La tierra en venta: la crisis silenciosa de la agricultura en el oeste de Michigan
Cómo la presión del desarrollo, los precios y la falta de políticas de preservación ponen en riesgo generaciones de agricultores
Hace generaciones que familias como la de Carl Druskovich siembran y cosechan en el suroeste de Michigan. Séptima generación de una estirpe de productores de frutas, Druskovich todavía trabaja a tiempo completo como dentista porque la agricultura, pese a su importancia económica y cultural, no siempre alcanza para vivir. Hoy enfrenta una tentación que golpea a muchos agricultores: ofertas recurrentes de desarrolladores que pagan hasta 20.000 dólares por acre para convertir su tierra en viviendas, parques solares o centros de datos.
La magnitud del problema
Los números son elocuentes. Desde 2012, el 5% de las tierras agrícolas de Michigan han desaparecido; entre 2012 y 2022, más de 6.600 fincas y casi medio millón de acres fueron vendidas y transformadas por proyectos de vivienda, energía o grandes desarrollos comerciales. El Fenómeno no es exclusivo del estado: en el Medio Oeste desaparecieron 1,6 millones de acres agrícolas entre 2001 y 2021, según un estudio de la Universidad de Illinois (University of Illinois).
Michigan cuenta con unas 9,5 millones de acres destinadas a la agricultura; de ellas, alrededor de 3 millones han recibido algún tipo de preservación temporal mediante incentivos fiscales y acuerdos que limitan el desarrollo por períodos de diez años. Pero ese programa temporal deja a miles de hectáreas vulnerables en el mediano y largo plazo.
¿Por qué venden los agricultores?
La explicación principal es económica. Como señala Nikki Rothwell, especialista de Extensión de la Universidad Estatal de Michigan, los agricultores son “ricos en tierra pero pobres en liquidez”: reciben ofertas de siete cifras que son difíciles de rechazar cuando los márgenes del negocio se reducen y los costos de producción suben. “Es todo cuestión de dinero”, afirma Rothwell; “tenés que lograr que estos productores ganen plata”.
La renta neta para los agricultores de Michigan cayó de alrededor de 4.000 millones de dólares en 2023 a 2.6 mil millones en 2024, pese a 187 millones en asistencia federal, según datos federales citados por reportes locales. Esa volatilidad y la presión del mercado intensifican la tentación de vender.
Impactos locales: el caso del oeste de Michigan
El oeste de Michigan, hogar de la llamada “frutilla” del estado a orillas del Lago Michigan, ha sido el área más afectada. Allí se producen cerca de un tercio del maíz del estado, casi una cuarta parte de la soja y más de un cuarto de la producción bovina. Sin embargo, el avance de la urbanización y proyectos industriales ha restado terreno agrícola; entre 2012 y 2024 la región construyó casi 47.000 viviendas, según datos de censo que recogen tendencias demográficas y de uso del suelo.
“Una vez que la tierra tiene hormigón, pozos y drenajes, deja de ser compatible con la agricultura. No se puede revertir”, explica Sue Boomgaard-Rasch, productora de fruta del condado de Ottawa, que lucha por preservar 80 de sus 300 acres. El problema se agrava por la presión inmobiliaria: terrenos con suelos fértiles y cercanos a centros urbanos como Grand Rapids se vuelven codiciados para vivienda y tendencias residenciales costeras.
Programas de preservación: limitados y desiguales
Frente al avance del desarrollo, algunos estados optaron por programas de compra de derechos de desarrollo que compensan a los propietarios por mantener la tierra dedicada a la agricultura de manera permanente. Entre 29 estados que cuentan con sistemas de protección permanente, Michigan ocupa un lugar bajo en gasto por granja y superficie preservada: según el Farmland Information Center (Farmland Information Center), el estado ha preservado menos del 0,5% de su tierra agrícola total con fondos permanentes, en contraste con estados como Delaware, que durante las últimas tres décadas gastó mucho más por granja y ha preservado casi un tercio de sus tierras agrícolas.
Este año, el gobierno estatal destinó 1,9 millones de dólares para que los gobiernos locales compren derechos de desarrollo. Esa cifra es pequeña frente a las ofertas privadas: un desarrollador de centros de datos podría pagar más de 3 millones por 200 acres, el tamaño promedio de una granja en Michigan. Esa diferencia hace que los recursos públicos sean insuficientes para competir.
Acciones locales y limitaciones fiscales
Algunos condados han intentado compensarlo con programas locales. En Van Buren County, por ejemplo, la junta de preservación de tierras —creada en 2005— ha incrementado esfuerzos y ha conseguido preservar 81 acres en una sola granja mediante compra de derechos. Pero las arcas locales son limitadas, y propuestas como imponer un impuesto local para financiar adquisiciones suelen encontrar resistencia política y fiscal: “la gente se cansa rápido de los gravámenes”, dice Lisa Ransler, directora de servicios comunitarios del condado.
Además, la preservación no se limita a comprar derechos: los planes de zonificación y ordenamiento territorial pueden mitigar la expansión indiscriminada. “El crecimiento es inevitable, pero la expansión urbana sin control es opcional; las comunidades deben planear el futuro que desean ver”, subraya Ransler.
El componente humano: agricultores que quieren permanecer
Más allá de estadísticas y políticas, hay historias que conmueven. Druskovich sueña con que su ahijado —actualmente electricista a tiempo completo y cónico en la granja— tome las riendas del predio cuando él se retire. Planea usar los posibles fondos para adquirir otras 30 acres, modernizar el sistema de riego y mejorar infraestructura para hacer la explotación viable. “Quiero irme a la tumba sabiendo que mi vida fue dedicada a algo que seguirá siendo agrícola”, dice.
La realidad, sin embargo, exige reconocimiento: la agricultura es cada vez menos atractiva para nuevas generaciones. La labor es dura, con trámites regulatorios crecientes, dificultades para acceder a mano de obra migrante, y mercados internacionales volátiles que complican exportaciones e insumos. “Mis productores me dicen: ‘Nikki, ya no es divertido trabajar la tierra’”, comenta Rothwell.
Por qué importa preservar la tierra agrícola
- Seguridad alimentaria: conservar producción local reduce dependencia de cadenas largas y vulnerables.
- Economía local: la agricultura es un motor económico; en Michigan representa miles de millones en producción y empleo indirecto.
- Ambiente: preservar suelos fértiles y paisajes rurales ayuda a mitigar la pérdida de biodiversidad y el efecto isla de calor urbano.
- Cultura y patrimonio: la continuidad de familias agricultoras sostiene identidades regionales y prácticas tradicionales.
Qué políticas podrían marcar la diferencia
Expertos y líderes locales plantean varias soluciones que, combinadas, pueden reducir la sangría de tierras agrícolas:
- Financiamiento robusto y permanente: aumentar fondos estatales para compra de derechos de desarrollo y programas de conservación permanente que compitan con ofertas privadas.
- Incentivos económicos: créditos fiscales, subsidios a inversiones en tecnología y mecanismos de renta para productores que mantengan la tierra en producción.
- Ordenamiento territorial: zonificación proactiva que proteja suelos de alto valor agrícola y direccione el crecimiento urbano hacia áreas ya desarrolladas.
- Políticas laborales: facilitar políticas migratorias y programas de capacitación que garanticen mano de obra suficiente y estable para las temporadas de cosecha.
- Programas de sucesión: asesoría y apoyo financiero para que los jóvenes puedan acceder a la tierra y continuar explotaciones familiares.
Un desafío de largo plazo
La tensión entre desarrollo y preservación no es nueva, pero la velocidad y el valor del terreno en regiones como el oeste de Michigan han convertido la pérdida de tierras agrícolas en una emergencia silenciosa. Cada venta no solo reduce los acres cultivables, sino que erosiona la posibilidad de que explotaciones familiares perduren en el tiempo.
Como dice Becky Huttenga, coordinadora de recursos agrarios y económicos de Ottawa County: “Michigan en su conjunto no ha abrazado la protección permanente de tierras agrícolas tan claramente como lo han hecho estados del Este o de la Costa Oeste”. Ese diagnóstico exige un llamado a la acción: sin políticas públicas sólidas y un compromiso comunitario, muchas granjas terminarán siendo parcelas residenciales o parques industriales, imposibilitando su retorno a la producción agrícola.
Para productores como Druskovich, la respuesta puede llegar en forma de un ajuste fiscal y una voluntad política renovada. Mientras tanto, su determinación permanece: si no obtiene hoy los fondos para proteger su tierra, volverá a aplicar mañana. Porque, para él, y para tantas familias rurales, preservar la tierra no es solo un acto económico; es preservar una forma de vida.
