Comunes en la encrucijada: cómo la antigua guerrilla de las FARC busca reinventarse en el Congreso colombiano

De las armas a las urnas: desafíos, estigmas y estrategias de un partido que debe convencer al electorado para no desaparecer

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En las elecciones congresionales que sacuden a Colombia, el futuro del partido Comunes —la formación política surgida tras la desmovilización de la guerrilla de las FARC— pende de un hilo. Lo que en 2016 fue parte central de un acuerdo de paz que prometía reconfigurar la política colombiana y ofrecer vías democráticas a excombatientes, hoy se traduce en una batalla por votos, por legitimidad y por la supervivencia institucional.

Un punto de partida difícil: el peso de la historia

Para comprender la situación actual de Comunes no basta con mirar las cifras electorales: hay que recordar décadas de conflicto armado que dejaron una huella profunda en el tejido social. Las FARC protagonizaron un enfrentamiento con el Estado que duró más de medio siglo y que incluyó secuestros, atentados y control territorial en amplias zonas rurales. Ese pasado sigue siendo una carga simbólica para quienes hoy aspiran a representar políticamente a antiguos combatientes.

“El estigma del conflicto continúa, y para muchos colombianos es difícil perdonar”, señaló el politólogo Yan Basset, lo que refleja una realidad social que no desaparece con la firma de un papel. (Fuente: declaraciones públicas durante la campaña)

De privilegios garantizados a la competencia abierta

El Acuerdo de Paz de 2016 incluyó medidas específicas para facilitar la reincorporación política de las FARC. Una de ellas fue la asignación de curules garantizadas en el Congreso durante dos legislaturas, un mecanismo pensado para proteger la representación de excombatientes mientras se consolidaba su tránsito a la política convencional. Sin embargo, esas garantías expiraron y Comunes ahora debe competir en igualdad de condiciones con el resto de partidos.

La transición de curules aseguradas a la contienda libre cambia radicalmente las reglas del juego: sin escaños exclusivos y sin la etiqueta de novedad que despertó cierta curiosidad en elecciones anteriores, Comunes enfrenta el reto de ampliar su base electoral en un sistema fragmentado y saturado por numerosas agrupaciones políticas.

Cifras que explican la urgencia

Las cifras electorales no mienten: en 2018, Comunes consiguió alrededor de 89.300 votos a nivel nacional; en 2022 esa cifra descendió a unos 50.100 votos. Estas variaciones son críticas porque la legislación colombiana exige alcanzar un umbral mínimo para que un partido conserve su personería y acceso a recursos públicos. En el ciclo electoral pasado, ese 3% del total nacional equivalía a aproximadamente 509.000 votos —una barrera que revela la distancia entre la realidad numérica de Comunes y la supervivencia institucional.

Estas tendencias demuestran que, más allá del simbolismo del proceso de paz, la movilización electoral requiere tiempo, recursos y, sobre todo, la capacidad de conectar con reclamos ciudadanos diferentes a los de la agenda histórica de la guerrilla.

Estrategias: ocultar el pasado y aliarse con fuerzas locales

Ante este panorama, la dirección de Comunes ha optado por tácticas pragmáticas que buscan neutralizar el rechazo social y ampliar su atractivo. Una de las más visibles es la alianza con Fuerza Ciudadana, un movimiento regional de izquierda con presencia en el Caribe colombiano que ha logrado puestos ejecutivos locales, incluidas alcaldías y una gobernación. Esta coalición persigue dos objetivos: beneficiarse del capital político y electoral de Fuerza Ciudadana y presentarse ante el electorado con símbolos menos ligados a la FARC.

La maniobra de marketing es explícita: en material de campaña —volantes, banderas y afiches— predomina el logo de Fuerza Ciudadana, mientras que la emblemática rosa roja de Comunes aparece con mayor discreción o se omite. Incluso el registro formal de la coalición ante las autoridades electorales se hizo bajo el nombre y el emblema de Fuerza Ciudadana, garantizando que en las papeletas aparezca su identidad visual en lugar de la de Comunes.

“Nos enfrentamos a partidos que llevan dos siglos en la política”, reconoció el excomandante convertido en congresista Carlos Carreño Marín, quien actualmente busca reelegirse por Bogotá. (Fuente: declaraciones públicas durante la campaña)

Retos programáticos: ¿qué propone Comunes hoy?

Si bien parte del electorado percibe a Comunes como heredero de un pasado conflictivo, sus dirigentes han intentado proyectar una agenda centrada en temas sociales: reforma rural integral, protección de excombatientes y comunidades afectadas por la guerra, defensa de derechos colectivos y programas de desarrollo para regiones históricamente abandonadas por el Estado.

No obstante, esas propuestas compiten en un tablero donde el votante urbano busca respuestas a preocupaciones inmediatas: empleo, seguridad ciudadana, servicios públicos eficientes y lucha contra la corrupción. La dificultad de Comunes radica en traducir su experiencia territorial y su narrativa de reparación en soluciones que resuenen con el ciudadano promedio y, en particular, con los votantes de las grandes ciudades.

Percepción pública y el desafío del perdón

La necesidad de reconciliación en Colombia es real pero compleja. Estudios de opinión realizados en los últimos años muestran que una parte considerable de la población aprueba la paz como ideal, pero desconfía de la implementación práctica y de la equidad de su aplicación. Este divorcio entre principio y práctica favorece a quienes, como Comunes, deben convencer no solo con promesas sino con resultados tangibles y transparencia en su actuar político.

Además, la memoria histórica de víctimas y comunidades afectadas ejerce una presión moral sobre el proceso de reintegración política: la discusión pública sobre justicia transicional, verdad y reparación continúa siendo un campo de disputa que influye directamente en la legitimidad del partido.

El contexto nacional y el riesgo institucional

Las elecciones congresionales no se limitan a la supervivencia de Comunes: también son determinantes para el futuro político del presidente Gustavo Petro y sus planes de reforma. Un Congreso con mayor respaldo a las fuerzas oficialistas facilitaría cambios constitucionales y reformas estructurales en salud, pensiones y modelos productivos. Por el contrario, una bancada hostil bloquearía esas iniciativas.

Si Comunes no logra mantener su personería, las implicaciones van más allá de la mera pérdida de escaños: sería un revés para el proceso de inclusión política de excombatientes y podría enviar señales negativas sobre la capacidad del sistema colombiano para incorporar actores armados en la institucionalidad democrática.

Múltiples escenarios para el domingo electoral

Frente a la votación inminente se dibujan al menos tres escenarios plausibles:

  • Supervivencia ajustada: Comunes consigue mantener algunos escaños gracias a coaliciones regionales y al empuje de líderes locales que capitalizan arreglos políticos con movimientos afines.
  • Marginalización política: el partido no alcanza el umbral del 3% ni logra mantener representación significativa, lo que derivaría en la pérdida de personería y en un repliegue estratégico hacia organizaciones sociales y territorios de influencia.
  • Transformación y redefinición: una sorprendente ola de apoyo posibilita la reconfiguración del partido como una fuerza de izquierda moderna, capaz de disputar espacios urbanos y presentar alternativas programáticas competitivas.

Claves para la recomposición

Si Comunes aspira a convertirse en una fuerza política estable, deberá trabajar simultáneamente en varios frentes:

  1. Transparencia y rendición de cuentas: construir credibilidad mediante prácticas internas de gobierno abierto y claridad en la financiación.
  2. Política pública conectada con lo cotidiano: traducir experiencias territoriales en propuestas concretas sobre empleo, educación y servicios públicos.
  3. Alianzas estratégicas: consolidar acuerdos con movimientos locales que aporten legitimidad y presencia territorial sin perder identidad.
  4. Trabajo con víctimas: priorizar procesos de reparación simbólica y materiales que permitan reconstruir confianza con comunidades afectadas por el conflicto.

Un ensayo de democracia en marcha

Lo que está en juego en esta elección no es solo la suerte de un partido surgido de la desmovilización armada, sino la capacidad de la democracia colombiana para integrar actores adversarios mediante reglas pacíficas y competitivas. Si Comunes se reinventa y logra trascender su pasado, será una señal de que la reconciliación tiene vías efectivas. Si fracasa, el país enfrentará el desafío de encontrar otras formas para que quienes antes empuñaron armas puedan participar de la política sin generar rechazo ni graves tensiones.

Sea cual sea el resultado, el caso de Comunes seguirá siendo un laboratorio político sobre cómo conviven memoria, justicia transicional y práctica democrática en una sociedad que busca dejar atrás décadas de guerra.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press