¿Sigue siendo Mohamed Salah el mismo?: Un análisis del bajón y el destello en la Champions

Cómo una temporada irregular aún dejó un momento decisivo para Liverpool en la máxima competición europea

Mohamed Salah ha sido, desde su llegada a Liverpool en 2017, sinónimo de goles, consistencia y momentos decisivos. Sin embargo, la temporada 2025-26 ha venido acompañada de interrogantes sobre su rendimiento y su futuro en Anfield. El partido de octavos de final de la UEFA Champions League contra Galatasaray ofreció una postal dual: un Salah que falla un penalti de manera casi cómica y, poco después, un Salah que firma un gol inspirado para encabezar la clasificación de los 'reds' a los cuartos. Ese contraste resume la campaña: irregularidad salpicada por destellos de grandeza.

El episodio del penalti y la percepción pública

En la primera mitad del encuentro, Salah tomó un penalti que terminó siendo un intento de Panenka fallido o, en la percepción de muchos, un mal golpeo. Independientemente de la intención, el fallo fue humillante a ojos del público y de la crítica: un instante que cristalizó la narrativa de una campaña en declive para el egipcio. Los medios y aficionados recordaron que, a sus 33 años, Salah no está atravesando por su mejor forma física ni anímica, algo que ha impactado tanto en la Premier League como en el plano continental.

Los números ayudan a contextualizar esa sensación. En la temporada 2023-24, Salah anotó 34 goles en la Premier League, cifras espectaculares que le valieron elogios y un protagonismo absoluto. Esta campaña, al momento del partido con Galatasaray, su cuenta en la Premier y en todas las competiciones se había visto reducida sustancialmente: 10 goles en la temporada europea hasta ese partido, según los reportes del choque (AP).

La respuesta: gol 50 en Champions y liderazgo decisivo

Si el penalti hubiera sido el único recuerdo de la noche, la lectura habría sido devastadora para Salah. Pero el fútbol rara vez permite simplicidades. Tras el descanso, el egipcio fue protagonista en la jugada que amplió la ventaja, y más tarde culminó con un gol de exquisita ejecución desde fuera del área, donde colocó el balón en la escuadra con una sutileza que solo las leyendas pueden permitirse. Ese tanto, además, supuso su gol número 50 en la historia de la UEFA Champions League, una cifra que lo coloca entre los máximos realizadores del torneo y subraya su importancia histórica para los clubes a los que ha servido (AP).

La dualidad en esa noche —error penal y gol magistral— es representativa de la campaña: lapsos de imprecisión y frustración mezclados con destellos de la calidad que lo convirtió en uno de los atacantes más temidos del continente.

¿Es falta de forma, desgaste o un cambio táctico?

Para analizar el declive en la producción goleadora de Salah hay que considerar varios factores:

  • Edad y desgaste físico: A los 33 años, los ritmos de recuperación cambian. Los atacantes que dependen de la velocidad de reacción y la explosividad pueden notar una merma progresiva. Aunque 33 no es una edad 'viejísima' en fútbol moderno, sí exige adaptación en el estilo de juego.
  • Conflictos extradeportivos: La temporada incluyó tensiones públicas entre Salah y el cuerpo técnico en los meses previos al torneo continental africano, lo que pudo impactar su concentración y estado mental.
  • Roles tácticos: Liverpool, con cambios de entrenador y esquema, ha variado la manera en que genera centros y ocasiones para el delantero. Si las responsabilidades de Salah se expanden a tareas de generación o conducción de balón, su ratio goleador puede verse afectado.
  • Calidad del entorno: Lesiones de compañeros, falta de un socio de ataque constante o mediocampistas menos creativos reducen las oportunidades claras que recibe un goleador veterano.

En suma, la merma no parece imputable a un solo factor, sino a la confluencia de edad, contexto táctico y variables extradeportivas.

El dilema del club: renovar o tomar riesgos

La directiva de Liverpool ha enfrentado una decisión compleja: ofrecerle a Salah un contrato lucrativo que podría mantenerlo en el club pese a la caída de rendimiento, o preservar recursos apostando por relevos más jóvenes. La historia reciente del club con futbolistas veteranos indica que las renovaciones se miden no solo por números, sino por impacto global en el vestuario y en la marca del club.

Para muchos fans, perder a Salah sería impensable. Desde su arribo, el egipcio aportó goles, títulos y una identidad ofensiva. Ganó la Champions League, la Premier League y fue pilar de la era más exitosa del club en años. Pero la prudencia financiera y deportiva pesa: asegurar un contrato largo a un jugador que podría estar en declive es un riesgo que los clubes del siglo XXI evalúan con lupa.

Comparación histórica: cuándo la leyenda empieza a ceder

En la historia del fútbol, hay ejemplos diversos de jugadores que han envejecido con gracia o que han caído abruptamente. Cristiano Ronaldo y Lionel Messi adaptaron su juego para seguir siendo letales en otras facetas; otros, sin embargo, no encontraron esa transición y vieron menguar su influencia de manera más marcada. El reto de Salah consiste en readaptarse: jugar más cerca del área, optimizar su tiempo de esfuerzo y aprovechar su lectura de juego para generar impacto sin depender tanto de la explosividad.

Es importante no confundir una mala racha con el final de una era. Las carreras de grandes atacantes suelen tener oscilaciones. Los clubes inteligentes aprovechan esos cambios para gestionar transiciones ordenadas: retener experiencia, pero prepara a la siguiente generación para tomar el relevo.

¿Qué puede hacer Salah (y Liverpool) para revertir la tendencia?

  1. Reajustar su carga física: Programas personalizados de entrenamiento y descanso para maximizar su pico de rendimiento en los momentos clave de la temporada.
  2. Optimizar su rol: Ubicarlo en posiciones que le permitan aprovechar su tiro y visión sin obligarlo a recorrer grandes distancias durante todo el partido.
  3. Refuerzos complementarios: Traer un socio de ataque que actúe como finalizador o un centrocampista creativo que genere más oportunidades claras.
  4. Apoyo psicológico: Gestionar la presión mediática y las expectativas con un equipo de apoyo mental que lo ayude a recuperar la confianza tras episodios como el penal fallado.

Si Liverpool gestiona bien estos aspectos, Salah aún puede dar varias temporadas de alto nivel, aunque quizás con un perfil diferente al de su pico goleador absoluto.

El valor intangible: liderazgo y legado

Más allá de goles y contratos, Salah representa un legado en Liverpool: profesionalismo, conexión con la afición y capacidad para decidir partidos importantes. Su standing en el club trasciende estadísticas. Incluso si su promedio goleador baja, su presencia en el vestuario, su experiencia en competiciones mayores y su liderazgo pueden ser esenciales durante campañas europeas exigentes.

El partido contra Galatasaray, en el que Salah alcanzó los 50 goles en Champions, es una prueba de que aún posee recursos para marcar la diferencia en noches decisivas (AP). Ese tipo de momentos justifican, para muchos, invertir en mantenerlo mientras se prepara una transición responsable hacia el futuro.

En definitiva, la narrativa sobre Mohamed Salah en 2026 no es binaria: ni su carrera ha terminado ni está a salvo de una declinación natural. Lo que sí queda claro es que su talento sigue siendo capaz de encender la esperanza de Anfield cuando más se necesita. La clave será cómo él y el club gestionan las próximas decisiones deportivas y contractuales para equilibrar presente y futuro.

Fuente citada: informe del partido Liverpool vs. Galatasaray y crónica del periodista James Robson para AP News (https://apnews.com/hub/soccer).

Este artículo fue redactado con información de Associated Press