Monte Verde bajo revisión: la antigüedad del asentamiento más emblemático de América en disputa

Un nuevo estudio reinterpreta la estratigrafía del sitio chileno y reabre el debate sobre cuándo y cómo llegaron los primeros humanos a las Américas

Monte Verde ha ocupado, durante casi tres décadas, un lugar clave en la narrativa científica sobre el poblamiento temprano de las Américas. Hallazgos que incluyen huellas, estructuras de madera y utensilios extinguidos por el tiempo fueron datados en torno a 14.500 años antes del presente, desafiando la idea tradicional de que los primeros habitantes llegaron con la cultura Clovis, hace unos 13.000 años. Sin embargo, una investigación reciente propone una lectura radicalmente distinta de la geología del área: ¿y si Monte Verde fuera considerablemente más joven de lo que se creyó hasta ahora?

¿Qué plantean los autores del nuevo estudio?

Investigadores que muestrearon sedimentos en nueve puntos a lo largo del arroyo Chinchihuapi —cuyo cauce atraviesa la llanura donde se ubica Monte Verde— concluyen haber identificado una capa de ceniza volcánica correspondiente a una erupción de aproximadamente 11.000 años de antigüedad. Según Claudio Latorre, coautor del trabajo y académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, todo material por encima de esa capa debe ser más joven que la ceniza; por tanto, los materiales atribuidos a Monte Verde no podrían ser anteriores a ~8.200 años antes del presente, en su interpretación de los procesos de depositación y remezcla del sedimento.

En resumen, los autores sostienen que la dinámica fluvial y los procesos de erosión y depósito local habrían mezclado fragmentos más antiguos con materiales modernos, provocando que piezas de madera o hueso procedentes de contextos distintos hayan sido interpretadas previamente como asociadas al mismo evento humano antiguo.

Reacciones críticas: arqueólogos y especialistas cuestionan la interpretación

La propuesta no ha sido aceptada sin reservas. Varios arqueólogos relacionados con las excavaciones originales en Monte Verde, así como especialistas externos, han señalado limitaciones metodológicas y afirmaciones que, según ellos, no se sustentan con los datos presentados. Michael Waters, investigador de Texas A&M, calificó la reinterpretación como una hipótesis de trabajo que —en su opinión— no está suficientemente apoyada por la evidencia disponible.

Tom Dillehay, el arqueólogo que dirigió las excavaciones iniciales en Monte Verde y cuya labor fue crucial para desplazar la cronología Clovis-centrista, ha sido aún más tajante: “Esta interpretación desatiende un vasto conjunto de evidencia cultural bien datada”, señalando especímenes que, por datación directa, indican edades de ~14.500 años, como un colmillo de mastodonte trabajado, una lanza de madera y una pala con punta carbonizada.

Qué tipo de evidencias están en disputa

  • Fechas radiocarbónicas directas realizadas sobre materiales orgánicos asociados a estructuras y artefactos hallados en Monte Verde (maderas, restos quemados).
  • Contexto estratigráfico: la relación espacial y vertical entre capas de sedimento, restos culturales y eventuales capas volcánicas.
  • Análisis geomorfológico del Chinchihuapi Creek que sugiere procesos de remezcla y desplazamiento de sedimentos a lo largo del tiempo.

Los autores del estudio han defendido su muestreo: afirman que tomaron muestras dentro del sitio mismo y en áreas río arriba y río abajo para reconstruir la historia del paisaje. Aun así, críticos señalan que la geología del entorno inmediato del yacimiento —donde realmente se encontraron las estructuras y los artefactos— puede diferir de las zonas adyacentes muestreadas, por lo que extrapolaciones amplias pueden no ser válidas.

Implicaciones para la historia del poblamiento americano

Si la datación original de Monte Verde fuera incorrecta y el sitio resultara mucho más joven, las consecuencias no serían triviales. Monte Verde fue fundamental para desmontar la hipótesis del Clovis-first (Clovis-primeros), que durante décadas sostuvo que la cultura Clovis, con sus característicos puntas de sílex, representaba la primera población humana en Norteamérica y desde allí se extendían al sur. La aceptación de Monte Verde como un asentamiento humano mucho más antiguo obligó a repensar las rutas y tiempos de migración desde Asia a América.

En los últimos años han surgido otros yacimientos en Norteamérica con antigüedades que desbordan la cronología Clovis —por ejemplo Cooper’s Ferry (Idaho) y Debra L. Friedkin (Texas)— lo que ya ha reconfigurado el panorama. Un nuevo recálculo de Monte Verde, sin embargo, podría reabrir debates sobre las vías de ingreso al continente: ¿un corredor interior libre de hielo se abrió lo bastante pronto para permitir una migración terrestre? ¿O el poblamiento temprano se realizó por la costa, en travesías marítimas o por una mezcla de mar y tierra?

Cómo avanza la ciencia: diálogo, réplica y nuevas dataciones

La polémica refleja, en un nivel más general, el carácter dinámico del método científico: nuevas técnicas, nuevos datos y nuevas interpretaciones obligan a revisar relatos anteriores. Tal como señaló uno de los coautores del nuevo estudio, Todd Surovell, “dado el tiempo suficiente y la capacidad de investigar, la ciencia se autocorrige y eventualmente alcanza la verdad”.

En la práctica, lo que seguirá será probable: réplicas, nuevos muestreos, dataciones independientes y análisis estratigráficos detallados en el propio sitio arqueológico. Los estudios de geoarqueología y tafonomía (cómo los procesos naturales afectan y mueven restos orgánicos y artefactos) serán cruciales para determinar si los materiales datados en 14.500 años formaban parte de un mismo contexto cultural in situ o si fueron incorporados por procesos naturales provenientes de depósitos más antiguos o dispersos.

Datos relevantes y contexto histórico-científico

  • Monte Verde saltó a la atención internacional en los años 90 por las excavaciones dirigidas por Tom Dillehay, cuyos resultados desafiaron el paradigma Clovis-first. (Fuente: publicaciones de T. Dillehay)
  • La datación de Monte Verde en ~14.500 años ha sido citada como uno de los principales argumentos a favor de migraciones humanas a las Américas mucho antes del apogeo Clovis.
  • Estudios geológicos recientes en llanuras aluviales similares han mostrado que arroyos de meandros pueden reubicar materiales orgánicos y remezclar capas, complicando la interpretación estratigráfica si no se dispone de una secuencia de muestreo densa y controlada.

Qué debe ocurrir ahora: recomendaciones prácticas para clarificar el debate

  1. Realizar dataciones radiocarbónicas adicionales, preferentemente directamente sobre materiales in situ claramente asociados a estructuras (por ejemplo, restos de fogón o postes de vivienda claramente delimitados).
  2. Aplicar técnicas complementarias: luminescencia óptica (OSL) para fechar depósitos sedimentarios, análisis de isótopos en materiales orgánicos y estudios micromorfológicos de cortes estratigráficos para identificar perturbaciones post-deposicionales.
  3. Compartir los conjuntos de datos y las secciones estratigráficas en repositorios abiertos para permitir reanálisis por equipos independientes.
  4. Coordinar muestreos entre arqueólogos, geocientíficos y geomorfólogos para integrar perspectivas que eviten extrapolaciones indebidas sobre la lateralidad y continuidad de capas como la ceniza volcánica.

¿Por qué importa más allá de la arqueología?

Porque la historia del poblamiento humano de las Américas no es sólo una curiosidad académica: condiciona cómo concebimos adaptaciones humanas a paisajes fríos y hostiles, usos tempranos de tecnología, rutas de dispersión y la antigüedad de relaciones culturales entre poblaciones americanas y asiáticas. Además, muestra cómo la interdisciplinariedad —arqueología, geología, química y ecología— es esencial para reconstruir el pasado con rigor.

Monte Verde seguirá siendo un campo de pruebas para la comunidad científica. Independientemente de cuál sea la resolución final, la disputa actual subraya algo positivo: la ciencia progresa cuestionando, sometiendo a prueba y reforzando sus afirmaciones cuando las evidencias lo requieren.

Para profundizar: el nuevo estudio fue publicado en la revista Science. Las excavaciones clásicas de Monte Verde y sus interpretaciones fueron lideradas por Tom Dillehay y están ampliamente documentadas en la literatura arqueológica especializada.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press