En la cuerda floja: Irán, Estados Unidos y la ansiedad de una población que teme la guerra

Mientras Washington concentra un despliegue militar sin precedentes en la región, los iraníes viven entre el miedo, la resignación y la incertidumbre sobre las negociaciones en Ginebra

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Teherán — La sensación en las calles de Irán es de inquietud permanente. Entre cortes intermitentes de internet, radios nacionales con una narrativa oficial única y conversaciones susurradas por temor a represalias, muchos iraníes despiertan cada día preguntándose si aquel rumor que atraviesa la ciudad en la noche será el preludio de un conflicto abierto con Estados Unidos.

La acumulación militar y la sombra de la guerra

En las últimas semanas la Casa Blanca ha descrito un despliegue naval y aéreo en el Golfo Pérsico y sus proximidades que algunos responsables estadounidenses han calificado —con lenguaje bélico— como una «armada» destinada a ejercer presión máxima sobre Teherán. Según un análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS), hay al menos 16 buques de la Marina de Estados Unidos posicionados en la región, un número comparable al de operaciones militares puntuales anteriores como Operation Desert Fox en 1998 (CSIS, análisis militar).

Ese poderío incluye portaviones como el USS Abraham Lincoln y el USS Gerald R. Ford, aeronaves furtivas F-35 con capacidad de ataque de precisión y plataformas en tierra en países aliados. Para muchos iraníes, la imagen no es la de una negociación entre pares sino la de una balanza desigual: gran capacidad de proyección por parte de EE. UU. frente a limitaciones materiales y económicas en Irán, agravadas por años de sanciones.

Ginebra: ¿última oportunidad o espejismo?

Las conversaciones previstas en Ginebra han sido presentadas por algunos actores como una posible vía de salida. Sin embargo, las condiciones son complejas. Teherán insiste en preservar su programa de enriquecimiento de uranio —una línea roja para la República Islámica que se considera parte de su soberanía tecnológica— mientras que Washington demanda el cese de dicha actividad y límites claros al programa de misiles balísticos y al apoyo a grupos proxy en la región.

En la opinión pública iraní, muchos ven en estas negociaciones una paradoja: la posibilidad de evitar la guerra pasa por aceptar concesiones que podrían ser interpretadas internamente como renuncias a principios revolucionarios que sostienen al régimen desde 1979. «Si Irán cede ahora, habría renunciado a una ideología de cuarenta años», dijo a la prensa un estudiante que pidió anonimato por temor a represalias (Associated Press). Ese tira y afloja alimenta la sensación de que ambos bandos muestran poco interés real en ceder, lo que eleva el riesgo de un choque.

Memorias del pasado: el recuerdo de la guerra Irán-Irak

Para quienes vivieron la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), el miedo no es abstracto. Aquella conflagración dejó una sombra profunda: cifras estimadas de bajas varían ampliamente, desde cientos de miles hasta más de un millón entre militares y civiles, según distintas fuentes históricas. Britannica estima decenas de miles de muertos en ambos bandos durante años de combates que arrasaron infraestructuras y marcaron una generación (Britannica, artículo «Iran–Iraq War»).

«Recuerdo muchas situaciones malas, pero incluso durante la guerra con Irak esto no fue como ahora», dijo Hassan Mirzaei, un taxista de 68 años, reflejando la desesperanza de los mayores que aún cargan con los traumas bélicos (Associated Press).

El costo humano y económico de la presión

Más allá del riesgo militar, la presión prolongada tiene efectos sociales y económicos que alimentan el descontento interno. Décadas de sanciones, reforzadas con la retirada de Estados Unidos del acuerdo nuclear en 2018, han aislado sectores de la economía iraní, deteriorado el poder adquisitivo y ensanchado la brecha entre la élite y la ciudadanía.

En enero, una ola de protestas se saldó con una represión especialmente violenta: informes de organismos de derechos humanos y medios internacionales alertaron sobre miles de detenciones y una cifra elevada de muertos en lo que se describió como la represión más sangrienta contra la disidencia en la historia reciente del país (varios reportes de organizaciones de derechos humanos y agencias de prensa internacionales).

Ese contexto hace que los ciudadanos perciban la posibilidad de guerra no sólo como un conflicto geopolítico distante, sino como un evento que puede cerrar aún más cualquier vía de escape económico y desplazar a familias enteras. «Tengo dos nietos huérfanos y necesito trabajar para alimentarlos», dijo Mirzaei, poniendo el foco en las consecuencias humanas cotidianas de la tensión internacional (Associated Press).

La polarización interna: entre los partidarios del régimen y los desencantados

No toda la sociedad iraní se expresa contra el gobierno ni todos comparten la misma visión del riesgo. Existen sectores que muestran fidelidad al liderazgo y defienden una postura de confrontación, viendo en la resistencia ante presiones externas un acto de soberanía. «Los iraníes empujarán de regreso a cualquier belicista», aseguró Ami Mianji, propietario de un taller mecánico, en una muestra de orgullo nacionalista (Associated Press).

Pero para muchos jóvenes, la represión de las protestas y la falta de oportunidades han quebrado la confianza en la cúpula política. «No tengo esperanza», afirmó un estudiante entrevistado, subrayando la sensación de que las decisiones de los líderes alejan soluciones políticas sin verdadera representación de la ciudadanía (Associated Press).

Comunicación restringida y el silencio informativo

Tras las protestas y la subsecuente represión se han registrado restricciones severas a internet y a las comunicaciones. Eso dificulta cuantificar con precisión el clima social y económico, y convierte las pocas voces públicas en indicadores limitados de la realidad: testimonios recogidos en las calles, imágenes en redes crudas y la versión única de la televisión estatal forman un mosaico parcial que alimenta la ansiedad.

La desconfianza hacia medios y foros públicos también hace que las encuestas y sondeos resulten menos fiables; hablar en la calle implica riesgos.«No doy mi nombre por miedo a represalias», dijo un transeúnte a un periodista, resumiendo la atmósfera de cautela generalizada (Associated Press).

¿Qué opciones reales existen para evitar el conflicto?

Desde la perspectiva práctica, las alternativas son limitadas pero no inexistentes. La diplomacia multilaterales —con actores europeos, Rusia y China— puede ejercer mediación y garantizar incentivos para que Irán acepte restricciones verificables sin perder toda capacidad tecnológica nuclear pacífica. Además, mecanismos financieros que alivien la presión sobre la población civil, como permisos humanitarios y vías para comercio básico, pueden disminuir la urgencia social que alimenta tensiones internas.

Sin embargo, para que esos mecanismos funcionen hacen falta confianza y garantías de que los acuerdos se cumplirán, algo difícil tras años de retrocesos y rupturas del pacto nuclear anterior. Además, la dinámica política interna en ambos países, con actores que se benefician del conflicto y la presión, complica la capacidad de cerrar compromisos sostenibles.

Reflexiones finales: el pulso de una nación que no quiere repetir la historia

En Teherán se percibe con claridad que la elección no es sólo estratégica, sino existencial para muchas familias. El recuerdo de la década de los ochenta sigue muy presente y el temor a que un nuevo conflicto sea más destructivo que aquel precedente alimenta una sensación general de urgencia por evitar una escalada militar.

Mientras tanto, las conversaciones en Ginebra serán observadas no sólo por diplomáticos y militares, sino por una población que espera, con resignación o esperanza, una solución que le permita seguir viviendo en paz. Como lo expresó una vendedora de ropa femenina: «Cada mañana me levanto con la cabeza llena de caos. Es posible una guerra... y además la situación económica sigue siendo mala» (Associated Press).

  • Fuentes citadas:
  • Associated Press — entrevistas y reportes desde Teherán sobre la percepción pública y citas directas de ciudadanos.
  • Center for Strategic and International Studies (CSIS) — análisis sobre la concentración de buques de la Marina de EE. UU. en la región.
  • Encyclopaedia Britannica — contexto histórico sobre la guerra Irán-Irak (1980-1988).
Este artículo fue redactado con información de Associated Press