Reparando un error médico racial: cómo la eliminación de una fórmula sesgada está cambiando los trasplantes de riñón
La eliminación de una prueba basada en la raza y la concesión de tiempo perdido en las listas de espera están acelerando trasplantes para pacientes negros, pero persisten desafíos estructurales
El reconocimiento de un error médico de tres décadas ha desencadenado un esfuerzo sin precedentes para corregir sus consecuencias: la forma en que se medía la función renal, con un ajuste por raza, retrasó diagnósticos y trasplantes para pacientes negros. La reparación —consistente en revisar historiales clínicos y acreditar tiempo de espera perdido— está demostrando impactos reales, aunque incompletos, en el acceso a trasplantes de riñón.
Un sesgo incorporado: el origen de la fórmula y su impacto
Desde 1999, muchas formulas usadas para estimar la tasa de filtración glomerular (TFG) incluían un factor que ajustaba los resultados para pacientes identificados como negros. Esa modificación partió de estudios pequeños y de una hipótesis clínica sobre diferencias en niveles de creatinina, una sustancia usada para estimar la función renal. Con el tiempo, esa práctica se naturalizó en laboratorios y sistemas de salud, pero provocó efectos adversos: al mostrar una función renal aparentemente mejor en pacientes negros, la fórmula retrasó diagnósticos, remisiones a nefrología y listas de espera de trasplante.
El problema no fue teórico: las consecuencias fueron clínicas y comunitarias. El grupo de pacientes negros está sobrerrepresentado entre quienes requieren diálisis y trasplante; según datos del National Kidney Foundation y del United States Renal Data System, las personas negras tienen más de tres veces mayor riesgo de progresar a insuficiencia renal terminal que las personas blancas (fuente: National Kidney Foundation, 2024).
Una política de reparación: mirar atrás para corregir el orden de la lista
Tras la eliminación oficial del ajuste por raza en las ecuaciones de estimación de la TFG, el sistema de trasplantes de Estados Unidos ordenó en 2023 una revisión retrospectiva: los centros debían buscar en los historiales médicos de pacientes negros si, con la fórmula corregida, estos habrían sido colocados antes en la lista de espera. A quienes calificaron se les acreditó el tiempo que se había perdido por el sesgo —una forma de restauración práctica para compensar el daño.
Un estudio multicéntrico liderado por investigadores de Beth Israel Deaconess, Brigham and Women’s y Boston Medical Center analizó los trasplantes entre enero de 2022 y junio de 2025. Los resultados publicados en JAMA Internal Medicine (2025) mostraron que más de 21.000 candidatos negros recibieron modificaciones en su tiempo de espera, con una ganancia mediana de 1.7 años por persona. Ese incremento es significativo si se considera que la espera promedio para un trasplante renal varía entre tres y cinco años, y puede ser mucho mayor en regiones con escasez de órganos.
Resultados medibles y límites de la intervención
Según el análisis, la tasa de trasplantes entre pacientes negros aumentó inmediatamente tras la política, en aproximadamente 5.3 trasplantes por cada 1.000 inscripciones, antes de estabilizarse. Durante el periodo estudiado, 7.484 pacientes negros recibieron un nuevo riñón. Al mismo tiempo, la tasa de trasplantes para pacientes no negros no disminuyó de forma significativa, lo que sugiere que la corrección favoreció a quienes habían sido perjudicados sin penalizar a otros grupos.
Sin embargo, los investigadores observaron que menos de un tercio de los candidatos negros en la lista recibieron modificaciones de tiempo de espera. Las razones son múltiples:
- Algunos pacientes no fueron diagnosticados hasta que su insuficiencia renal era aguda y ya estaban en diálisis (“crashing onto dialysis”), por lo que un ajuste retrospectivo no habría cambiado su punto de entrada al sistema de trasplantes.
- La revisión retrospectiva exige recursos humanos y técnicos: rastrear análisis de laboratorio realizados años atrás, a menudo en distintos sistemas de salud, requiere tiempo y coordinación que algunos centros no pudieron suministrar.
- Diversas prácticas administrativas y de registro complicaron la identificación de todos los candidatos elegibles para la corrección.
El significado clínico y la búsqueda de equidad
Para expertos como el Dr. Rohan Khazanchi, líder del estudio, estas medidas representan un paso hacia la equidad. “La política, con suerte, ayuda a mover la aguja hacia la equidad”, afirmó en entrevistas vinculadas al trabajo. De forma complementaria, la Dra. L. Ebony Boulware, de la Wake Forest University School of Medicine, destacó en un comentario que mejorar el acceso a trasplantes para personas negras no perjudicó a otros grupos y pidió esfuerzos similares para corregir otros tests médicos erróneamente basados en la raza.
Un matiz importante: acreditar tiempo perdido no se traduce de forma automática en un trasplante inmediato. La disponibilidad de órganos, la compatibilidad inmunológica, el estado clínico del receptor y decisiones logísticas continúan determinando si y cuándo se produce el trasplante. No obstante, desplazar a un paciente más arriba en la lista incrementó su probabilidad de recibir un órgano en un plazo razonable y redujo el tiempo expuesto a diálisis, que se asocia con mayor morbilidad y mortalidad.
Contexto histórico y científico
La medición de la función renal a través de la creatinina plasmática y ecuaciones predictivas (como MDRD o CKD-EPI) es una práctica consolidada desde finales del siglo XX. En 1999 y luego en actualizaciones, se introdujeron factores de ajuste por raza basándose en cohortes limitadas y supuestos sobre masa muscular y niveles de creatinina. Con el tiempo, investigaciones más amplias y críticas metodológicas señalaron que el uso de la raza como proxy biológico era problemático y potencialmente dañino.
El debate culminó en recomendaciones para eliminar el factor por raza y adoptar enfoques más individualizados y estandarizados, como el empleo de ecuaciones sin ajuste racial o la medición de marcadores alternativos (por ejemplo, cistatina C) que no dependan de la raza. Instituciones académicas y sociedades nefrológicas apoyaron la transición, y en 2023 el sistema de trasplantes formalizó la eliminación del ajuste racial en la práctica clínica para la estimación de la TFG.
Desigualdades estructurales que perduran
Aunque la corrección de la fórmula y la reparación retroactiva son pasos concretos, no solucionan por sí solos las profundas desigualdades estructurales que generan disparidades en enfermedad renal avanzada:
- Determinantes sociales de la salud: condiciones socioeconómicas, acceso a atención primaria, inseguridad alimentaria y exposición a factores de riesgo como hipertensión y diabetes influyen en la incidencia y progresión de la enfermedad renal.
- Acceso desigual a la atención especializada: algunos centros tienen recursos para realizar búsquedas exhaustivas en historiales; otros no, lo que crea variabilidad en quién recibe la reparación.
- Desconfianza en sistemas de salud: legados históricos de discriminación generan barreras para la búsqueda temprana de atención y la participación en trasplantes o ensayos clínicos.
Qué queda por hacer y recomendaciones prácticas
Para convertir este avance en un cambio sistémico y sostenible, especialistas y políticas públicas deberían considerar varias líneas de acción:
- Financiar y estandarizar las revisiones retrospectivas para asegurar que todos los candidatos elegibles reciban el crédito de tiempo perdido, no solo aquellos atendidos en centros bien dotados.
- Promover el uso de mediciones de función renal que no dependan de la raza y ampliar el acceso a biomarcadores alternativos como la cistatina C.
- Invertir en prevención y control de factores de riesgo (diabetes, hipertensión) en comunidades de alto riesgo mediante programas comunitarios y cobertura sanitaria mejorada.
- Fomentar transparencia y comunicación con pacientes para reconstruir confianza y asegurar que comprendan su elegibilidad y opciones de tratamiento.
Una lección más amplia para la medicina
El caso de la fórmula de estimación renal es un recordatorio potente: la medicina basada en datos y en supuestos históricos puede perpetuar desigualdades si no se revisa críticamente. Corregir errores del pasado exige voluntad política, recursos y procesos sistemáticos para identificar a quienes fueron perjudicados y aplicar remediaciones efectivas.
Como dijo uno de los investigadores del estudio, la acción de acreditar tiempo en la lista de espera «es una reparación tangible», pero la verdadera meta debe ser un sistema de salud que no produzca esos daños en primer lugar. Para lograrlo, harán falta investigación, inversión y justicia estructural —no solo cambios en ecuaciones matemáticas.
Fuentes citadas: estudio en JAMA Internal Medicine (2025); datos y cifras del National Kidney Foundation y United States Renal Data System (2023–2024). Citas de investigadores basadas en entrevistas y declaraciones públicas relacionadas con el estudio.
