cultural: como dijo el imán Yahya Pallavicini en declaraciones públicas, “el deporte, la cultura y el arte pueden ayudar a reducir prejuicios y temores respecto a una identidad religiosa o cultural”.

Las iniciativas de convivencia y apertura tienen antecedentes en diversas ciudades europeas. Los iftars interreligiosos son una práctica extendida en contextos plurales: desde grandes capitales hasta municipios locales, estos encuentros ayudan a normalizar la presencia musulmana en la esfera pública y a fomentar la educación mutua sobre prácticas y sensibilidades religiosas.

El desafío de las montañas: Cortina y la búsqueda de espacios

En contraste, Cortina d'Ampezzo —la “reina de las Dolomitas”— presenta retos logísticos y culturales distintos. La villa alpina, con apenas algo más de 5.000 habitantes y una geografía que privilegia el turismo estacional, no dispone de una mezquita consolidada. Para muchos musulmanes que trabajan o visitan la zona durante los Juegos, la búsqueda de un lugar para rezar puede ser una odisea.

Rabah Boubegtiten, un trabajador originario de Argelia que se desplazó desde París para colaborar con servicios de seguridad vinculados a delegaciones de países del Golfo, contó cómo la solución pasó por viajar hasta Brunico —la ciudad más cercana con recursos religiosos— y dedicar más de una hora en trayecto para participar en una oración comunitaria. “Buscando en Google no encontré; lo hallé por redes sociales. A veces, aunque queramos, simplemente no podemos”, relató, reflejando una realidad concreta: la infraestructura religiosa no siempre acompaña la movilidad laboral moderna.

La situación en Cortina revela una tensión entre la universalidad de la práctica religiosa y la desigual distribución de recursos: mientras en las urbes existe un ecosistema que facilita la continuidad de las obligaciones religiosas, en áreas montañosas se dependen de iniciativas temporales, salas cedidas por hoteles o la solidaridad de comunidades vecinas.

Soluciones temporales y prácticas comunitarias

Ante la falta de mezquitas, se multiplican las soluciones creativas: salas de oración en instalaciones deportivas, habitaciones adaptadas en alojamientos para atletas y trabajadores, y el uso de aplicaciones y grupos en redes sociales para coordinar horarios de oración y localizar espacios. En algunos complejos olímpicos se habilitaron salas interconfesionales destinadas a atletas, aunque con restricciones de acceso que impiden su uso por el público general, lo que limita las posibilidades para los trabajadores y residentes temporales.

En Brunico, por ejemplo, la comunidad musulmana ha organizado un espacio para las plegarias del viernes que llega a reunir a alrededor de 120 personas. El coste de alquiler y mantenimiento del local se cubre con donaciones de fieles, un esquema habitual en muchas comunidades musulmanas europeas que operan con presupuestos reducidos y sin financiación estatal específica.

Ramadán, identidad y ciudadanía: una mirada sociológica

Más allá de la logística, el Ramadán despierta reflexiones sobre identidad y pertenencia. En Italia, la mayoría de la población sigue estando vinculada culturalmente al catolicismo, aunque la práctica religiosa ha disminuido considerablemente. Según datos recientes, aunque una gran parte de los italianos se identifica como católica, la asistencia regular a misa es minoritaria; en paralelo, la población musulmana —que ronda 1,7 millones en el país— ha aumentado por la migración, la segunda generación y conversiones (ISMU, 2025).

Para jóvenes nacidos en Italia de familias mixtas o inmigrantes, el Ramadán es también un momento para afirmar una identidad híbrida. Amina Croce, por ejemplo, quien nació de padres italianos convertidos al Islam, comentó que la mezquita y la práctica religiosa han formado una parte esencial de su identidad: “Creemos que esta diversidad es parte del patrimonio cultural más amplio de Italia”, dijo en un acto juvenil.

Estos testimonios muestran que la presencia musulmana en Italia no es homogénea: incluye migrantes recientes, comunidades asentadas desde hace décadas, segundas generaciones y conversos. Esa heterogeneidad plantea desafíos políticos y sociales, especialmente en contextos donde la migración alimenta debates sobre políticas de integración.

El papel del deporte y los Juegos como plataforma de visibilidad

Los Juegos Olímpicos tienen un efecto amplificador: traen foco mediático, flujos de personas y una demanda inesperada de servicios culturales y religiosos. La coincidencia del Ramadán con los Juegos de Invierno 2026 puso de manifiesto tanto las fortalezas como las carencias de las ciudades anfitrionas.

El deporte puede funcionar como catalizador del diálogo intercultural. Como señaló el imán Yahya Pallavicini, los eventos deportivos ofrecen una oportunidad para que comunidades diversas se encuentren y reduzcan prejuicios. Las iniciativas de Al-Wahid para invitar a actores de otras confesiones y a visitantes a sus iftars durante las semanas olímpicas son un ejemplo práctico de cómo capitalizar ese momento.

Recomendaciones para futuras sedes y organizadores

La experiencia de Milán y Cortina sugiere varias lecciones útiles para futuros organizadores de grandes eventos internacionales:

  • Mapear con antelación los recursos religiosos y culturales de la región y coordinar con comunidades locales para habilitar espacios temporales donde sea necesario.
  • Incluir en la planificación logística de trabajadores y voluntarios opciones claras para prácticas religiosas, especialmente cuando el evento coincida con periodos sagrados como el Ramadán.
  • Favorecer iniciativas interreligiosas que permitan el acceso abierto a iftars y encuentros culturales, promoviendo la inclusión y reduciendo la percepción de “otrasidad”.
  • Impulsar campañas informativas que expliquen prácticas como el ayuno diurno y sus implicaciones para horarios laborales y de competición, para fomentar comprensión y respeto entre organizadores, voluntarios y público.

Reflexión final: convivencia cotidiana en tiempos excepcionales

El relato del Ramadán en Milán y Cortina durante los Juegos 2026 es una microhistoria de cómo las sociedades contemporáneas gestionan la diversidad religiosa en contextos de alta visibilidad. En la gran ciudad, la infraestructura y las políticas de apertura facilitan la práctica; en los entornos rurales y montañosos, la creatividad comunitaria y la solidaridad demuestran la resiliencia de las minorías religiosas. Ambas realidades son complementarias y nos enseñan que la inclusión no es solo una cuestión de intención, sino de planificación, recursos y voluntad colectiva.

Como recordó un joven participante en Brunico, “en Italia, el Ramadán es posible; no siempre es fácil, pero es posible”. Esa afirmación resume bien el equilibrio que buscan millones de musulmanes en Europa: ser fieles a sus prácticas religiosas sin renunciar a una plena participación en la vida social y profesional de sus países.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press