Frontera en llamas: por qué el conflicto entre Pakistán y Afganistán ha vuelto a estallar

Una mirada profunda a raíces históricas, actores armados, desplazamientos y el riesgo de una escalada regional

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

En las últimas semanas, las tensiones entre Pakistán y Afganistán han escalado hasta niveles que muchos observadores consideran los más graves desde el alto el fuego mediado por Qatar en octubre. Lo que comenzó como una serie de ataques y represalias entre fuerzas estatales y grupos armados se ha convertido en un enfrentamiento que evidencia fragilidades profundas: fronteras porosas, milicias transfronterizas, presiones migratorias y un entramado geopolítico en el que participan potencias regionales.

Un conflicto con raíces históricas

La frontera entre ambos países —la llamada Línea Durand— tiene 2.611 kilómetros (1.622 millas) y fue trazada en 1893 por el diplomático británico Mortimer Durand. Aunque internacionalmente se reconoce como la frontera occidental de Pakistán, Afganistán nunca la ha aceptado plenamente como frontera legítima. Este trazado divide comunidades étnicas, sobre todo a la gran mayoría pashtún, cuyo territorio cultural y social trasciende la línea política. Esa división ha alimentado tensiones crónicas, movimientos insurgentes y una dinámica en la que la frontera actúa menos como una línea de control y más como una zona ambivalente de tránsito y refugio.

El detonante más reciente y la lógica de la escalada

Según múltiples informes, las hostilidades se intensificaron cuando Pakistán acusó a milicianos afincados en territorio afgano de perpetrar ataques en su lado de la frontera. Islamabad respondió con ataques aéreos que, según el Gobierno paquistaní, estaban dirigidos contra instalaciones de grupos armados y que, en su versión, habrían causado decenas de bajas militantes. Kabul negó que se tratara de objetivos legítimos y afirmó que las incursiones habían provocado víctimas civiles.

En represalia por las acciones paquistaníes, afganos llevaron a cabo un amplio ataque cruzando varias provincias pakistaníes. Esa cadena de acción y reacción culminó en más bombardeos y combates en zonas fronterizas como Khost, Kandahar y Paktia, y dio pie a la declaración del Gobierno paquistaní de que se encontraba en una situación de “guerra abierta” con su vecino.

Actores armados: el papel del TTP y su relación con el Afganistán post-2021

Un elemento clave para entender la actual crisis es la presencia y la historia del Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP). Creado en 2007 como una coalición de facciones radicales opuestas al Estado pakistaní, el TTP ha sido responsable de atentados suicidas, ataques a fuerzas de seguridad y campañas de violencia que han dejado miles de muertos en Pakistán. Organizaciones internacionales —incluida la ONU— y varios países consideran al TTP como grupo terrorista.

Desde la llegada al poder del actual régimen talibán en Kabul en 2021, muchos líderes y combatientes del TTP han encontrado refugio en distintas zonas de Afganistán. Islamabad sostiene que el TTP utiliza ese refugio para planear y ejecutar ataques dentro de Pakistán, acusación que Kabul rechaza, asegurando no tolerar el uso de su territorio contra terceros países. Ese tira y afloja –junto a la falta de control efectivo en amplias franjas del territorio afgano– ha sido un factor persistente de confrontación.

Dimensión humanitaria: refugiados y desplazamientos masivos

La crisis tiene un impacto humanitario grave y ya visible. Desde octubre de 2023, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha registrado el retorno de aproximadamente 5,4 millones de personas a Afganistán, procedentes mayoritariamente de Pakistán e Irán, en lo que constituye uno de los movimientos de retorno más masivos y complejos de las últimas décadas en la región. Muchos de esos retornados carecen de acceso a servicios básicos, empleo y vivienda, lo que hace extremadamente frágil el tejido social afgano y aumenta la presión sobre las autoridades locales para gestionar emergencias humanitarias.

Además, la campaña paquistaní contra inmigrantes no documentados, lanzada en 2023, afectó de forma desproporcionada a la comunidad afgana residente en Pakistán. Esto ha alimentado resentimientos bilaterales y generado flujos de deportación que complican aún más la situación humanitaria y política.

¿Por qué esta escalada preocupa más allá de la región?

  • Presencia de otros grupos extremistas: Al-Qaida y Estado Islámico mantienen celdas y redes en la región que podrían aprovechar cualquier vacío de seguridad para reagruparse.
  • Riesgo de regionalización: potencias como Irán, Rusia, Turquía y Arabia Saudita, así como actores occidentales, observan la evolución con interés; cualquier expansión del conflicto podría arrastrar apoyos indirectos y complicar la diplomacia.
  • Desestabilización económica: la inseguridad transfronteriza afecta las rutas comerciales, la inversión extranjera y aumenta los costos de seguridad para ambos países.

Intentos de mediación y el mapa diplomático

En octubre, mediadores como Qatar, Turquía y Arabia Saudita facilitaron conversaciones que llevaron a un cese temporal de hostilidades. Sin embargo, la tregua resultó frágil y las conversaciones de paz posteriores —por ejemplo, en Estambul— no consiguieron una solución duradera. Islamabad ha solicitado apoyo internacional para presionar a Kabul sobre la cuestión de grupos armados alojados en territorio afgano; por su parte, Kabul pide garantías de no intervención y ayuda humanitaria ante la afluencia de retornados.

Las reacciones internacionales han sido mixtas: Rusia y varios países de la región han pedido un alto al fuego inmediato y una solución diplomática; países occidentales han mostrado preocupación por la escalada y el riesgo de una crisis humanitaria mayor. La situación, por tanto, transciende una disputa bilateral y exige respuestas multilaterales coordinadas.

Cómo se podría desescalar la crisis

Las opciones para reducir las tensiones no son sencillas, pero varias líneas de acción podrían contribuir:

  1. Mecanismos de verificación fronteriza: establecer observatorios conjuntos o con participación internacional que investiguen incidentes y eviten respuestas automáticas por ambas partes.
  2. Reforzar la diplomacia regional: Turquía, Qatar y Arabia Saudita podrían retomar un papel activo en la mediación con acompañamiento técnico y garantías internacionales.
  3. Compromisos sobre grupos armados: acuerdos claros y verificables para evitar que territorios sean usados como bases de operaciones contra los Estados vecinos.
  4. Respuesta humanitaria coordinada: aumentar la ayuda para retornados y desplazados, con financiación internacional alineada a programas de reintegración y desarrollo local.

Reflexión final: un conflicto que exige responsabilidad regional

El enfrentamiento entre Pakistán y Afganistán revela que las heridas históricas y las dinámicas locales pueden reavivarse con rapidez en contextos de fragilidad estatal. La seguridad de ambos países está entrelazada: la estabilidad de uno repercute en el otro. Por ello, más allá de la lógica de represalias militares, hace falta una estrategia que combine diplomacia, medidas de seguridad focalizadas y un gran esfuerzo humanitario para evitar que la actual crisis se convierta en un conflicto prolongado con consecuencias regionales.

En un mundo donde las fronteras son cada vez más permeables a amenazas transnacionales, la respuesta deberá ser igualmente transnacional, coordinada y sostenida en el tiempo.

Fuentes consultadas: ACNUR para cifras de retornos (https://www.unhcr.org), datos históricos sobre la Línea Durand (Britannica, https://www.britannica.com).

Este artículo fue redactado con información de Associated Press