El ascenso y la caída de “El Mencho”: cómo Nemesio Oseguera Cervantes forjó el cártel de Jalisco y qué deja su muerte
De migrante en California a jefe de una red transnacional: análisis del legado criminal, las causas de su expansión y las consecuencias de su abatimiento en Jalisco
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, a manos del Ejército mexicano reabre preguntas sobre el origen, la expansión y el legado del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). Su trayectoria, desde orígenes rurales en Michoacán hasta convertirse en el rostro más buscado del crimen organizado mexicano, ilustra cómo factores locales, regionales e internacionales se combinaron para generar una organización criminal con alcance global.
De El Naranjo a California: los primeros años
Oseguera Cervantes nació en la comunidad rural de El Naranjo, en el estado de Michoacán. En décadas pasadas, como muchos jóvenes de la región, emigró a Estados Unidos en busca de oportunidades. Allí, en California, fue detenido en varias ocasiones por cargos de robo y narcotráfico en los años 80 y 90; tras cumplir una condena por tráfico de heroína fue deportado a México.
Su regreso marcó el inicio de una escalada: se vinculó con grupos ligados a la familia Valencia y a Los Cuinis, estructuras con nexos tanto en Michoacán como en Jalisco y Sinaloa. Ese tejido de relaciones fue decisivo para su posterior ascenso al frente de lo que hoy se conoce como CJNG.
La consolidación del CJNG: alianzas, violencia y diversificación
Tras la captura o eliminación de varios líderes regionales —como parte de las rupturas que siguieron al debilitamiento del Cártel de Sinaloa y la desarticulación del Milenio— surgieron facciones que buscaron consolidar poder en territorios clave. Oseguera Cervantes y aliados fundaron formalmente el CJNG alrededor de 2009, impulsando una expansión rápida en menos de dos décadas.
Varios factores explican ese crecimiento:
- Vacíos de poder: La captura de capos rivales y la fragmentación de organizaciones históricas dejaron espacios que el CJNG supo explotar.
- Estrategias de diversificación: Más allá del narcotráfico, la organización se dedicó a extorsión, robo de combustible, control de rutas logísticas y blanqueo de capitales mediante inversiones inmobiliarias y empresariales.
- Uso de violencia espectacular: El CJNG combinó ataques coercitivos y demostraciones de fuerza para imponer control territorial y disuadir a autoridades locales.
- Redes transnacionales: Según la Drug Enforcement Administration (DEA), el CJNG tenía presencia en 21 de las 32 entidades federativas de México y operaba en múltiples países, lo que facilitó el tráfico internacional de fentanilo y otras drogas.
Recompensas, designaciones y percepción internacional
El ascenso del CJNG llamó la atención de autoridades mexicanas y de Estados Unidos. En mayo de 2016 la DEA colocó a Oseguera Cervantes en su lista de los más buscados; en 2018 el Departamento de Estado ofreció una recompensa de 10 millones de dólares por información sobre su paradero y en 2024 esa recompensa se elevó a 15 millones.
Además, en 2023 la administración estadounidense incluyó al CJNG en la lista de organizaciones designadas como “organizaciones terroristas” por el impacto de su violencia y sus vínculos transfronterizos, una medida que implicó sanciones financieras y de seguridad adicionales.
Como afirmó en su momento el Departamento de Estado de EE. UU.: “El Jalisco Nueva Generación es responsable de una gran parte de la violencia relacionada con el narcotráfico en México y de la distribución de drogas sintéticas a nivel global.” (Fuente: U.S. Department of State).
Economía criminal y penetración institucional
Investigadores señalan que la fuerza del CJNG no solo se basó en el control de rutas de narcóticos, sino también en su capacidad de penetrar instituciones locales y regionales. Carlos Flores, investigador del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social, ha señalado que Oseguera combinó inteligencia operativa con una red de complicidades que le permitió expandirse. Esa penetración facilitó el robo de combustible (huachicol), extorsión empresarial y control sobre empresas locales para blanquear recursos.
El resultado fue una economía criminal que llegó a permear servicios públicos y actividad privada, generando espacios donde la cooptación y la violencia se retroalimentaban.
Impacto social: comunidades, desplazamiento y clima de miedo
La presencia del CJNG transformó el tejido social en muchos municipios. Los efectos incluyen:
- Aumento de desplazamiento forzado: Familias que huyeron por la violencia o por la obligatoria colaboración con grupos armados.
- Empobrecimiento de economías locales: Extorsiones y cierre de negocios deterioraron la actividad económica formal.
- Normalización de la violencia: La exposición cotidiana a ejecuciones, bloqueos y enfrentamientos dejó secuelas psicológicas y pérdidas humanas considerables.
Organizaciones civiles han documentado decenas de miles de víctimas indirectas del conflicto entre cárteles y fuerzas de seguridad en las últimas décadas, con efectos generacionales en educación, salud y cohesión social.
La operación que culminó en su muerte y lo que representa
La captura fallida y posterior neutralización de “El Mencho” por fuerzas especiales de la Secretaría de la Defensa Nacional se inscribe en una larga estrategia de presión militar y de inteligencia. Autoridades afirmaron que la operación buscaba detener al capo tras años de investigación y seguimientos, mientras que versiones periodísticas y de seguridad señalan que la operación incluyó vigilancia encubierta y apoyo de inteligencia extranjera.
Su muerte representa, en términos simbólicos, un golpe mediático y operativo al liderazgo del CJNG. Sin embargo, como ha ocurrido históricamente con la fragmentación de cárteles tras la caída de sus líderes, los analistas advierten riesgos:
- Fragmentación y rutas alternativas de violencia: La eliminación de un jefe no garantiza la desarticulación de la estructura; en ocasiones provoca luchas internas y mayor violencia en el corto plazo.
- Reconfiguración de mercados ilícitos: Otras facciones o nuevos líderes pueden reorganizar rutas de fentanilo, metanfetaminas y otras sustancias, manteniendo los flujos criminales.
- Persistencia de redes de blanqueo y corrompidas instituciones: Si no se atacan las bases financieras y las complicidades políticas, la organización puede resistir la pérdida de su liderazgo.
¿Qué puede y debe hacerse ahora?
La experiencia mexicana sugiere que una respuesta efectiva requiere medidas múltiples y sostenidas:
- Acción judicial y financiera sostenida: Perseguir activos, cortar rutas de lavado y sancionar a proveedores logísticos y financieros.
- Reforzamiento institucional: Fortalecer policías locales con supervisión y rendición de cuentas, además de profesionalizar investigaciones para evitar la corrupción.
- Políticas de prevención social: Invertir en desarrollo económico, educación y empleo en regiones vulnerables para reducir la oferta de reclutas y mitigar la atracción del narcotráfico.
- Cooperación internacional: Intensificar el intercambio de información, control de precursores químicos y coordinación para frenar el flujo de drogas sintéticas hacia otros mercados.
Lecciones históricas y contexto más amplio
La historia reciente de México muestra que la eliminación de un líder histórico no es la panacea. El caso de Miguel Ángel Félix Gallardo en los años 80 o la caída de líderes del cártel de Tijuana y el de Sinaloa demostró que emergen nuevos actores cuando no se acompañan estrategias integrales de Estado.
Como apuntan especialistas en seguridad, la meta no puede ser únicamente el “capo cero” —la neutralización del jefe visible— sino desmantelar las redes que sustentan la criminalidad: redes financieras, corrupción y mercados ilícitos internacionales. De lo contrario, la violencia y la inseguridad pueden persistir o incluso intensificarse en la fase post-eliminación.
El abatimiento de “El Mencho” es un hito operativo, pero el desafío para México es transformar ese logro en avances estructurales que rompan la lógica de impunidad y renovación criminal. Sin medidas amplias y coordinadas, las sombras que alimentaron su ascenso seguirán ofreciendo semillas para nuevas organizaciones.
Imagen relacionada: Periódicos en Ciudad de México tras la muerte de “El Mencho”.
