El último asalto contra “El Mencho”: anatomía de una operación militar que sacudió a México

Cómo la vigilancia personal, la coordinación internacional y la violencia organizada llevaron al enfrentamiento que terminó con la muerte del líder del CJNG

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El amanecer del domingo cambió el mapa de la seguridad en México. Tras años de rastreos, seguimientos y tensiones crecientes entre fuerzas del Estado y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), las fuerzas armadas mexicanas ultimaron una operación que terminó con la captura y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”. El episodio no solo exhibe el alcance y la letalidad del crimen organizado en México, sino también la complejidad y las implicaciones de una respuesta militar coordinada dentro del territorio nacional.

Rastreo íntimo: cómo un vínculo romántico abrió la pista

La investigación que desembocó en la operación partió de una traza poco convencional: la vigilancia de una pareja romántica. Según el propio secretario de la Defensa Nacional, el general Ricardo Trevilla, los militares comenzaron a seguir a un colaborador de la mujer vinculada sentimentalmente con Oseguera Cervantes. Ese individuo la acompañó hasta Tapalpa, Jalisco, donde “El Mencho” se reunió con ella. Fue ese movimiento —amparado además por “información adicional muy importante” proveniente de inteligencia estadounidense— el que permitió confirmar la presencia del capo en la zona y detonar la intervención.

Planificación: bloqueo terrestre y despliegue aéreo

La operación combinó diversos elementos tácticos: anillos terrestres desplegados por el Ejército y la Guardia Nacional, apoyo aéreo con al menos seis helicópteros y unidades de fuerzas especiales listas en los estados limítrofes. La Fuerza Aérea realizó tareas de reconocimiento y apoyo logístico. Todo ello se coordinó en las horas previas al amanecer para reducir la capacidad de reacción de los operadores del cártel y minimizar la fuga del objetivo.

Un enfrentamiento brutal

La respuesta del CJNG fue descrita por Trevilla como extremadamente violenta. Durante el enfrentamiento inicial, “El Mencho” intentó huir con dos de sus escoltas mientras un grupo numeroso de sicarios quedaba atrás para contener el avance militar. En el choque murieron ocho personas en el sitio —según el recuento oficial— y se incautaron armas de alto poder, incluidos dos lanzacohetes, uno idéntico al que el cartel usó en 2015 para derribar un helicóptero militar, hecho que marcó un antes y un después en la confrontación entre fuerzas del Estado y organizaciones criminales en México.

El episodio en la maleza: “escondido en la maleza”

Tras varios tiroteos y maniobras de contención, los comandos localizaron a Oseguera Cervantes “escondido en la maleza” en las inmediaciones de Tapalpa, una zona con cabañas y bosques. En ese punto se produjo una nueva ráfaga de violencia. Aunque los sicarios portaban armamento pesado, las fuerzas federales afirmaron que los lanzacohetes no llegaron a ser empleados. Un helicóptero militar sufrió impactos de proyectiles y realizó un aterrizaje de emergencia; tres soldados resultaron heridos y al menos dos personas fueron detenidas en la escena.

Traslado y muerte en ruta

Una vez asegurado el lugar, “El Mencho” y dos de sus escoltas fueron inmovilizados y subidos a un helicóptero para un traslado de emergencia a hospitales cercanos. El secretario Trevilla señaló que los capturados llegaron al aparato en condición crítica y que murieron durante el trayecto. Por razones de seguridad y ante la posibilidad de represalias, el plan de vuelo se modificó: en lugar de aterrizar en la capital de Jalisco, el helicóptero se dirigió a la Ciudad de México.

La reacción del cártel: violencia desatada en varios frentes

La operación desencadenó represalias violentas en distintos puntos del país. En Jalisco, el saldo más duro se produjo entre fuerzas de seguridad y personal civil: 25 miembros de la Guardia Nacional fallecieron, además de un custodio penitenciario, un empleado de la fiscalía y al menos una mujer que fue reportada como civil, junto a 30 presuntos criminales. En el vecino estado de Michoacán se registraron enfrentamientos adicionales donde murieron cuatro agresores y resultaron heridos 15 elementos de seguridad.

La figura de “El Tuli” y la estrategia de terror

En paralelo a la operación, el ejército identificó a un presunto operador logístico apodado “El Tuli”, a quien atribuyeron la coordinación de bloqueos de carreteras, incendios y ataques a instalaciones gubernamentales en Jalisco. El general Trevilla aseguró que “El Tuli” llegó a ofrecer recompensas de 20,000 pesos (algo más de 1,000 dólares) por cada soldado que fuera abatido, un indicio de la estrategia de terror que el grupo usó para intentar desestabilizar la respuesta estatal. Pocas horas después, una brigada paracaidista habría localizado y dado muerte a “El Tuli”, incautando armas y cerca de 1.4 millones de dólares y pesos en efectivo.

Contexto histórico: por qué la captura de “El Mencho” importa

Oseguera Cervantes era, para muchas autoridades mexicanas y estadunidenses, el capo con mayor poder operativo en el país. Desde su alzamiento como cabecilla del CJNG, este cártel se consolidó como una organización transnacional dedicada al trasiego de fentanilo, metanfetamina y otras drogas, además de operar en extorsión, secuestro y violencia por control territorial. La organización ha demostrado una capacidad inusual para adquirir armamento pesado y coordinar acciones multicéntricas, lo que ha provocado que diversos analistas la consideren un actor con características quasi-militares en ciertos escenarios.

Implicaciones políticas y de seguridad

La operación plantea interrogantes sobre el rol de la militarización en la estrategia contra el crimen organizado. Por un lado, la muerte de un líder de este calibre puede desarticular temporalmente estructuras y redes de mando; por otro, la historia reciente demuestra que la caída de una cabeza suele acompañarse de luchas internas, fragmentación de la organización y episodios de violencia que afectan a la población civil.

Además, la cooperación internacional —en este caso con inteligencia de Estados Unidos— vuelve a posar la atención sobre la relación bilateral en materia de seguridad. La colaboración puede potenciar la eficacia operativa, pero también levanta debates sobre soberanía, límites legales y la necesidad de una estrategia integral que vaya más allá de la eliminación de objetivos y que incluya prevención, reducción de la demanda de drogas y fortalecimiento institucional.

Balance humano y social

El conteo oficial reportó más de 70 muertos como saldo de la operación y la violencia conexa, incluyendo fuerzas de seguridad, presuntos delincuentes y civiles. Detrás de esas cifras hay familias desplazadas, comunidades atemorizadas y economías locales afectadas por bloqueos y ataques. Las repercusiones sociales de estos choques suelen ser profundos y duraderos, exacerbando desconfianzas hacia el Estado y dificultando la reconstrucción del tejido comunitario.

Lecciones y preguntas abiertas

  • Inteligencia granular: El seguimiento del entorno íntimo del capo demuestra que, a veces, las pistas más valiosas provienen de relaciones personales y movimientos cotidianos; monitorear ese tejido requiere tiempo y precisón.
  • Cooperación internacional: La aportación de inteligencia extranjera fue decisiva; sin embargo, la transparencia sobre ese apoyo y los límites operativos deben ser claros para preservar la legitimidad del Estado.
  • Prevención del vacío de poder: Es esencial planear cómo evitar la disputa por territorios y rutas de tráfico que suele seguir a la muerte de una cúpula criminal.
  • Atención a víctimas colaterales: Proteger a población civil y fortalecer respuesta humanitaria post-conflicto son aspectos tan urgentes como los actos militares.

La caída de Nemesio Oseguera Cervantes marca un hito en la confrontación entre el Estado mexicano y el crimen organizado. Queda por ver si ese hito se traduce en una ruptura definitiva del poderío del CJNG o si, por el contrario, abre un nuevo capítulo de violencia y reacomodos criminales. En cualquier caso, la operación vuelve a poner sobre la mesa la pregunta de fondo: ¿cómo construir políticas de seguridad que no solo eliminen líderes, sino que cambien de raíz las condiciones que permiten la expansión del crimen?

“La información adicional muy importante” y las declaraciones sobre la operación fueron atribuidas públicamente por el secretario de la Defensa Nacional, general Ricardo Trevilla; el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, también ofreció datos sobre los incidentes en Jalisco.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press