El regreso del Djidji Ayôkwé: justicia cultural, memoria y retos de la restitución

La devolución a Costa de Marfil de un tambor sagrado exhumado durante la colonización reaviva debates sobre patrimonio, reparación y políticas de restitución

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El 13 de marzo de 2026 marcó un hito en la historia cultural de Costa de Marfil: Francia devolvió el Djidji Ayôkwé, un gigantesco tambor parlante tallado por el pueblo Atchan, que había sido saqueado por las autoridades coloniales en 1916. La ceremonia en el aeropuerto internacional Félix Houphouët-Boigny no solo celebró la llegada del objeto, sino que también reabrió un debate global sobre la restitución de bienes culturales, la reparación histórica y la manera en que los museos occidentales administran colecciones procedentes de territorios que fueron colonizados.

El tambor y su significado

El Djidji Ayôkwé —cuyo nombre se traduce aproximadamente como “pantera-león”— es una pieza monumental: mide cerca de 3,5 metros (138 pulgadas) y pesa alrededor de 430 kilogramos (950 libras). Para las comunidades Atchan del área de Abidjan, este tambor no era un mero objeto decorativo, sino un instrumento de comunicación y de memoria colectiva. Historiadores y líderes tradicionales coinciden en que, durante la época colonial, el tambor sirvió para transmitir advertencias sobre el reclutamiento forzoso y otras políticas coercitivas impuestas por las autoridades francesas.

Aboussou Guy Mobio, jefe de la aldea de Adjamé-Bingerville, sintetizó el sentir local al afirmar que “después de una larga estadía lejos de su tierra, nuestro tambor sagrado finalmente regresa a su pueblo; es como la pieza que faltaba de nuestra historia”. Estas palabras reflejan que la restitución no es solo devolución de un objeto físico, sino restitución de significados, rituales y narrativas culturales que fueron interrumpidas por la violencia colonial.

Un proceso largo y complejo

La devolución del Djidji Ayôkwé no fue un acto espontáneo ni simbólico: respondió a una política que comenzó a tomar forma tras el informe encargado por el gobierno francés en 2018, conocido como el informe Sarr-Savoy. Ese documento, elaborado por los académicos Felwine Sarr y Bénédicte Savoy, recomendó la restitución de bienes culturales a las antiguas colonias cuando estos objetos hubieran sido adquiridos en condiciones inequitativas durante la colonización. El informe impulsó cambios legales y debates políticos en Francia y, a partir de entonces, varias devoluciones han tenido lugar entre Francia y países africanos.

En el caso del tambor, el Parlamento francés aprobó una normativa especial que permitió sacar la pieza de las colecciones públicas francesas para su retorno. El proceso incluyó, además, consultas y rituales realizados por líderes Atchan en París para levantar simbólicamente la condición sagrada del objeto y permitir su restauración y transporte seguro. Una vez llegado a Abidjan, el tambor iniciará un periodo de aclimatación de un mes en un lugar seguro para que la madera —afectada por décadas en clima europeo— se readapte al ambiente tropical y no sufra grietas ni daños irreversibles.

Contexto histórico y cifras

El problema del patrimonio cultural saqueado durante la colonización es cuantitativa y cualitativamente vasto. Aunque no existe un censo definitivo y universal, se estima que decenas de miles de objetos extraídos de África y otras regiones se encuentran en colecciones públicas y privadas europeas. Sólo en Francia, los investigadores señalaron miles de piezas de origen africano en museos e instituciones públicas. El informe Sarr-Savoy (2018) fue explícito al afirmar que la restitución debía ser considerada como una cuestión de justicia histórica y diplomacia cultural: “Devolver es reconocer la violencia histórica y restablecer una relación de respeto”, escribieron los autores (Comisión Sarr-Savoy, 2018: https://www.ladocumentationfrancaise.fr/rapports-publics/184000526/index.shtml).

Además, la demanda de Costa de Marfil a Francia incluye al menos 140 objetos reclamados oficialmente, de acuerdo con las solicitudes presentadas por autoridades marfileñas. El tambor es la primera pieza retornada por Francia a ese país en el marco de esta política; su llegada puede abrir la puerta a negociaciones más profundas sobre la restitución de otras obras.

Dimensiones culturales y éticas

La restitución del Djidji Ayôkwé plantea preguntas que van más allá del regreso físico de un artefacto:

  • ¿Cómo se reconcilian los museos con su propio pasado? Muchas instituciones europeas han reconocido que sus colecciones se formaron en contextos coloniales marcados por el poder y la desigualdad. La transparencia sobre la procedencia, la accesibilidad a la información y la cooperación con comunidades de origen son demandas crecientes.
  • ¿Qué significa restitución para las comunidades de origen? Para los Atchan, volver a tener el tambor implica recuperar prácticas rituales, memorias y liderazgo cultural. No siempre basta con la devolución física: a menudo se requieren programas de revitalización cultural, financiación para conservación y espacios expositivos adecuados.
  • ¿Es la restitución suficiente como reparación? Algunos especialistas advierten que la devolución debe formar parte de políticas más amplias: educación, inversión en museos locales, formación de conservadores y la creación de narrativas inclusivas que reconozcan el daño histórico.

Impacto institucional y público

La llegada del tambor al Museum of Civilizations in Abidjan (Museo de las Civilizaciones de Costa de Marfil, MUCIV) —donde se espera que se exhiba tras su etapa de aclimatación— contribuirá a reforzar la identidad institucional del museo recientemente renovado. La exposición pública en abril será una oportunidad para movilizar audiencias locales, educativas y la diáspora marfileña.

Pero la exhibición también exige un debate público: cómo contextualizar el objeto en las salas, cómo narrar su historia sin exotizar ni victimizar, y cómo asociar su presencia a programas de educación crítica sobre el pasado colonial. En palabras de varios especialistas en patrimonio, “mostrar no es lo mismo que interpretar”; la museografía tendrá que ofrecer herramientas para entender el tambor en su dimensión ritual y en la trama histórica del colonialismo.

Lecciones y potenciales repercusiones internacionales

La devolución del Djidji Ayôkwé no es un caso aislado: es parte de una tendencia más amplia que ha visto a gobiernos y museos europeos revisar sus políticas de patrimonio. Países como Alemania, Noruega, Bélgica y Francia han iniciado procesos de diálogo y, en algunos casos, restituciones. Según datos y reportes del propio movimiento internacional por la restitución, en la última década hubo un aumento notable en acuerdos bilaterales y préstamos de larga duración convertidos en retornos permanentes.

Este impulso podría tener efectos estructurales:

  1. Fomentar la profesionalización de los museos en países de origen, mediante alianzas técnicas y programas de capacitación.
  2. Generar marcos legales y diplomáticos más claros sobre la propiedad cultural, las pruebas de procedencia y los mecanismos de restitución.
  3. Incentivar la investigación colaborativa que reescriba historias desde múltiples voces, dando protagonismo a las comunidades originarias.

Riesgos y críticas

No obstante, el proceso conlleva riesgos y críticas legítimas. Algunas voces señalan que las devoluciones pueden ser simbólicas si no van acompañadas por políticas públicas que fortalezcan las infraestructuras culturales locales. Otros advierten sobre la burocracia y las desigualdades entre Estados: ¿qué sucede cuando los objetos están en colecciones privadas o en países que no muestran voluntad política? Además, la autenticidad documental y la trazabilidad de muchos objetos son difíciles de establecer con certeza tras décadas de cambios y transferencias.

En el caso del Djidji Ayôkwé, la cooperación previa entre autoridades francesas y líderes Atchan —incluyendo rituales en París para levantar la condición sagrada del tambor antes de su traslado— puede servir como modelo de buenas prácticas: diálogo intercultural, respeto por los procedimientos tradicionales y coordinación técnica para la conservación.

La restitución del tambor a Costa de Marfil es, en suma, un episodio que mezcla justicia simbólica, trabajo técnico y desafíos políticos. Más allá del brillo mediático del acto, su verdadero impacto dependerrá de las políticas que lo acompañen: inversión en museos locales, programas de formación, narrativas educativas y, sobre todo, de que las comunidades de origen tengan voz y liderazgo en cómo se gestionan sus patrimonios. El Djidji Ayôkwé ha regresado; ahora comienza la tarea más profunda: devolver también la memoria y las condiciones para que esa memoria siga viva.

Fuentes y lecturas recomendadas:

  • Informe de la Comisión Sarr-Savoy (2018). Recomendaciones sobre la restitución del patrimonio africano. Disponible en: https://www.ladocumentationfrancaise.fr/rapports-publics/184000526/index.shtml
  • Información sobre el Museum of Civilizations (MUCIV) de Abidjan: comunicados oficiales del ministerio de Cultura de Costa de Marfil y notas de prensa sobre la reapertura del museo.
  • Estudios académicos sobre restitución y patrimonio: ver trabajos de Bénédicte Savoy, Felwine Sarr y otros especialistas en museología postcolonial.
Este artículo fue redactado con información de Associated Press