Cuando el aula se convierte en objetivo: el aumento de los ataques con drones en Sudán y sus consecuencias humanas
El ataque mortal en la provincia del Nilo Blanco revela cómo la guerra entre el Ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido convierte a civiles, sobre todo niñas, en víctimas cotidianas
La tragedia de Shukeiri y la nueva cara del conflicto sudanés
El 2026 marcó un capítulo más en la larga y sangrienta guerra en Sudán cuando un dron cargado de explosivos alcanzó una escuela secundaria y un centro de salud en el pueblo de Shukeiri, en la provincia del Nilo Blanco. Al menos 17 personas murieron —la mayoría niñas— y otras diez resultaron heridas, según el director del hospital regional, el Dr. Musa al-Majeri, y redes médicas sobre el terreno.
El ataque, atribuido por testigos y grupos médicos a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), ilustra una dinámica perversa que se ha generalizado en el conflicto: la utilización de drones armados para golpear objetivos cotidianos y civiles, con consecuencias devastadoras para la población más vulnerable.
¿Por qué son tan letales los drones en el conflicto sudanés?
Desde el estallido del enfrentamiento abierto entre el Ejército regular y las RSF en abril de 2023, los drones se han convertido en una herramienta clave del campo de batalla. Estos aparatos permiten ataques a distancia, con poca capacidad de identificación precisa del objetivo y un elevado potencial de daño colateral. Varias características explican su impacto:
- Accesibilidad creciente: Los drones de distinta gama son cada vez más fáciles de adquirir en el mercado global, lo que facilita su introducción en conflictos asimétricos.
- Uso táctica de terror: Atacar instalaciones civiles —escuelas, hospitales, mercados— siembra miedo y desorganiza la vida comunitaria, multiplicando el impacto social más allá de la destrucción material.
- Limitada capacidad de defensa: Muchas comunidades carecen de sistemas para detectar y neutralizar drones, lo que las deja expuestas.
Víctimas: niñas, maestros y personal sanitario
Los relatos desde Shukeiri muestran un patrón repetido en otras zonas: las víctimas no son combatientes sino estudiantes y trabajadores civiles. El Director del hospital de Douiem señaló que tres niñas presentaban heridas graves y que dos fueron intervenidas quirúrgicamente, mientras una tercera fue evacuada a Jartum. Además de los estudiantes, los primeros reportes mencionaron la muerte de dos docentes y de un trabajador sanitario.
“Este crimen atroz representa la continuidad de las violaciones cometidas por las RSF en el Nilo Blanco”, declaró la Dra. Razan Al‑Mahdi, portavoz de la Sudan Doctors Network, subrayando que en días previos se registraron ataques contra dormitorios estudiantiles y una subestación eléctrica.
La escala del conflicto: ¿cuántas víctimas hay realmente?
La Organización de las Naciones Unidas ha documentado un número estremecedor de muertos desde el comienzo del conflicto. Según cifras oficiales de la ONU, más de 40,000 personas han perdido la vida, aunque organizaciones humanitarias y fuentes sobre el terreno creen que esa cifra es una subestimación y que el número real podría ser considerablemente mayor. Fuente: Naciones Unidas.
Además de las muertes directas, el conflicto ha desencadenado una crisis humanitaria: desplazamientos masivos, hambruna localizada en zonas de difícil acceso y la destrucción de infraestructuras básicas como escuelas y centros de salud, que agravan la mortalidad indirecta.
Patrones de violencia: ¿crímenes de guerra?
El uso repetido de ataques indiscriminados contra civiles —incluyendo masacres, violaciones en grupo y ataques a hospitales— ha provocado que el conflicto sudanés sea objeto de investigaciones internacionales. La Corte Penal Internacional (CPI) ha investigado denuncias que podrían constituir crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. En octubre, la toma de la ciudad de el‑Fasher por parte de las RSF y grupos aliados provocó al menos 6,000 muertos en tres días, un episodio que los expertos de la ONU han señalado como portador de “rasgos de genocidio” en algunas de sus características. Fuente: Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ONU).
Impacto en la educación y el futuro de una generación
Atacar escuelas no solo mata y hiere; destruye el tejido educativo y las expectativas de futuro de una generación. Cuando una escuela deja de ser un lugar seguro, las familias retiran a las niñas y niños, las tasas de abandono aumentan y el acceso a la educación se vuelve intermitente. La repercusión es multigeneracional: menor formación laboral, mayores vulnerabilidades sociales y una economía local más debilitada.
La UNESCO y distintas ONG han subrayado que la protección de la educación en contextos de conflicto es esencial para evitar el colapso social a largo plazo. Atacar deliberadamente instalaciones educativas puede constituir un crimen bajo el derecho internacional humanitario, al ser parte de la infraestructura civil protegida.
¿Qué motiva a grupos como las RSF a atacar blancos civiles?
Las motivaciones pueden ser varias y a menudo combinadas:
- Desestabilización social: Sembrar terror para provocar desplazamientos y desorganizar el apoyo civil hacia zonas controladas por el adversario.
- Castigo y control territorial: Atacar infraestructuras civiles en áreas percibidas como hostiles para imponer control y someter a la población.
- Violencia instrumentalizada: Usar el miedo como herramienta política para forzar rendiciones o limpiar territorios de posibles opositores.
La respuesta humanitaria y las limitaciones
Las organizaciones sanitarias y humanitarias han sido claves para atender a las víctimas, pero operan en condiciones muy adversas: inseguridad, falta de acceso, y ataques recurrentes a instalaciones médicas. Redes como la Sudan Doctors Network han documentado repetidamente las agresiones y han pedido mayor protección para el personal y los pacientes.
La comunidad internacional ha reaccionado con condenas y llamados a la protección de civiles, pero la capacidad para detener o revertir la violencia es limitada mientras persistan las dinámicas internas de poder y el fácil acceso a armamento y aparatos no tripulados.
Qué dicen los expertos y qué piden las comunidades
Expertos en derecho internacional y derechos humanos insisten en la necesidad de tres acciones inmediatas:
- Corredores humanitarios seguros: Garantizar acceso sin riesgos para suministros médicos y evacuación de heridos.
- Protección internacional del personal civil: Presión diplomática y sanciones dirigidas a actores que cometan violaciones del derecho internacional humanitario.
- Documentación y rendición de cuentas: Fortalecer la labor de investigación para llevar a los responsables ante tribunales nacionales o internacionales.
En tanto, las comunidades afectadas piden seguridad mínima para volver a sus actividades cotidianas. “No podemos vivir con el ruido de los drones cada noche”, cuenta una vecina de una localidad cercana a zonas de conflicto; sus palabras sintetizan la fatiga y la angustia diaria de millones de civiles en Sudán.
Reflexiones finales: resistencia y reconstrucción
El ataque de Shukeiri es una radiografía de lo que el conflicto sudanés ha venido acumulando: tácticas tecnológicas —drones— al servicio de viejas estrategias de control territorial, con un costo humano que golpea con fuerza especial a mujeres, niñas y trabajadores civiles. La protección de la educación y la salud debe ser una prioridad para cualquier plan de paz y para la comunidad internacional que quiera evitar la consolidación de traumas colectivos que perduren por generaciones.
La verdad sobre el número real de víctimas, las responsabilidades precisas y las vías efectivas para detener estas prácticas requieren voluntad, recursos y coordinación internacional. Mientras tanto, las escuelas y los centros de salud seguirán siendo, lamentablemente, indicadores adelantados de la salud moral de un conflicto: cuando colegios y hospitales dejan de ser seguros, la sociedad entera está en peligro.