La visita de Friedrich Merz a China: entre la dependencia económica y la búsqueda de autonomía estratégica

Un examen en profundidad de cómo la cumbre germano-china refleja tensiones comerciales, seguridad europea y la redefinición del orden global

Friedrich Merz llega a Pekín en un momento en que la relación entre Alemania y China combina una profunda interdependencia económica con crecientes recelos políticos y estratégicos. La visita oficial de dos días del canciller alemán —con encuentros previstos con el premier Li Qiang y con el presidente Xi Jinping, además de paradas en centros industriales como la factoría de Mercedes-Benz y la ciudad tecnológica de Hangzhou— sirve como termómetro de una relación que debe gestionar competencia industrial, déficit comercial y la presión de un orden internacional en transformación.

Un vínculo económico que ya no es solo cooperación

A lo largo de las últimas décadas, China se convirtió en un socio comercial esencial para la economía alemana. La fortaleza del complejo industrial alemán —automoción, maquinaria, bienes de equipo— encontró en el mercado chino una oportunidad de expansión masiva. Sin embargo, el tablero ha cambiado: empresas chinas han avanzado rápida y agresivamente en sectores estratégicos como vehículos eléctricos, baterías y robótica, creando una competencia directa a los grandes exportadores alemanes.

Las cifras citadas durante la preparación de la visita muestran ese desbalance: las importaciones alemanas desde China aumentaron notablemente mientras que las exportaciones a China descendieron. Ese desequilibrio alimenta demandas persistentes desde Berlín para que Pekín reduzca barreras y abra mercados, y también explica por qué la agenda del viaje incluye reclamaciones sobre subsidios, exceso de capacidad y restricciones a exportaciones de materias primas críticas.

De-risking: más que una palabra, una estrategia práctica

El gobierno alemán ha promovido una estrategia que se ha denominado de-risking, es decir, reducir riesgos concentrados sin caer en una ruptura total de relaciones. En la práctica, eso significa diversificar proveedores, fortalecer la producción nacional en sectores críticos, y buscar aliados comerciales alternativos. Para Alemania, un país altamente exportador y profundamente integrado en cadenas globales de valor, el desafío es hacerlo sin sacrificar la competitividad internacional.

Un ejemplo concreto son los minerales de tierras raras y otros insumos estratégicos: Europa y Alemania buscan garantizar suministro alternativo y capacidad de procesamiento, en lugar de depender exclusivamente de fuentes externas. Este rediseño de la dependencia estratégica afecta tanto a la industria automotriz como a la tecnológica y a la defensa.

Geopolítica: Ucrania, Rusia y el nuevo multilateralismo

La agenda de la visita no es solo económica. Berlín espera transmitir a Pekín su inquietud sobre el respaldo chino, implícito o explícito, a la postura rusa en la guerra de Ucrania. La cancillería alemana busca que China no facilite a Rusia vías para sortear sanciones o apoyo diplomático que debilite la presión internacional para una solución negociada.

Desde la parte china, la narrativa oficial insiste en la búsqueda de una posición “objetiva e imparcial” sobre Ucrania, y subraya el interés en mantener la estabilidad de relaciones bilaterales. Tal como lo resumió un portavoz del Ministerio de Exteriores chino antes del encuentro, “las relaciones sólidas entre China y Alemania sirven a los intereses de ambas partes y a las expectativas de la comunidad internacional” (declaración oficial del Ministerio de Exteriores de China, pronunciada en febrero de 2026).

Europa entre Estados Unidos y China

La visita de Merz ocurre en un contexto internacional marcado por la reconfiguración del orden que europeos e investigadores han descrito como el fin de la hegemonía sin contrapesos del siglo XX. La administración estadounidense actual impulsa una agenda más disruptiva en instituciones multilaterales y en el equilibrio estratégico global, lo que obliga a la Unión Europea y a países como Alemania a recalibrar posiciones.

Merz ha defendido públicamente la necesidad de que Europa aprenda “el lenguaje de la política de poder” para poder defender sus intereses, tanto económicos como de seguridad. La propuesta no equivale necesariamente a alinearse con una potencia u otra, sino a aumentar la autonomía estratégica europea: mayor inversión en defensa, coordinación industrial y políticas comerciales que reduzcan vulnerabilidades.

¿Qué puede obtener Alemania de Beijing?

Dados los desacuerdos en asuntos clave, las expectativas realistas para la visita son modestas. El objetivo alemán parece orientado a:

  • Conseguir compromisos puntuales para abrir mercados o facilitar inversiones bilaterales en sectores no sensibles.
  • Reafirmar canales de diálogo para gestionar disputas comerciales y reducir el riesgo de medidas recíprocas que dañen sectores industriales.
  • Explorar cooperación en tecnologías limpias y cadenas de valor sostenibles donde haya interés mutuo y menos riesgo estratégico.

El éxito mediría por pequeños acuerdos prácticos, más que por cambios de fondo en la política exterior china. Para Pekín, mantener relaciones comerciales robustas con Alemania ayuda a sostener su red de exportaciones y a contrarrestar efectos de la fragmentación geoeconómica global.

El desafío automotriz: competencia en el corazón industrial

La industria del automóvil encarna el choque entre cooperación y competencia. Empresas chinas de vehículos eléctricos han escalado producción, innovación y acceso al mercado interno, lo que les permite competir en precio y tecnología. Para los fabricantes alemanes, ese escenario obliga a acelerar la transición hacia movilidad eléctrica, invertir en baterías y software, y replantear cadenas de suministro.

Además, la presión regulatoria y las tarifas comerciales en distintos mercados complican la planificación a largo plazo. Alemania busca garantías y un terreno de juego justo, mientras que China defiende medidas que, desde su perspectiva, favorecen la industrialización tecnológica nacional.

Implicaciones para la Unión Europea

La relación Alemania-China funciona también como test para la política europea. Berlín, por tamaño y peso industrial, tiene capacidad para moldear la respuesta continental. Si Alemania opta por una estrategia de distanciamiento medido y coordinación con aliados, la UE podría avanzar hacia estándares comunes —por ejemplo, sobre subsidios, transferencias tecnológicas y seguridad de las cadenas críticas— que aumenten la resiliencia regional.

En términos prácticos, eso implica reforzar instrumentos comerciales, socioeconómicos y regulatorios de la UE, al tiempo que se fomenta la cooperación internacional en áreas como cambio climático y comercio de alta tecnología donde haya intereses compartidos.

Riesgos y límites

El primer riesgo es estratégico: una confrontación abierta con China podría dañar industrias clave y acelerar procesos de desintegración económica que afectarían el empleo y la inversión en Alemania. El segundo riesgo es político interno: decisiones que busquen reducir la dependencia pueden chocar con empresas que aún ven en China una oportunidad crucial de crecimiento.

Finalmente, el factor externo: la relación transatlántica con Estados Unidos sigue siendo esencial para la seguridad europea. La coordinación estratégica con Washington debe balancearse con la necesidad de mantener un espacio de maniobra propio.

¿Hacia dónde mirar después de la visita?

Más que buscar grandes titulares, Berlín y Pekín probablemente cerrarán acuerdos técnicos y memorandos que permitan retomar el diálogo económico. Observadores deben prestar atención a:

  1. Compromisos sobre acceso a mercados y reglas de inversión para empresas europeas.
  2. Acuerdos de cooperación tecnológica con salvaguardas sobre transferencia de know‑how.
  3. Declaraciones conjuntas sobre estabilidad regional y mecanismos para evitar eludir sanciones internacionales.

En un mundo donde la acumulación de poder se traduce también en capacidad industrial y control de recursos críticos, la visita de Merz apunta a una tarea compleja: preservar la relación económica con China sin renunciar a la autonomía estratégica que Alemania y Europa consideran esencial en un siglo XXI geopolíticamente fragmentado.

Como balance provisional, la visita subraya una idea central: la interdependencia no ha sido reemplazada por la confrontación total, pero sí exige nuevas reglas del juego y una diplomacia cuidadosa que combine firmeza en principios con pragmatismo en la gestión de intereses mutuos.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press