El fin del centavo: cómo el cese de la producción del penny está reinventando el pago en efectivo en EE. UU.
Entre ahorro fiscal, encarecimiento de la moneda y leyes estatales, la eliminación del centavo obliga a consumidores, comercios y gobiernos a decidir quién gana —y quién pierde— los dos centavos restantes
Cuando la Casa de Moneda de Estados Unidos dejó de producir el centavo en 2024, muchas voces lo celebraron como una decisión racional: ahorrar dinero público eliminando una pieza que cuesta más fabricarla de lo que vale. Pero la ausencia de monedas de un centavo no es solo un dato contable; provoca cambios palpables en el día a día de compradores, comerciantes y administraciones. La solución más extendida —el redondeo simétrico al níquel más cercano— plantea preguntas sobre equidad, costos reales y precedentes legales que ya algunas legislaturas estatales intentan resolver.
¿Por qué se abandonó la producción del penny?
En 2024 el Tesoro anunció el cese de la acuñación del centavo. Según la U.S. Mint, en ese año el costo de fabricar cada centavo fue de aproximadamente 3.7 centavos, lo que implica que el Gobierno federal perdía dinero con cada moneda producida. El Tesoro estimó que dejar de producir centavos permitiría un ahorro anual significativo —la cifra oficial citada por el propio Departamento fue de alrededor de 56 millones de dólares al año—, aunque esa proyección depende de múltiples variables macroeconómicas y logísticas.
La transición práctica: ¿qué ocurre en la caja registradora?
Eliminar físicamente el centavo no invalida su valor: las monedas que ya circulan —según estimaciones hay más de 114.000 millones de centavos en manos del público— siguen siendo curso legal y deben aceptarse como pago. El problema práctico surge cuando una transacción en efectivo arroja un total que no puede pagarse exactamente sin centavos. Ahí es donde entra el redondeo.
El método más difundido es el llamado redondeo simétrico: tras aplicar impuestos, si el importe final termina en 1, 2, 6 o 7 centavos se redondea hacia abajo al 0 o 5 más cercano; si termina en 3, 4, 8 o 9 centavos se redondea hacia arriba. Por ejemplo, $1.91 o $1.92 se pagan como $1.90, mientras que $1.98 o $1.99 se pagan como $2.00.
¿A quién beneficia —realmente— el redondeo?
En teoría, la Administración y algunos defensores sostienen que el redondeo no altera los precios de forma sistemática porque los redondeos hacia arriba y hacia abajo deberían ocurrir con la misma frecuencia. El propio Tesoro ha afirmado que los precios se redondearían hacia abajo con la misma frecuencia que hacia arriba, con lo que no habría un efecto agregado sobre la inflación al consumidor.
Sin embargo, los estudios empíricos arrojan matices. Investigadores del Federal Reserve Bank of Richmond analizaron patrones de precios y concluyeron que los importes que no terminan en 0 o 5 tienden a concentrarse en 8 o 9 centavos con más frecuencia de lo que el azar implicaría. Eso sugiere que, en la práctica, los redondeos podrían beneficiar más a los comercios que a los consumidores: un pequeño margen por transacción que, agregado a millones de compras, representa sumas apreciables. Los autores estimaron que la diferencia podría ascender a varios millones de dólares a favor de los vendedores —equivalente a unos pocos centavos por persona— si no se toman medidas correctoras.
¿Es legal que los comercios redondeen?
Estados y legisladores han respondido de formas diversas. Mientras que el Congreso debatía un proyecto para aplicar el redondeo simétrico a nivel federal, múltiples estados ya han aprobado o propuesto leyes para fijar las reglas del redondeo en sus jurisdicciones. En algunos casos las medidas requieren que los negocios redondeen en efectivo; en otros, los gobiernos ofrecen un puerto seguro que protege a los comercios de demandas por prácticas de redondeo, o simplemente publican guías no vinculantes.
Por ejemplo, en varios estados como Arizona, Florida, Oregón, Tennessee, Virginia y Washington, las legislaturas han aprobado medidas que esperan la firma de los gobernadores para establecer normas sobre el redondeo. Indiana aprobó una ley que inicialmente obligaba a redondear las transacciones en efectivo cuando el total no terminara en 0 o 5, aunque una reforma posterior introdujo una opción voluntaria para negocios. En Tennessee se aprobó una excepción legal que protege el redondeo simétrico de reclamaciones en virtud de la ley estatal de protección al consumidor, sin obligar su uso.
Preocupaciones públicas: percepción y equidad
Más allá de los números, existe un factor humano: la percepción de pérdida, aunque sea mínima, genera rechazo y sospecha. En redes sociales proliferan recibos y testimonios de consumidores molestos por haber 'perdido' unos pocos centavos en varias compras. La protesta puede no basarse en grandes sumas, pero sí en la sensación de que un cambio institucional permite a los comercios aprovecharse de pequeñas diferencias repetidas.
Nikki Capozzo-Hennessy, propietaria de un negocio de comida, explicó públicamente que prefiere pagar en efectivo porque limita su gasto; tras ver un redondeo favorable en un recibo—el comerciante redondeó $8.73 a $8.70— dijo que, aunque fueron solo tres centavos, entiende que el efecto acumulado puede resultar significativo para consumidores de bajos ingresos que hacen muchas transacciones pequeñas.
¿Aumentará la demanda de nìquels?
Una consecuencia anticipada del cese del centavo es el incremento en la demanda de la moneda de cinco centavos. Pero producir níqueles no es una panacea: en 2024 la U.S. Mint reportó que la fabricación de un níquel costó cerca de 14 centavos, es decir, todavía por encima de su valor nominal. El proyecto federal que discute el Congreso incluye una disposición que permitiría al Tesoro ajustar la composición del níquel (por ejemplo, usar zinc combinado con menor cantidad de metales más caros) para reducir costos de producción.
Alternativas tecnológicas y sociales
La proliferación de pagos electrónicos atenúa el impacto práctico del fin del centavo: encuestas de 2024 de la Reserva Federal mostraron que aproximadamente 8 de cada 10 adultos estadounidenses habían usado efectivo recientemente, pero el uso tiende a ser menor entre los jóvenes y más frecuente en hogares con menores ingresos o personas mayores. Esto sugiere que el debate sobre el redondeo tiene una componente de justicia distributiva: ¿podrían los cambios penalizar más a quienes dependen del efectivo?
Algunas alternativas y mitigaciones posibles son:
- Promover opciones para pagar el importe exacto mediante combinación de monedas y billetes cuando sea posible.
- Incentivos a comercios que redondeen siempre a favor del consumidor (por ejemplo, campañas de buen uso o certificaciones locales).
- Mayor educación pública sobre cómo funciona el redondeo y garantías legales para que los consumidores puedan exigir el pago exacto si así lo desean.
- Modernizar la composición de la moneda de cinco centavos para que sea eficiente producir níqueles y evitar desabastecimientos similares.
Qué pueden esperar los consumidores
Si no hay una ley federal uniforme y los estados terminan adoptando reglas dispares, los consumidores podrían enfrentarse a un mosaico de normas: en un estado el redondeo será obligatorio; en otro, optativo; y en un tercero, protegido por un resguardo legal pero sin obligación. Esto era exactamente lo que temía la representante Lisa McClain (R-Mich.) cuando apoyó la idea de una ley federal: evitar “un mosaico confuso de políticas estatales”.
Mientras tanto, la mejor recomendación práctica para el público general es informarse sobre la normativa local y preguntar al comercio cómo aplica el redondeo antes de pagar en efectivo. Para consumidores vulnerables, la transición refuerza la importancia de acceso a pagos electrónicos y la necesidad de políticas que protejan contra cargas desproporcionadas.
El fin del centavo es más que un gesto simbólico de eficiencia fiscal; es una oportunidad para repensar la relación entre moneda física y prácticas comerciales, y para diseñar reglas que sean claras, equitativas y técnicamente viables. Si los legisladores y reguladores no actúan con cuidado, podrían dejar a quienes menos usan servicios bancarios en una posición de pérdida acumulada, precisamente cuando la economía digital hace más fácil minimizar esas fricciones.
Fuentes citadas:
- U.S. Mint — Coin Production and Costs: https://www.usmint.gov/learn/coin-production
- Departamento del Tesoro de EE. UU. — Información pública sobre circulación de centavos y ahorro estimado: https://home.treasury.gov/
- Federal Reserve Bank of Richmond — Análisis sobre terminaciones de precios y efectos del redondeo (estudios 2023): https://www.richmondfed.org/
- Federal Reserve — Survey on Cash Use (2024): https://www.federalreserve.gov/
