Cuando el corazón deja de latir y la vida da una segunda oportunidad: el auge de la donación tras la muerte circulatoria

Cómo la tecnología, la ética y la desigual adopción hospitalaria están transformando el paisaje de los trasplantes en EE. UU.

La donación de órganos tras la muerte circulatoria (DCD, por sus siglas en inglés) ha pasado de ser una rareza a convertirse en casi la mitad de las donaciones de cadáveres en Estados Unidos en muy poco tiempo. Este cambio plantea oportunidades enormes para salvar vidas y, al mismo tiempo, desafíos clínicos, logísticos y éticos que la sociedad y los sistemas de salud deben afrontar con transparencia y rigor.

Un cambio cuantitativo que obliga a preguntas cualitativas

Según un análisis reciente del equipo de trasplantes de NYU Langone publicado en la revista JAMA, la DCD representó aproximadamente el 49% de todos los donantes fallecidos en EE. UU. el año pasado, frente al 2% en 2000. Estas cifras muestran una transformación acelerada en la práctica donante que no solo responde a avances tecnológicos, sino también a la urgencia de reducir la lista de espera: más de 100.000 personas figuran hoy en las listas de espera de trasplantes en el país y, en el último año, se realizaron poco más de 49.000 trasplantes.

Este crecimiento no es uniforme: el estudio señala grandes diferencias regionales y entre organizaciones de procuración de órganos (OPOs). En 24 agencias de donación, la DCD superó la mitad de sus donantes; otras registraron tan solo un 11%.

¿Por qué ha aumentado la DCD?

  • Innovaciones tecnológicas: herramientas como la perfusión regional normotérmica (normothermic regional perfusion, NRP) permiten restaurar temporalmente la perfusión sanguínea a los órganos del tórax o abdomen —evitando el cerebro— tras la declaración de la muerte circulatoria. Esto reduce el deterioro por falta de oxígeno y amplía la viabilidad de los órganos.
  • Necesidad clínica: la escasez de órganos ha impulsado la búsqueda de fuentes adicionales para trasplantes, incluidas personas mayores o con comorbilidades que antes habrían sido descartadas.
  • Mejor formación y protocolos: cuando hospitales y OPOs adoptan protocolos claros y practican la logística necesaria, la DCD se vuelve más factible y segura.

Cómo funciona la DCD y en qué se diferencia de la donación por muerte encefálica

En la donación por muerte encefálica, el paciente ha perdido toda función cerebral y el cuerpo se mantiene artificialmente con ventilación hasta la extracción de órganos. En la DCD, la persona tiene una lesión no recuperable pero todavía conserva alguna función cerebral; la familia decide discontinuar el soporte vital, y la muerte se declara cuando el corazón deja de latir. Hay una espera obligada —por ejemplo, cinco minutos según la American Society of Transplant Surgeons— para confirmar que el latido no se restablecerá antes de iniciar cualquier procedimiento de procuración.

Por ley, los equipos de trasplante no participan en la decisión de retirar el soporte, y no están presentes en el momento del cese de la asistencia. Si la muerte no ocurre en un plazo aproximado de dos horas, los órganos suelen considerarse no aptos para recuperar, por lo que no se intenta la extracción.

Ética, confianza pública y casos que generan alarma

El crecimiento abrupto de la DCD, unido a algunos reportes aislados en los que posibles donantes mostraron signos de vida en etapas críticas, ha despertado inquietudes sociales y debates éticos. El Dr. Babak Orandi, cirujano de trasplantes de NYU y coautor del estudio, lo resume con franqueza: “La donación después de la muerte circulatoria es compleja y tenemos que asegurarnos de hacerlo bien. Si dejamos de practicarla o la restringimos de forma severa, las repercusiones para pacientes en lista de espera serían significativas.”

Para preservarla, las autoridades y las OPOs impulsan salvaguardas: mayor documentación de exámenes neurológicos, listas de verificación hospitalarias, protocolos sobre dónde debe retirarse el soporte (preferiblemente en la unidad de cuidados críticos y no en quirófano) y educación familiar exhaustiva sobre los pasos del proceso.

Desigualdad en recursos y capacitación

Una de las razones por las que la adopción de DCD varía es la diferencia en recursos entre hospitales grandes y centros rurales o pequeños. Pequeños hospitales pueden no contar con personal familiarizado con la complejidad del proceso ni con la tecnología de conservación de órganos. La Association for Organ Procurement Organizations (AOPO) ha señalado que la decisión de retirar el soporte es habitual, pero la logística añadida para la donación DCD requiere formación y coordinación que no siempre están disponibles.

Técnicas que marcan la diferencia: perfusión y preservación

El principal reto técnico de la DCD es el período en que los órganos quedan sin aporte sanguíneo eficiente mientras el corazón se detiene: la isquemia puede reducir drásticamente la calidad. La perfusión regional normotérmica permite restaurar flujo sanguíneo hacia órganos específicos tras la muerte circulatoria, mejorando su estado antes de la extracción. Esta técnica ha facilitado el uso de órganos de donantes más ancianos o con mayor carga de enfermedad, contribuyendo a incrementar el número total de trasplantes.

No obstante, la NRP y técnicas similares también abren interrogantes éticos: ¿cuáles son los límites aceptables al restablecer circulación tras la declaración de muerte? ¿Cómo garantizar que no exista conflicto de intereses ni interferencia en la decisión de terminar el soporte?

Políticas en desarrollo: la respuesta de las agencias y organismos

La Health Resources and Services Administration (HRSA) está preparando políticas nacionales para mejorar salvaguardas en la DCD. Algunas propuestas incluyen permitir a cualquier persona implicada en el cuidado del potencial donante solicitar una pausa en los preparativos si hay dudas sobre la elegibilidad para la retirada del soporte y exigir documentación que demuestre que los exámenes neurológicos se realizaron correctamente.

Además, se promueve que las OPOs y hospitales ofrezcan a las familias información clara y comprensible sobre los pasos del proceso DCD para evitar confusiones públicas sobre cuándo se declara la muerte y cuándo intervienen los equipos de obtención de órganos. Jeff Trageser, presidente de la AOPO, enfatiza que retirar el soporte en la unidad de cuidados críticos y no en el quirófano ayuda a evitar malentendidos: “Esto protege la confianza pública y clarifica los roles.”

Educación pública: clave para aceptar la DCD

El hecho de que la DCD sea más común en algunas regiones que en otras sugiere que la educación pública y la familiaridad de los hospitales con el proceso son factores decisivos. Mejorar la formación de equipos clínicos y ofrecer materiales informativos a las familias puede aumentar la aceptación y la tasa de donación. Como señala Orandi, “la donación tras la muerte circulatoria requiere mucho apoyo de la comunidad, incluidos los hospitales locales. Uno que otro caso problemático ha erosionado la confianza; reconstruirla exige transparencia y normas claras”.

Impacto potencial: cuántas vidas podrían salvarse

Cada donante fallecido puede proporcionar múltiples órganos que salvan o mejoran la vida de varias personas. Si la difusión y adopción responsables de la DCD continúa aumentando, el empleo adecuado de nuevas técnicas podría reducir la brecha entre la demanda y la oferta. No obstante, el éxito dependerá de tres elementos simultáneos: protocolos clínicos exhaustivos, transparencia ética y equidad en el acceso a recursos y capacitación para hospitales de distintas capacidades.

Reflexión final: equilibrar innovación y confianza

La historia reciente de la DCD es un ejemplo de cómo la tecnología médica puede ofrecer soluciones potentes a problemas humanitarios urgentes, pero también de cómo la implementación debe ir acompañada de normas claras y de diálogo social. Ampliar la posibilidad de donación tras la muerte circulatoria puede salvar miles de vidas, siempre y cuando la sociedad garantice que esos avances no se traducen en vulneraciones éticas ni en pérdida de confianza pública.

Para quienes desean profundizar en el tema, el estudio de NYU Langone fue publicado en JAMA, y la HRSA mantiene información sobre políticas y guías en su sitio oficial (hrsa.gov).

Este artículo fue redactado con información de Associated Press