Patrimonio en la línea de fuego: el daño a sitios históricos en Irán y lo que eso significa para la memoria colectiva

Golestan, Chehel Sotoun y la mezquita Masjed-e Jāme: cómo los ataques recientes amenazan bienes culturales insustituibles y por qué su protección importa más que nunca

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En las últimas semanas, la escalada del conflicto en el Medio Oriente ha dejado no solo un trágico saldo humano, sino también daños verificables a monumentos y sitios históricos en Irán que forman parte del tejido identitario del país y del patrimonio de la humanidad. Entre los lugares afectados figuran el Qajar-era Golestan Palace en Teherán, el palacio Safávida Chehel Sotoun y la Masjed-e Jāme, la mezquita del viernes más antigua de Irán en Isfahán. La UNESCO ha confirmado la verificación de dichos daños y ha recordado a las partes en conflicto sus obligaciones bajo el derecho internacional para proteger el patrimonio cultural.

Por qué importa proteger el patrimonio durante los conflictos

Los sitios históricos no son meros objetos de contemplación turística: son depósitos de memoria colectiva, de continuidades culturales y de identidades locales. Cuando un palacio, una mezquita o un yacimiento arqueológico resultan dañados o destruidos, se produce una pérdida que trasciende lo material. Como señaló Bonnie Docherty, investigadora principal de la división de armas de Human Rights Watch, “daña o destruye un pedazo de su historia que puede ser significativo tanto para el mundo como para una región o comunidad específica” (Human Rights Watch).

El marco jurídico y moral que regula estos casos está claramente establecido: las Convenciones de La Haya (1954 y sus protocolos) y normas del derecho internacional humanitario obligan a las partes en conflicto a tomar precauciones para evitar daños al patrimonio cultural. La UNESCO, a su vez, opera listas y mecanismos técnicos de protección y prevención, y trata de coordinar asistencia cuando el patrimonio está en peligro.

Los sitios dañados: valor histórico y simbólico

  • Golestan Palace (Teherán): Residencia de la dinastía Qajar, con ornamentos de espejo y mosaicos que mezclan arquitectura persa y detalles europeos adaptados por artesanos locales. Su sala de espejos, vitrales y techos ornamentados son un ejemplo vivo de la artesanía de los siglos XVIII–XIX.
  • Chehel Sotoun (Isfahán): Un palacio Safávida del siglo XVII, diseñado como pabellón de ceremonias cuya sala de columnas y reflejos en estanques simbolizan el estilo jardín-palacio persa. Es parte del conjunto de Isfahán, reconocido por la UNESCO por su valor urbanístico y arquitectónico.
  • Masjed-e Jāme (Isfahán): La antigua mezquita del viernes, cuya historia constructiva se remonta a la época islámica temprana y que ha sido reformada y añadida por dinastías sucesivas. Es una fuente para estudiar la evolución de la arquitectura religiosa en Irán.
  • Khorramabad Valley y sus cuevas prehistóricas: Sitios con evidencia de ocupación humana que podrían remontarse a decenas de miles de años; tales formaciones naturales y arqueológicas ofrecen claves sobre la prehistoria de la región.

Estos lugares no solo atesoran arte y arquitectura: contienen capas de historia que permiten a arqueólogos, historiadores y a la propia sociedad reconstruir trayectorias culturales. Destruirlos o dañarlos impide ese trabajo y empobrece a las generaciones futuras.

Daños verificados y la respuesta internacional

La UNESCO ha confirmado daños en los sitios mencionados y declaró que había proporcionado a las partes en conflicto las coordenadas geográficas de los bienes culturales “para que tomaran todas las precauciones factibles a fin de evitar daños” (UNESCO World Heritage Centre). A su vez, el portavoz de Naciones Unidas, Stéphane Dujarric, afirmó que en estos conflictos modernos “son los civiles y la infraestructura civil los que pagan el precio, y hemos visto la destrucción de un patrimonio histórico incalculable” (UN News / UN Press).

Organizaciones protectoras del patrimonio, como el U.S. Committee of the Blue Shield, han expresado su alarma por declaraciones que sugieren menores restricciones en las reglas de enfrentamiento: “Esas reglas de enfrentamiento encarnan el derecho internacional humanitario, que no solo protege el patrimonio cultural, sino a todas las poblaciones y estructuras civiles, entre hospitales y escuelas”, explicó Patty Gerstenblith, presidenta de esa organización.

El efecto simbólico: identidad, duelo y memoria

El daño físico provoca también heridas simbólicas. Testimonios recogidos entre miembros de la diáspora iraní muestran cómo la pérdida de un sitio puede sentirse como la pérdida de un familiar. Shabnam Emdadi, ciudadana iraní-estadounidense, dijo que la valoración personal del palacio Chehel Sotoun está imbricada con recuerdos familiares y viajes compartidos con su padre; el deterioro del monumento equivale, para ella, a “perder una pieza” de esas memorias. Arash Azizi remarca que visitar sitios históricos fue para él —y para muchas familias— la manera principal de aprender identidad y pertenencia en ausencia de viajes al extranjero.

Esta dimensión humana suele subestimarse en las valoraciones militares o geoestratégicas: el patrimonio es un pegamento social que facilita la cohesión y la transmisión cultural. Su daño contribuye a procesos de desarraigo y crisis identitarias que pueden prolongarse mucho después del final de las hostilidades.

El precedente y la práctica internacional

La destrucción deliberada o colateral de patrimonio no es nueva: en las últimas décadas hemos visto episodios en los Balcanes en los años 90, la destrucción de sitios en Siria e Irak durante la década de 2010, y daños significativos en Ucrania tras la invasión de 2022. En el conflicto entre Israel y Hamas también se han documentado afectaciones a bienes culturales. Según la propia UNESCO, decenas de sitios de valor han sufrido daños en conflictos recientes, lo que pone de relieve la fragilidad de este patrimonio frente a las armas modernas.

En respuesta, se han desarrollado mecanismos como la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro y la inclusión de coordenadas en avisos a fuerzas combatientes. Pero esos instrumentos dependen de la voluntad política y del cumplimiento del derecho internacional por parte de actores estatales y no estatales.

Qué se puede y debe hacer: medidas prácticas

  1. Refuerzo de la documentación y digitalización: registrar en alta resolución y mapear con precisión sitios y colecciones para que, en caso de daño, haya registros que permitan restauraciones o reconstrucciones informadas.
  2. Cooperación técnica internacional: desplegar equipos de restauración, asesoría y asistencia logística a través de la UNESCO y ONG especializadas, tan pronto permitan las condiciones de seguridad.
  3. Mecanismos legales y diplomáticos: elevar la protección del patrimonio a prioridad en negociaciones humanitarias y aplicar sanciones a ataques deliberados contra bienes culturales cuando exista evidencia.
  4. Protección preventiva en el terreno: identificar y proteger —cuando sea posible— piezas móviles, trasladarlas a sitios seguros, y crear cortinas o barreras para mitigar daños por onda expansiva o fragmentación.
  5. Conciencia pública y educación: fortalecer la comprensión internacional de por qué el patrimonio es parte integral de la dignidad humana y la reconstrucción posconflicto.

El largo plazo: restauración, justicia y reconciliación

Restaurar un edificio histórico no es solo un acto técnico: es un gesto político y social que contribuye a la resiliencia comunitaria. La restauración puede ser un elemento de reconciliación si se lleva adelante con transparencia, participación comunitaria y respeto por la autenticidad del bien. No obstante, la reparación nunca será completa si las memorias asociadas al daño no se reconocen.

Al mismo tiempo, la rendición de cuentas por daños deliberados al patrimonio cultural puede formar parte de procesos judiciales y de verdad. Documentar, probar y, cuando corresponda, llevar ante tribunales a quienes ordenaron ataques contra bienes protegidos —o sancionar a quienes violaron normas de derecho internacional— es parte de la reparación simbólica y material que las sociedades necesitan.

El daño reciente a Golestan, Chehel Sotoun y la Masjed-e Jāme subraya una lección simple y dura: en la era de armas de precisión y operaciones a gran escala, la vulnerabilidad del patrimonio es mayor, pero las herramientas de protección y documentación también existen y deben activarse. Proteger el pasado no es un lujo. Es invertir en la capacidad de las sociedades de recordar, de curar y de reconstruir su futuro.

Fuentes y lecturas recomendadas: UNESCO World Heritage Centre (whc.unesco.org), Human Rights Watch (hrw.org), comunicados de Naciones Unidas (un.org/press), y reportes periodísticos que verifican los daños en sitio (informes de agencias internacionales y corresponsales en la región).

Este artículo fue redactado con información de Associated Press