El choque entre el Pentágono y las universidades: cuándo la política redefine la formación militar

Cómo la campaña contra la 'wokeness' está reorientando la relación entre las Fuerzas Armadas y la educación superior en Estados Unidos

La decisión del Departamento de Defensa de restringir la participación militar en ciertos programas académicos marca un giro profundo en la relación histórica entre las Fuerzas Armadas y las universidades estadounidenses. Más que una medida administrativa puntual, el movimiento refleja una batalla cultural y estratégica: qué tipo de conocimientos y redes deben moldear a los futuros líderes castrenses y en qué instituciones confía el Estado para formar esa élite.

¿Qué cambió exactamente?

El secretario de Defensa impulsó la eliminación de más de una decena de universidades de un programa de fellowships de alto nivel —el Senior Service College Fellowship— que sirve como ruta para la formación avanzada de oficiales en etapa media de su carrera. Aunque el ajuste afecta a un número limitado de plazas (menos de 80 estudiantes en las universidades señaladas este otoño), el gesto es simbólico y potencialmente disruptivo: entre las instituciones excluidas figuran centros de investigación y enseñanza con amplia trayectoria, como universidades de la Ivy League, Carnegie Mellon, Georgetown o el MIT.

Al mismo tiempo, el Pentágono ha enfatizado que mantiene intacto un programa mucho más amplio: Tuition Assistance (Asistencia de Matrícula), que ayuda económicamente a unos 200,000 militares activos y reservistas a cursar estudios en casi cualquier universidad de Estados Unidos. Ese programa desembolsa hasta 4,500 dólares anuales por beneficiario y alimenta la presencia militar en cientos de campus, desde universidades públicas hasta centros privados y plataformas en línea.

¿Por qué es polémico el recorte?

Hay dos ejes de tensión. El primero es político-ideológico: la orden que motivó las exclusiones se enmarca en una campaña contra lo que se denomina 'wokeness' y en la voluntad de dirigir la formación de líderes militares hacia instituciones percibidas como alineadas con ciertos valores patrióticos o conservadores. El segundo es estratégico-académico: las universidades excluidas suelen concentrar expertos en campos críticos para la seguridad contemporánea —inteligencia artificial, ciberseguridad, computación cuántica—, y su pérdida puede afectar la capacidad técnica y analítica de la cúpula militar.

Como lo expresó William Hubbard, vicepresidente de Veterans Education Success, organización bipartita centrada en la educación de veteranos: “No estoy seguro de que a nuestros enemigos les moleste esto; si me despertara en Pekín y oyera esta noticia, estaría complacido”. La frase, recogida en declaraciones públicas, sintetiza el argumento de que alejar a oficiales de determinados centros de excelencia puede ser contraproducente para la seguridad nacional.

¿Quiénes son los beneficiarios y quiénes salen perjudicados?

Los efectos prácticos no son uniformes. Un análisis de datos recientes muestra que, aunque las universidades de élite son visibles y políticamente atractivas como blanco, la mayor parte del dinero de Tuition Assistance va a otras instituciones: universidades públicas y, sorprendentemente, centros de educación privada con modalidad online y algunas instituciones con fines de lucro.

  • Según datos agregados, más de 50,000 militares utilizaron el beneficio para estudiar en American Public University System, una universidad con fines de lucro y modalidad online cuya tasa de graduación ronda el 22%.
  • Unos 350 miembros de la milicia utilizaron el programa para asistir a universidades de máxima reputación (Harvard, Johns Hopkins, George Washington, entre otras) —una cifra relativamente modesta frente al universo total.
  • En conjunto, más de un tercio de quienes usan la ayuda asisten a instituciones con ánimo de lucro; las universidades públicas concentran aproximadamente a cuatro de cada diez beneficiarios.

Estas cifras muestran que, en términos de volumen, el Pentágono ya financia principalmente la educación en campus públicos y plataformas online. Entonces, ¿por qué focalizar el ataque en unos pocos centros de élite? La respuesta está en la simbología: excluir a instituciones prestigiosas envía un mensaje cultural mucho más fuerte que recortar subvenciones a proveedores masivos de educación en línea.

El valor de las fellowships y la formación estratégica

El Senior Service College Fellowship y programas similares no son meras certificaciones; están diseñados para dotar a oficiales de una visión estratégica ampliada, redes interinstitucionales y herramientas de liderazgo que trascienden lo operativo. Muchos comandantes contemporáneos hicieron este tipo de estudios: por ejemplo, la trayectoria biográfica de ciertos jefes y generales muestra fellowships o estudios avanzados en Harvard o MIT.

Eliminar estas vías en favor de otras instituciones, aunque algunas propuestas de reemplazo incluyan universidades estatales y centros conservadores como Liberty o Hillsdale, supone una transformación en la naturaleza del capital intelectual que la jerarquía militar puede cultivar. Las universidades seleccionadas para reemplazar a las excluidas fueron descritas por el Pentágono como promotoras de “libertad intelectual” y con “expresiones públicas mínimas de oposición al Departamento”.

Liberty, Hillsdale y la politización de la formación

Entre las opciones propuestas para sustituir a las universidades excluidas aparecen Liberty University y Hillsdale College, instituciones con identidad marcadamente conservadora y profunda penetración en circuitos ideológicos afines al Gobierno que impulsa los cambios. Liberty, por ejemplo, cuenta con decenas de miles de estudiantes en su campus y cientos de miles en programas online; además, ya registra una notable presencia militar a través de Tuition Assistance.

Los dirigentes de estas instituciones han recibido el avance con entusiasmo retórico: Hillsdale declaró que su plan de estudios estaría más alineado con los “principios fundacionales” del país; Liberty expresó su apoyo y gratitud hacia las fuerzas armadas. Pero la elección de estas universidades como alternativas introduce una clara carga política y cultural en la formación de mandos.

Riesgos institucionales: precedentes y posibles consecuencias

Expertos en educación militar advierten que la intervención administrativa para controlar los espacios académicos por motivos ideológicos puede generar un precedente peligroso. Lindsey Tepe, asesora en aprendizaje militar para el American Council on Education, consideró el movimiento como “un increíble exceso” y el inicio de una reconfiguración más amplia que podría afectar otras iniciativas educativas y programas como el ROTC o incluso ayudas para carreras críticas (medicina, ingeniería, leyes).

Los riesgos son tanto prácticos como reputacionales. En lo práctico, la reducción de acceso a especialistas y centros de investigación de vanguardia puede menguar la capacidad de adaptación tecnológica y doctrinaria del ejército. En lo reputacional, la percepción de politización puede erosionar la confianza institucional entre las universidades y las fuerzas armadas, reduciendo la colaboración académica a largo plazo.

¿Es posible un equilibrio entre valores y excelencia técnica?

La pregunta clave es si es compatible aspirar a que la formación militar refleje ciertos valores ideológicos y, al mismo tiempo, preservar la excelencia técnica y estratégica que requieren las amenazas contemporáneas. Una respuesta pragmática propondría mantener el acceso a centros de excelencia científica y tecnológica, al tiempo que se promueven convenios con instituciones que ofrezcan formación en historia, ética y liderazgo que compartan y fomenten valores cívicos.

Otra vía sería transparentar criterios: priorizar programas y universidades en función de parámetros académicos y de impacto en capacidades críticas (publicaciones, laboratorios, colaboraciones intersectoriales), y no únicamente por afinidad política. Esa decisión requeriría, sin embargo, romper con la dinámica de confrontación simbólica que hoy domina el debate.

Reflexión final: más allá del gesto simbólico

Aunque la medida actual afecta a un número reducido de fellowships, su trascendencia es mayor que su magnitud. Reconfigurar dónde se forman los líderes militares es, en esencia, reconfigurar cómo se piensa la defensa: qué conocimientos se valoran, qué redes se consideran legítimas y qué instituciones tienen autoridad para moldear la visión estratégica del país.

El desafío para responsables civiles y militares consiste en encontrar una vía que garantice tanto la coherencia de valores como la excelencia técnica y estratégica. Porque, al final, la seguridad nacional no sólo depende de lealtades retóricas, sino de conocimiento avanzado, pensamiento crítico y capacidades tecnológicas que rara vez respetan líneas partidistas.

Fuentes consultadas para datos y declaraciones: documentos oficiales del Departamento de Defensa sobre Tuition Assistance y Senior Service College Fellowship; informes y declaraciones públicas de Veterans Education Success; comunicados institucionales de Liberty University y Hillsdale College; análisis de uso de Tuition Assistance a nivel federal (agregados públicos).

Este artículo fue redactado con información de Associated Press