Cuando la medicina se vuelve campo de batalla: hospitales bajo asedio en Irán
Relatos desde urgencias, clínicas clandestinas y la militarización de la atención médica en medio de una de las represiónes más sangrientas desde 1979
Durante los días más cruentos de la represión en Irán a principios de enero, instalaciones sanitarias que deberían ser santuarios para los heridos se convirtieron en escenarios de control, intimidación y, en múltiples relatos, en lugares donde la atención médica fue obstruida deliberadamente.
Una oleada de violencia dentro y fuera de los hospitales
Según múltiples testimonios de profesionales de la salud dentro del país y de organizaciones que recogen evidencia digital, agentes de seguridad de civil se desplegaron en los pasillos, cubículos y salas de emergencia de hospitales en ciudades como Rasht, Gorgan, Ilam y Teherán. Estos agentes, armados y en ocasiones identificados por testigos como pertenecientes a cuerpos de seguridad, impidieron la atención de heridos, intimidaron a personal sanitario y en varios casos se llevaron cuerpos en bolsas negras.
Un médico que atendió a los pacientes en Rasht relató que un hombre de unos 40 años, con un disparo en la cabeza a corta distancia, fue rodeado por agentes de civil cuando el personal intentó reanimarlo: "Nos empujaron con sus fusiles y no nos dejaron avanzar", dijo el doctor, y agregó que minutos después el paciente fue declarado muerto y su cuerpo trasladado por los agentes.
Escala y contextos históricos
Las jornadas del 8 y 9 de enero marcaron —según organizaciones y analistas— uno de los episodios letales más grandes desde la Revolución Islámica de 1979. La agencia de noticias de activistas de derechos humanos de Irán (HRANA) ha reportado más de 7.000 muertes en el marco de la represión y continúa investigando miles de casos más; por su parte, las autoridades iraníes reconocieron oficialmente más de 3.000 fallecidos, cifras que diversas fuentes cuestionan por subregistro.
Es relevante recordar que el sistema sanitario en Irán ha sido tradicionalmente parte del tejido social y estatal: hospitales universitarios, clínicas públicas y redes de atención primaria han coexistido con presión política en distintos momentos. Sin embargo, profesionales entrevistados sostienen que la militarización y la intervención directa de agentes en espacios clínicos durante estas protestas fue inédita por su intensidad y alcance.
Testimonios que muestran patrones
Varias organizaciones, entre ellas Iran Human Rights Center, han documentado relatos similares desde distintos hospitales. Amiry-Moghaddam, neurólogo iraní-noruego y fundador del Iran Human Rights Center, afirmó: "Es sistemático. Y no habíamos visto este patrón antes" (Iran Human Rights Center, declaración pública).
Además de la presencia de agentes en pasillos y salas, se reportaron prácticas que atentaron contra la confidencialidad y la seguridad de los pacientes: filmaciones de heridos por parte de agentes, registro y chequeo de documentos, y la extracción de personas identificadas como participantes en las protestas. Hay relatos incluso de extracción de pacientes de ventiladores y de detenciones en el interior de centros sanitarios.
La respuesta del personal médico: esconder y adaptar registros
Consciente del riesgo que corrían los heridos al salir del hospital, el personal sanitario desarrolló estrategias para protegerlos. Varios médicos dijeron que alteraron diagnósticos y documentos médicos: tiros en el abdomen consignados como "dolor abdominal", fracturas anotadas como "accidente doméstico" y heridas por perdigones registradas bajo servicios no relacionados con la causa real del ingreso. Estas prácticas buscaban evitar que las fuerzas de seguridad identificaran a los heridos como manifestantes al momento del alta o traslado.
Un efecto perverso de esta situación fue la creación y multiplicación de clínicas clandestinas y espacios de atención improvisados, donde médicos y voluntarios trabajaron jornadas extenuantes con recursos mínimos para tratar heridas por violencia letal y armas de fuego.
Clínicas improvisadas: creatividad y riesgo
Relatos de médicos que se organizaron en clínicas de estética, consultorios privados y comercios convertidos en salas de emergencia describen escenas de improvisación y humanidad. En una de esas clínicas, un cirujano general relató haber atendido a más de 90 personas en cuatro días, trabajando con analgésicos débiles, suturando heridas, realizando curaciones y administrando líquidos intravenosos para mantener con vida a pacientes sin acceso a bancos de sangre ni anestesia adecuada.
En esas salas «clandestinas» el riesgo era doble: por un lado, la precariedad de recursos médicos; por otro, la amenaza constante de una redada. Muchos médicos contaban que elaboraban cartas de referencia ficticias que describían traumatismos causales de accidentes para permitir que pacientes llegaran a hospitales si fuera estrictamente necesario, pero sabían que enviar a alguien a una instalación pública podía terminar en detención.
Arrestos y persecución al personal sanitario
Desde el inicio de la represión, decenas de trabajadores de la salud han sido arrestados. Monitores que siguen la situación de los profesionales sanitarios informan que al menos 79 personas vinculadas a la atención médica —incluyendo estudiantes— fueron detenidas; alrededor de 30 fueron liberadas posteriormente, muchas con cargos pendientes. Algunos enfrentan acusaciones graves, como "enmendar la guerra contra Dios", una imputación que puede conllevar la pena de muerte según legislaciones aplicadas en casos de seguridad nacional.
Más allá de las detenciones, el control se ejerció también mediante vigilancia domiciliaria: médicos quedaron bajo observación para impedir que recibieran o atendieran a heridos nuevamente. Para muchos profesionales, la mera sospecha de haber tratado a manifestantes resultó en llamadas de amenaza, citaciones y procesos judiciales.
Evidencia digital y preservación de pruebas
Organizaciones de preservación de evidencia digital han jugado un papel clave en compilar imágenes, vídeos y testimonios que documentan lo ocurrido en hospitales y su perímetro. Colectivos como Mnemonic han recopilado y verificado material audiovisual procedente de múltiples localidades, argumentando que fuerzas de seguridad aparecían en y alrededor de al menos nueve hospitales, y en algunos casos incluso disparaban desde los tejados o lanzaban gases lacrimógenos hacia instalaciones sanitarias (Mnemonic, archivo público de verificación).
Estos archivos no solo sirven para la denuncia pública; también constituyen un insumo crucial para investigaciones de derechos humanos y posibles procesos judiciales internacionales en el futuro.
Implicaciones éticas y legales
La interferencia deliberada en la atención médica durante conflictos o disturbios internos constituye, según juristas y organizaciones de derechos humanos, una violación del derecho internacional humanitario y de estándares médicos internacionales. El principio de neutralidad médica exige que personal y equipos sanitarios traten a los heridos sin discriminación y que los centros sanitarios permanezcan inviolables. Cuando el Estado o sus agentes impiden esa neutralidad, se erosiona una de las bases fundamentales de la legitimidad del sistema sanitario.
Amnistía Internacional, en su seguimiento sobre la represión, ha señalado que los tiroteos a corta distancia y las muertes por impactos en zonas craneales parecen tener una escala mucho mayor que en episodios previos de represión, y denuncia ejecuciones extrajudiciales y detenciones arbitrarias. "Hemos recibido informes creíbles de disparos dirigidos a la cabeza y de una escala de violencia superior a la observada en represiones anteriores", afirmó la investigadora sobre Irán de Amnistía, Raha Bahereini (Amnistía Internacional, informe público).
Por qué importa y qué queda por hacer
La militarización de la atención médica no solo tiene consecuencias inmediatas sobre la supervivencia de los heridos; también produce un daño profundo en la confianza pública hacia el sistema sanitario. Cuando las personas temen acudir a hospitales por riesgo de detención o violencia, la capacidad de respuesta ante emergencias se debilita, aumentando la mortalidad y la morbilidad evitables.
Para la comunidad internacional y las organizaciones humanitarias, el desafío es doble: documentar y preservar evidencia fiable, y presionar para que se restablezca la protección de los centros sanitarios y del personal médico. Las acciones pueden incluir sanciones dirigidas, pedidos diplomáticos de acceso a la información y el apoyo a redes clandestinas de asistencia médica que operan bajo riesgo extremo.
Mientras tanto, los profesionales de la salud en Irán continúan atendiendo bajo amenaza, improvisando soluciones y arriesgando su libertad para salvar vidas. Sus relatos muestran no solo la brutalidad de la represión, sino también una respuesta humana que insiste en la dignidad del cuidado aun cuando las instituciones fallan.
Recursos y referencias
- Iran Human Rights Center — declaraciones y documentación sobre ataques a hospitales.
- Human Rights Activists News Agency (HRANA) — reportes de víctimas y seguimiento de fallecidos.
- Mnemonic — archivo de verificación y preservación de evidencia digital sobre violaciones en Irán.
- Amnistía Internacional — informes y análisis sobre uso excesivo de la fuerza y violaciones de derechos humanos.
La evidencia reunida por estas organizaciones y los testimonios de quienes estuvieron en las salas de emergencia trazan un patrón inquietante: cuando la seguridad del Estado permea hasta los espacios donde se cura el daño, la sociedad entera queda más expuesta y fragmentada. Entender y documentar esa dinámica es un paso indispensable para cualquier intento futuro de reparación, justicia y reconstrucción de la confianza.
