El frágil alto el fuego en Gaza: baja continua, heridas abiertas y la paz que aún no llega
Entre ataques esporádicos, desplazamientos y el rastro humano de la guerra, la tregua parece más una tregua incompleta que un fin definitivo del conflicto
Desde la entrada en vigor del alto el fuego el 10 de octubre, Gaza ha vivido una realidad contradictoria: oficiales y diplomáticos pronuncian la palabra tregua, mientras que en el terreno las detonaciones, los disparos en la línea divisoria y las historias de víctimas siguen marcando el día a día. Los últimos reportes hablan de nuevos muertos y heridos por bombardeos, de periodistas asesinados en cifras récord y de una reconstrucción y normalización que avanzan a trompicones. Este panorama obliga a preguntarse si lo que se percibe como calma no es, en realidad, una fase interina de una guerra que aún no ha concluido.
Una tregua que no evita muertos
Informes locales y sanitarios en Gaza han documentado ataques que han continuado desde que se declaró la tregua. Un ejemplo reciente incluye un golpe israelí en las afueras de Gaza que dejó al menos dos palestinos muertos y cinco heridos, según fuentes hospitalarias locales. Al mismo tiempo, se han producido disparos desde la línea que separa la zona controlada por Israel del resto del enclave, resultando en la muerte de personas que, según el ejército israelí, eran combatientes; no obstante, en múltiples ocasiones también han sido civiles quienes han perdido la vida en esos incidentes.
La persistencia de estos hechos ha alimentado la sensación entre muchos residentes de Gaza de que, lejos de finalizar, la guerra sigue presente en sus vidas. A esta percepción contribuye el hecho de que, aunque la movilidad a través del paso de Rafah se ha reanudado parcialmente y el intercambio de ayuda humanitaria ha aumentado, aspectos decisivos del acuerdo —como la demilitarización del enclave, la retirada completa de fuerzas israelíes y la entrada de los comités tecnocráticos palestinos encargados de la administración diaria de Gaza— siguen sin resolverse de forma definitiva.
El coste para los civiles y para la prensa
Más allá de las cifras brutas, el conflicto ha tenido un efecto brutal sobre la población civil y sobre los profesionales de la información. En 2025, organizaciones dedicadas a la protección de periodistas documentaron un número sin precedentes de muertes entre comunicadores y trabajadores de medios. La Committee to Protect Journalists (CPJ) publicó un informe en el que señaló que al menos 129 periodistas y trabajadores de medios fueron asesinados en 2025, y que aproximadamente dos tercios de esas muertes fueron atribuidas a acciones del Estado israelí en el contexto del conflicto (Committee to Protect Journalists, informe 2025: https://cpj.org/). Esta estadística refleja un ataque directo a la capacidad de la sociedad para informarse y, en consecuencia, complica la rendición de cuentas y la transparencia sobre lo que ocurre sobre el terreno.
El impacto humano no se ciñe únicamente a los periodistas. Las autoridades sanitarias de Gaza han seguido registrando pérdidas muy elevadas desde el inicio de la ofensiva. Los recuentos acumulados han sido citados por fuentes locales como parte de la trágica huella del conflicto, que alcanza decenas de miles de fallecidos y múltiples heridos y desplazados.
Obstáculos políticos: ¿por qué no avanza la paz?
Las conversaciones internacionales han avanzado en algunos puntos —como el diseño preliminar de una fuerza internacional de seguridad para Gaza o la reapertura parcial de pasos fronterizos—, pero las discrepancias sobre los puntos clave mantienen el acuerdo en un estado de parálisis funcional. Israel y Hamas se muestran distantes sobre cuestiones esenciales: el calendario y el alcance de la retirada israelí, las condiciones para la desmilitarización y el retorno de una administración civil estable y aceptada por la comunidad internacional.
Además, la entrada de un organismo tecnocrático palestino para gestionar la vida cotidiana en Gaza —una pieza prevista para garantizar cierta normalidad administrativa— aún no se ha concretado. Sin esa medida, el territorio carece de un capítulo de gobernanza capaz de coordinar la reconstrucción, la gestión humanitaria y las expectativas de una población exhausta.
Movilidad, economía y reconstrucción: pasos pequeños, retos enormes
La reapertura parcial del paso de Rafah ha permitido mayor movilidad y la salida y entrada de personas, bienes y asistencia. Sin embargo, el alivio es incompleto. La reconstrucción masiva que reclama Gaza exige un flujo sostenido de materiales de construcción, seguridad para trabajadores humanitarios y planificación a largo plazo. Sin acuerdos firmes sobre seguridad ni una hoja de ruta económica, los esfuerzos de reconstrucción corren el riesgo de ser fragmentarios y limitados a proyectos simbólicos en lugar de una recuperación integral.
Los expertos señalan que la reconstrucción postconflicto debe combinar tres elementos: seguridad duradera, coordinación internacional y un plan inclusivo que integre las necesidades de la población civil. Históricamente, los procesos similares han fracasado cuando se priorizaron soluciones de carácter exclusivamente militar o cuando la financiación internacional resultó insuficiente o mal dirigida.
La narrativa internacional y el rol de la opinión pública
El conflicto entre Israel y Hamas ha generado olas de movilización y protesta en todo el mundo, así como debates intensos sobre derechos humanos, proporcionalidad y responsabilidad en el combate. La percepción internacional puede influir decisivamente en la presión diplomática para avanzar hacia soluciones y en el tipo de apoyo (humanitario, político y financiero) que se destina a la región.
En paralelo, el hecho de que periodistas y trabajadores de medios estén siendo asesinados en números alarmantes dificulta que la comunidad internacional tenga una visión completa y verificada de lo que sucede. La falta de información independiente y segura compromete la capacidad de formular respuestas políticas bien informadas.
Qué seguirán observando los analistas y la sociedad
- Frecuencia y naturaleza de los incidentes armados: si los ataques aislados y los disparos en la línea divisoria continúan, la tregua corre el riesgo de erosionarse rápidamente.
- Progreso en compromisos políticos: avances concretos en la demilitarización, en la retirada y en la entrada de administraciones técnicas serán claves para una paz sostenible.
- Protección de civiles y periodistas: reducir las víctimas civiles y garantizar la seguridad de la prensa son condiciones indispensables para una reconstrucción con transparencia y legitimidad.
- Flujos humanitarios y de reconstrucción: la llegada sostenida de materiales y de ayuda es imprescindible para evitar crisis secundarias, como hambrunas o epidemias.
Reflexión final
La tregua vigente en Gaza ha ofrecido respiros y ventanas humanitarias que han permitido salvar vidas y aliviar angustias. No obstante, la persistencia de ataques, el alto coste en vidas humanas —incluidos periodistas— y la falta de acuerdos plenos sobre seguridad y gobernanza hacen que la paz parezca, por ahora, una obra inconclusa. Si la comunidad internacional pretende que este alto el fuego sea el paso hacia una solución durable, será imprescindible combinar presión diplomática con apoyo logístico y medidas concretas de protección para la población civil y para quienes informan al mundo sobre la realidad en Gaza.
Fuentes citadas:
- Committee to Protect Journalists (CPJ), informe sobre periodistas asesinados en 2025: https://cpj.org/
- Declaraciones y recuentos de autoridades sanitarias locales en Gaza (cifras oficiales consolidada por organizaciones humanitarias y observadores internacionales).
