La sombra subterránea: lo que revela (y oculta) la supuesta prueba nuclear china y el dilema del desarme
Entre detecciones sísmicas, vetos diplomáticos y el fin del tratado New START, la arquitectura global de control de armas enfrenta una prueba de estrés
La aparente detección en 2020 de una explosión subterránea en el polígono chino de Lop Nur ha reavivado preguntas incómodas sobre la transparencia en materia nuclear, la vigencia de los mecanismos de verificación y el futuro del control de armamentos. Los recientes intercambios en Ginebra entre representantes de Estados Unidos, China y delegaciones internacionales ponen de relieve no sólo una disputa puntal sobre un posible ensayo, sino la fractura más amplia que ha dejado la expiración del tratado New START y la dificultad de articular nuevos marcos multilaterales que incluyan a potencias emergentes.
El episodio de Lop Nur y las señales sísmicas
En junio de 2020, una estación internacional de monitoreo ubicada en Kazajistán registró un evento sísmico de magnitud 2.75 proveniente de la región de Lop Nur, en el occidente de China. Según análisis comparativos entre seísmos conocidos por explosiones y por terremotos naturales, algunos expertos señalaron indicios que podrían corresponder a una detonación controlada. Delegados estadounidenses responsables de control de armas describieron el acontecimiento ante la Conferencia de Desarme respaldada por la ONU, calificándolo como "una probable explosión" y matizando que las señales correspondían más a una única explosión de fuego que a la sísmica típica de la minería.
El polígono de Lop Nur tiene una larga historia en las pruebas nucleares chinas: fue el principal campo de experimentación de China en la era en que realizó detonaciones atmosféricas y subterráneas durante el siglo XX. Sin embargo, Beijing sostiene que mantiene una moratoria práctica sobre pruebas nucleares explosivas y ha rechazado categóricamente las acusaciones.
Transparencia, verificación y la ruptura del equilibrio del tratado New START
El Tratado New START, firmado en abril de 2010 y vigente desde 2011, fue durante años la piedra angular de la arquitectura bilateral de control entre Estados Unidos y Rusia. Su régimen de verificación —inspecciones in situ, intercambio de datos y límites cuantitativos en lanzadores estratégicos— redujo la incertidumbre estratégica entre las dos potencias nucleares principales.
Con la expiración de New START a inicios de 2026 se perdió un mecanismo central de transparencia. Varios expertos han señalado que, además de limitar misiles y bombarderos estratégicos, el tratado no abordó de modo suficiente otras dimensiones: las fuerzas nucleares no estratégicas rusas (se estima que Moscú podría disponer de hasta 2.000 ojivas no estratégicas en distintos vectores) o el rápido aumento del arsenal chino. Ese vacío ha alimentado llamados a ampliar y diversificar los formatos de negociación, pero también ha profundizado la sensación de urgencia.
¿Está China en una carrera de expansión? Cifras y proyecciones
Las estimaciones sobre el tamaño del arsenal chino varían según las fuentes y los métodos. Instituciones independientes como el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) ubicaban a China en torno a los 500 ojivas en 2023, aunque con una tendencia al alza clara. Autoridades estadounidenses han señalado cifras superiores y proyecciones más aceleradas: según comunicados y análisis citados en foros diplomáticos, China habría ampliado su inventario de las "cientos bajas" a más de 600 ojivas en pocos años y podría acercarse a la paridad con otras potencias en la próxima década si mantiene ciertos ritmos de construcción de misiles y silos.
Las discrepancias en los números ponen de manifiesto dos realidades simultáneas: por un lado, existe consenso sobre un aumento notable en la capacidad y el ritmo de despliegue chino; por otro, la exactitud del tamaño de su arsenal depende de la información abierta y el acceso a verificación, que Beijing ha limitado.
Argumentos y contraargumentos: Beijing vs. Washington
En Ginebra, el representante estadounidense encargado de control de armamentos subrayó que China ha "expandido masivamente su arsenal" y criticó la falta de claridad sobre los objetivos finales de Pekín. La postura estadounidense reivindica la necesidad de mayor transparencia y la inclusión de China y Rusia en procesos multilaterales sólidos.
Frente a ello, la delegación china respondió con firmeza: rechazó las acusaciones como "infundadas" y advirtió que las denuncias podrían ser utilizadas como pretexto por otros para reanudar pruebas propias. Beijing también sostiene que su arsenal, en términos absolutos, sigue siendo menor que el de Estados Unidos y Rusia y que sus circunstancias estratégicas y doctrinales son distintas, por lo que exigirle una participación idéntica en pactos diseñados entre dos potencias históricas resulta "injusto e irrazonable".
¿Por qué importa la verificación?
La verificación es el pilar que hace creíbles las limitaciones: sin ella, las promesas quedan a merced de sospechas y estimaciones. Los instrumentos que integraron New START —intercambios de datos, inspecciones y rastreo de lanzadores— permitían reducir los riesgos de miscalculación estratégica. Su ausencia no solo dificulta la evaluación concreta de arsenales, sino que también incrementa la presión política para medidas compensatorias (mayor inversión en defensa, despliegues preventivos, o modernización acelerada).
- Riesgo de escalada: la falta de información fidedigna puede llevar a decisiones defensivas y a una competencia asimétrica por supervivencia.
- Despliegue de capacidades alternativas: inversión en misiles hipersónicos, modernos submarinos nucleares y silos móviles.
- Erosión de normas internacionales: si el control de armas se percibe como imposible, se debilitan tratados y mecanismos multilaterales.
Formatos posibles: bilateral, plurilateral o multilateral
Ante la nueva situación, los diplomáticos y expertos proponen distintos caminos:
- Reanudar diálogos bilaterales pero adaptados: Estados Unidos y Rusia podrían intentar establecer un nuevo marco que incorpore verificaciones tecnológicas más amplias y controles sobre armas no estratégicas.
- Plurilateral entre grandes potencias: incluir a China, Francia y Reino Unido en un formato de seguimiento que, sin ser pleno multilaterismo, permita fijar límites mínimos y crear mecanismos de confianza.
- Multilateralismo ampliado: recuperar y reforzar foros de desarme de la ONU con participación activa de todos los estados poseedores y de la comunidad internacional para legitimar normas y sancionar incumplimientos.
Cada vía presenta obstáculos: la asimetría entre arsenales, diferentes doctrinas de uso, y recelos por la soberanía y la seguridad nacional. No obstante, la experiencia histórica indica que sin diálogo persistente la probabilidad de confrontación o malentendidos aumenta.
Lecciones históricas que conviene recordar
La experiencia del siglo XX y las negociaciones del período posguerra fría ofrecen lecciones útiles. El Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) de 1968 y los acuerdos bilaterales entre Washington y Moscú demostraron que, aunque imperfectos, los marcos con verificación efectiva reducen incentivos a la acumulación masiva. New START, por ejemplo, contribuyó a limitar cabezas nucleares estratégicas desplegadas y a mantener canales de comunicación técnica entre las partes durante más de una década.
La historia también muestra que los vacíos normativos y las innovaciones tecnológicas (misiles móviles, ojivas múltiples, misiles hipersónicos) obligan a actualizar los acuerdos. La diplomacia preventiva y la transparencia tecnológica deben evolucionar al ritmo de esas innovaciones.
Qué puede hacerse ahora: recomendaciones prácticas
Sin caer en ingenuidades, hay pasos pragmáticos:
- Restablecer canales técnicos de comunicación entre las potencias nucleares para intercambio regular de datos y alertas tempranas.
- Promover acuerdos de transparencia voluntaria —informes anuales, visitas técnicas— como preludio a compromisos más formales.
- Desarrollar capacidades de monitoreo internacional independiente (sísmica, radionúclidos, satelital) con mayor cooperación entre estados y organismos científicos.
- Integrar preocupaciones sobre armas no estratégicas y nuevos vectores en cualquier negociación futura.
Como afirmó un alto diplomático en Ginebra (en declaraciones ante la Conferencia de Desarme respaldada por la ONU): "La comunidad internacional debe alentar a los estados poseedores de armas nucleares a entablar procesos multilaterales significativos". Esa observación sintetiza la urgencia política del momento: el control de armamentos hoy exige creatividad diplomática y voluntad política, no sólo entre antiguos rivales sino con actores que en las últimas décadas han alterado el mapa estratégico.
Si la comunidad global no logra forjar rutas confiables de verificación y diálogo, la respuesta probable será bricolaje defensivo: modernizaciones aceleradas, despliegues redundantes y un clima de mayor incertidumbre. Si, por el contrario, gobierna la prudencia y la cooperación técnica, todavía hay espacio para construir confianza, reducir riesgos y mantener la promesa de un mundo menos expuesto a la catástrofe nuclear.
