La lenta mejora en la mortalidad materna de EE. UU.: señales alentadoras, desafíos persistentes

Aunque las muertes relacionadas con el embarazo bajaron en 2024, Estados Unidos sigue con tasas altas y marcadas disparidades raciales que exigen acciones urgentes

En 2024 murieron 649 mujeres en Estados Unidos durante el embarazo, el parto o en las seis semanas posteriores por causas relacionadas con la gestación, según el análisis más reciente de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Esa cifra representa una ligera reducción respecto a las 669 muertes registradas en 2023 y confirma una tendencia descendente que comenzó después del pico observado durante la pandemia de COVID-19.

¿Qué dicen los números y cómo se interpretan?

El informe del CDC calcula la tasa de mortalidad materna de 2024 en aproximadamente 18 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, una cifra que, aunque inferior a la de años recientes, no es estadísticamente muy distinta de la de 2023. Eugene Declercq, investigador de la Universidad de Boston especializado en datos federales sobre salud materna, advierte que los conteos provisionales pueden variar: «Los datos provisionales de 2025 parecen prometedores», señaló en un correo, pero matizó que los resultados finales pueden cambiar cuando se incorporen registros tardíos o se excluyan reportes que no cumplen las guías de inclusión.

En términos históricos, la mortalidad materna en Estados Unidos había alcanzado en 2021 su nivel más alto en más de medio siglo, impulsada en buena medida por la vulnerabilidad de las embarazadas frente al SARS-CoV-2 y por la sobrecarga del sistema de salud en ese periodo. Desde entonces, la reducción observada sugiere un retroceso parcial de ese retroceso, pero los expertos subrayan que volver «a donde estábamos hace seis años» no es suficiente dado el estatus de país de renta alta que ostenta Estados Unidos.

Principales causas y factores contribuyentes

El CDC clasifica como muertes maternas aquellas que ocurren durante el embarazo, en el parto o hasta 42 días después del nacimiento y que están relacionadas con condiciones propias del embarazo. Las causas más frecuentes incluyen:

  • Hemorragias excesivas (hemorragia posparto),
  • Tromboembolismo (bloqueos en vasos sanguíneos),
  • Infecciones asociadas al parto o a complicaciones obstétricas,
  • Complicaciones cardiovasculares y condiciones crónicas exacerbadas por el embarazo.

Durante la pandemia, el coronavirus fue especialmente peligroso para las embarazadas, y el cansancio acumulado entre profesionales sanitarios pudo haber contribuido a que algunas señales de alarma no recibieran la atención adecuada. Con la disminución de la circulación viral y la recuperación parcial de los sistemas de salud, parte del descenso en muertes maternas puede atribuirse a la menor presión pandémica; pero también hay indicios de mejoras derivadas de políticas y prácticas clínicas más focalizadas.

Disparidades raciales: la mancha más persistente

Sin embargo, cualquier análisis que no sitúe las desigualdades raciales en el centro sería incompleto. El informe del CDC confirma lo que investigaciones previas han documentado: las mujeres negras siguen presentando una tasa de mortalidad materna más de tres veces superior a la de mujeres blancas y hispanas. Esa disparidad no es un accidente estadístico; refleja años de inequidades en acceso a la atención, sesgos estructurales dentro del sistema sanitario, diferencias en prevalencia de enfermedades crónicas y factores sociales determinantes de la salud, como la pobreza, la educación, el acceso al empleo y a servicios comunitarios.

Un dato histórico útil para contextualizar: según estudios del Instituto de Medicina y análisis académicos, la mortalidad materna en Estados Unidos había caído significativamente entre mediados y finales del siglo XX gracias a avances en obstetricia y cuidados perinatales, pero el repunte y la posterior crisis observada desde finales de 2010 y su exacerbación durante la pandemia han subrayado lo frágil que puede ser el progreso cuando se descuidan las disparidades y la inversión en salud pública.

Riesgo por edad y condiciones preexistentes

La edad materna también es un factor crítico: el reporte estatal del CDC muestra que mujeres de 40 años o más presentan una tasa de mortalidad materna más de tres veces mayor que mujeres más jóvenes. Este riesgo elevado se debe a la mayor prevalencia de condiciones crónicas (como hipertensión, cardiopatías o diabetes) en edades reproductivas avanzadas, además de una mayor probabilidad de complicaciones obstétricas.

La intersección entre edad avanzada y pertenencia a grupos racializados incrementa aún más el riesgo, perfilando subgrupos que requieren intervenciones específicas y coordinadas.

Qué se ha intentado y qué falta por hacer

En años recientes han proliferado estrategias para reducir la mortalidad y morbilidad materna:

  1. Implementación de protocolos estandarizados para el manejo de hemorragias y sepsis en salas de parto y urgencias obstétricas.
  2. Centros de revisión de muertes maternas que investigan cada caso para identificar fallos del sistema y oportunidades de mejora.
  3. Programas de extensión de la atención posparto, con mayor énfasis en el seguimiento de los 42 días críticos posteriores al parto.
  4. Iniciativas para ampliar el acceso a la atención prenatal temprana y continuada, especialmente en áreas rurales y comunidades desatendidas.
  5. Capacitación para disminuir sesgos implícitos entre proveedores de salud y mejorar la comunicación clínica con pacientes de diversos orígenes.

No obstante, los expertos insisten en que las soluciones deben ir más allá del hospital: mejorar la salud materna implica políticas públicas que aborden determinantes sociales como la vivienda, el acceso a nutrición adecuada, cobertura de salud universal y licencias parentales pagadas. En palabras de Declercq: «Las reducciones son bienvenidas, pero son pequeñas y solamente nos devuelven a niveles de hace seis años»; el mensaje es claro: se necesita mayor atención y esfuerzos sostenidos.

Qué podemos aprender de otros países

Comparativamente, Estados Unidos presenta una de las tasas de mortalidad materna más altas entre los países de ingresos altos. Naciones como Japón, Noruega o los Países Bajos registran tasas notablemente más bajas y atribuyen sus éxitos a sistemas de atención perinatal integrados, mayor acceso universal a cuidados preventivos y políticas de bienestar social que apoyan la maternidad. Por ejemplo, según datos de la OCDE, varios países europeos reportan tasas inferiores a 10 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos, lo que ilustra el margen de mejora posible mediante inversiones en salud pública y equidad.

Acciones recomendadas para avanzar

Con base en la evidencia actual y las lecciones internacionales, las acciones prioritarias deberían incluir:

  • Expansión de la cobertura de salud antes, durante y después del embarazo, incluyendo Medicaid prenatal sin interrupciones.
  • Fortalecimiento de los centros de revisión de muertes maternas con fondos estables para implementar recomendaciones y seguimiento.
  • Programas dirigidos a reducir las disparidades raciales, con participación comunitaria y métricas de rendición de cuentas.
  • Mejoras en la formación clínica para identificar y gestionar emergencias obstétricas con protocolos basados en la evidencia.
  • Políticas sociales —licencia parental, apoyo a la lactancia, acceso a servicios sociales— que reduzcan riesgos y faciliten la recuperación posparto.

El descenso en el número absoluto de muertes en 2024 ofrece una nota de esperanza, pero no debe conducir a la complacencia. Como sociedad, la pregunta que sigue es si aprovecharemos esta ventana para invertir de forma sostenida en equidad, atención integrada y prevención, o si permitiremos que las tasas vuelvan a repuntar ante futuros shocks sanitarios o por la persistencia de desigualdades estructurales.

Fuentes citadas y lecturas recomendadas:

  • Centers for Disease Control and Prevention (CDC), informe provisional sobre mortalidad materna 2024. Disponible en: https://www.cdc.gov
  • Declaraciones de Eugene Declercq, investigador de Boston University, publicadas en cobertura periodística de marzo de 2026.
  • Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), estadísticas comparadas de mortalidad materna por país: https://data.oecd.org
Este artículo fue redactado con información de Associated Press