Hormuz en la encrucijada: cómo el conflicto en el Golfo impulsa la volatilidad del petróleo y amenaza la economía mundial

El bloqueo temporal de rutas marítimas, ataques a infraestructuras y la paralización de suministros de gas ponen en jaque los precios y la estabilidad económica global

Los recientes ataques en el Golfo Pérsico y las interrupciones del tráfico de petroleros alrededor del estrecho de Hormuz han generado una sacudida importante en los mercados energéticos mundiales. En una sola jornada, el crudo estadounidense subió más del 7% y el Brent superó el 8%, mientras que los futuros del gas natural en Europa se dispararon tras el cese temporal de producción de gas licuado (LNG) por parte de Qatar. Estas reacciones muestran la enorme sensibilidad de la economía global ante cualquier incertidumbre que amenace las rutas y la infraestructura energética de la región.

Por qué el estrecho de Hormuz importa tanto

El estrecho de Hormuz es un cuello de botella estratégico: por allí transita aproximadamente el 20% del petróleo comercializado a nivel mundial. Aunque existen oleoductos que conectan algunos yacimientos del Golfo con costas alternativas, su capacidad es insuficiente para reemplazar el volumen que actualmente se mueve por vía marítima. Arabia Saudita, Irak y los Emiratos Árabes Unidos dependen en gran medida de buques petroleros para llevar su producción a los mercados internacionales; cualquier obstrucción prolongada tendría efectos inmediatos en la oferta global.

Además, Irán también está entre los países más afectados por un cierre efectivo del estrecho: alrededor de 1,6 millones de barriles por día de su producción atraviesan esa vía, gran parte destinada a China. Por tanto, un bloqueo no sería un arma sin coste para Teherán.

Eventos recientes que dispararon los precios

En los episodios más recientes se reportaron ataques a embarcaciones comerciales y perturbaciones electrónicas en los sistemas de navegación por satélite que complicaron el tránsito de petroleros. Incluso se informó del impacto de una lancha-dron cargada con explosivos contra un petrolero con bandera de las Islas Marshall en el Golfo de Omán, incidente que se saldó con una víctima mortal.

Paralelamente, la interceptación por Arabia Saudita de drones iraníes que atacaron la refinería de Ras Tanura y el cierre preventivo de esa instalación encendieron las alarmas sobre la posibilidad de que las hostilidades se amplíen hacia infraestructuras críticas. Torbjorn Soltvedt, analista principal de Medio Oriente en Verisk Maplecroft, señaló que si los ataques a la infraestructura energética se multiplican, "el mercado empezará a pensar en un empuje hacia los 90 dólares e incluso más" (Verisk Maplecroft, declaraciones públicas).

Impacto inmediato en precios y consumo

Los movimientos de mercado se han caracterizado por picos pronunciados motorizados por el factor miedo: en una jornada típica de incertidumbre geopolítica, el crudo puede subir entre 5 y 10 dólares por barril simplemente por la prima de riesgo. Sin embargo, las consecuencias reales sobre la economía dependen de la duración y de la extensión del conflicto.

Para el consumidor medio, el precio del crudo es el principal determinante del coste de la gasolina: según la asociación automovilística AAA, el precio promedio nacional de la gasolina en EE. UU. había subido recientemente a alrededor de 2,98 dólares por galón, y estudios (como los del Banco de la Reserva Federal de Dallas) han mostrado que un aumento de 10 dólares en el barril suele traducirse, en unas semanas, en aproximadamente 25 centavos adicionales por galón en el surtidor. En Europa, aunque los impuestos encarecen el combustible y amortiguan parcialmente la influencia del crudo, un aumento sostenido de 15 dólares por barril podría agregar hasta 0,5 puntos porcentuales a la inflación de consumo en la región, según Holger Schmieding, economista jefe de Berenberg Bank (declaraciones públicas).

El papel del gas natural y la dependencia europea

No solo el petróleo está en riesgo. Europa importa cantidades crecientes de gas natural licuado (LNG), y Qatar es uno de los mayores proveedores mundiales. La interrupción anunciada por QatarEnergy de su producción de LNG tras el recrudecimiento del conflicto provocó saltos de más del 40% en los futuros europeos del gas en una sesión, dejando en evidencia la vulnerabilidad de los mercados de gas a disrupciones regionales.

Desde 2022, tras la reducción de suministros de gas ruso por la guerra de Ucrania, la UE ha aumentado su dependencia de las importaciones de LNG para diversificar fuentes. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las importaciones de LNG a Europa crecieron significativamente tras 2022, aunque el porcentaje exacto varía por país (ver informe AIE 2023 sobre gas natural). Esta dependencia hace que los problemas en el Golfo puedan tener efectos indirectos sobre la calefacción, la electricidad y la industria en el viejo continente.

Escenarios posibles y su duración

Los analistas suelen dividir el riesgo en dos ejes: alcance geográfico y persistencia temporal. Un escenario de corto plazo, con interrupciones reversibles y sin daños a instalaciones críticas, podría traducirse en una espiral de precios transitoria: picos de volatilidad seguidos por una caída hacia niveles de equilibrio tras la normalización del tráfico. Muchos expertos, de hecho, anticipaban que tras un pico cercano se podría estabilizar el precio del Brent en la banda de 65–75 dólares si la situación no se agravaba.

Por el contrario, un conflicto que se extienda y genere daños directos a refinerías u oleoductos, o que provoque que múltiples proveedores reduzcan su producción, llevaría a un ajuste más prolongado. La lógica del mercado es contundente: menos oferta disponible frente a demanda estable o creciente implica precios más altos y mayor inflación global. En palabras del economista Holger Schmieding: "Si el Estrecho de Hormuz estuviera efectivamente cerrado por más que unas pocas semanas, perjudicaría el crecimiento global y elevaría de forma notable la inflación" (declaraciones públicas).

Capacidades de mitigación y alternativas

Existen medidas que pueden mitigar shocks de oferta a corto plazo. Las reservas estratégicas de petróleo (SPR, por sus siglas en inglés) de países consumidores pueden liberarse para calmar los mercados; la Agencia Internacional de Energía y varios países coordinan a veces ventas conjuntas de crudo para reducir presiones. Además, ciertos oleoductos y terminales alternativos permiten desviar parte del flujo, pero su capacidad total está lejos de sustituir el tránsito marítimo por Hormuz.

En el largo plazo, la transición energética y la diversificación de fuentes (incluyendo renovables, biocombustibles y electrificación del transporte) reducen la exposición de una economía al riesgo geopolítico concentrado. No obstante, esto es un proceso que toma años o décadas. A corto plazo, la coordinación internacional y la contención diplomática son las únicas herramientas capaces de evitar que una crisis regional se transforme en una crisis global de energía.

Costes políticos y económicos

La subida del precio del combustible tiene inevitablemente un coste político para gobernantes en países con mercados sensibles. En Estados Unidos, por ejemplo, el precio de la gasolina es un factor electoral relevante; analistas han sugerido que los responsables políticos suelen actuar para evitar subidas prolongadas que dañen su popularidad. Este componente político puede acelerar respuestas destinadas a estabilizar precios, como la liberación de reservas estratégicas o medidas fiscales temporales.

En economías emergentes, donde la energía representa una mayor fracción del gasto y la inflación es más destructiva para sectores vulnerables, un choque prolongado de precios puede desencadenar crisis sociales y presiones macroeconómicas severas.

Lecciones históricas

Las crisis energéticas del pasado ofrecen lecciones útiles. En 1973 y 1979 las interrupciones en suministros y embargos motivaron aumentos súbitos y prolongados de precios que catalizaron recesiones y cambios estructurales en política energética. Más recientemente, las tensiones en el Golfo durante diversas crisis regionales (como la guerra Irán-Irak en los años 80 o los ataques a buques en años recientes) han mostrado picos de volatilidad seguidos por retornos graduales al equilibrio una vez que la seguridad marítima y la producción se restablecen.

Qué deben vigilar los mercados y los ciudadanos

  1. La duración y la expansión geográfica de los ataques: si se limitan o se amplían a otras infraestructuras petroleras.
  2. Decisiones de grandes productores sobre cortes, incrementos de producción o uso de reservas estratégicas.
  3. Reportes sobre seguridad marítima en el estrecho, incluidas interferencias electrónicas que afecten la navegación.
  4. Movimientos en el mercado de LNG, especialmente la capacidad de países como Qatar para mantener entregas a Europa.
  5. Respuestas diplomáticas y militares que puedan calmar o, por el contrario, escalar la situación.

En suma, la geopolítica del Golfo ha recordado al mundo que, pese al empuje hacia la descarbonización, la economía global sigue íntimamente ligada a la estabilidad de infraestructuras y rutas energéticas. La pregunta crítica no es solo cuánto subirán los precios en los próximos días, sino si las potencias y actores regionales lograrán contener la escalada antes de que la incertidumbre transforme un shock temporal en un endurecimiento prolongado de la oferta con consecuencias para el crecimiento y la inflación mundial.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press