El lei que no es de Hawai: la paradoja de una tradición vendida desde lejos

Cómo la demanda turística, los precios y la globalización convirtieron en importadas a las guirnaldas más representativas del archipiélago

La imagen es casi obligada para cualquier visitante: salir del aeropuerto con un lei color púrpura rodeando el cuello y una sonrisa que fotografía el inicio de la estancia. Sin embargo, detrás de esa postal hay una contradicción poco conocida: la mayor parte de los lei que se entregan a turistas en Hawai no proceden de las islas, sino de invernaderos y campos de países como Tailandia. ¿Qué implica esto para la cultura, la economía local y el significado del lei? En este artículo exploro el problema desde múltiples ángulos y propongo caminos para reconciliar tradición y mercado.

Un símbolo que trasciende lo ornamental

El lei —guirnalda hecha con flores, hojas, semillas o conchas— está íntimamente ligado al concepto de aloha y a las prácticas sociales de Hawai desde hace siglos. Según un estudio de la Universidad de Hawai de 2002, las guirnaldas no solo eran usadas en ceremonias; eran parte de la vida cotidiana, portadas por jefes y niños por igual como expresión de afecto y estatus (University of Hawaiʻi, 2002). Esa profundidad simbólica es la que hace que el lei no sea simplemente un souvenir: es un gesto de bienvenida, de respeto y de vínculo cultural.

De la tierra local a las cadenas de suministro globales

En las últimas décadas la explosión del turismo y el crecimiento demográfico de Hawai provocaron una demanda de lei que los productores locales, con su escala tradicional, no podían cubrir de forma consistente.

Para llenar ese vacío, muchos comerciantes recurrieron a flores importadas, sobre todo orquídeas de Tailandia, que son baratas, uniformes y resistentes al manejo y transporte. Eso explica por qué, según testimonios de comerciantes y líderes comunitarios, los lei color púrpura y sin aroma se han vuelto tan comunes en aeropuertos y hoteles.

Impacto cultural: ¿pérdida o adaptación?

Para algunos representantes culturales, la importación masiva es una afrenta. Kuhio Lewis, director ejecutivo del Hawaiian Council, señaló con dureza: "Para nosotros, importar lei no es bueno. Es, en realidad, embarazoso" (testimonio público recopilado en reportes sobre el tema). Ese sentimiento expresa el temor a que elementos esenciales de la identidad hawaiana sean desplazados por mercancía estandarizada y desprovista de su aroma y sentido.

Sin embargo, hay otro punto de vista menos punitivo: la adopción de materiales importados puede verse como una forma de adaptación económica. Los lei hechos con orquídeas de Tailandia permiten que la tradición continúe en contextos masivos —graduaciones, recepciones, turistas— sin que el precio explote cuando las flores locales escasean.

Economía local en tensión: el caso de los floristas

Watanabe Floral, la mayor florería de Hawai, vende aproximadamente 250,000 lei al año, cifra que representa cerca de una cuarta parte de su facturación anual y que confirma la magnitud del mercado local (testimonio del gerente general Monty Pereira). Para negocios de esa escala, la opción de incluir flores importadas responde a la necesidad de ofrecer productos asequibles y disponibles en temporada baja.

No obstante, los productores y pequeños artesanos que cultivan puakenikeni, pikake, tuberosa u otras flores perfumadas ven amenazada su supervivencia cuando las compras institucionales y los consumidores buscan el precio más bajo. Por ello, algunos legisladores han planteado intervenir.

Intentos de regulación: ¿protección cultural o costos para el público?

Este año, legisladores como el representante Darius Kila propusieron medidas para favorecer los lei hechos con flores cultivadas en Hawai. Una de las iniciativas buscaba imponer que un porcentaje de los lei comprados por agencias estatales contengan flores de producción local, además de exigir etiquetado claro del origen de las flores. El objetivo declarado: evitar que el uso de términos y símbolos hawaianos amparen productos que no proceden del archipiélago y proteger a quienes cultivan y elaboran lei localmente.

La propuesta generó oposición desde el sector comercial. Watanabe Floral y otros comerciantes argumentaron que imponer restricciones podría encarecer el lei y reducir su consumo. Monty Pereira advirtió que si todas las florerías compitieran por el mismo volumen limitado de flores locales, los precios podrían subir drásticamente —a valores que llevarían la tradición fuera del alcance de muchas familias: "esa es la amenaza real: que algo culturalmente significativo deje de ser asequible" (declaración pública del gerente).

¿Cuál es el tamaño del dilema? Datos relevantes

  • Demanda anual alta: Hawai recibe millones de visitantes al año; en 2019, antes de la pandemia, el estado recibió más de 10 millones de turistas (Hawaii Tourism Authority), lo que alimenta la demanda de lei como elemento de bienvenida.
  • Escala comercial: un negocio como Watanabe Floral vende cerca de 250,000 lei al año, lo que ilustra que gran parte de la producción se orienta al mercado masivo.
  • Volatilidad de precios: en temporadas de escasez, algunos lei tradicionales pueden alcanzar precios elevados; por ejemplo, un lei de tres hileras de pikake se ha vendido por alrededor de $150 en fechas especiales como el Día de la Madre.

Posibles caminos para equilibrar tradición, economía y sostenibilidad

La solución no es binaria. Aquí propongo varias medidas que, combinadas, podrían ayudar a preservar la autenticidad cultural sin sacrificar la accesibilidad económica:

  1. Etiquetado claro y obligatorio: exigir que los lei vendan con una etiqueta que especifique el origen de las flores (local vs. importado). La transparencia permite a los consumidores tomar decisiones informadas y valora el producto local cuando corresponde.
  2. Compras públicas preferenciales, pero graduadas: que el gobierno establezca metas realistas para adquirir lei con flores locales en eventos protocolares, empezando por un porcentaje bajo y aumentándolo conforme la capacidad de producción local crezca.
  3. Incentivos a productores locales: subvenciones, asistencia técnica y programas de cultivo que aumenten la productividad y la resistencia a temporadas bajas sin sacrificar prácticas sostenibles.
  4. Campañas de valoración cultural: educar a turistas y residentes sobre el significado del lei y el valor de las flores aromáticas locales, reforzando la idea de que elegir local es también una experiencia más auténtica.
  5. Desarrollo de cadenas de valor: fomentar cooperativas de pequeños productores y alianzas con cadenas hoteleras para garantizar demanda estable y precios justos.

Experiencias internacionales como referencia

El fenómeno no es exclusivo de Hawai. En muchos destinos turísticos del mundo, tradiciones artesanales han sido tensionadas por la demanda masiva y la globalización. En algunos casos, el reconocimiento geográfico (por ejemplo, denominaciones de origen) ayudó a proteger y revalorizar productos locales: el caso de las denominaciones europeas de quesos o vinos muestra que etiquetado y protección legal pueden aportar un plus de mercado. En la isla, un equivalente podría ser certificar lei “Hecho en Hawai” o “Flores cultivadas en Hawai”, con estándares claros.

Reflexión final: cultura viva, no museo

El reto es mantener viva una tradición en un contexto moderno y globalizado. Si el lei se convierte únicamente en un producto de mercado, perderá parte de su sentido. Pero si se refugia en la nostalgia o se encarece hasta volverse inaccesible, también dejará de ser la expresión comunitaria que fue. La respuesta tiene que combinar protección cultural, políticas inteligentes y estrategias de mercado que apoyen a los productores sin expulsar al público.

Por encima de todo, el lei es un acto de relación: dar y recibir, reconocer al otro. Encontrar modos de que esa práctica siga siendo auténtica y asequible es un deber tanto para las instituciones públicas como para los comercios y los consumidores. Al fin y al cabo, no se trata solo de flores: se trata de respeto por una cultura y su capacidad para seguir floreciendo en el siglo XXI.

Fuentes y referencias:

  • University of Hawaiʻi — estudios sobre la tradición de los lei (2002), disponible en el archivo del campus de Manoa: https://manoa.hawaii.edu.
  • Declaraciones públicas de líderes y comerciantes locales citadas en reportes periodísticos sobre la industria del lei en Hawai (entrevistas a Kuhio Lewis, Darius Kila, Monty Pereira y comerciantes de Chinatown).
  • Hawaii Tourism Authority — estadísticas de visitantes (2019): https://www.hawaiitourismauthority.org.
Este artículo fue redactado con información de Associated Press