El poder del sonido: 'Undertone' y la reinvención del terror íntimo

Cómo Ian Tuason convirtió el paisaje auditivo en personaje y transformó el duelo personal en una experiencia cinematográfica que hay que oír en sala

Undertone llega a las salas como una propuesta que reordena las prioridades del cine de terror: aquí manda el sonido. Ian Tuason, director y guionista, ha construido una película casi monocorde en espacio y reparto —prácticamente ubicada en una sola casa y con una protagonista central— y, aun así, logra abrir en el espectador un universo de miedos inéditos. El resultado es una experiencia que funciona mejor en una sala con mezcla Dolby: no tanto por exhibir efectos grandilocuentes, sino por activar la imaginación del público a través de pistas sonoras y de espacios vacíos deliberados.

Una apuesta minimalista con raíces personales

La génesis de Undertone no es un experimento académico ni un encargo comercial: es una historia nacida de la pérdida. Durante la pandemia, Tuason volvió a la casa familiar para cuidar a sus padres cuando ambos recibieron diagnósticos terminales. Ese periodo de duelo, combinado con la práctica de la creación sonora —Tuason proviene de proyectos de realidad virtual y fue pionero en sonido inmersivo 3D en cortometrajes de terror—, lo llevó a escribir un guion que incluye cada pista sonora con precisión milimétrica. El texto llegó a extenderse 250 páginas, porque cada respiración, cada silencio y cada ruido tenía su motivo.

«Mi favorita parte de todo el proceso es verla con público. Probablemente por eso quise hacer una película de terror… para presenciar las reacciones», señaló Tuason en una entrevista sobre el film. Esa declaración define la intención: no se trata solo de asustar, sino de provocar una experiencia colectiva —o íntima, según el formato— que recupere la dimensión social de la narración de miedo, como ocurre al contar una historia de fantasmas alrededor de una fogata.

La protagonista, la máquina sonora y la imaginación del espectador

En la película, Evy (interpretada por Nina Kiri) es una podcaster paranormal que cuida a su madre en coma mientras investiga una serie de archivos de audio anónimos que parecen contener algo perturbador. Evy lleva auriculares con cancelación de ruido y, paradójicamente, se enfrenta al acoso de lo audible: sonidos que invitan a la imaginación y obligan al espectador a completar lo que la cámara deliberadamente evita mostrar.

Tuason sintetiza una idea clásica del terror: «El sonido en las películas crea espacio para que la audiencia imagine lo que no está viendo. Lo que tú imagines como espantoso será mucho más aterrador que lo que yo pueda enseñarte». Esa apuesta por la sugestión sonora es la columna vertebral del film. Al eliminar estímulos visuales superfluos, Undertone convierte el oído en brújula emocional y en vehículo principal de la tensión.

De la postproducción local a Dolby en salas

Aunque la concepción del trabajo sonoro se dio desde la escritura, la película encontró su forma definitiva en la postproducción. Una colaboración con el estudio REDLAB en Toronto permitió ensamblar los paisajes auditivos iniciales; cuando A24 se sumó como distribuidora, la mezcla se rehicó en Dolby para obtener la versión pensada por Tuason para sala. «Está pensado para verse en Dolby en el cine, porque es la visión exacta que Ian tenía», comenta el productor Cody Calahan. Sin embargo, la obra conserva otra vida: en casa, con auriculares, la experiencia cambia —y permite descubrir matices distintos— por lo que, como dice Calahan, «puedes verla dos veces».

Transparencia y valentía creativa: escribir sin vender

Parte del carácter bruto de Undertone proviene de su honestidad: Tuason no escribió para convencer a un comprador ni para ajustarse a una fórmula de mercado. Al partir de una pieza de audio y de su propia experiencia como cuidador, se permitió una escritura que no buscaba agradar sino expresar. «No tuve que escribirla buscando venderla. Creo que eso le dio su honestidad. Iba a hacerla de cualquier forma», dijo el director, y esa libertad creativa se percibe en la película: la protagonista enfrenta decisiones vitales —como la posibilidad de tener un hijo— que le dan profundidad psicológica al relato de miedo.

El duelo como materia del horror

El terror cinematográfico ha dialogado por décadas con temas humanos profundos: culpa, pérdida, identidad, culpa intergeneracional. Undertone se ancla en el duelo como motor dramático. El miedo aquí no es solo la aparición de una entidad sobrenatural, sino la materialización de la angustia cotidiana del cuidado terminal, la soledad de la noche y la fragilidad de los lazos familiares. Convertir esa experiencia en un relato de suspenso sonoro permite que el espectador empatice con la protagonista y, a la vez, sienta cómo el silencio y los ruidos cotidianos se vuelven asediantes.

La recepción: festival y expectativas

La película pasó por el circuito de festivales —entre ellos Sundance— y recibió una atención notable por su propuesta sonora. En críticas y conversaciones en redes se la ha señalado como una de las aproximaciones más originales al subgénero del «audio horror» en años recientes. Más allá del halago festivalero, la puesta en salas y la mezcla en Dolby buscan que el público experimente la obra tal como fue pensada: como un ejercicio de escucha activa y como una provocación emocional.

De la experiencia íntima al gran estudio: el futuro de Tuason

El impacto de Undertone ha acercado oportunidades en la industria: Tuason fue invitado a dirigir una nueva entrega de una franquicia de terror icónica —un paso que lo llevará a trabajar con presupuestos mayores y equipos más grandes. Él afirma que disfruta complacer al público y que seguirá explorando el terror, pero no restringirá sus ambiciones: sueña con ciencia ficción y, en el largo plazo, con hacer una película de kung-fu contemporánea.

Su recorrido ejemplifica una vía cada vez más frecuente en el cine contemporáneo: creadores que nacen en lo experimental y lo inmersivo y que terminan reconfigurando el lenguaje de los grandes estudios sin perder un enfoque autoral. Ese cruce entre la economía de recursos —hacer una película en la casa familiar con un reparto mínimo— y la sofisticación técnica (mezclas Dolby, diseño sonoro detallado) es la lección más clara de Undertone.

¿Por qué oír esta película en el cine?

  • La mezcla espacial en salas Dolby recrea direccionalidad y profundidad que los auriculares no reproducen exactamente.
  • El silencio y los efectos mínimos cobran fuerza cuando se comparan con la respiración colectiva del público; los sobresaltos y las expectativas se retroalimentan.
  • La película explora una dimensión social del miedo: el intercambio de miradas y reacciones en la sala complementa la experiencia auditiva individual.

Si hace falta un nombre histórico con el que dialogar, la obra recuerda a directores que comprendieron la potencia del off y del sonido sugerente, aunque su propuesta sea propia. Tuason no rehúye la referencia; incluso cita el ejemplo de contar historias de miedo alrededor de una fogata. Pero su innovación consiste en convertir el formato de podcast en dispositivo dramático cinematográfico y en usar la tecnología sonora contemporánea para volver a lo básico: que el espectador imagine.

La génesis íntima de Undertone y su recepción muestran algo que el cine de género ha recordado últimamente: las ideas pequeñas y personales, bien ejecutadas y con riesgo formal, pueden transformar la experiencia colectiva en sala. Y eso, en tiempos de pantallas pequeñas y algoritmos, es una invitación a volver a vivir el cine como acontecimiento.

«Es un milagro que haya hecho esto y que después una distribuidora grande lo haya comprado, que haya pasado por festivales y que se estrene en viernes 13», dijo Tuason, evocando coincidencias que, para él, tienen valor simbólico. Más allá de la superstición, el dato concreto es otro: el cine recupera, gracias a proyectos así, su condición de ritual compartido —y se lo agradecemos —en voz alta— con un solo requisito: escuchar.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press