Ley de 'unitarismo étnico' en China: la asimilación como política de Estado y sus consecuencias

El proyecto aprobado por el Legislativo chino eleva el mandarín y la 'conciencia nacional' por encima de autonomías históricas, según académicos y defensores de derechos humanos

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Beijing — En marzo de 2026, el parlamento ceremonial de China avanzó hacia la aprobación de una amplia ley para promover lo que el gobierno denomina “unidad étnica”. Lejos de ser un mero gesto simbólico, el proyecto de ley consolida medidas que especialistas y activistas interpretan como un intento sistemático de asimilación cultural y lingüística de las minorías dentro del marco de un Estado cada vez más centralizado.

Un nuevo marco legal para la "conciencia de la nación china"

Según el texto presentado por Lou Qinjian, delegado a la Asamblea Popular Nacional, la ley tiene por objetivo “forjar una conciencia común de la nación china” entre todos los grupos étnicos. El lenguaje es explícito: exige a organismos estatales, fuerzas armadas, organizaciones del Partido, empresas y asociaciones sociales la responsabilidad de construir esa conciencia de acuerdo con la Constitución y la ley.

Para comprender la magnitud de ese cambio es imprescindible recordar que la Constitución china y la Ley de Autonomía Regional Étnica han reconocido durante décadas el derecho de las minorías a usar y desarrollar sus propias lenguas y a ejercer formas limitadas de autogobierno. Sin embargo, expertos advierten que la nueva normativa podría relegar esas garantías a un segundo plano en la práctica.

Mandarín obligatorio y enseñanza en lenguas minoritarias

Uno de los aspectos más controvertidos es el artículo 15 del borrador, que establece la enseñanza del mandarín a todos los niños antes del ingreso al jardín de infancia y como lengua obligatoria a lo largo de la educación obligatoria hasta el final de la secundaria. En regiones como Mongolia Interior, Tíbet y Xinjiang —donde las minorías ya venían sufriendo restricciones— el mandarín ya había desplazado en gran medida a las lenguas locales como principal idioma de instrucción.

Hasta hace poco, las escuelas en algunas áreas autónomas podían impartir buena parte del currículo en la lengua propia. Ese esquema se vio alterado, por ejemplo, en 2020 en Mongolia Interior cuando las autoridades sustituyeron libros de texto en mongol por materiales en chino estándar, provocando protestas masivas y una respuesta represiva (Leibold y colaboradores, ensayo sobre políticas lingüísticas en China, 2021).

Asimilación y "entornos comunitarios mutuamente insertados"

La ley también alienta la creación de “entornos comunitarios mutuamente insertados”, un término que académicos como Minglang Zhou, de la Universidad de Maryland, interpretan como una invitación a disolver barrios con mayorías minoritarias para mezclarlos con poblaciones han. “La intención es fomentar que los han y otras minorías convivan en las mismas comunidades”, explicó Zhou en entrevistas difundidas por medios internacionales.

Esta política de ingeniería social no es novedosa en términos globales: muchos Estados han impulsado medidas de integración. No obstante, en el contexto chino actual, representantes de derechos humanos consideran que la palabra “integración” equivale a la pérdida de rasgos culturales y lingüísticos distintivos cuando se aplica con mandatos coercitivos y sin garantías reales de bilingüismo.

Penalidades extraterritoriales y paralelismos con leyes de seguridad

Otro punto alarmante del proyecto es que establece bases legales para perseguir, incluso fuera de China, a personas u organizaciones cuyas acciones “perjudiquen el avance de la unidad étnica”. Ese tipo de jurisdicción extraterritorial recuerda la aplicación de la Ley de Seguridad Nacional sobre Hong Kong en 2020, que abrió la puerta a procesamientos de actores con residencia fuera del territorio según interpretaciones del Ejecutivo central.

Rayhan Asat, jurista vinculada a la Universidad de Harvard, ha advertido que la nueva ley podría ser utilizada como un “instrumento estratégico” para justificar violaciones de derechos humanos. En su caso personal, su hermano Ekpar Asat fue condenado a 15 años en Xinjiang por cargos que, según ella, se enmarcaron en persecución por motivos identitarios tras su participación en programas internacionales (declaraciones públicas, 2024).

El caso de los uigures: antecedentes y riesgo de expansión

La situación de los uigures en Xinjiang es el antecedente más citado por quienes temen una escalada. Desde 2017, ONG y periodistas han documentado campañas masivas de detención administrativa, reeducación política y restricciones culturales contra la minoría musulmana uigur. Aunque Pekín sostiene que los campos eran programas de formación profesional y han sido cerrados en su forma original, expertos independientes consideran que miles siguen encarcelados o en régimen de vigilancia por motivos étnicos o religiosos.

Si la nueva ley se vuelve un instrumento para criminalizar la expresión pública de identidades étnicas “no alineadas”, el riesgo es que prácticas ya implementadas en Xinjiang, en distintos grados, se normalicen a lo largo del territorio nacional.

Voces académicas y de defensa: ¿igualdad o homogeneidad?

James Leibold, profesor de La Trobe University (Australia) y estudioso de las políticas étnicas chinas, afirmó que la propuesta “pone el clavo final en la promesa original de autonomía” que proclamaba el Partido en décadas pasadas. Para Leibold, la medida es el punto culminante de lo que llama la “revisión mayor” de las políticas hacia las minorías impulsada por Xi Jinping.

Maya Wang, subdirectora de Asia en Human Rights Watch, agregó que el texto no persigue una participación económica equitativa sino la imposición de un modelo homogéneo: “Una verdadera inclusión no excluye la posibilidad de que los niños aprendan dos idiomas” (HRW, declaración pública, marzo 2026).

Impactos sociales y culturales: ¿qué significaría para las generaciones futuras?

El temor de activistas y familias de minorías es práctico: la escolarización en mandarín y la reducción del espacio público para otras lenguas erosionan el uso intergeneracional. Cuando la escuela deja de transmitir una lengua, la transmisión familiar también puede debilitarse, sobre todo si el empleo, el acceso a la universidad y la movilidad social dependen del dominio del mandarín.

De modo agregado, esa dinámica puede transformar la manera en que identidades enteras se definen. “Creo que preservar cualquier forma de identidad uigur sería imposible”, dijo Asat en una entrevista, expresando el miedo a que las generaciones futuras pierdan rasgos culturales esenciales.

Contexto numérico y alcance poblacional

China reconoce oficialmente 55 grupos étnicos además de la mayoría han. Según cifras oficiales citadas por analistas, esas minorías representan cerca del 8.9% de la población total de aproximadamente 1.4 mil millones (datos del censo y publicaciones oficiales, 2020-2021). Aunque porcentualmente minoritarias, estas poblaciones son numerosas en términos absolutos y están concentradas en regiones estratégicas por recursos naturales y por ubicación geopolítica.

¿Desarrollo o homogeneización? El discurso oficial

En su defensa, el Gobierno sostiene que la política busca llevar desarrollo económico y servicios a regiones históricamente marginadas. La narrativa oficial enfatiza estabilidad, prosperidad y una ciudadanía homogénea como condiciones para el progreso. No obstante, la experiencia muestra que los enfoques que priorizan la homogeneización lingüística y cultural sin salvaguardas pueden generar resentimiento y pérdida cultural.

Escenarios futuros y lecciones históricas

Si la ley se aplica de manera exhaustiva, podríamos asistir a tres efectos principales: 1) aceleración de la sustitución lingüística en escuelas y espacios públicos; 2) uso de herramientas legales para sancionar a disidentes y organizaciones en el extranjero; 3) nuevas medidas de reordenamiento poblacional en aras de crear “comunidades mixtas”.

La historia moderna muestra que las políticas de asimilación forzada rara vez solucionan tensiones identitarias a largo plazo: suelen provocar resistencias, pérdida de patrimonio cultural y, en muchos casos, heridas sociales que perduran por generaciones. La pregunta que enfrentan observadores internacionales y las comunidades afectadas es si China optará por modelos de integración que preserven la diversidad o por un camino de homogeneización consistente con una visión única de la nación.

  • Fuentes citadas y contexto:
    • Declaraciones de James Leibold (La Trobe University) y Minglang Zhou (University of Maryland) en cobertura periodística y publicaciones académicas sobre políticas étnicas chinas.
    • Maya Wang, Human Rights Watch, declaraciones públicas sobre inclusión y derechos lingüísticos (HRW, marzo 2026).
    • Rayhan Asat, análisis y testimonios vinculados a casos judiciales en Xinjiang (declaraciones públicas y entrevistas, 2024-2026).
    • Datos poblacionales oficiales citados en coberturas periodísticas: 55 minorías reconocidas; minorías = ~8.9% de 1.4 mil millones (censos y publicaciones estatales, 2020-2021).

La discusión pública internacional continuará, tanto por razones de derechos humanos como por implicaciones diplomáticas. Para las comunidades afectadas, la batalla no es solo por políticas públicas: es por el derecho a definirse a sí mismas y a transmitir su lengua y cultura a las próximas generaciones.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press