Entre el miedo y el debate: cómo la comunidad judía en EE. UU. enfrenta la violencia y las divisiones por Israel

Ataques, seguridad y la línea borrosa entre crítica a Israel y antisemitismo: reflexiones sobre una comunidad que busca protegerse y definirse

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La reciente oleada de ataques dirigidos a instituciones judías en Estados Unidos y la polarización interna sobre las políticas del Gobierno de Israel han colocado a la comunidad judía estadounidense en una encrucijada emocional y política. Entre el temor por la seguridad, el debate sobre la expresión pública de apoyo a Israel y la preocupación histórica por el crecimiento del antisemitismo, los líderes y miembros de distintas corrientes religiosas y sociales buscan respuestas que preserven vidas, libertad de opinión y cohesión comunitaria.

Un patrón inquietante: seguridad y atentados

El atentado contra una sinagoga en las afueras de Detroit —donde más de 100 niños asistían a un programa preescolar— reavivó miedos profundos. El atacante, según fuentes oficiales, aseguró haber perdido familiares en un bombardeo en el Líbano; terminó intercambiando disparos con un guardia y quitándose la vida. Estos hechos no pueden verse aislados: desde 2014, los informes anuales muestran picos y valles en incidentes antisemitas en Estados Unidos, pero el año posterior al 7 de octubre de 2023 marcó un repunte notable en incidentes relacionados con protestas sobre Gaza y acciones vinculadas a Israel.

En su informe anual de 2024, la Anti-Defamation League (ADL) informó que, por primera vez, más de la mitad de los incidentes antisemitas registrados estuvieron relacionados con el conflicto israelí-palestino (Anti-Defamation League, 2024). Ese dato explica por qué muchas congregaciones y organizaciones judías han incrementado sustancialmente sus gastos en seguridad: algunos templos conservadores reportan costos superiores a 1 millón de dólares al año para proteger sus instalaciones y feligreses.

¿Protección o retraimiento? El dilema de los letreros y la visibilidad

Uno de los debates más viscerales se centra en los símbolos visibles de apoyo a Israel. El autor y comentarista Peter Beinart, crítico férreo de varias políticas del Gobierno israelí, opinó públicamente que carteles con la leyenda "We stand with Israel" podrían retirarse de sinagogas en EE. UU. porque, arguye, aumentan el riesgo para los congregantes y, además, representan una posición que muchos no comparten. Beinart afirmó en su podcast: "No importa lo que haga Israel... eso no justifica atacar una sinagoga"; al tiempo que aconsejó prudencia respecto a la exhibición pública de apoyo político.

En contraposición, líderes como Amy Spitalnick, de Jewish Council for Public Affairs, sostienen que la libertad de opinión y la expresión pública deben protegerse: "Vivimos en un país donde la gente tiene derecho a sus creencias. Nadie debe tener que arriesgar su seguridad por expresarlas", ha dicho. Este contrapunto subraya la tensión entre visibilidad y seguridad: retirar símbolos podría disminuir riesgos en el corto plazo, pero también podría silenciar identidades y disminuir la presencia pública de comunidades que históricamente han reclamado reconocimiento.

La línea entre crítica a Israel y antisemitismo

Una de las cuestiones más complejas es la confusión —y a veces la confluencia— entre la crítica legítima a las políticas de un Estado y la hostilidad dirigida hacia judíos por su condición religiosa o étnica. Varios rabinos y académicos señalan que, aunque muchos judíos critican abiertamente las decisiones del Gobierno israelí, esa crítica no debe transformarse en excusa para justificar ataques o discriminación contra personas y comunidades judías en la diáspora.

Como lo expresó Rabbi Elliot Cosgrove, líder de una congregación importante en Nueva York: la situación actual evidencia "la línea borrosa entre el anti-sionismo y el antisemitismo" y muestra "de qué manera la retórica violenta puede traducirse en actos violentos". Cosgrove y otros líderes piden claridad moral de autoridades públicas y espacios de diálogo donde la crítica política no legitime la violencia.

Memoria histórica y realidades contemporáneas

La relación entre judíos de la diáspora e Israel no es solo política sino histórica y emocional. Israel fue fundado en 1948 como un hogar para los judíos tras las catástrofes del Holocausto, y desde entonces se ha transformado en un símbolo central para muchas comunidades judías. Sin embargo, la cercanía simbólica a Israel no se traduce en una lectura única: dentro de EE. UU. existen fuertes diferencias sobre la naturaleza del apoyo y las críticas a políticas concretas.

El profesor Mark Mazower, especialista en historia, ha estudiado cómo el término "antisemitismo" ha ampliado su uso para abarcar también la hostilidad hacia el Estado de Israel desde finales del siglo XX (Mazower, On Antisemitism, 2023). Esa ampliación ha contribuido a la polarización: hay quienes ven toda oposición a políticas israelíes como potencialmente antisemita, y otros que advierten que confundir ambas cosas limita la crítica política legítima.

Impacto emocional: culpa, solidaridad y trauma

El impacto psicológico dentro de la comunidad judía estadounidense no es homogéneo. Para algunos, la sensación de vulnerabilidad se traduce en reforzamiento de prácticas religiosas y mayor conexión con otras comunidades judías. Motti Seligson, de Chabad-Lubavitch, ha señalado un aumento en la búsqueda de identidad religiosa desde octubre de 2023: muchas personas se han volcado a la fe como refugio y sostén comunitario.

Otros, como Beth Kissileff —cuya familia sufrió la masacre en la sinagoga de Pittsburgh en 2018— subrayan que no es justo que los judíos de todo el mundo sean considerados "proxy" del Estado israelí. "Es indignante descargar sobre cualquiera actos de otros" señaló Kissileff, recordando que el odio encuentra excusas variadas para justificar la violencia.

Respuestas prácticas: seguridad, diálogo y legislación

Las respuestas frente a esta combinación de amenazas y divisiones han sido múltiples:

  • Refuerzo de seguridad física: inversión en cámaras, guardias y coordinación con fuerzas policiales locales. Estos costos son un peso sustancial para congregaciones pequeñas y medianas.
  • Espacios de diálogo interno: foros donde concurren visiones pro-Israel, críticas a Israel y posiciones intermedias; la meta es evitar que la diversidad de opiniones se fracture en odio interno.
  • Acción política: propuestas legislativas para proteger lugares de culto, como la idea de crear zonas de seguridad alrededor de templos, que algunos gobernadores han respaldado.
  • Educación pública: esfuerzos por clarificar la distinción entre crítica legítima a políticas estatales y ataques motivados por prejuicio religioso o étnico.

¿Qué puede hacer la sociedad no judía?

Aunque la comunidad judía está en primera línea, la respuesta eficaz requiere solidaridad amplia. La protección de minorías religiosas y étnicas es una responsabilidad colectiva en sociedades democráticas. Las alianzas interreligiosas y multisectoriales, la denuncia pública del odio y la educación sobre la historia del antisemitismo pueden ayudar a prevenir que discursos polarizantes escalen en violencia.

Como reflexión final: vivir en democracia implica aceptar la fricción entre distintas opiniones políticas sin permitir que esa fricción se transforme en excusa para el odio. Defender la seguridad de comunidades vulnerables y, al mismo tiempo, preservar el derecho a la crítica política demanda políticas públicas claras, liderazgo moral y la voluntad de construir puentes dentro y fuera de la propia comunidad.

Referencias y fuentes citadas:

Este artículo fue redactado con información de Associated Press