La última barrera: el desalojo del 'Jungle' de San José y la incógnita de un futuro digno

Entre promesas de vivienda y la desconfianza de quienes han vivido el abandono, la ciudad intenta desmantelar uno de sus asentamientos más icónicos

San José se prepara para una nueva limpieza del campamento conocido como “the Jungle”, un asentamiento junto al Coyote Creek que ha vuelto a llenarse con cerca de 100 personas, según informes locales. El anuncio de la intervención —programada para el 15 de abril— ha reabierto un viejo debate: ¿puede una operación de desalojo acompañarse realmente de soluciones duraderas para las personas sin hogar o solo vuelve a generar desplazamientos temporales y desconfianza?

El contexto: historia de un asentamiento y cifras que no mienten

El área conocida como “the Jungle” no es nueva en la agenda pública de San José. En 2014, aquel campamento creció hasta albergar alrededor de 300 personas y fue considerado en su momento uno de los mayores asentamientos de Estados Unidos. La ciudad llevó a cabo una operación para desmantelarlo y reservó fondos para reubicar a muchas personas mediante vales de vivienda. Sin embargo, con el tiempo, el lugar volvió a poblarse.

Según el conteo puntual (point-in-time) realizado en enero, San José registra 6.503 personas sin hogar, de las cuales aproximadamente 60% —es decir, 3.959 personas— están sin techo (unsheltered) y 2.544 se encontraban en algún tipo de alojamiento (sheltered) en el momento del conteo. Desde ese recuento, la ciudad ha añadido más de 1.000 camas en una docena de sitios temporales o ampliados, una muestra de la intención institucional por aumentar la capacidad, aunque las cifras siguen siendo elevadas. (Fuente: San José Spotlight y datos municipales)

La estrategia municipal: desalojos con promesa de priorización

El plan anunciado por las autoridades contempla una serie de acciones combinadas: abatimiento del campamento, oferta de abrigo temporal o remisión a refugios interinos, y priorización de las personas para acceder a la nueva red de viviendas temporales como el sitio de tiny homes de Cerone en North San José. La ciudad asegura que, a medida que la capacidad lo permita, los operativos se diseñan para incluir colocaciones en albergues y viviendas interinas como parte de la estrategia para reducir la falta de vivienda sin techo.

El alcalde Matt Mahan declaró que en los últimos tres años la ciudad ha expandido el refugio y la vivienda interina “más rápido que cualquier otra ciudad de la Costa Oeste”, y que ese trabajo ha permitido desactivar grandes campamentos para restaurar espacios públicos y conectar a las personas con servicios que les permitan recuperar la autosuficiencia. Sin embargo, estas afirmaciones conviven con críticas sobre la manera en que se ejecutan las operaciones y las condiciones que enfrentan quienes aceptan alojamiento temporal.

Voces desde el Jungle: desconfianza y esperanzas

Las reacciones dentro del propio campamento combinan esperanza y escepticismo. Robert Aguirre, una persona que obtuvo un vale de vivienda después del desalojo anterior y que sigue hospedado hoy, dijo que aunque agradece no dormir junto al arroyo, la ciudad dejó a muchos atrás en aquella ocasión y ha visto cómo gente vuelve a instalarse en el Jungle. “Cuando pierdes la confianza, es muy difícil recuperarla”, afirmó en declaraciones recogidas por medios locales.

Otros residentes expresan ilusión por salir del campamento: un hombre que pidió no revelar su identidad por miedo a la deportación contó que, tras perder la vivienda de su familiar, fue al Jungle y ahora espera ser trasladado primero a un sitio de ‘safe sleeping’ y luego a vivienda temporal. “Me siento bien por conseguir vivienda porque nadie quiere esta vida”, dijo en español a San José Spotlight. Frederico Gamez, de 25 años y sin hogar durante cinco años, aseguró que desea dejar la vida en la calle y que “no tenemos a dónde ir y quiero irme”.

Estas voces ponen de manifiesto una paradoja central: muchas personas que habitan los campamentos aceptan ayuda cuando confían en los procesos, pero las experiencias de rechazos, trámites burocráticos o condiciones de los alojamientos pueden erosionar esa confianza y fomentar la resistencia a ser reubicados.

Lecciones del pasado: ¿qué salió mal en desalojos previos?

El desmantelamiento del Jungle en 2014 incluyó la asignación de recursos para mover a personas a viviendas subsidiadas mediante vales. A pesar de ello, el asentamiento volvió a poblarse con el tiempo. Diferentes factores explican esa recurrencia: insuficiencia de las soluciones ofrecidas, acceso limitado a servicios de salud mental y adicciones, condiciones laborales y de vivienda en la región (alquileres elevados), y la percepción de que los alojamientos temporales tienen reglas estrictas o condiciones que limitan la autonomía de sus ocupantes.

En operaciones posteriores como la del Columbus Park, donde alrededor de 370 personas vivían en RVs y tiendas, la ciudad convirtió varios hoteles en alojamiento temporal. Si bien la mayoría fue trasladada, defensores de las personas sin hogar denunciaron que el proceso fue apresurado y mal coordinado, y que muchos residentes se sintieron “encerrados” por las normas impuestas en los hoteles. Este tipo de quejas ilustran un conflicto entre la necesidad de orden público y la protección de derechos fundamentales de la población desplazada.

¿Por qué cuesta tanto rehacer vidas fuera de los campamentos?

  • Falta de vivienda asequible: el mercado inmobiliario del Área de la Bahía es uno de los más caros del país. Muchos ingresos no alcanzan para cubrir rentas y los subsidios disponibles no siempre cubren los costos reales.
  • Servicios insuficientes: salud mental, tratamiento por adicciones y apoyo para la reinserción laboral son escasos o difíciles de acceder, y resultan esenciales para quienes llevan años en la calle.
  • Barreras administrativas: la documentación, requisitos para programas y procesos burocráticos frustran a muchas personas sin hogar, que pueden perder oportunidades por no cumplir plazos o presentar papeles.
  • Desconfianza institucional: historias de desalojos previos, promesas incumplidas y condiciones incómodas en albergues generan rechazo a las ofertas.

Qué funciona (según investigaciones y experiencias exitosas)

Modelos como Housing First —priorizar la vivienda permanente sin condiciones previas— han mostrado mejores resultados para lograr estabilidad, reducir el uso de servicios de emergencia y mejorar la salud de las personas. Un estudio de la National Alliance to End Homelessness indica que los enfoques centrados en vivienda estable y apoyo personalizado reducen reincidencias y costos a largo plazo. Además, la provisión de servicios integrados (salud, empleo, asesoría legal) y la participación comunitaria son claves para el éxito.

En San José, la expansión de camas y sitios temporales es un paso positivo en capacidad, pero la eficacia dependerá de si se articula con rutas claras hacia vivienda permanente y con programas que restauren confianza y autonomía.

Recomendaciones y desafíos para la próxima fase

  1. Implementar procesos transparentes y documentados para las priorizaciones, con participación de organizaciones comunitarias y representantes de las personas sin hogar.
  2. Asegurar acompañamiento a largo plazo: no basta con ofrecer una cama, hay que proveer seguimiento en salud mental, empleo y reinserción social.
  3. Incrementar la vivienda asequible mediante acuerdos con el sector privado, programas de subsidios sostenibles y uso creativo de terrenos públicos.
  4. Mejorar la comunicación y construir confianza: contratar equipos de enlace bilingües y con experiencia comunitaria para reducir temores, especialmente entre población inmigrante.
  5. Evaluar las operaciones de desalojo con indicadores claros de qué sucede con cada persona después del operativo, para corregir fallas y rendir cuentas públicamente.

San José enfrenta una encrucijada: la ciudad puede usar este nuevo desalojo como una oportunidad para consolidar un enfoque integral que no solo cierre un campamento, sino que construya senderos reales hacia la estabilidad; o repetir patrones anteriores donde las personas se mueven de un lugar a otro sin soluciones duraderas. La historia del Jungle demuestra que las intervenciones aisladas terminan por fracasar si no reincorporan a las personas en comunidades de manera sostenible y digna.

Como dijo Robert Aguirre, la confianza es un bien frágil pero esencial: recuperarla exige no solo palabras o camas temporales, sino políticas coherentes, recursos alineados y un compromiso real para que quienes acepten ayuda no vuelvan a quedar atrás.

Fuentes: reportes y entrevistas publicadas por San José Spotlight, datos del conteo point-in-time de San José (enero), y literatura sobre modelos de atención a personas sin hogar como National Alliance to End Homelessness.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press