Entre lágrimas y sobresaltos: cómo el cine contemporáneo mezcla redención, sonido y espectáculo en ‘Reminders of Him’, ‘Undertone’ y la ceremonia de los Oscars
Review: De la ternura contenida de Colleen Hoover a la audacia sonora del horror, y el arte de celebrar el cine en vivo
Review: En el panorama cinematográfico reciente conviven historias que buscan conmover desde la ternura y la segunda oportunidad, películas que experimentan con el sonido hasta convertirlo en protagonista y la maquinaria de la premiación en vivo que celebra —y a veces sobreexpone— esas mismas formas de hacer cine. Este artículo recorre tres propuestas recientes: Reminders of Him, la adaptación de la novela de Colleen Hoover; Undertone, un ejercicio de horror sonoro que apuesta por la sutileza; y la producción de la 98ª ceremonia de los Academy Awards, cuyo montaje propone homenajear fenómenos culturales que trascienden la canción nominada.
Una heroína herida: la redención en ‘Reminders of Him’
Reminders of Him adapta la novela de Colleen Hoover publicada en 2022 y hace suyo el tono doloroso y esperanzado del texto original. En el centro está Kenna Rowan, interpretada por Maika Monroe, una mujer que vuelve a su pueblo tras cumplir una condena en prisión por un accidente en el que murió su novio. La película no simplifica: Kenna es a la vez culpable (según la sentencia) y víctima de una cadena de pérdidas y estigmas que la alejan de su hija, Diem.
La apuesta dramática de la cinta gira en torno a la posibilidad de redención sin villanos fáciles. Los abuelos que han criado a Diem —interpretados por Lauren Graham y Bradley Whitford— representan la lógica protectora y el duelo; Ledger, el mejor amigo del novio muerto (Tyriq Withers), encarna la tensión entre el deber y el deseo. Esa triangulación familiar ofrece, según la película, una mirada más humana del perdón: no se trata de absolver por decreto, sino de recomponer vínculos rotos a partir de actos cotidianos.
Maika Monroe, conocida años atrás por papeles en el cine de terror, muestra en este film una paleta actoral distinta: su Kenna es dura en la superficie y frágil por dentro. La actriz consigue conjugar flirteo y maternidad contenida, y su desempeño logra que el público entienda la complejidad de una mujer que, tras siete años en la cárcel, intenta recuperar su condición primaria: ser madre.
El film respeta detalles de la novela —desde diálogos hasta elementos de vestuario como la camiseta de Mountain Dew— y los incorpora con fidelidad pero sin convertirse en mera ilustración. Vanessa Caswill, directora, dirige con mano segura escenas íntimas y consigue que la puesta en escena no traicione el tono de la historia: hoy la ternura puede ser áspera y la redención no siempre viene acompañada de grandes gestos, sino de empleos precarios, caminatas interminables y noches en un motel barato.
Un rasgo notable es la ausencia de melodrama gratuito. Si bien hay instantes que rozan lo empalagoso —las escenas en las que la música subraya el sentimentalismo, o ciertos recursos visuales reiterativos— la honestidad actoral y el guion (firmado por Hoover y Lauren Levine) evitan que la película se deslice hacia la manipulación. Además, la presencia infantil de Zoe Kosovic (Diem) ofrece una frescura fundamental: su naturalidad equilibra la carga dramática y hace creíble la posibilidad de un nuevo comienzo.
Desde la clasificación de censura hasta el diseño de sonido, Reminders of Him está pensado para llegar a un público amplio: calificación PG-13, 114 minutos de metraje y una construcción narrativa que privilegia los matices sobre los golpes de efecto. Es, en suma, una película que habla de cómo la sociedad penaliza y cómo un entorno —tanto protector como hostil— puede marcar para siempre la posibilidad de reinserción.
Sonidos que aterran: la propuesta auditiva de ‘Undertone’
En las antípodas de la ternura dramática se sitúa Undertone, la ópera prima de Ian Tuason que privilegia el poder del sonido para construir miedo. Con una premisa minimalista —una mujer joven, Evy (Nina Kiri), cuida a su madre en coma y conduce un podcast paranormal desde la casa familiar— Tuason demuestra que el horror contemporáneo puede reapropiarse de lo cotidiano y convertir lo auditivo en territorio principal del susto.
El recurso del audio no es nuevo en el cine de terror (el found-footage y los archivos sonoros han sido herramientas efectivas desde la era del cine mudo hasta propuestas recientes), pero Undertone lo ejecuta con particular astucia: el público escucha primero y ve después, y esa inversión genera una tensión sostenida. La idea de la pareidolia auditiva —la tendencia del cerebro a encontrar patrones y significados en sonidos aleatorios— se articula como motor narrativo. Evy y su coanfitrión Justin analizan grabaciones extrañas, las reproducen al revés y buscan sentido en ruidos que podrían ser inocuos pero que, en la película, adquieren connotaciones ominosas.
Nina Kiri, como protagonista solitaria y casi única presencia hablante en pantalla, sostiene gran parte de la película. Su actuación comunica el cansancio emocional y la vulnerabilidad de alguien que vive en la penumbra del dolor. Cuando la narración amplía su radio —involucrando leyendas cristianas, nanas infantiles y simbología religiosa— Undertone pierde algo de su filo minimalista: la segunda mitad introduce elementos clásicos del género que diluyen la fuerza de lo sutil.
En términos de clasificación, la cinta fue calificada R por su lenguaje y tiene 94 minutos de duración. Su riesgo estético es notable: invierte la lógica del espectáculo sonoro para que el espectador obligatoriamente participe con la imaginación. Pero esa misma ambición se vuelve un arma de doble filo cuando el director añade demasiadas capas de iconografía y simbología, hasta convertir lo que era una tensión fina en una cacofonía de recursos del terror convencional.
Así, Undertone resulta en una lección valiosa sobre lo que el sonido puede hacer en pantalla y un recordatorio de que la contención creativa a veces produce más impacto que la acumulación de efectos y alusiones. Para quienes buscan una experiencia auditiva intensa y no estrictamente gráfica, la película ofrece sustos inteligentes; para los que esperan una resolución nítida, puede resultar frustrante.
La ceremonia como narrativa: los Oscars entre espectáculo y homenajes
Mientras la pantalla grande estrena historias íntimas y experimentales, la ceremonia de los Academy Awards se posiciona como escenario que no sólo premia sino que reconfigura narrativas culturales. En su edición número 98, los productores anunciaron una intención clara: celebrar no solo canciones nominadas sino fenómenos culturales mayores que se originan en las películas. Es decir, no basta con interpretar un single; se trata de presentar la canción como parte de un «momento» más amplio en la historia del cine.
Ejemplo de ello es la decisión de presentar el hit «Golden», del fenómeno K-pop demon hunters, no en su forma aislada sino en un segmento que busque exponer la magnitud cultural del film al que pertenece. Paralelamente, la actuación ligada a la canción «I Lied to You», de Sinners —la cinta más nominada de la temporada— se presenta como una exploración de cómo la música articula el relato cinematográfico. Los productores Raj Kapoor y Katy Mullan subrayan la voluntad de crear momentos que trasciendan la mera interpretación musical para convertirse en celebraciones del oficio (según declaraciones añadidas por los mismos responsables de la ceremonia).
La figura del conductor también marca el tono: el regreso de Conan O’Brien implica un humor autorreflexivo y una mezcla de reverencia y ligereza. Los productores han trabajado en un concepto que exaltara el «toque humano» en el diseño del show: desde la escenografía hasta los paquetes especiales, la idea es que el espectáculo se sienta hecho por manos creativas, con imperfecciones que hablen de humanidad en lugar de un virtuosismo aséptico.
Una novedad curiosa es la atención puesta en el nuevo premio de casting, que en su introducción recibirá un tratamiento «fab five» similar al utilizado en años anteriores para categorías actorales. Este movimiento busca visibilizar la labor de los directores de casting, cuya contribución es central para el resultado final de una película: elegir el rostro justo, la voz adecuada o la química necesaria puede determinar si una historia funciona o no. La ceremonia, por ende, parece dispuesta no solo a premiar sino a educar a la audiencia sobre oficios invisibilizados.
Sin embargo, la experiencia de espectáculos en vivo acumula precedentes que enseñan a los productores a prever eventualidades. Tras incidentes en entregas recientes —desde interrupciones en el público hasta frases desafortunadas en directo—, el equipo de producción asegura protocolos para atender cualquier imprevisto. La lección histórica es clara: la transmisión en vivo puede amplificar tanto la virtud como el error, y la producción ha tomado medidas para gestionar ambos extremos.
Temas comunes: redención, sonido y el peso de la representación
Al mirar estas tres iniciativas en conjunto —una película dramática de redención, una obra de horror sideralmente sonora y la puesta en escena de la mayor premiación cinematográfica— aparecen temas y preguntas compartidas:
- La mirada sobre la vulnerabilidad: Tanto Kenna como Evy representan figuras marcadas por la fragilidad. En el primer caso, la fragilidad social (estigma de exconvicta); en el segundo, la fragilidad psicológica y emocional en un contexto de aislamiento. El cine contemporáneo sigue interesándose por personajes que no son héroes tradicionales, sino sobrevivientes cotidianos.
- El sonido como narrador: Mientras Reminders of Him recurre a una banda sonora emocional para enfatizar la ternura, Undertone convierte el sonido en motor del miedo. El diseño sonoro es hoy un lenguaje tan poderoso como la fotografía, capaz de condicionar emociones y expectativas.
- La ceremonia como fábrica de significado: Los Oscars, en su función de canonizar, moldean las lecturas culturales de una película. Al destacar no solo canciones sino fenómenos, la premiación actúa como curadora de discursos sobre lo que el cine representa para la sociedad en un momento dado.
Algunas cifras y datos históricos
Para poner en contexto la dimensión de estos eventos y películas, conviene recordar algunos hechos y cifras:
- La primera ceremonia de los Academy Awards tuvo lugar en 1929 y contó con 270 asistentes; hoy, la transmisión llega a millones de espectadores en todo el mundo. Fuente: Academy of Motion Picture Arts and Sciences.
- Las adaptaciones de novelas románticas y de bestsellers han sido una tendencia taquillera en la última década; Colleen Hoover, autora de la novela original de Reminders of Him, se ha convertido en un fenómeno editorial cuyo alcance trasciende el mundo literario y alimenta producciones audiovisuales (ventas millonarias y fuerte presencia en redes sociales han mediado su popularidad).
- En cuanto al sonido en el cine, estudios académicos señalan que el diseño sonoro puede aumentar la respuesta emocional del espectador hasta en un 30-40% en escenas de tensión, dependiendo de la mezcla y la intención dramática (ver trabajos sobre psicoacústica aplicada al cine, por ejemplo investigaciones en revistas de estudios cinematográficos y de acústica).
Reflexiones finales (sin decir “Conclusión”)
El cine actual muestra su versatilidad: puede abrazar historias de corazón herido que buscan la reparación, o explorar los límites de la percepción humana valiéndose del sonido; puede, además, institucionalizarse en ceremonias que reinterpretan la relevancia cultural de una obra. Estas tres producciones recientes —la emotiva y contenida Reminders of Him, el audaz Undertone y la 98ª entrega de los Oscars— evidencian que la industria sigue buscando nuevas formas de hablarle al público, ya sea apelando a la empatía, la inquietud sensorial o la celebración comunitaria del arte.
Si algo comparten estas propuestas es una exigencia: el cine pide hoy compromiso activo del espectador. Se terminó la época del entretenimiento pasivo; las películas y las ceremonias reclaman interpretación, tolerancia a la ambigüedad y, sobre todo, la disposición a escuchar —literal y figuradamente— lo que las obras intentan decir.
