Haití en la encrucijada: ¿cómo garantizar elecciones seguras en medio del caos de las pandillas?
Entre territorios controlados por bandas armadas, un cuerpo policial diezmado y una misión internacional insuficiente, la promesa de comicios enfrenta desafíos logísticos y de seguridad sin precedentes
Puerto Príncipe vive una crisis cuyos contornos ya no sorprenden: territorios enteros controlados por pandillas armadas, escuelas y negocios cerrados, y millones de personas desplazadas. En ese contexto, el anuncio del gobierno sobre la convocatoria a elecciones generales para este año suena más a una aspiración que a una certeza. ¿Es posible celebrar comicios libres y seguros cuando la violencia y la fragilidad institucional parecen ser la norma?
Una policía limitada, aspiraciones enormes
André Jonas Vladimir Paraison, nombrado jefe interino de la Policía Nacional en agosto pasado, ha repetido que existe “un plan para las elecciones, pero todavía está en la cocina y no ha terminado de cocinarse”. Esa metáfora culinaria resume a la perfección la dificultad: hay intenciones y procesos en marcha, pero falta aún la receta final y los ingredientes suficientes para llevarla a buen término.
La fuerza policial haitiana arrastra un déficit crónico de recursos y personal. Según informes de la ONU, en los últimos años Haití ha tenido menos de dos agentes por cada 1.000 habitantes, una cifra muy inferior al estándar internacional recomendado (entre 2 y 3 agentes por 1.000 habitantes suele considerarse la base mínima). En términos prácticos: una cobertura policial insuficiente para controlar zonas que hoy están dominadas por grupos armados.
Paraison ha tratado de aumentar el número de efectivos: recientemente supervisó la graduación de casi 900 cadetes. Sin embargo, el número es apenas un parche frente a necesidades mucho mayores. La policía sigue complicada por la falta de entrenamiento especializado, carencias logísticas y una estructura organizativa que debe enfrentarse a armas y tácticas de guerra urbana empleadas por las bandas.
La magnitud del problema: desplazamiento, muertes y armas
La crisis humanitaria en Haití ha alcanzado cifras alarmantes. Según datos de la ONU, alrededor de 1,4 millones de personas han sido desplazadas internamente en un país de casi 12 millones de habitantes. Las pandillas controlan estimaciones del 90% de Puerto Príncipe y han avanzado sobre importantes franjas de la región central.
En 2024 se registraron más de 5.900 personas asesinadas y más de 2.700 heridas por la violencia, cifras que la comunidad internacional ha reportado como parte de un alarmante incremento en la letalidad del conflicto. Estos números no son abstraídos: significan hogares destruidos, economías locales paralizadas y una erosión acelerada de la confianza ciudadana en las instituciones.
Otro elemento clave es el flujo y la sofisticación del armamento. Expertos han estimado que en Haití podría haber hasta medio millón de armas ligeras en circulación. Un informe de 2023 de la ONU alertaba que, además de pistolas y fusiles de asalto, están llegando al país armas más pesadas y precisas —incluyendo rifles de gran calibre—, muchas veces procedentes de contrabando desde Estados Unidos, con rutas que incluyen estados como Florida.
El desafío logístico de organizar elecciones
Organizar elecciones exige condiciones que hoy se ven amenazadas: libertad de desplazamiento para votantes y candidatos, integridad de centros de votación, seguridad para funcionarios electorales, y capacidad del Estado para garantizar el recuento y la entrega de resultados. En Haití, varias de estas condiciones están comprometidas.
La Oficina Provisional Electoral anunció la apertura de registro para partidos y candidaturas en un plazo breve, lo que revela la intención de avanzar con el calendario —la hoja de ruta oficial habla de una primera vuelta a fines de agosto y una segunda vuelta en diciembre—. Pero el calendario por sí solo no asegura que los ciudadanos puedan votar con seguridad ni que los candidatos puedan hacer campaña sin miedo a represalias.
Además, las elecciones requieren infraestructura: material electoral, centros de votación accesibles, cadenas de custodia seguras para urnas y papeletas, y observación independiente. Cada uno de esos eslabones se vuelve vulnerable en zonas donde las pandillas actúan con impunidad.
Intervenciones internacionales: ¿suficientes?
La comunidad internacional ha intentado responder con misiones de apoyo. Actualmente, una misión policial liderada por Kenia y respaldada por Naciones Unidas opera en el país para asistir a las fuerzas nacionales en tareas de seguridad y recuperación de territorio. Sin embargo, esa misión ha sido criticada por estar subfinanciada y por no contar con efectivos ni recursos suficientes para enfrentar a las bandas de manera sostenida.
Las autoridades haitianas han anunciado la creación de una fuerza de ‘‘supresión de pandillas’’ que en los próximos meses debe reemplazar a la misión actual. No obstante, la eficacia de este nuevo cuerpo dependerá de su dotación, mandato, coordinación con la policía nacional y, crucialmente, del apoyo logístico y financiero que reciba internacionalmente.
¿Qué haría falta para que las elecciones sean factibles?
- Seguridad amplia y sostenida: no solo acciones militares puntuales para retomar barrios, sino presencia policiaca y de seguridad que garantice el ciclo electoral completo (campaña, votación, conteo).
- Capacitación y aumento policial: escalar la fuerza con personal formado en seguridad democrática, protección de derechos humanos y manejo de multitudes.
- Control del armamento: esfuerzos regionales para cortar las rutas de contrabando y programas de desarme que combinen incentivos y acciones de interdicción.
- Soporte logístico y financiero: recursos para material electoral, transporte seguro, observación internacional y reactivación de servicios básicos.
- Diálogo político y legitimidad: procesos de inclusión que permitan a sectores políticos y sociales sentirse representados y denunciar fraudes sin temor.
El riesgo de elecciones sin condiciones
Celebrar elecciones en un ambiente de inseguridad extrema puede generar más problemas que soluciones: bajos niveles de participación que cuestionen la legitimidad del resultado; intimidación de electores y candidatos; y resultados que no traduzcan una pacificación real. La historia política haitiana muestra que votaciones organizadas precipitadamente pueden agravar la polarización en lugar de resolverla.
Un ejemplo histórico: las secuelas prolongadas del asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021 intensificaron la fragmentación política y la ausencia de una autoridad central fuerte. Desde entonces, Haití ha transitado un periodo de gobernabilidad limitada, con consejos presidenciales interinos y una capacidad estatal reducida para ofrecer servicios básicos y mantener el orden.
Voces desde la sociedad haitiana
La población enfrenta diariamente la disyuntiva entre salir a trabajar o resguardarse, entre enviar a sus hijos a la escuela o mantenerlos en casa por seguridad. Líderes comunitarios, organizaciones de la sociedad civil y grupos religiosos han pedido a las autoridades y a la comunidad internacional no precipitar unos comicios que no garanticen protección efectiva a los votantes.
Como dice un análisis de observadores regionales, celebrado pero realista: “La legitimidad de una elección se mide tanto por el proceso como por el grado en que la ciudadanía puede participar sin coacción”. Si la participación se ve comprometida, la elección pierde parte crucial de su valor democrático.
Un futuro condicionado a la acción coordinada
Si Haití quiere transitar del conflicto a una reconstrucción democrática, necesitará una estrategia integrada que combine seguridad, fortalecimiento institucional y reconstrucción social. Las elecciones pueden ser un catalizador de cambio si y solo si se realizan en condiciones que promuevan inclusión y seguridad. De lo contrario, podrían convertirse en otro episodio de una crisis que se reproduce a sí misma.
La metáfora del plan “en la cocina” evocada por Paraison expresa la realidad del país: hay intención, hay cierta preparación, pero falta tiempo, recursos y, sobre todo, seguridad. La pregunta que queda en el aire es si la comunidad haitiana y sus socios internacionales lograrán, colectivamente, acelerar la cocción sin quemar la receta democrática.
Fuentes citadas: datos de desplazamiento y víctimas reportados por Naciones Unidas; estimaciones sobre armamento en circulación citadas en informes internacionales sobre seguridad y contrabando de armas en el Caribe y América Latina.
