Cuba a oscuras: cuando las luces se apagan y la vida cotidiana se redefine

El colapso del sistema eléctrico insular expone fallas estructurales, presiones externas y un desafío humanitario que obliga a replantear prioridades energéticas

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La noche en que la isla entera se quedó sin luz no fue un simple apagón más. Para millones de cubanos significó la ruptura de la fragile rutina cotidiana: alimentos que se echan a perder, hospitales que trabajan al borde del colapso, comunicaciones intermitentes y una sensación creciente de fatiga social. Autoridades del Ministerio de Energía y Minas informaron de una “desconexión completa” del sistema eléctrico que dejó sin electricidad a la mayor parte del país; por la noche se reportó que solo el 5% de los habaneros —unos 42.000 clientes— recobraron el suministro, junto con algunos hospitales y servicios esenciales.

El desgaste del sistema: décadas de infraestructura al límite

El problema es tanto técnico como estructural. Cuba heredó una infraestructura energética que, en muchas instalaciones, supera con creces su vida útil normal. El profesor William LeoGrande, experto en estudios sobre Cuba, resume la situación con crudeza: los ingenieros que mantienen la red son “magos” por lograr que siga funcionando dadas las condiciones de deterioro. Las plantas termoeléctricas, muchas diseñadas para combustibles más limpios, han debido recurrir a heavy oil con alto contenido de azufre, lo que acelera la corrosión y el desgaste de equipos clave.

Además, aunque Cuba produce alrededor del 40% de su petróleo, la capacidad local no es suficiente para sostener la demanda eléctrica nacional. En un contexto de escasez de divisas, la importación de piezas de repuesto y la actualización de sistemas se convierten en tareas casi imposibles. LeoGrande advirtió que una reducción drástica del consumo y un despliegue acelerado de renovables podrían mantener el sistema a flote temporalmente, pero a costa de “miseria constante” para la población y el riesgo de colapso económico y migración masiva.

Historias detrás del apagón: impacto en la vida cotidiana

Detrás de los números hay rostros y decisiones cotidianas. Tomás David Velázquez Felipe, un habanero de 61 años, sintetizó el desaliento: “Lo poco que tenemos para comer se nos echa a perder… nuestro pueblo está muy viejo para seguir sufriendo”. Yaimisel Sánchez Peña, de 48 años, contó que los alimentos que su hijo le envía desde el exterior se descomponen por la falta de refrigeración; su madre de 72 años sufre diariamente por la misma razón.

Las medidas de contención anunciadas por el gobierno priorizan servicios como la salud y las comunicaciones, pero las restauraciones suelen ser parciales y temporales. Las autoridades han advertido que los pequeños circuitos puestos en marcha podrían fallar de nuevo. Esa incertidumbre genera comportamientos defensivos: cocinar solo lo indispensable, regalar alimentos antes de que se pudran y planificar salidas nocturnas con linternas o cargadores portátiles.

Polarización de responsabilidades: embargo, políticas internas y factores globales

El debate sobre las causas del colapso eléctrico está marcado por la polarización política. El gobierno cubano ha señalado diversas razones —incluida la falta de repuestos por la restricción de divisas— y ha responsabilizado en parte a lo que describe como un bloqueo energético. Por su lado, críticos y analistas apuntan también a la falta de inversión, a la mala gestión y al envejecimiento de la infraestructura como factores determinantes.

En los últimos meses, tensiones externas han exacerbado la situación. La disminución de envíos de petróleo desde Venezuela, por conflictos políticos en la región, y presiones internacionales que afectan flujos comerciales estratégicos han limitado las opciones de abastecimiento. Al mismo tiempo, sanciones y restricciones financieras complican la adquisición de tecnología y repuestos en mercados globales.

¿Renovables como salida? Potencial y obstáculos

Una de las respuestas más discutidas es el impulso masivo a las energías renovables. Cuba ha avanzado en proyectos solares y eólicos en años recientes, pero los expertos sostienen que para escalar esa transición a una velocidad capaz de compensar la falta de combustibles fósiles se requeriría un apoyo externo masivo, tanto financiero como tecnológico. LeoGrande señaló que para acelerar la adopción de solar a niveles que marquen la diferencia, “otros países, principalmente China, tendrían que duplicar o más la provisión de equipos”.

Los beneficios de una matriz energética basada en renovables son claros: menor dependencia de combustibles importados, reducción de costos operativos a mediano plazo y menores impactos ambientales. Sin embargo, la transición exige inversión inicial, capacitación técnica, piezas de repuesto, almacenamiento energético (baterías) y una reconfiguración de la red para integración distribuida. Todo ello choca con la restricción de divisas y la dificultad de atraer inversión extranjera en un contexto político complejo.

Propuestas anunciadas y límites de su alcance

En respuesta a la crisis, el Gobierno ha anunciado medidas orientadas a reactivar la economía y atraer capital. Entre las propuestas figura permitir que cubanos residentes en el exterior sean socios o propietarios de empresas privadas en la isla, facilitar la apertura de cuentas en moneda extranjera en bancos cubanos y conceder terrenos en usufructo para proyectos de infraestructura. Estas iniciativas buscan inyectar divisas y permitir alianzas para la modernización de sectores clave, incluida la energía.

No obstante, la efectividad de estas medidas dependerá de su implementación práctica, de cambios regulatorios más amplios y de la percepción de seguridad jurídica por parte de inversionistas y socios potenciales. Sin reformas más profundas que garanticen estabilidad y claridad, es probable que la llegada de capital sea limitada y fragmentaria.

El riesgo humanitario y las decisiones difíciles

La precariedad del suministro tiene un componente humanitario. Las autoridades han reportado el aplazamiento de decenas de miles de cirugías por la falta de combustible y recursos. En contextos de apagones prolongados, hospitales utilizan generadores —con costos elevados de combustible y mantenimiento— y dependen de reservas que, si se agotan, ponen en riesgo vidas.

El impacto en la seguridad alimentaria es inmediato: la pérdida de productos perecederos afecta tanto a hogares como a pequeños comercios y mercados. Los más vulnerables son quienes viven en viviendas sin acceso estable a electricidad ni redes de apoyo. A escala macronómica, la repetición de crisis energéticas puede acelerar la emigración y erosionar la capacidad productiva del país.

¿Qué caminos son plausibles en el corto y medio plazo?

  1. Gestión de emergencia y priorización social: Asegurar suministro para hospitales, centros de salud, sistemas de agua potable y comunicaciones. Es imprescindible un plan claro de contingencia y distribución de combustibles.
  2. Importación dirigida de repuestos críticos: Aunque las divisas son escasas, identificar y priorizar piezas que permitan estabilizar principales plantas termoeléctricas puede ganar tiempo.
  3. Alianzas técnicas y financieras: Buscar acuerdos con países y organismos multilaterales para financiamiento específico de proyectos renovables y modernización de la red.
  4. Despliegue acelerado de renovables a escala local: Impulsar microredes solares con almacenamiento en comunidades críticas para reducir la presión sobre la red central.
  5. Reformas institucionales: Facilitar mecanismos de inversión transparente que permitan a la diáspora y al sector privado internacional participar sin riesgos excesivos.

Reflexión final

El apagón generalizado que ha sacudido a Cuba en repetidas ocasiones en los últimos meses no es solo un problema técnico: es la manifestación de una convergencia de factores económicos, políticos y geopolíticos que requieren respuestas integrales. Mientras tanto, la cotidianidad de millones de personas se ve marcada por la incertidumbre y la necesidad de decisiones urgentes y realistas. Como sintetizó un vecino de La Habana: “Estamos esperando a ver qué pasa”, una frase que recoge paciencia, cansancio y una pregunta abierta sobre el futuro de la isla.

Fuentes y datos citados:

  • Población de Cuba: aproximadamente 11 millones de habitantes (estimaciones de población 2024, World Bank). World Bank
  • Declaraciones de residentes y autoridades recogidas en entrevistas y comunicados locales (citadas en testimonios recogidos durante los cortes recientes).
  • Análisis académico sobre la infraestructura energética cubana: William LeoGrande, experto en estudios sobre Cuba (citas aportadas por especialistas en energía).
Este artículo fue redactado con información de Associated Press